Tsunami: ¿Fue inevitable que tantas personas murieran?

En las profundidades de la bahía de Bengala se halla una enorme placa de roca que forma parte de la corteza terrestre. En un proceso natural de millones de años, esa placa se ha ido deslizando paso a paso debajo de otra placa de roca en que descansan Indonesia y el continente euroasiático. En general, no vemos los procesos con que cambia y se mueve el planeta porque se dan con tanta lentitud, en este caso 10 cm al año. En este caso, una parte de roca que se deslizaba, de 1.200 km de largo, se trabó y creó una enorme presión. El 26 de diciembre, esa placa se zafó de repente justo al sur de la isla indonesia de Sumatra y soltó una de las mayores cantidades de energía jamás vista. Por la enorme potencia, modificó un poco la órbita de la tierra. A lo largo de la falla sísmica, el lecho del mar brincó hacia un lado y hacia arriba unos metros, lo que generó el tsunami, que son poderosísimas olas que van cobradno altura a medida que se acerquen a tierra firme.
La pérdida inmediata de vidas es el desastre más doloroso de la historia reciente y el monto global del sufrimiento aún es desconocido. Puede que no fuera posible predecir el terremoto y en especial el tsunami; sin duda no se pudo haber prevenido. De otro lado, la magnitud de la destrucción, por terrible que fuera, se multiplicó muchas, muchas veces debido a los poderes destructivos del capitalismo y cómo ha organizado nuestro planeta.
Cuando mueren tantas personas y la vida de millones más pende de un hilo, quedan al descubierto problemas fundamentales. En todos los sectores sociales, de diversas formas, se contemplan por qué ocurrió y qué significa, en términos espirituales y prácticos. En tales momentos, se ponen en tela de juicio las ideologías y a veces la legitimidad (su capacidad de gobernar) de los hombres que gobiernan al mundo. Si bien éstos se dicen los amos de la tecnología, son un obstáculo a un análisis global y racional de lo sucedido, sobre todo en lo que le dicen a las masas. Tal análisis científico, en términos sociales y naturales, les echaría la culpa.
En las semanas y meses por venir, saldrán muchos aspectos de este desastre y quienes se preocupan de las masas tendrán que analizarlos desde diversos ángulos, desde lo que las masas vivieron en esta situación hasta cuestiones de las ciencias naturales. Por el momento, quisiéramos plantear unas preguntas y centrar en la más obvia e inmediata: ¿por qué se llevó el tsunami a tantas personas sin ninguna advertencia?
Un editorial del New York Times del 29 de diciembre dijo: "De haber tenido una red de alerta internacional montada por Estados Unidos para proteger la vecina cuenca del Pacífico, se pudiera haber reducido a la mitad el número de muertes en la región". En cosa de días, un organismo de la ONU dijo que trabajaría por establecer una en el mar Ãndico. ¿Por qué tuvo que pasar medio siglo y tantas muertes antes de reconocer esta necesidad? Se trata de más que ignorancia. La clave son los intereses políticos y económicos.
La respuesta "fácil", repetida a la saciedad por los funcionarios gubernamentales y algunos científicos, es que son poco frecuentes los tsunamis en el mar Ãndico. Como sabemos, ese argumento es muy parcial. El 90% de los tsunamis se dan en el océano Pacífico a causa de una actividad subterránea muy intensa; los geólogos hablan de un anillo de fuego. Algunos expertos dicen que la peor explosión de la historia geológica ocurrió hace 71 mil años, poco tiempo en la historia de la tierra, en Sumatra, a 150 km del epicentro del terremoto del 26 de diciembre. La más poderosa explosión de la historia escrita se dio en 1883, cuando en la isla de Krakatoa, cerca de Sumatra, provocó un tsunami aún mayor que el del 26. La región tembló en 1797, 1833 y 1861. Singapur presenció un sismo de 7 grados en 2000 y se dio otro de 7.4 grados en una isla al noroeste de Sumatra, que tal vez fuera el precursor del fenómeno reciente. Llevan un tiempo preocupados algunos científicos que conocen los estudios geológicos que hicieron los colonizadores holandeses de la región y los rastros de previos sismos que se hallan en los patrones de crecimiento de los arrecifes de coral.
En los años 1990, el Grupo de Coordinación Internacional de la ONU del Sistema de Alerta de Tsunamis del Pacífico recomendó que se ampliara la red al mar Ãndico y el mundo. Se ignoró la propuesta. Se presentó un proyecto similar en una reunión internacional de expertos de 1997 en el Perú, con una respuesta similar. En una reunión de octubre de 2003 en Nueva Zelanda, se votó en contra del proyecto no por razones científicas sino porque no cabía en el ámbito del mandato geográfico del grupo. En 2004, uno de los más prominentes científicos preocupados, el sismólogo australiano Phil Cummins, presentó un estudio a expertos en el Japón y Hawai con el provocador título: "Tsunami en el mar Ãndico: ¿Por qué deberíamos estar preocupados?". Hoy, se le cita por doquier; entonces nadie le hizo caso.
