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Mundo :: 19/06/2006

Violentas protestas de masas sacuden al Kurdistán turco

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A fines de marzo el Kurdistán turco presenció una semana de rebeliones y luchas de las masas contra la policía y soldados de un nivel sin precedente en los últimos años y quizá en más tiempo.

El 27 de marzo estallaron choques entre diez mil manifestantes y la policía en la ciudad kurda de Diyarbakir en el oriente del país después del entierro de 14 guerrilleros kurdos nacionalistas muertos por fuerzas del gobierno. Miles de jóvenes lanzapiedras, con el apoyo de buena parte de la población de la localidad según informes, atacaron delegaciones policíacas y otro blancos del gobierno durante tres días, hasta que el gobierno envió soldados para ocupar la ciudad. Los choques continuaron. Y se dieron batallas campales en las ciudades kurdas de Batman, a 80 km al este, en Kiziktepe, cerca de la frontera con Siria, y en Estambul.
El gobierno ha llevado a cabo operaciones armadas contra la nacionalidad kurda y en particular contra los guerrilleros asociados con el nacionalista Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PTK) desde hace muchos años. (Aunque el PTK se cambió de nombre a Kongra-Gel hace unos años cuando abandonó su cariz marxista, aún se conoce por sus antiguos iniciales.) El gobierno nunca suspendió las operaciones militares en la región aunque después de la captura (con el apoyo de Estados Unidos) del dirigente del PTK Abdulá Ocalán, el PTK retiró sus fuerzas a la región kurda en el norte de Irak y repetidamente exigió negociaciones de paz. El PTK suspendió toda operación armada por cinco años, hasta 2004. El Estado, más o menos abiertamente dominado por el Consejo de Seguridad Nacional conformado de altos jefes militares, respondió a estos llamados a la paz tildando al PTK de "terrorista". El gobierno estadounidense y la Unión Europea respaldaron a Turquía en este asunto.
Las zonas kurdas de Turquía ya ardían después de una serie de bombazos en la región de Semdinli, donde murieron varias personas. El último bombazo dio con una librería, pero algunos kurdos comunes lograron capturar a los perpetradores en flagrancia, pero resulta que eran integrantes de la sección de inteligencia del ejército turco, llamada Jitem (Servicio de Inteligencia de la Gendarmería). Uno de ellos era un antiguo guerrillero del PTK quien se había pasado al servicio de la inteligencia gubernamental. Quedó claro que varios bombazos que se habían adjudicado al PTK eran el trabajo de inteligencia del gobierno, lo que indignó a millones de kurdos y a muchos turcos. El general Yasar Buyukkanit, el número dos del ejército turco, dijo a los medios informativos que conocía personalmente a los perpetradores de los bombazos y que "son buenos muchachos". Todo mundo vio que eso era una forma de proteger a los asesinos.
Las masas consideraban que tenían la justicia de su lado, pues cogieron a los perpetradores en flagrancia, y que no tenían fundamento para esperar justicia del mismo Estado que fraguó los crímenes en primer lugar. Estallaron batallas campales con la policía en la región. Esto provocó luchas intestinas en las clases dominantes, particularmente entre el ejército y el Partido de Justicia y Desarrollo, el partido islámico que encabeza el gobierno. Un procurador de Van levantó cargos contra el general Buyukkanit General por organizar su propia banda de paramilitares fuera de los debidos cauces. Eso provocó muchas protestas de los militares y fuerzas conservadoras, difundidas extensamente en los medios de comunicación, en tono de "cómo se atreve el procurador a levantar tales escandalosos cargos contra los hombres responsables de defender nuestro país". Estos militares dicen que el procurador daba apoyo indirecto a los "terroristas".
Así era el contexto para el sangriento ataque el 26 de marzo por el ejército turco, que masacró a un grupo de 14 guerrilleros del PTK con bombas químicas en las montañas del norte del Kurdistán acerca de la frontera con Irak. El ejército dijo que no usó armas químicas, que violan el derecho internacional. No obstante, familiares de los guerrilleros muertos vieron los cuerpos y dieron a conocer la verdad. Sus relatos eran tan contundentes que recibieron mucha difusión en los medios de comunicación kurdos. Con la llegada de los cuerpos de los guerrilleros en Diyarbakir, miles de personas fueron a los entierros. Era hora de confrontar la dura represión cuyo objetivo es aplastar al movimiento kurdo en general. Las medidas represivas han dado duro a todas las organizaciones kurdas en Turquía, como el Partido de la Sociedad Democrática (PSD), el partido nacionalista kurdo legal y el presidente municipal de Diyarbakir.
La policía impidió que se fuera al entierro, lo que provocó más furia y extensos combates entre los jóvenes y la policía. La policía mató a cuatro niños y nueve adultos en el curso de los choques.
Y arrestó a cientos, como unos partidarios del Partido Comunista Maoísta (Turquía y Norte del Kurdistan) (MKP). Ilyas Aktas, un joven periodista de Diyarbakir por el periódico maoísta Devrimci Demokrasi, recibió una bala en la cabeza de la policía y cayó en coma. El 11 de abril los doctores anunciaron que lo mantenían con vida con aparatos pero que tenía muerte cerebral, sin esperanza de recuperación.
El 9 de abril dos mil personas marcharon por el este de Londres por los ataques del gobierno y en solidaridad con la lucha de los kurdos. Miles más se tomaron las calles en Alemania, Suiza y otros países del norte de Europa.
En un comunicado, el MKP declaró "su apoyo incondicional a las demandas legítimas y democráticas de la lucha nacionalista kurda y, para obtener esos derechos, a su derecho a resistirse al fascista régimen turco, y que en lo fundamental, sólo es posible por medio de una revolución de nueva democracia que la nación kurda alcance la auténtica liberación".

 

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