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Mundo :: 27/12/2010

Réplica a Sudestada sobre Sendero Luminoso: Guerra popular y no terrorismo

AIRS

Una Asociación de Refugiados peruanos nos acercó una respuesta a la nota “Sendero Luminoso: de Mariátegui al terror rojo”, publicada en octubre de este año por Sudestada. A partir de manifestar algunas divergencias sobre el contenido del artículo, creemos necesario publicar una versión fragmentada de su réplica.

Por la Asociación Internacional de Refugiados “Solidaridad”

Esta lucha revolucionaria desarrollada por el Partido Comunista del Perú, marxista-leninista-maoista, pensamiento Gonzalo, atacada por el imperialismo, el revisionismo y la reaccion mundial, que algunos compañeros del campo popular repican a diestra y siniestra, merece ser aclarada:

La guerra popular en el Perú, principalmente campesina por la particularidad de las clases sociales existentes, estuvo conformada o integrada por campesinos principalmente pobres, obreros y pequeña burguesía que tuvo presencia en 22 departamentos de los 24 que conforma todo el Perú. Teniendo una gran participación de masas que, si contamos como referencia el haber tenido más de 10 mil prisioneros políticos y de guerra, da un reflejo de lo ocurrido en el país y no como dicen en su revista “se impuso en base al terror”. Pensamos que la evaluación debe ser hecha por el propio Partido Comunista del Perú, por su Comité Central, pues es la más alta instancia de dirección. Habida cuenta, entonces, que no existe una evaluación oficial, nos apoyamos en los puntos de vista del Dr. Abimael Guzmán, quien enjuicia con certeza que si de evaluación se trata, primero hay que partir de que la Guerra Popular en el Perú, desde mayo 1980 hasta setiembre de 1992, fue el más trascendente movimiento de transformación revolucionaria en la historia peruana, que como todo proceso social deja lecciones positivas y negativas, siendo el aspecto positivo principal por los logros obtenidos. De los logros diremos aquí:

1) Ha removido la base semifeudal de la sociedad, que la ha carcomido en sus cimientos y jamás podrá ser como fue antes de los ochenta. A la vez, ha desnudado el carácter del Estado peruano; su fragilidad en tanto defensor y representante de las clases opresoras y explotadoras; sus formas serviles y el gamonalismo como todo un sistema político de opresión que lo reemplaza en buena parte del país cuando no su ausencia total. Esos años de guerra popular también han combatido al imperialismo, principalmente norteamericano, que somete a la nación peruana convirtiéndola en una semicolonia, fomentando el espíritu nacional. Y ha luchado denodadamente contra el capitalismo burocrático que hunde y constriñe al pueblo, destruyendo las posibilidades de desarrollo agrícola e industrial propio de este país para reducirlo a una simple fuente de materias primas, sembrando la factibilidad de un futuro promisorio para el país y los peruanos con la revolución. Tres montañas de opresión que pesan sobre el pueblo peruano que fueron golpeados significativamente.

2) Se ha demostrado la vigencia y validez del maoísmo como desarrollo del marxismo.

3) El más alto desarrollo del Partido Comunista del Perú en su historia, la más ingente experiencia principalmente positiva en la dirección de la guerra popular, construyendo un Partido militarizado que dirigió justa y correctamente la guerra; un Ejército Guerrillero Popular; un Nuevo Poder y sobre todo y principalmente las masas organizadas en los tres instrumentos de la revolución.

4) Un logro fundamental es el desarrollo de la conciencia política revolucionaria de las masas populares en el país, principalmente del campesinado.

5) Y finalmente, esta experiencia constituye una referencia para los revolucionarios del futuro en el Perú y fue un aporte significativo a la Revolución Proletaria Mundial.

