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Mundo :: 09/02/2004

Movimiento Popular. Globalización. Guerra. Movimiento obrero.

Agustín Morán
Entre Febrero y Mayo del año 2003, se han vivido en el Estado Español las movilizaciones más importantes, en extensión e intensidad, desde la Guerra Civil.

1. Introducción.

Una opinión pública unificada, en un grado sin precedentes, contra la política exterior belicista del gobierno del Partido Popular, se expresó, no sólo a través de las encuestas, sino también ocupando las calles de forma sostenida durante cuatro meses. En estos episodios de democracia participativa, no intervino la totalidad de la población contraria a la aventura colonialista del gobierno de Aznar, aunque sí un contingente de cinco o seis millones de personas. Es difícil precisar el significado futuro de una experiencia, iniciática para millones de jóvenes, de enfrentamiento con unas políticas gubernamentales basadas en la ilegalidad y la mentira, el desprecio de la opinión pública, el secuestro de la libertad de información y la criminalización y represión de la pacífica expresión política de la ciudadanía.
Pero, sobre todo, parece necesario interrogarse sobre la impotencia de tan descomunal movilización para desvincular al estado español de la agresión militar contra Iraq. Un buen debate acerca de los problemas y deficiencias del movimiento, permitirá minorizar el previsible desencanto de una parte de la población y favorecer la posibilidad, para la izquierda, de hacerlo mejor la próxima vez.
Las interrogantes sobre las luces y las sombras del movimiento nos plantean un primer nivel de peguntas: ¿Por qué no conseguimos que el gobierno diera marcha atrás? ¿por qué la oleada social contra la política exterior del PP no originó, dos meses después del cese de las movilizaciones, en las elecciones municipales y autonómicas del 25 de Junio de 2003, el desplome electoral de dicho partido que ignoró, impávido, el clamor popular? Simétricamente ¿por qué no se produjo un aumento espectacular de los votos del PSOE e IU como referentes político - institucionales del movimiento contra la Guerra? ¿qué papel ha tenido en estas protestas el movimiento obrero, artífice, hace 25 años, de la movilización popular contra el franquismo y por la democracia?
Estas preguntas nos obligan a una reflexión que debe contener tres planos. En primer lugar uno teórico - político sobre la guerra global actual, epifenómeno de la Globalización Capitalista. En segundo lugar, una mirada sobre el proceso de las movilizaciones del 2003, a través de sus antecedentes y de sus fuerzas internas. En tercer lugar, el papel del movimiento obrero, como movimiento y como institución, en este proceso.

2. El Movimiento contra la Globalización, la Europa del Capital y la Guerra.

2.1.- Globalización y Antiglobalización.

La globalización capitalista como modo de producción social, exige la constitución política y posterior naturalización de un conjunto de instituciones: la economía, el dinero, el trabajo asalariado, el individuo y el genero. Se globaliza, sobre todo, una economía cuyo producto por excelencia es el beneficio del capital, no garantizar las necesidades de la gente. Eso supone, entre otras cosas, una violenta reconversión de todos los trabajos y actividades en trabajo asalariado, directo o indirecto, como condición para la reproducción ampliada del capital. La globalización del capitalismo y la globalización del trabajo asalariado, son una y la misma cosa. El dinero, creado por la sociedad como representante del valor de los objetos, medio de circulación y medio de pago, se convierte en la sublimación de todos los deseos y absorbe la fuerza de la sociedad que le otorga tal poder. Con ello, una vez acumulado y privatizado, pasa de instrumento técnico de la sociedad a protagonista de las relaciones sociales. Aunque son los de arriba los que, al apropiarse privadamente de este poder económico, convertido en poder social, tienen el mando, en este hechizo, que nivela todos los fines sociales al identificarlos con el dinero, participan por igual los de arriba y los de abajo. La economía de mercado es condición, pero también consecuencia, de la sociedad de mercado, la política de mercado y el individuo de mercado que, en un círculo vicioso, se retroalimentan y engrendan mutuamente. Cualquier pacto social se sustenta en un pacto sexual implícito. La globalización capitalista se legitima en base a teorías que consideran protagonista al individuo adulto, plenamente socializado, productivo y consumidor. Pero esta teoría mantienen en la sombra las actividades de cuidados y afectos que crean, recrean, reparan y acogen a las personas que no han llegado, o se salen de ese perfil. La subordinación de estas actividades es una de las bases para la subordinación de quienes las realizan: las mujeres.
Criticar la globalización capitalista es describir los mecanismos que la constituyen. Su desarrollo histórico, sus múltiples contradicciones, sus consecuencias económicas, políticas, sociales, medioambientales y morales. Sus márgenes de reformabilidad, sus formas de dominio y legitimación, el modo en que incorpora a su movimiento todos los recursos económicos, políticos, culturales y emocionales. No estamos embrutecidos, porque Aznar nos gobierne, sino que Aznar nos gobierna porque estamos embrutecidos, lo cual nos embrutece todavía más. No reconocemos a Juan Carlos de Borbón como jefe del estado por ser rey, sino que es rey porque le reconocemos como jefe del estado. El capitalismo global no se mantiene sólo porque nos reprime, sino también porque nuestros actos cotidianos le alimentan mediante un consumismo irresponsable, una indiferencia disfrazada de tolerancia y un egoísmo estrecho, oculto tras la máscara de la decencia y la ciudadanía.
Convertir en sujeto social a millones de personas que sólo son un objeto, una mercancía en el capitalismo global, exige instrumentos políticos capaces de demostrar, de lo pequeño a lo grande, que se pueden impedir los hechos injustos (y frecuentemente ilegales), que soportamos de forma cotidiana. Demostrar la posibilidad de la acción política eficaz desde abajo, es condición necesaria para construir sujetos sociales transformadores. El movimiento antiglobalización ha mostrado la posibilidad de ser una fuerza política constituyente y una herramienta para la regeneración de la izquierda.

