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Mundo :: 01/05/2011

¿Qué queremos de este primero de mayo?

Periódico Anarquía

La frase que llama al acto de este año creemos es ya una puerta de entrada al espíritu que está instalado en muchos de nosotros. El llamado invoca a antiautoritarios, rebeldes, gente libre, en fin, a todos los que sienten la libertad en las venas, que entienden que la rebelión es necesaria y no solo posible. Es un llamado genérico pero no tanto, no vamos a enumerar a los que quedan fuera, es claro y es absolutamente entendible a quien no va dirigido. Abrimos los brazos a inundar Montevideo de otra forma de relacionamiento y de enfrentamiento a este sistema. Para salir del pozo en el que estamos, para enfrentar a ese enemigo externo, sentimos sinceramente que algo en nosotros debe romperse. Cerramos los puños a los alcahuetes de siempre y de última hora, los cínicos que intentan vendernos una y otra vez el derrotismo, los vendidos a todo patrón que se conforman con la esperanza de un nuevo televisor.

Tiene que estar bien clara en todos nosotros esa verdad popular de que “hay gente buena en todos lados” así como fuerte el muro que siempre hemos planteado con los autoritarios, los explotadores y los que son capaces de vender hasta a su madre por un nuevo negocio. Esa intransigencia es vital.

Queremos llamar a actuar, pensamos que todos saben que es necesario y siempre urgente pero también sabemos que a veces nuestros gritos encallan en el aire. Ayudará, creemos, enumerar los líos de última hora, las luchas que está llevando mucha gente defendiendo su posibilidad de laburo, su tipo de vida o sus casas. Los trabajadores callejeros, los ocupantes, los que ya no aguantan al patrón y pelean, todos los que no se resignan. Los primeros tienen un enemigo muy claro en la Intendencia que intenta golpearlos y controlarlos a toda costa, los segundos, dos enemigos casi siempre, sus patrones y los sindicatos que hacen el papel de pacificadores. Ayudan, dicen, a negociar, ayudan, decimos, al mantenimiento de esta paz de explotación. Mantener esto, este mundo del capital, es mantener un camino suicida, una vida condenada al servicio de los planes de unos imbéciles a los que no les importa la vida de los demás o del planeta. Para muestra basta un botón, de esos que cuidan al proyecto de la minera Aratirí.

Nuestra propuesta es como siempre simple en el sentido de que proponemos no resignarse, pelear, no darles la dignidad sino poseerla al enfrentar su mundo y crear uno nuestro. Un mundo que respete el dónde se vive y con quiénes se vive. A la vez, sabemos que nuestra propuesta también es difícil, proponemos incentivar la autoorganización, la gente junta sin vanguardias de partidos, la solidaridad para zafar del “que se jodan los demás” y el empeño, eso que aún falta, que nos falta a todos.

Como anarquistas no pedimos que la gente se nos una, pretendemos que entre todos encontremos salidas, proponemos enfrentar la resignación generalizada. Queremos descarrilar al capital con sus alcahuetes que nos dice que estamos mejorando. Los que dicen que hay que olvidarse de algunos porque la ganancia no es para todos, que pelear no es justo y que el futuro son ellos, los políticos, ricos y milicos, todos juntos y arriba nuestro.

La mentira

¿Qué piensan que creían los japoneses sobre sus plantas nucleares antes del desastre? Muchos pensarían que eran absolutamente seguras, otros, solo muy seguras, pero tenemos una fastidiosa idea que nos anda rondando de que en verdad la mayoría no pensaba nada con respecto a eso. Simplemente nada, ¿una amenaza?, tal vez, pero lejana, casi imposible.

