Mumbai: explotación torrencial e hipocresía

En los últimos días de julio, lluvias torrenciales golpearon a la ciudad y centro financiero más grande de la India, Mumbai (antes Bombay), con un saldo de más de mil muertos en la ciudad y la zona aledaña. El número de muertos subirá en cuanto se recuperen más cuerpos y lleguen informes de zonas remotas. En un solo día, casi un metro de lluvia cayó en la ciudad, la misma cantidad que Londres tiene en un año entero. Este tipo de aguacerazos, los más fuertes de los que se tiene registro en la India, harían estragos en cualquier lugar. Pero el gran número de muertos es resultado de las condiciones creadas por el hombre que hace de los barrios pobres un infierno para los millones de personas que viven allí, a la sombra de los barrios más ricos del país.
Si bien la lluvia de este año fue excepcionalmente fuerte, el monzón es un fenómeno anual en la India, y por ende las autoridades no pueden alegar sorpresa. Los enormes barrios pobres de Mumbai, construidos sobre terrenos llanos de lodo y pendientes bajas eran un desastre en ciernes. Grupos de ciudadanos han reclamado un riguroso programa de control de las inundaciones desde hace años. En vez de combatir desastres naturales, las autoridades se han dedicado a lo que consideran el verdadero problema: los habitantes de los barrios pobres mismos.
Como la mayoría de los centros urbanos del tercer mundo, Mumbai está repleto de gente que no puede sobrevivir más en el campo y va a las ciudades con la esperanza de encontrar algún trabajo. La enorme riqueza de la clase capitalista burocrática del país y sus patrones imperialistas de los Estados Unidos, Gran Bretaña y otros países es producto en gran medida de la explotación de un proletariado que crece de manera constante. Pero las masas del campo llegan a un ritmo más veloz que lo que los capitalistas pueden aprovechar. Por eso, el afán de las autoridades de oprimir y echar a los "habitantes sobrantes de los barrios pobres".
Una importante publicación semanal india, Frontline, dijo que en los últimos seis meses, se han arrasado con excavadoras las casas de 450.000 personas. Nadie ha sido reubicado, a pesar de las promesas del gobierno. El mismo artículo cita a una mujer que vive en un cementerio ubicado en el vertedero de basura de la ciudad. "Incluso los animales viven mejor que nosotros. Cuando llueve, el agua sube desde debajo de la basura, los gusanos y ratas salen a merodear y el viento se lleva los hules que nos albergan. No podemos dormir y estamos siempre empapados", dice Hafiza Sheik Babu. "Dejé a mis hijos con mis padres en Pune porque está tan sucio aquí que se enfermaban a cada rato. Además, no hay comida, y se morían de hambre". El artículo salió dos semanas antes de las inundaciones.
No obstante, al lector le costará mucho trabajo encontrar en la prensa imperialista y reaccionaria alguna referencia a la campaña de destrucción de los barrios pobres de Mumbai. En contraste, en el mes de junio la destrucción de los barrios pobres de la capital de Zimbabwe, Harare, recibió gran cobertura y fue tema de una resolución de condena por parte de las Naciones Unidas. Sin duda, los sin techo del mundo se sorprendieron que los Estados reaccionarios que forman las Naciones Unidas se hubieran interesado de súbito en su situación. Aunque nada puede justificar las acciones antipopulares de Robert Mugabe, las cuales contrariaron tanto a quienes apoyaron la guerra de liberación de Zimbabwe en los años 1970, su programa de eliminación de los barrios pobres era de rutina para los países oprimidos, incluida la anteriormente socialista China (que apoyó la condena de las Naciones Unidas), donde quitan a los habitantes de los barrios pobres y a los sin techo del camino del auge capitalista en ese país. El primer ministro indio, Manmohan Singh, fue a los Estados Unidos días antes del desastre de las inundaciones, pero no estamos enterados de una sola referencia, ni menos una condena, de la destrucción de la vivienda de los pobres por el gobierno indio, mientras Bush lo agasajaba con grandes honores.
Un estudio de las Naciones Unidas de 2003 predijo que en 20 años una de cada tres personas del mundo vivirá en un barrio pobre urbano (hoy la relación es una de cada seis). Eso significa que los Estados reaccionarios continuarán usando excavadoras para expulsar a la gente, y al ejército y a las fuerzas policiales para mantener su bota sobre el cuello de quienes viven en los barrios pobres en condiciones miserables. Los desastres naturales continuarán destruyendo lo que quede de la vida de millones de personas ya debilitadas y apaleadas por un sistema basado en la explotación del hombre por el hombre.