2.2.- Etapas del Movimiento Antiglobalización (M.A.G.)

Podemos clasificar la historia de este nuevo modo de desobediencia y rebeldía social en el primer mundo, en cinco etapas: a) Una acumulación sorda de experiencia (1994-1999) de redes antiglobalización a través del "Foro las otras voces del planeta" contra el FMI y el BM, el Movimiento Antimaastrich, la solidaridad con el zapatismo y las marchas europeas contra el paro y la I.L.P. por las 35 horas de jornada, sin rebaja salarial y en cómputo semanal; b) Una etapa de movimiento de masas de militantes, -"La nube de mosquitos"- hostigando las cumbres de los organismos del capitalismo internacional (XII'99 a VII'01); c) El salto, pionero en Europa, del movimiento antiglobalización, a movimiento popular, durante la campaña contra la presidencia Europea del gobierno español, en el primer semestre de 2002; d) El inicio de la guerra imperialista, con el ataque a Afganistán de X'01; e) Las movilizaciones contra la Guerra de Iraq. (IX'02 a IV'03)

La revuelta de Seattle (XII'99) inauguró el Movimiento Antiglobalización como un movimiento de militantes, juvenil e internacionalista que, siguiendo la agenda de las instituciones del capitalismo global (OMC, BM, FMI, G-7, Unión Europea, Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA), Cumbre de Davos, etc.) señaló, mediante grandes debates y manifestaciones, a estos organismos como los principales responsables de la universalización del mercado como sistema de regulación social y por lo tanto, como culpables de las consecuencias en términos de contaminación, desarraigo, precariedad, pobreza, hambre, guerras y muerte.
En el acto de poder popular de Seattle, al privar a los delegados de la OMC de su libertad de reunirse para privar de derechos humanos a la mitad de la humanidad, radicó la fuerza insurgente del movimiento antiglobalización y su demarcación respecto a las muestras habituales de desacuerdo - e impotencia - en los regímenes parlamentarios de mercado. La pluralidad de sujetos disidentes, juntó varias decenas de millares de manifestantes, suficientes para bloquear, durante un día, los accesos al centro de convenciones. La visión poliédrica de múltiples identidades y reivindicaciones políticas, expresándose en una identidad compartida, supusieron un desafío a la totalidad de la política del capitalismo global. No una suma de intereses corporativos, sino una enmienda a la totalidad de la globalización, visible a través de las instituciones antidemocráticas que la impulsan y de la diversidad, políticamente unificada, de sus múltiples daños. Tras una represión creciente que retroalimentaba el movimiento (Washington (Abril "00), Praga (Sept. "00), Niza (Dic."00), Barcelona (VI"01)), llegó Génova (Julio "01), donde el planteamiento militar del gobierno de Berlusconi ante la protesta pacífica de centenares de miles de personas contra la reunión del G-8, elevó la represión a cotas indescriptibles, originando entre los manifestantes centenares de heridos y un muerto.
El movimiento carecía de madurez y experiencia para gestionar la brutal represión y la criminalización que, desde los gobiernos y desde la social-democracia, se realizaba en base a la manipulación mediática de las imágenes de minorías juveniles que se enfrentaban a la policía y atacaban con piedras a bancos y multinacionales. Desde Génova, se agotó la táctica de bloqueos, la acción directa no violenta, y la desobediencia civil eficaz y no sólo testimonial. Tras el verano de 2001, flanqueado por Génova en Junio y por los "avionazos" de N.Y. y Washington en Septiembre, el movimiento se debatió entre dos tendencias contradictorias: Por un lado, mantener su perfil radical como movimiento de activistas y, posiblemente sucumbir ante la brutal deriva autoritaria generada por el 11-S. Por otro, desarrollarse como un poderoso movimiento social contra los efectos de la globalización y su nueva expresión global, la guerra, llenando el vacío dejado por la izquierda cómplice y constituyéndose en el medio de expresión política de millones de personas perjudicadas, material y moralmente, por un capitalismo depredador.
El primer semestre de 2002, la presidencia española de la Unión Europea se vió contestada por una enorme proliferación de luchas, protestas, jornadas festivas y actos que vincularon entre sí a muchos colectivos sociales en torno a la lucha contra la Globalización, la Guerra y la Europa del Capital. Cientos de grupos, redes y organizaciones que protagonizan miles de acontecimientos de resistencia y lucha, vivieron un proceso identitario común, al enfrentarse explícitamente a la lógica económica, política, social y militar que origina, en cascada, la diversidad de daños del capitalismo global. La acumulación de fuerza popular vino dada por la forma política unitaria que adoptó el movimiento. Esta forma política contó con a) una Asamblea Estatal, b) el compromiso de que cada territorio o nacionalidad del estado organizara de forma unitaria las contracumbres a los correspondientes Consejos de Ministros de ramo, c) el compromiso de apoyar los actos contra las dos reuniones del Consejo Europeo -Barcelona (15-III-02) y Sevilla (22-VI-02)-, además de la marcha sobre Madrid del 11/XII/01 en protesta por las políticas sociales y laborales del gobierno., d) Unos lemas comunes: "Contra la Europa del Capital y la Guerra. Globalicemos las resistencias. Otro mundo es posible".
A pesar de que el bloque socialdemócrata formó, con los grandes partidos de izquierda parlamentaria, sindicatos mayoritarios y ONG"s filiales, una estructura propia, primero en Barcelona y posteriormente en Madrid, la existencia de la Asamblea Estatal, el calendario de acciones y las consignas compartidas , así como un proyecto de estructuración, presente en cada una de las cuatro primeras Asambleas Estatales , demostró una formidable capacidad de cohesión y movilización popular, generando un movimiento descentrado y autónomo, pero coherente y unitario, de formidables dimensiones.