No creemos que sean estúpidos, no nos parece que pensaran: debe ser segura la planta ya que los gobiernos la mantienen o que pensaran que los empresarios que se han estado enriqueciendo con ellas fueran personas responsables. No, más bien nos parece que la mayoría no se habrán detenido demasiado para evaluar el peligro que tenían al lado. Seguramente ocupados con el laburo, la velocidad de la vida, la televisión o el sobrevivir no les importó demasiado. No pensaron que esa misma planta que estaba hecha para que pudieran gastar tanta energía podría de un santiamén sembrar tal destrucción y luego su gigante peste de cáncer. Y pensamos que como los japoneses todos estamos igual. Cuando trajeron el cuentito de la planta de celulosa los defensores hablaban de todo el trabajo que daría ninguneando las consecuencias futuras. Más allá de que lo del trabajo también era una mentira y que esos benefactores desinteresados se hayan ido inmediatamente después de hacer su negocio, hoy, cuando vienen con el cuento de la minería a cielo abierto otra vez sale lo mismo. Otra vez aparecen los que no les interesa pensar en las consecuencias o en las posibilidades que se dejan atrás. Nuevamente esos que están tan desgastados que no quieren pensar siquiera en otro tipo de relaciones entre las personas o con el medio en el que viven.

Imaginen el mundo en el que sueñan, ahora piensen el porqué no se puede cumplir. A no ser que sean unos burgueses con delirios de señorío y de pisacabezas no se puede cumplir por las fuerzas del orden y los alcahuetes que custodian un mundo para unos pocos. La razón principal de que alguien aún este obligado a dormir en la calle son ellos. Los que les tienen miedo a las revueltas porque pueden torcer su mundo y los que prefieren un monstruo al lado mientras la tele ande. Casi como la canción, unos viven temblando y otros del que tiembla.

¿Y ahora qué?

Los políticos hacen sus jueguitos de poder, el partido comunista se hace el radical en la interna progre mientras juega al facho con los trabajadores callejeros o con ADEOM. Mientras tanto las tropas del Estado uruguayo siguen ocupando al pueblo más pobre de Latinoamérica y al del Congo para que los empresarios hagan sus negocios llamándole “ayuda humanitaria”. Aquella vieja idea de que hay que traer la guerra a casa hoy es especialmente justa. Esa idea la practicó mucho el antimilitarismo revolucionario demostrando que una guerra no es solo una cosa que pasa en otro lugar. El Estado uruguayo es el responsable de toda muerte o violación en los terrenos ocupados, los políticos que se llenan tanto la boca alabando a los cascos azules son responsables de cada bala disparada allá. Los muertos de lejos son muertos igual. Creemos que tenemos que actuar porque igual que los japoneses, tenemos un monstruo al costado actuando y matándonos mientras nos dice que es nuestro sirviente. Saber que no, no es suficiente. Apoyemos los conflictos que se desatan, apoyémoslos con fuerza, dignidad y toda la mayor coherencia. El pensar debe unirse con el hacer, tienen que ser uno…

Hace 150 años una lucha para reducir la cantidad de horas de trabajo desató un enfrentamiento brutal entre el Estado yanki y los resistentes, en su mayoría obreros inmigrantes. Cinco anarquistas fueron condenados a la horca, Lingg, uno de ellos, decidió que ni así podrían doblegarlo, no llegó a la horca porque tomó la decisión de pelear con sus carceleros y volarlos en pedazos. El primero de mayo se convirtió en un símbolo de lucha, pero todo símbolo se anquilosa, se pudre, se transforma en cualquier cosa, incluso en lo contrario a su significado inicial. No nos interesa a nosotros pelear por la autoría o por a quien le corresponde tal o cual símbolo. Lo que pretendemos, sí, es potenciar ese espíritu de rebelión, de revuelta, de no resignación para pelear acá y ahora. P.D.: hoy tanto la derecha como la izquierda insisten en imponernos festejar 200 años de dominio criollo que sustituyó al dominio español. Entre la mitología estatal está la de Artigas, su “gesta” consistió en luchar contra los españoles que ocupaban estas tierras. En el presente, ¿con qué se corresponden más esas acciones?, ¿con los milicos que ocupan Haití y el Congo en nombre del “derecho capitalista” o con aquellos que los padecen y resisten? Artigas, al que pintan vestido de milico lo consideran un héroe, al que resiste en el Congo o Haití un delincuente incivilizado… Círculo anárquico Villa Española-Malvín Norte.

http://periodicoanarquia.wordpress.com

 

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