Un geofísico del Instituto de Tecnología de California estaba tan preocupado que pagó de su propio bolsillo la impresión de 5 mil folletos y los repartió en la región a fin de dar a conocer el peligro y qué hacer al respecto. Tuvo planes de ir a Indonesia hace un mes, pero por falta de fondos se canceló el viaje.
La semana pasada, el sismólogo Phil Dunning, de Geosciences Australia, dijo: "Fuera de Australia e Indonesia, la comunidad científica se interesaba poco en los tsunamis del mar Ãndico". ¿Por qué? Ha habido mucho menos tsunamis en el mar Ãndico que en el Pacífico, dicen. Pero hay una inconfundible razón, muy sencilla, y horrible: cuesta dinero monitorear e investigar y no estuvo interesado ningún gran país. Estados Unidos creó la red de alerta del Pacífico (con ayuda de Australia y Japón) y sin el apoyo estadounidense, se no extendió la red a otras partes.
Es importante examinar en qué medida Estados Unidos no estuvo interesado en tal sistema, en qué medida por pasividad lo truncó y en qué medida activamente le restó importancia. Colocar en el mar detectores del movimiento de las olas en boyas entrelazadas por satélite tiene enorme valor militar. Por eso, probablemente, Estados Unidos lanzó la red del Pacífico tras la Segunda Guerra Mundial, cuando logró hegemonía naval ahí. Hoy, gran parte de la investigación de los mares tiene relación a la armada estadounidense. Todos los estudios de la tierra y su corteza tienen relación a objetivos militares y constituyen el núcleo del negocio estratégico y despiadado de encontrar y explotar petróleo.
Como monitorea temblores y explosiones mucho menores en todo el mundo, la organización del tratado internacional de prohibición de pruebas nucleares, con sede en Viena, detectó de inmediato el terremoto de Sumatra. Pero no tiene poderes de emergencia y nadie estaba trabajando. Incluso tras el terremoto, aún no se decidía si permitir que los científicos estudiaran los respectivos datos. Muchos países dicen que los datos son un secreto militar, por tratar de sus propias actividades atómicas y las de otros países, y no quieren que se divulguen automáticamente al público. Estados Unidos se ha negado a participado en la organización de Viena, con el objetivo de proteger sus propios secretos, pero al mismo tiempo tiene acceso a los datos de otros países. India, que ha llevado a cabo sus propias pruebas de armas nucleares, no es integrante. Como veremos, el aspecto militar de tales datos jugó un papel importante, de convertir un desastre inevitable en una tragedia aún más devastadora. En general, los cambios que generan los terremotos aumentan la presión sobre algunas fallas y la disminuyen en otros casos. Es un asunto de vida o muerte y podría ser extremadamente urgente estudiar los datos de este terremoto.
Un suceso al menos tan criminal como la falta de una red de alerta en el mar Ãndico es lo que pasó cuando les cayó el veinte a los científicos en el Pacífico acerca de la inminente catástrofe. Tal como las autoridades ignoraron las advertencias de la posibilidad de que ocurriera un tsunami en el mar Ãndico, cuando las olas se estaban aproximando a las costas, nadie en una posición de autoridad, que sepamos, tomó medidas para proteger la población.
Los expertos de Japón, Hawai y la costa oeste norteamericana se dieron cuenta del fenómeno en cuanto ocurrió. En 15 minutos, ya despachaban notificaciones. Como no todo terremoto submarino genere un tsunami, al comienzo no podían pronosticar las gigantescas olas y no había ningún detector en el mar Ãndico con que pudieran consultar. Debido a la complejidad de interpretar los diversos datos, por varias horas calculaban mal la fuerza del terremoto: primero, calculaban una fuerza de 8 grados, o sea, sabían que podría tener efectos muy graves. Luego se dieron cuenta de que era de 9 grados, cien veces más poderoso. Incluso al comienzo, sabían que era al menos posible que se diera un tsunami, por la ubicación del epicentro submarino. Poco más de media hora después del terremoto, de 20 minutos a una hora antes de que las primeras olas tocaran tierra firme, según diversos informes, lanzaron una alerta, sin siquiera saber si se daría un tsunami ni de qué tamaño. Cuando se dieron cuenta de la magnitud precisa del fenómeno, cundió un terror bárbaro. Cuando recibieron los primeros informes de que las olas gigantescas habían tocado tierra en el noroeste de Sumatra, se afanaron en armar modelos matemáticos y en pronosticar lo que iba a pasar. Ya era muy, muuuy tarde.