El intento de recuperación del movimiento por parte de la izquierda mayoritaria, fracasó en Barcelona, donde el 15 de marzo de 2002, tras una semana de diferentes movilizaciones, se produjo la mayor manifestación en Europa contra la globalización, ya no sólo de militantes, sino también de ciudadanos. Varios cientos de miles de personas marcharon "Contra la Europa del Capital y la Guerra" a pesar de las amenazas, la criminalización, la intimidación policial y el divisionismo. A partir de aquí, las direcciones de CCOO y UGT, entregadas desde muchos años atrás a una desmovilización resignada, se vieron obligadas a convocar una huelga general, el 20 de Junio, contra la modificación gubernamental de las leyes que regulan la prestación por desempleo. El PSOE, que en 1992 hizo un decretazo igual en la forma y mas duro en el contenido, provocando la convocatoria de una huelga general de media jornada el 20-VI por parte de los sindicatos, secundó a CCOO y UGT en la defensa de los derechos económicos de las personas paradas y dinamizó la huelga contra el gobierno del PP. El movimiento antiglobalización, como no podía ser menos, apoyó generosamente esta huelga que, en la tarde del 20 de Junio convocó, en las manifestaciones que se produjeron en todo el Estado, a varios millones de personas. El movimiento, estructurado desde abajo, con consignas anticapitalistas, "Contra la Europa del Capital, la globalización y la guerra", avanzaba incorporando cientos de colectivos y miles de militantes sociales, muchos de ellos pertenecientes a la izquierda tradicional. Estábamos consiguiendo una movilización extensiva unificada sin precedentes, caldo de cultivo para las movilizaciones intensivas a fecha fija. Estábamos obligando a la izquierda globalizadora a sumarse a las movilizaciones. Todo ello, a través de redes informales y formales, articuladas en una estructura política unitaria de baja intensidad representativa y más baja aún organizativa.

Este proceso quedó interrumpido tras la finalización del semestre de presidencia española de la U.E. La unificación conseguida entre la lucha contra la Unión Europea, la lucha antiglobalización y la oposición a la guerra de Afganistán, contó con estructuras horizontales que, en su desarrollo, al vincular la actividad militante de numerosos movimientos sociales, colectivos y organizaciones, aumentaban la superficie de contacto del MAG con la sociedad, estimulando, en un círculo virtuoso, el trabajo social de los colectivos reales y ganando fuerza general al incorporarlos al movimiento. Este marco supuso un cambio cualitativo en las formas de expresión política de la disidencia, en la dispersión de las numerosas luchas que, constantemente se producen, agotándose en sí mismas y en las formas de participación social. Ante la huida hacia delante de un capitalismo en crisis, cada vez mas totalitario y agresivo, un movimiento social independiente de la izquierda capitalista, pero flexible para unirse a ella frente al enemigo común, condicionándola desde sus bases por la fuerza del mismo movimiento, se mostró como una posibilidad de reactivar la democracia después de muchos años de retroceso, degradación de la izquierda y libertinaje de la derecha.
Quienes se opusieron hasta el último minuto de la Asamblea Estatal de Noviembre de 2001, en Zaragoza, a la constitución de un movimiento unificado, también boicotearon y ningunearon las Areas Temáticas del Movimiento, apoyaron a la izquierda cómplice en sus exigencias de dejar a un lado, con el argumento de la unidad, las consignas "Otan no bases fuera" y "Por el derecho de autodeterminación como base de una solución pacifica y democrática del conflicto vasco". Dificultaron e impidieron la constitución de un espacio unitario en Madrid y a escala estatal, contra la globalización y la guerra, que diera continuidad al existente de Enero a Junio "02. A pesar de negarse a apoyar ninguna estructura estable, muchas de estas organizaciones, ingresaron inmediatamente en el Foro Social de Madrid creado por el PSOE, I.U. de Madrid y los sindicatos mayoritarios. Posteriormente, ante el inminente ataque a Irak, trataron de impedir con todas sus fuerzas la marcha a Torrejón del 19-I-03 en Madrid que, sin su apoyo, movilizó a mas de 20.000 personas anunciando con ello una etapa de plasticidad social y política.

2.3.- El M.A.G. y la Guerra.