Punto de partida y logros sobre los cuales ciertamente hemos tenido limitaciones, excesos y errores, cuya precisión serán objeto de la evaluación oficial y orgánica pendiente. Más aún, como considera el propio Dr. Guzmán, el Partido debe asumir una autocrítica orgánica, pública y ante el pueblo peruano, por estas limitaciones, excesos y errores que no quitan la trascendencia enunciada del movimiento; que dice también que tratándose de una revolución las fuerzas nuevas no están exentas de fracasos en su proceso de desarrollo y la izquierda las asume sacando lecciones, pero de la derrota tiene que responder la derecha (esa derecha es Ramírez, que ustedes levantan en su revista desconociendo el papel cumplido por él en el Perú) aún cuando la alta dirección partidaria asume la responsabilidad política de todo y de todos.

Y si de reflexiones se trata, que el costo en vidas sea doloroso, sí, es verdad, pero históricamente todavía no se resuelve el problema de evitar el costo de civiles en una guerra; ni en la tan propagada guerra del Golfo se evitó cuando se usaron las armas más sofisticadas en su historia de guerra. Reparemos que en el curso del siglo XX todas las revoluciones han significado un costo y en la nuestra los datos que por ahí se dan sobre el número de muertos no indican si no que se trató de una guerra popular con amplia participación de masas populares pues, si setenta mil murieron ¿cuántos habrían participado? Muchísimos más, por simple ley matemática.

La guerra popular tuvo cuatro formas de lucha, todas ellas formas de acciones guerrilleras: agitación y propaganda, la mayoría de todas, sabotaje, aniquilamiento selectivo y combates guerrilleros como asaltos y emboscadas. Un Ejército Guerrillero Popular, conformado desde 1983, siguiendo la experiencia internacional, principalmente comunista y concebida a partir de la gran tesis de Lenin sobre la milicia popular. Ejército sujeto al principio de que el Partido manda al fusil; a las tres tareas: combatir, producir y movilizar a las masas; al doble mando militar y político y construido en torno a células partidarias. Estructurado en tres fuerzas: principal, local y de base; con pelotones, compañías y batallones en el campo, y en ciudad como destacamentos especiales y destacamentos y milicias. Tres fuerzas integradas y un solo ejército, con aproximadamente 100 mil combatientes.

Un nuevo poder, la República Popular de Nueva Democracia que se fue construyendo al amparo de la guerra popular, construcción que seguía la fluidez de la guerra, que se concretó mediante los cinco tipos de Comités desde 1982: Comité Organizador del Poder Popular, Comité Popular, Comité Popular Paralelo, Comité Reorganizador y Comité Popular Abierto. Cinco tipos de Comités que a comienzos de 1991 fueron 1509; y en ciudad “Comité de Lucha Popular” Todo esto demuestra que fue una guerra popular y no “terrorismo” como imputan.

La respuesta a la guerra popular en el Perú fue el ingreso de las fuerzas armadas, que prueban la política genocida del Estado peruano, pues las muertes se multiplicaron por 10. Resultan inenarrables las constantes matanzas masivas y desapariciones de pueblos con niños, ancianos, mujeres, hasta embarazadas y pueblo campesino en general, de las capturas y desapariciones masivas en los cuarteles del ejército, nadie se acuerda ya desde la oficial Comisión de la Verdad y Reconciliación. El país estuvo ocupado por el ejército las ¾ partes del territorio nacional; y el combate por el nuevo poder fue cruento, las masas populares por constituirlo entregaban su vida combatiendo, las clases reaccionarias a través de sus fuerzas armadas por destruirlo: Restablecimiento y contrarrestablecimiento fue la política para constituir y defender el nuevo Estado. Si en la Unión soviética de Lenin hubo Soviets y Asambleas Populares, en el Perú construimos los Comités Populares como expresiones del Nuevo Estado de República Popular de Nueva Democracia, Comités Populares que son expresión del poder de obreros, campesinos y masas populares, realidad innegable de los ochenta.