Los científicos se hallaban atrapados en sus laboratorios, sin poder dar a conocer lo que pasaba. Dieron aviso a sus superiores; hasta ahora, no se sabe qué hicieron éstos. Dieron aviso a las fuerzas armadas. Enviaron mensajes electrónicos, faxes y SMS a sus colegas. No tenían cómo informar a la población en el camino del tsunami. Podemos imaginarlos gritando con frustración y consternación.
Un desastre natural mortífero inevitable dejó aún más estragos porque afectó a tantas personas cuya vida ya pendía de un hilo. Un desastre semejante en cualquier capital imperialista del mundo dejaría muchas muertes. Pero la particularidad de la región en cuestión, si bien un accidente con relación a la sociedad, determinó en gran medida las consecuencias del desastre.
Sumatra fue el primer lugar afectado directamente por el terremoto (el único donde dejó muchas muertes directas en tierra firme) y repetidamente desde el mar. Al cierre, al parecer dos tercios de las víctimas murieron en la punta norte de la isla. La provincia de Aceh, Sumatra, sufrió tanta destrucción que una gran parte ya no se reconoce desde tierra o aire. Quedó destrozada la mayor parte de la ciudad capital, Banda Aceh, y otras ciudades y muchos pueblos y aldeas se esfumaron. Según los informes de quienes sobrevolaron las zonas alejadas, sólo aparecen seres vivientes en unos cuantos lugares. Rebasa el ámbito de este artículo analizar la relación entre la vida de la población, en qué lugares vive, en qué tipo de vivienda, etc., y lo que le pasó. Sumatra está ubicada sobre una conocida falla geológica y la amenaza de un terremoto ahí es tan obvia a quien quiera saberlo y a quien se le permita saberlo. Aceh está ocupada por 40 mil tropas indonesias a fin de servir y proteger la planta de gas natural licuado y yacimiento de gas de la trasnacional Exxon Mobile, porque la zona es demasiado valiosa como para dejarla en manos de la población autóctona. Algunos periodistas dicen que el gobierno indonesio recibió una advertencia del desastre. Está a debate cuántas vidas se pudieran haber salvado, pero nadie duda que se hubieran salvado miles.
Pasaron dos horas antes de que las olas tocaran tierra en Sir Lanka, el segundo país más afectado. Al menos un científico norteamericano se comunicó por teléfono con el embajador gringo en ese país. ¿Con quiénes se comunicó el embajador y qué hicieron?
Según algunos cotidianos, el gobierno tailandés estaba sobre aviso. Se ha dicho que el gobierno mantuvo en reserva la información porque no quería que se perjudicara el turismo caso que fuera una falsa alarma. Aunque se movilizó el ejército tras el desastre, el 3 de enero el gobierno mandó diez mil soldados en una misión de contrainsurgencia a las provincias del sur colindantes con Malasia.
Las islas, Nicobar y Andaman, cerca de Sumatra y Tailandia, también sintieron la fuerza del mar. Para el gobierno indio, el valor principal de este archipiélago de pequeños picos bajos de la cordillera submarina, ubicado tan lejos de la India continental, es geopolítico, sobre todo militar, o sea, sirven a sus intereses expansionistas. La isla de Nicobar es una base naval y para el gobierno, todo el archipiélago es una zona militar y se prohíbe el acceso a gente de fuera.
El tsunami tardó de tres a cuatro horas en tocar tierra en el sureño estado indio de Tamil Nadu. No hubo alerta pública sobre las olas que arrasaron a Sumatra y estaban en camino a matar miles más. Para cuando las olas tocaron al este de África diez horas después, todo mundo debería haber sabido qué pasaba. Pero ningún gobierno tomó medidas de previsión.
Una isla en medio del mar Ãndico salió ilesa: Diego García, una colonia británica arrendada a Estados Unidos que la ha convertido en una de sus más importantes bases militares para dominar el mar Ãndico y los cielos desde Afganistán hasta Irak. Salió ilesa porque está ubicada en aguas extremadamente profundas y por lo tanto, el tsunami no generó olas en la superficie del mar. Según informes, las autoridades militares de la isla recibieron una advertencia con anticipación. ¿Qué pasó con esa información, y cómo y con qué fines la utilizaron, con tantas vidas en peligro en tantos países?