El 11 de Septiembre de 2001, los atentados contra el Pentágono y las Torres Gemelas de Nueva York, en nombre del martirio del pueblo palestino y de la opresión de los países musulmanes, originaron miles de muertos y humillaron a la omnipotencia militar y tecnológica de EEUU,. Al día siguiente de la 2a. Asamblea Estatal del M.A.G. en Madrid (Biológicas 10-X-01) se produjó el ataque contra Afganistán, por parte de una coalición internacional liderada por EEUU e Inglaterra.
Estos acontecimientos cambiaron abruptamente los equilibrios del sistema de Estados e impulsaron por doquier el retroceso de las libertades democráticas. Supusieron un gigantesco salto adelante del militarismo y el intervencionismo norteamericano, como forma de su hegemonía política y económica en el proceso de globalización, así como un giro autoritario, amparado por la lucha antiterrorista, en todos los países. Sentaron las bases para el inicio de una nueva política exterior por parte de EEUU, sustentada en los ataques preventivos al margen de las instituciones políticas y jurídicas internacionales. A partir de aquí, la oposición a la guerra atravesó totalmente a los movimientos antiglobalización.
Desde finales de 2002, la opinión pública española se opuso, tanto a la agresión de la coalición Bush-Blair-Aznar, como a los falaces argumentos que la justificaban. El grupo PRISA reconvino al PSOE, paralizado ante la oleada social contra el gobierno, ya que él mismo en 1991, organizó la primera guerra contra el mismo Sadam Hussein. El PSOE, reaccionó poniéndose al frente de la protesta contra la política belicista y proyanqui del PP. Reaccionó, al igual que lo hizo en la huelga general de 20-VI-2002 contra el recorte al seguro de desempleo realizado por el PP, enfrentándose a estas políticas, a pesar de haber hecho él lo mismo cuando estaba en el gobierno. El resultado fué una enorme campaña en prensa, radio, televisión, universidades, institutos, empresas, artistas, escritores, ayuntamientos, parlamentos, etc., convocando a las manifestaciones contra la guerra. Esta oleada política y mediática levantó un enorme movimiento ciudadano unificado en el "NO A LA GUERRA", pero con amplios sectores sociales que, en la calle gritaban, además: "PP asesino", "Le llaman democracia y no lo es" y "Otan no. Bases Fuera".
A partir de este momento, la dirección del movimiento, sin una forma política estatal compartida, recayó por completo en la izquierda institucional que bloqueó cualquier contenido "políticamente incorrecto" que pudiera llegar a las grandes masas de ciudadanos.
Aprovechando la finalización oficial de la guerra, el bloque socialdemócrata canceló abruptamente las movilizaciones a finales de abril de 2003. Aunque el PSOE albergaba, a la vista de las encuestas, serias dudas sobre la rentabilidad electoral de la inmensa presión popular que había sufrido el PP, no podía continuar con un proceso de participación social que iba en contra de su propia naturaleza. Los resultados de las elecciones autonómicas y municipales del 25 de mayo de 2003, nos ofrecen valiosas enseñanzas.; a) La ruptura de la ciudadanía con el PP se limitó a la política respecto a Iraq. Al desconectar la guerra contra Iraq, de la guerra del mismo capitalismo contra los trabajadores, los pueblos y las libertades, es decir contra nosotr@s mism@s y al poner fin a las movilizaciones sin motivo justificado, se cortó el proceso de participación social capaz de ampliar la comprensión ciudadana, tanto del origen común de la guerra y los diversos malestares sociales, como de la sustancia común entre PP y PSOE. Para profundizar la ruptura de la población con la política del PP en su conjunto, era necesario continuar la movilización, enriqueciendo y profundizando sus contenidos, dando el protagonismo a las asambleas sectoriales y territoriales frente a las estructuras controladas por la izquierda y la propia burocracia del MAG, hasta conseguir obligar al gobierno a cambiar su política. Pero ese proceso, no solo suponía una ruptura creciente con el PP, sino también con el PSOE, idénticos e intercambiables en los temas centrales de la gobernabilidad de la globalización. El PSOE, no podía permitirlo y con la ayuda de sus colaboradores en el M.A.G., no lo permitió.

2.4.- La esterilización del Movimiento contra la Guerra.