Parte de su respuesta fue la legislación “antiterrorista” concebida como parte de su guerra contrasubversiva, cuyo propósito nunca fue hacer justicia sino punir, estigmatizar y escarmentar a los revolucionarios, apoyándose en las teorías del imperialismo norteamericano y sus fuerzas militares que con Reagan y la señora Allwrigt impusieron el adjetivo “terrorismo” a las revoluciones y “terrorista” a los revolucionarios, potenciando cada vez más razones supuestas de seguridad nacional en contra de los derechos de la persona aplicando una política discriminatoria propia del proscrito derecho penal del enemigo y la autoría mediata, y flagrante violación de la Constitución Política del Perú, su ordenamiento legal y las cartas internacionales suscritas por el Estado. En Argentina, algunos sectores del campo popular y la reaccion, acusan a los 30 mil desaparecidos de la violencia del estado, de la desaparicion de miles de hijos de nuestro pueblo, negando la lucha de las masas por su emancipacion y reduciéndolo “al terror como instrumento y ganó apoyo...” reeditandose en el Perú la Teoria de los dos demonios.

“Culto a la personalidad”: tambien se menciona siguiendo viejas practicas revisionistas que fueron combatidas ya por el gran Lenin. En el perú el Dr. Abimael Guzman aplicando el marxismo-leninismo-maoismo a las condiciones concretas y especificas de la revolucion peruana, generó un pensamiento que primero fue denominado pensamiento guía y el año 1988 el 1º Congreso del PCP, sancionó el Pensamiento Gonzalo, aplicación de la verdad universal a la revolución peruana.

Creemos que hemos estado dispuestos a dar todo el costo necesario en pro de los objetivos políticos de la guerra y que a la vez bregamos porque fuera el menor costo posible, y si no, compárese las cifras entre la revolución peruana y la de El Salvador, con sus 5 millones de habitantes y 100 mil muertos, o con la revolución mejicana de comienzos de siglo con un millón de muertos en 10 años.

Del año 2000 en adelante se plantea luchar por la democratización de la sociedad peruana, votar y usar las elecciones para desenmascarar y servir a desarrollar el camino del pueblo.

El Movimiento por Amnistía y Derechos Fundamentales precisamente surge dentro de los planteamientos del marxismo-leninismo-maoísmo y su aplicación respondiendo a la necesidad del momento para servir a desarrollar el camino del pueblo, enarbolando como banderas la amnistía y los derechos del pueblo. ¿Por qué la amnistía? Porque parte por defender que los hechos de los 80 fueron políticos y se trató del movimiento de transformación social de mayor trascendencia en la historia al servicio del Pueblo y cabe una solución política. ¿Por qué los derechos fundamentales? Porque es la manera de formular los derechos del pueblo que se vieron afectados, restringidos, negados desde que se impuso el neoliberalismo hace 20 años en el país, como nunca antes, justamente para defenderlos y arrancarlos. ¿Por qué es así? Porque las masas no han puesto a la orden del día la lucha por la conquista del poder, sino la lucha por sus derechos perdidos, como nunca antes en estos últimos 20 años.

Además, es así porque las fuerzas nuevas enfrentan una derrota y tienen todavía una cifra alta de prisioneros políticos y de guerra, 400 aproximadamente, con juicios y condenas de 25 a 35 años sin beneficio alguno, incluyendo a sus máximos dirigentes sepultados vivos con cadena perpetua, y pugnan por remontar este difícil trecho. Más la situación política internacional y nacional tienen problemas respecto al marxismo-leninismo-maoísmo y la revolución. La necesidad política del momento es usar la coyuntura electoral para desarrollar el camino del pueblo.

El pueblo peruano necesita de una izquierda que sea fuerte y clara para dar rumbo en la lucha de clases. No solo se debe aglutinar para las elecciones.

Para terminar, no podemos dejar de rendir nuestro solemne homenaje al pueblo peruano por su participación directa en esta guerra y decimos que su entrega ha sembrado futuro para este país. ¿En qué nos sustentamos? En la gran ley de la lucha de clases, es decir, en nuestra convicción ideológica:

“(La ley del pueblo y la ley de la reacción) Las dos leyes son una gran ley de la lucha de clases, una contradicción cuyos términos son por un lado, provocar disturbios, que encierra ruina; y, por el otro, luchar, que encierra victoria. En ambas hay fracaso de por medio; pero mientras en lo viejo lleva a la ruina en lo nuevo lleva a la victoria. Esta es una ley inexorable. No temer al fracaso; la cuestión es luchar de nuevo por el poder, de ahí la importancia de la gran verdad del marxismo: La rebelión se justifica”.

 

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