Quizá el hecho más repugnante y desafortunadamente el más fácil de captar es el siguiente: en términos económicos, es posible que el tsunami no salga muy caro. Economistas citados por la agencia noticiosa Reuters el 31 de diciembre, calculan un costo global de daños materiales en 14 mil millones de dólares, un poco más que una décima parte del terremoto de 1992 de Kobe, Japón, en que murieron 6.400 personas y menos de la mitad del huracán Andrew de 1992 en que murieron 50 personas en Estados Unidos. Un hecho más reconfortante para la "comunidad financiera" es que Munich Re, la mayor empresa reaseguradora del mundo (que vende seguros a otras empresas de seguros contra grandes pérdidas inesperadas), anunció que sus clientes tendrían que desembolsar pagos menores. Predijeron que, a pesar de la muerte de lo que se estima en estos momentos en 150.000 personas y las severas penurias de cinco millones más, el impacto económico global será pequeño o hasta insignificante, pues muchas personas que murieron sólo subsistían día a día y no eran una parte importante de la economía mundial. Un economista australiano de la banca explicó: "Principalmente, las viviendas sufrieron daños, lo que es una fuerte pérdida para la población, pero eso afectará poco la capacidad productora, salvo el turismo en Tailandia". El costo humano no afectó las bolsas bursátiles del mundo.
El capitalismo "construye lo mejor sobre lo mejor", o sea, es más eficiente impulsar el desarrollo en los lugares más desarrollados. Se nutre de las disparidades y las agrava, y éstas aumentan las muertes de desastres naturales. En el futuro, aunque se establezca una eficaz red de detección en el mar Ãndico y no sólo falsas promesas, no se eliminará un factor muy importante de esta tragedia: el desarrollo desigual y la opresión política que inevitablemente lo acompaña y lo refuerza.
En una palabra, el problema fundamental son las relaciones entre las personas y sobre todo las relaciones de propiedad: las relaciones entre los países, en que los capitales imperialistas subyugan a países enteros y los reorganizan en pos de los intereses de un puñado de parásitos ubicados en las ciudadelas imperialistas y las relaciones entre todos los seres humanos, individual y colectivamente, en un sistema en que el primer, último y único factor decisivo son las ganancias: fríos cálculos al contado, la política de apuntalar este vil sistema y los intereses del país que hoy procura dominarlo todo, Estados Unidos.
No siempre es posible pronosticar los desastres naturales, pero cuando el máximo valor de una sociedad no es la vida y satisfacción de los seres humanos, habrá tragedias en gran escala. Uno de los elementos más indignantes de esta tragedia, que es importante investigar más, es cómo el sistema de ganancias y sus gobiernos, especialmente los ejércitos que ya están muy presentes en muchas zonas afectadas, no movilizaron a la población antes y después del desastre, para servir y apoyarse en la población tal como solamente un Estado revolucionario puede hacer, sino que impidieron su movilización, a veces con la fuerza de las armas.
El sistema capitalista se interpuso entre muchos científicos y el propósito de sus estudios. Los atrapó sin ninguna posibilidad de hacerse oír en el gobierno ni combinar la ciencia con las masas, pues literalmente no fue posible dar aviso las masas. Aparte del problema de que ninguna emisora dio aviso, la educación pública más elemental habría salvado muchos miles de vidas. En un tsunami previo, un maestro de una isla del Pacífico veía que el mar de repente se retiró y de inmediato evacuó a sus alumnos, porque había aprendido a reconocer ese peligro. La escuela quedó en escombros; los alumnos salieron ilesos. ¿Por qué la población alrededor del mar Ãndico no había aprendido este hecho en la escuela? Una población que enfrentaba un gran peligro potencial, no supo reconocer las señales de un tsunami.
Ante este terrible suceso, muchos científicos sociales y naturales, diversos intelectuales y activistas harán valiosos estudios de la particularidad y profundidad de los problemas en cuestión. Tendrán que llevar esos conocimientos a las masas, pues una de las lecciones más importantes de este desastre es que si los conocimientos permanecen en manos de los imperialistas y sus lacayos y no llegan a las masas, si la ciencia no sirve a los intereses de la abrumadora mayoría de la población del mundo y si no se colocan cada día más en sus manos, seguirán muriéndose muchas personas más a una escala más masiva de la cual puede tolerar la humanidad, incluso con nuestro aún limitado conocimiento de la naturaleza. De otro lado, cuanto más se lleve la verdad de lo que pasó y por qué a las masas populares, más se impulsarán y se quedarán en claro los objetivos de una lucha revolucionaria por una sociedad en que se rompan las cadenas que atan el poder de la humanidad y sobre todo de las masas populares por medio de explosiones tan poderosas como la del 26 de diciembre y se transformarán radicalmente las relaciones entre las personas y de éstas con la naturaleza.
Al igual que la placa de roca en el lecho del mar Ãndico, hoy el desarrollo social está trabado y necesita que la revolución lo libere. En la historia, muchos gobiernos han caído tras desastres naturales. Los imperialistas, que violan o ignoran la naturaleza en pos de sus intereses y que hacen lo mismo a los seres humanos, no son capaces de gobernar la tierra.