Es incongruente enfrentarse con los actores de agresiones militares, imperialistas y coloniales contra países lejanos sin hacerlo, simultáneamente, con sus destacamentos cercanos en Torrejón, Rota, Pozuelo, Morón, Zaragoza y Bétera. La pertenencia de España a la OTAN, junto con la presencia de las bases militares norteamericanas en nuestro territorio, herencia. como tantas otras. del franquismo, constituyen una referencia ineludible para oponerse a quienes ejecutan, colaboran y justifican la guerra y la ocupación de Iraq y de Palestina.
No es racional hablar de las tragedias de estos países y callar respecto a la OTAN y las Bases. Tampoco lo es combatir la precariedad, los recortes sociales y las privatizaciones, apoyando la pertenencia al euro, o pedir que la agricultura salga de la OMC, sin mencionar su instrumento, la Política Agraria Común de la Unión Europea, ni defender sinceramente la democracia y la paz, sin impulsar la 3a. República Española y una salida dialogada del drama vasco en base al reconocimiento del derecho de autodeterminación.
La desaparición de las palabras que expresan los efectos particulares, cercanos y materiales de la violencia globalizadora sobre las personas, los pueblos y las relaciones sociales, obedece a una operación semántica sobre la que se realiza la recuperación política del "Movimiento contra la Globalización, la Europa del capital y la Guerra" (M.A.G.)
Este movimiento tuvo una efímera, aunque enormemente productiva existencia política. Desde una forma política unificada, - la Asamblea Estatal, - impulsó una agenda y unos lemas compartidos por toda la actividad social desplegada contra la presidencia española de la Unión Europea durante el primer semestre del 2002. Decenas de miles de activistas, integrantes de una enorme diversidad de grupos, organizaciones, áreas temáticas, colectivos sectoriales, territoriales y dinámicas de lucha, vivieron, en este semestre, una experiencia de democracia radical. En su práctica militante se construyeron dos identidades complementarias y sinérgicas. Por un lado, la identidad del propio colectivo particular. Por otro, una identidad más amplia, consistente, tanto en la experiencia cooperativa en la lucha con el resto de identidades particulares, perjudicadas también por la globalización capitalista, como en los elementos políticos e ideológicos formalmente compartidos por tod@s en esa movilización.
La suma de la pluralidad en una identidad común, en la que las identidades singulares no solo no se disuelven sino que se potencian al cooperar, es la fuente de una enorme productividad. El resultado de este proceso fué una actividad social sin precedentes, descentrada en el espacio, pero unificada, objetiva y subjetivamente, contra el enemigo común.
La pluralidad de los múltiples contenidos políticos, las palabras singulares de cada uno de los colectivos integrantes del movimiento, en diálogo horizontal y bajo la envolvente compartida de los lemas comunes, son inseparables de las formas participativas horizontales. Un nuevo tipo de relación cooperativa, de intervención política desde lo social, creó unas palabras comunes y un proceso democrático, de abajo a arriba, en el que el centro de gravedad estaba en las identidades particulares, que dialogaban entre sí, reconociéndose como equivalentes. Esta experiencia sentó las bases para la cooperación y el apoyo mutuo. La identidad y la representación general fueron el resultado de un proceso participativo donde la ganancia de productividad de cada grupo dependió del crecimiento de la productividad general. Al aportar todos al espacio común, todos recibimos de él. Las asambleas territoriales, las Areas Temáticas y la coordinación sectorial, facilitaron la expresión de lo diverso a través de formas organizativas que, a su vez, promovían la participación y la incorporación de nuevos colectivos.
El éxito político de este modelo de desarrollo del MAG llegó a condicionar, tanto a los sindicatos mayoritarios, forzándoles a convocar una huelga general, como al PSOE, obligándole a apoyar las movilizaciones contra las mismas políticas que él ejecutó desde el gobierno. Pero una vez perdida la iniciativa y la coordinación asamblearia del movimiento a escala estatal, tras la finalización de la presidencia española de la U.E., sobre este vacío se alzó la hegemonía del bloque socialdemócrata.
En la representación del movimiento antiglobalización ("No a la Guerra"), desaparecieron las luchas que se daban en ese momento y las palabras que las evocaban: Otan, bases, precariedad, globalización, euro, la PAC, las privatizaciones, el derecho de autodeterminación, la República, los abusos contra los inmigrantes y contra las mujeres, la contaminación, el consumismo, la desprotección social, la represión de quienes luchan. Con esta negación indeterminada - No a la guerra - que sirvió eficazmente como eslogan movilizador, no solo se perdió lo mejor de todo lo representado. También se mantuvo la separación artificial entre lo particular y lo general, entre la vida social y la vida política, reducida al voto periódico. Las grandes movilizaciones, al ritmo del grupo Prisa y de rectores, artistas e intelectuales jornaleros de la socialdemocracia, solo anunciaban un nuevo desencanto y la enfermedad del MAG.
La indeterminación de la consigna unitaria que convocó a la población - No a la guerra - es producto de la subordinación del movimiento contra la guerra a las necesidades electorales de la izquierda parlamentaria. La irracionalidad de las consignas generales, descontextualizadas de su realidad política y social, consiste en la imposición de la racionalidad de la socialdemocracia. Esa racionalidad electoralista permite, a través de su poder político y mediático, movilizar a mucha gente. Pero vacía de verdad y de contenido transformador al movimiento, convirtiéndolo en un cuerpo grande sin personalidad ni autonomía. Esta racionalidad, compartida con el PP, explica que, hasta ahora, el control del movimiento contra la guerra haya sido estéril, incluso en términos electorales, para el bloque socialdemócrata.
La minorización del MAG no ha sido una casualidad sino el resultado de una dura lucha política en el seno del movimiento. ¿Cómo se puede explicar que un movimiento articulado por colectivos con discurso propio, profundas raíces sociales y amplia experiencia política y teórica en la lucha contra la globalización, que lleva la iniciativa en este campo desde hace más de una década, sea desplazado limpiamente por una socialdemocracia, que desde el gobierno, ha perpetrado las políticas más impresentables y desde la oposición, ninguneado una larga lista de iniciativas sociales contra las guerras militares, políticas, económicas y ecológicas del capitalismo global?
Sin duda, no solo puede deberse a la habilidad y la fuerza de la izquierda globalizadora que solo se diferencia de la derecha en que, desde la oposición, defiende "otra globalización" cuyo único contenido verdadero es su propia vuelta al gobierno. Esta izquierda es exterior y antagonista al movimiento popular. Baste como ejemplo su papel en la Transición Política Española y en el Referéndum de la OTAN (12/III/1986); su posición, intercambiable con la del PP, respecto al derecho de autodeterminación en Euskadi, las políticas monetarias que han hecho posible el Euro y las cuatro huelgas generales que provocó desde el gobierno .
Las maquinaciones y enredos de la socialdemocracia, cuyos intereses han estado representados dentro del movimiento por algunos grupos, se han producido al ritmo vertiginoso del "tempo" político marcado por 1) la irrupción internacional del MAG como fin de la resignación y reactivación, en los países desarrollados, de la lucha contra el capitalismo global, 2) el cambio brusco de la política internacional de EEUU, tras el once de septiembre y la liquidación, a través de un imperialismo belicista, del orden internacional agonizante desde la implosión de la URSS en 1989; 3) el fracaso en Madrid de las alianzas que se sustentaron en los movimientos sociales anticapitalistas, autónomos y juveniles (movimiento antimaastrich, plataforma cívica por los derechos sociales, rompamos el silencio, refundación de lucha autónoma, precari@s en acción), 4) la irrupción de coaliciones de militantes desterritorializados que pretendían constituirse a toda costa en la burocracia permanente del nuevo movimiento, 5) la lucha entre corrientes internas de I.U. por impedir la mutua hegemonía en el nuevo movimiento antiglobalización.

