¿Por qué quien insiste en negociar con Israel se niega a dialogar con el gobierno sirio?

El secretario general de Hizbula, Hasan Nasrala, declaró el pasado jueves que las reformas emprendidas por el presidente sirio Bashar al-Asad, que se enfrenta a una intifada desde hace 11 meses, son mayores que las de todos los reyes y presidentes árabes.
Con ocasión del cuarto aniversario del asesinato de Imad Mughniya- y en memoria de otros dirigentes de Hizbulá asesinados- Nasrala preguntó: “¿Es posible que algún rey, emir o presidente de los regímenes árabes actuales emprenda reformas como las que ha presentado el presidente sirio?"
Al-Asad ha fijado para el 26 febrero la celebración del referéndum sobre la nueva constitución que reconoce la pluralidad política y que suprime el famoso octavo capítulo que establecía que el Baaz es el partido de gobierno del país y de la sociedad. Además, el proyecto de reforma de la constitución contempla que se celebren elecciones parlamentarias en el plazo de 90 días tras la aprobación de la nueva constitución.
Nasrala: “¿Son mayores las reformas que se pedían que las emprendidas ahora? La nueva constitución se votará dentro de diez días y después habrá elecciones parlamentarias, sin embargo se insiste en el enfrentamiento armado, en negarse a dialogar y en exigir el derrocamiento del gobierno”.
Continuó: “Os invito a que penséis en la siguiente contradicción: Los gobiernos árabes que dicen que la solución con Israel debe ser política y que la única vía posible para resolver el conflicto es la de las negociaciones- llevan decenios negociando con Israel - no quieren una solución política en Siria, dicen que ya es tarde y que no hay tiempo para dialogar. ¿Cómo puede ser? Por favor, que nos lo expliquen.”
“Supongamos que el gobierno sirio fuera como Israel; ¿Por qué buscan una solución negociada con Israel y se niegan a dialogar con un gobierno árabe? ¿Por qué con Siria la vía política es inaceptable? ¿Dónde está la lógica?"
yemen-press.com/news6428.html - Traducido del árabe para Rebelión por Antonio Martínez Castro