3. El Movimiento Obrero y el Movimiento contra la Globalización, la Europa del Capital y la Guerra.

3.1.- Movimiento Obrero y Movimiento sindical.

Movimiento sindical y movimiento obrero no son la misma cosa. El primero es la forma institucional que, en los países del centro, adopta la resistencia a la constante degradación que el capitalismo global impone a la población asalariada. Esta forma genera un tipo de movilización dispersa, despolitizada, institucionalizada, burocrática y desprovista de discurso propio frente al discurso de la competitividad, la globalización, el progreso tecnológico y el consumismo. Por el contrario, movimiento obrero es un movimiento social que no solo defiende el precio y las condiciones de venta de la fuerza de trabajo, sino que también se plantea el problema de la subordinación total del trabajo respecto al capital, la crítica práctica a la economía como principio que se impone a las relaciones sociales y el cuestionamiento de la propiedad privada de los empleos en manos de los empresarios que al darlos y quitarlos, dan y quitan los derechos económicos y políticos, además de los recursos de vida, a toda la población.
Los individuos aislados que luchan por mejorar la venta de su fuerza de trabajo en el mercado, habitualmente compitiendo entre sí, no son, en el sentido político del término, clase obrera, sino fuerza de trabajo. La clase obrera como sujeto, con una ideología antagonista, se muestra en un movimiento real. Para su construcción es necesario un discurso que rompa con las categorías, los principios y los deseos que, la relación social llamada capitalismo, inocula también en sus víctimas. Mirando solo a la relación salarial, al interior de una empresa y a los intereses de cada cual, no se entiende nada y por lo tanto, se es prisionero de los discursos del enemigo. El movimiento obrero debe aportar su fuerza al movimiento antiglobalización y recibirla de las múltiples identidades presentes en el mismo. El diálogo y el apoyo mutuo entre la caleidoscópica identidad del movimiento antiglobalización es la condición para un poderoso movimiento anticapitalista. El internacionalismo de los movimientos antiglobalización constituye un eje esencial, también para el movimiento obrero.
El movimiento obrero ha demostrado que puede, desde dentro del movimiento antiglobalización y en cooperación con otros movimientos, afrontar en mejores condiciones el déficit de expresión política organizada de la mayoría de la población asalariada (precari@s, mujeres, jóvenes, inmigrantes, presos, minusválidos, excluidos, etc.). La retirada parcial del decretazo por parte del gobierno ante la Huelga General del 20-J-03, demuestra la fuerza de la alianza entre el movimiento sindical y el movimiento anticapitalista generando un movimiento obrero antiglobalización.

3.2.- La Huelga General como forma primordial, aquí y ahora, de democracia participativa y poder popular constituyente.

El primer semestre de 2002, con la Presidencia Española de la U.E., brindó un buen marco para desplegar una gran movilización popular, cuya desembocadura fue una forma especial de democracia participativa: Una huelga general contra los efectos de la globalización y la violencia del euro. La huelga general es necesaria para expresar políticamente el deterioro material y moral de la clase obrera. Podría suponer un punto de inflexión si fuera el resultado de un intenso y generoso proceso de confluencia en la acción de múltiples sujetos y movimientos sociales. Un salto cualitativo en un proceso, hoy interrumpido, de acumulación de fuerzas populares, que impidiera el avance de esta lógica brutal llamada globalización.
Para que una huelga general consiga detener, en parte, la creciente explotación y recomponer, también en parte, la unidad y la confianza de l@s trabajador@s, debe conseguir, entre otros objetivos, la máxima integración con el M.A.G., recogiendo la fuerza de sus movilizaciones y en un círculo virtuoso, contribuyendo a potenciarla.
La huelga general es oportuna. Tras dieciocho años de integración en Europa, el paro solo baja por el aumento de la precariedad. La estabilidad monetaria y el cambio irrevocable de la moneda única, exige trasladar a los salarios y a la protección social los desequilibrios competitivos con otros países. El Pacto de Estabilidad (déficit público cero) de los países euro, impide las políticas de gasto social para proteger a l@s damnificad@s por el mercado. El "progreso" basado en el libre comercio y el crecimiento económico a ultranza, pone la competitividad en el puesto de mando. Esto exige más producción con menos personas. Una espiral de violencia que impone condiciones degradadas, degradantes y homicidas a la gente trabajadora. Las "ventajas" de la flexibilización y las privatizaciones se dejan notar a través de una inseguridad de masas, sólo atenuada por la anestesia televisiva y la inoculación de un deseo irracional de consumismo. Los perjudicados por la globalización también somos cómplices de la misma. Por eso la precariedad genera sumisión y no rebelión.

La huelga general es proporcionada a la magnitud de los problemas sociales: dependencia y frustración de los jóvenes, desigualdad y subordinación de las mujeres sustentada en el beneficio de los hombres, violación de los derechos humanos de presos e inmigrantes, contaminación, precariedad, agobio, soledad, amenaza a las jubilaciones y a la protección social. La economía global traslada a la mayoría de la población todos los desequilibrios de una producción que no se planifica antes, según las necesidades de la gente, sino después, según las fuerzas ciegas del mercado.
La huelga general es democrática. No sólo como expresión de millones de perjudicad@s, sino también como rechazo a que el derecho del capital a unos beneficios siempre insuficientes, tenga más fuerza que el derecho a una alimentación suficiente y saludable, a un trabajo, una vivienda y una jubilación dignas, o que el derecho a la integridad física y a la vida, que pierden cada año miles de trabajadores, sobre todo eventuales. Pedir el respeto a los derechos sociales desde dentro de la globalización y la moneda única es como pedir la cuadratura del círculo.

¿Qué huelga general? Entre 1985 y 1994 hemos conocido cuatro huelgas generales de dimensión estatal contra el PSOE. El 20 de junio de 1985 contra la Reforma de las Pensiones; el 14 de diciembre de 1988 contra el Plan de Empleo Juvenil; el 20 de mayo de 1992 contra el Decretazo, que reducía la duración y la cuantía de las prestaciones por desempleo; y el 27 de enero de 1994 contra la segunda gran Reforma Laboral. Con toda su importancia, este modelo de huelga general, basado en paralizar la producción un día y sólo uno, no es suficiente. La prueba está en que no ha conseguido detener la maquinaria precarizadora y privatizadora de la globalización del capitalismo español. Con la quinta huelga general del 20 de junio de 2002 contra el "decretazo" del PP, ha pasado lo mismo. Mas aún con los "paros generales" de 15 minutos convocados por CCOO y UGT en contra de la guerra (14, 21 y 26 de Marzo de 2003) y el paro de 2 horas de UGT, no secundado por CCOO, el 10 de Abril del 2003. Una huelga general, para ser realmente útil, debería presentar otro perfil.

Primero. No constituir un hecho extraordinario, aislado de un proceso de acumulación de fuerza en torno a objetivos estratégicos. La paralización de la producción a día fijo, con toda su importancia, es tan fácil de asumir por la patronal como un día de fiesta, con la ventaja de que se ahorra los salarios.

Segundo. No tener su centro de gravedad operativo únicamente en las empresas y ramas. El capitalismo global no sólo es producción, sino circulación y consumo de mercancías, no sólo es una actividad económica, sino también una forma de relación política y social. No sólo produce objetos para los sujetos, sino también sujetos para los objetos. Es decir, no hay un espacio de la explotación (las empresas) y un espacio de la democracia (la sociedad), sino un solo espacio social dominado por la persecución del interés privado. Enfrentarse a los efectos del capitalismo global supone movilizarnos como trabajador@s asalariad@s, pero también como autónom@s, consumidor@s, ecologistas, inmigrantes, jubilad@s, estudiantes de universidad y de enseñanza media, profesor@s, vecin@s, pres@s, ciudadan@s en defensa de las libertades democráticas y de pueblos que defienden su derecho de autodeterminación. La huelga general no debe ser sólo del trabajo asalariado, sino también del no asalariado, para visibilizar, como se pretende desde el feminismo, el papel del trabajo doméstico y de cuidados como sostenedor del capitalismo global y a las mujeres como perjudicadas por la falta de recursos sociales y el desentendimiento de los hombres.

Tercero. Para demostrar quien tiene la representación de l@s asalariad@s basta con un día de huelga organizada por los sindicatos. Pero si se trata de confrontar miles de conflictos aislados con las políticas que los originan, de incorporar decenas de miles de activistas sociales a la Política en general, de mejorar la vida de la gente y regenerar la democracia, los objetivos de una huelga general adquieren perfiles más complejos. Si se consigue la cooperación de la parte más activa de la sociedad, se despertará un deseo compartido, por primera vez en muchos años de desencanto y nacionalsindicalismo, que actuará como un poderoso multiplicador. Una huelga general cuyo centro de gravedad fuera político-social y no sindical, inscrita en un proceso participativo plural articulado, por una forma política asamblearia, hubiera obligado al gobierno en Mayo de 2003, a retirarse de la agresión a Iraq.

Cuarto. Una huelga general debe rescatar del olvido el caudal de las setecientas mil firmas que en 1999, se recogieron por una ley de 35 horas, en cómputo semanal y sin rebaja salarial, por el reparto del trabajo, de todo el trabajo y por una Renta Básica como derecho ciudadano individual, incondicional y suficiente.

Quinto. Desde dentro de la izquierda institucional, no hay nada que hacer pero sin contar con las decenas de millares de personas generosas que luchan y se agotan dentro de ella, tampoco. Desde una fuerza social exterior a dicha izquierda, se ha demostrado que se la puede condicionar.

3.3.- Globalización y Precariedad(es). Por un movimiento obrero anticapitalista.

La relación salarial no sólo se expresa en el momento de la producción. En las sociedades capitalistas el proceso laboral, con toda su centralidad, es condición y resultado de una envolvente social y de un proceso histórico. El proceso laboral no contiene, en una primera mirada, todas las lógicas sociales que lo explican. No permite visualizar las fuerzas que producen, tanto la separación entre la fuerza de trabajo (capacidad de producir) y el trabajo (acto de producir), como los hábitos de consumo o el papel de las mujeres en la producción y reproducción de la vida de las personas trabajadoras. Por esta razón, un sindicalismo anticapitalista, debe plantearse, algo más que las condiciones de intercambio de la fuerza de trabajo (salario, condiciones laborales, etc.).
En el capitalismo, la exclusión y la precariedad no son estados carenciales como la vejez, la enfermedad o la infancia, sino estados artificialmente producidos a través de una generalizada violencia social. La fuerza del capital radica en su capacidad para vampirizar los procesos de vida y cooperación, alimentando con ello su propia valorización y convirtiendo ésta en la fuerza constituyente de la sociedad. Este proceso crea una dislocación generalizada: la economía deja de ser un instrumento para la vida social, haciendo de la sociedad un instrumento para la economía; el trabajo debe expresarse como trabajo asalariado y con ello, deja de ser para la vida, pasando a ser la vida para el trabajo; la naturaleza no es tratada como nuestra casa sino expoliada, manipulada y contaminada; los sentimientos, la compasión y las emociones, solo cuentan como una moral interior sin consecuencias en nuestras formas de vida, trabajo y consumo; las necesidades humanas sólo se satisfacen a través del mercado o del estado, pero no a través del apoyo mutuo, desde dentro de la comunidad; los cuidados de las personas, al realizarse por las mujeres en el interior del hogar familiar, no están en el mercado de trabajo y por tanto, no existen oficialmente, la actividad de cuidados, en el lenguaje oficial de la Encuesta de Población Activa (E.P.A), se llama "inactividad’; las principales relaciones entre las personas no se producen directamente, sino a través del intercambio rentable, es decir, a través del dinero; las personas no son sociables, lo que es sociable es el dinero; en el capital, no en las personas, debe radicar el principio de cooperación y de producción de riqueza; las personas se relacionan entre sí como cosas y las cosas se relacionan entre sí como personas; el orden social no se funda por las relaciones entre las personas (política), sino por las relaciones entre las cosas mediadas por el dinero (mercado). Esta catástrofe humanitaria y social no se resuelve, sino que se agrava, con un "buen empleo". La causa de la precariedad es, precisamente, el trabajo (asalariado)
La política de las actuales direcciones del sindicalismo mayoritario supone el mayor obstáculo a cualquier intento para regenerar el sindicalismo y detener la avalancha privatizadora y flexibilizadora que, en nombre de la democracia, está construyendo una sociedad de inestabilidad, individualismo y sumisión. La indiferencia de este modelo sindical ante la inseguridad jurídica de la mayoría de l@s trabajador@s precarizad@s, es la base del aislamiento y el desgaste de los sectores más activos. Esa debilidad conduce a un círculo vicioso, en el que la burocracia sindical tiene cada día menos fuerza propia y es más dependiente del poder empresarial y estatal. El encuentro de las luchas sindicales con otros movimientos sociales, presentes en el Movimiento contra la Europa del Capital, la Globalización y la Guerra, ha producido un punto de inflexión momentáneo. Paradójicamente, la independencia política del M.A.G. respecto a la izquierda mayoritaria, ha posibilitado que el movimiento facilitara la unidad de acción con dicha izquierda y le diera fuerza frente a la derecha. Este enfrentamiento es condición para limitar la complicidad con un modelo de modernización basado en el predominio de la eficiencia, la economía, el individuo y la razón instrumental. La corrosión de la dimensión social de los inocentes ciudadanos sobre los que caían las cenizas de los cuerpos calcinados de millones de judíos, incinerados por los nazis en 1944, es de la misma naturaleza que la de los inocentes consumidores a los que las cenizas de los millones de víctimas del capitalismo global les llegan a través del televisor a la hora de comer.
CAUTIVO Y DESARMADO, EL SINDICALISMO CAPITALISTA DE LOS HOMBRES BLANCOS HETEROSEXUALES Y CONSUMISTAS, HA PASADO A SER UN INSTRUMENTO CONTROLADO POR EL ENEMIGO. ¡VIVA EL MOVIMIENTO OBRERO ANTIGLOBALIZACIóN!

Bibliografía

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o Globalización. Guerra. ¿Qué paz? A.M. en Rescoldos nº 8. Madrid 2003.
o Elementos fundamentales para la crítica de la Economía Política "Grundrisse". Karl Marx. Ed. Siglo XXI. 1989.
o La crisis de los cuidados. Precariedad a flor de piel. Sira del Río. Rescoldos nº 9. Enero'04.
o Globalización. Trabajo(s). Precariedad(s). Por un sindicalismo anticapitalista. A.M. en Rescoldos nº 9. Enero'04.
o Modernidad y Holocausto. Zygmun Baumann. Ed. Sequitur. 1998.
o El T.S.J. nos dá la razón ¿Y ahora qué? S.O.S. Limpiadoras del Hospital Ramón y Cajal. Hoja nº 16 (7/08/03) (www.nodo50.org/caes).
o ¡Que vergüenza, Fidalgo, qué vergüenza! Carta abierta al Secretario General de CCOO. Agustín Moreno. Miembro de la Comisión Ejecutiva Confederal de CCOO por el sector crítico. (www.usuarios.lycos.es/ccoodeotis)
o S.O.S. Sintel. En defensa de la libertad sindical. Septiembre 2003. Comunicado del Area de Libertades del M.A.G. de Madrid.(www.nodo50.org/caes)

A.M.
CAES. Enero 2004.

 

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