A 50 años de la muerte de Mao Tse-tung
La muerte de Mao conmovió a la izquierda mexicana afín a su pensamiento. Los maoísmos mexicanos en 1976 era fundamentalmente plebeyos, magisteriales y estudiantiles
Este 9 de septiembre se cumplen 50 años de la muerte de Mao Tse-tung. Tenía 82 años de edad. Apenas hacía poco, el 14 de febrero de 1972, México y la República Popular China habían establecido relaciones diplomáticas. Meses antes, nuestro país había votado a favor de que el coloso asiático ingresara a la ONU.
El 25 de octubre de 1971 se debatió en la Asamblea General de la ONU si, como proponía EEUU, debía haber presencia en el organismo de "dos Chinas", o, como impulsaba Albania, debía de excluirse a Taiwán y reconocer a China Roja como única representante del pueblo chino. Ganó la posición albanesa por 76 votos a favor, incluido el de México, 35 en contra y 17 abstenciones.
El entonces presidente Luis Echeverría visitó Pekín en 1973 acompañado de una faraónica comitiva de más de 200 funcionarios, empresarios, intelectuales y periodistas. Ricardo Garibay escribió una filosa crónica de aquella aventura titulada "Albores y decadencias", que contrasta notablemente -por su amarga visión de esa nación- con los múltiples libros de viajes y testimonios escritos en los 50 y 60 por visitantes de izquierda a aquellas tierras.
Echeverría, con un inocultable ADN anticomunista, temía que los orientales apoyaran a grupos contestatarios a su gobierno. No era absurdo. Como sucedió en Francia, Alemania o Italia, una parte de los jóvenes participantes en el movimiento estudiantil-popular de 1968, que intentaron organizar una revolución socialista, encontraron en el maoísmo identidad y línea política para la acción.
Ya desde antes, encabezados por los ingenieros Federico Emery (que viajó allí por primera vez en 1964) y Javier Fuentes, núcleos de activistas recibieron formación político-militar en la República Popular China. Además, estaba en el aire, también, la experiencia de los mexicanos que fundaron el Movimiento Armado Revolucionario (MAR), formados en Corea del Norte.
La inquietud del mandatario mexicano sobre una relación entre China y grupos guerrilleros surgió en la entrevista que sostuvo con Mao Tse-tung el 20 de abril del 73. Según contó Shen Yunao a Jorge Octavio Fernández, "Mao buscó despejar las dudas de Luis Echeverría sobre el apoyo de China a insurrecciones, pero de una forma muy peculiar, muy hilarante. Le preguntó '¿Cómo se ha portado el embajador Xiong, les ha causado algún problema por allá en México?' Echeverría le contestó que se había portado muy bien, y Mao le respondió bromeando que tuviera cuidado, que no le fuera a causar algún alboroto... o algo así por el estilo. Mao alivió sus inquietudes, pero de una forma muy humorística" (https://shorturl.at/lbN9R).
Sin embargo, según Federico Emery le explicó a Nidia Marín, los chinos nunca fomentaron movimientos guerrilleros. Siempre respetaron las posiciones de las revoluciones de todo el mundo y a los países. Me decían: "Nosotros te podemos platicar cómo lo hicimos acá, nuestra historia, y allá ustedes sabrán si se vale o no se vale, si se puede o no se puede". Recibíamos de China -añade- muchas publicaciones: Pekín Informa, cantidad de folletos, libros de Mao Tse-tung, etcétera. Ese, realmente, fue todo el apoyo.
La muerte de Mao conmovió a la izquierda mexicana afín a su pensamiento. A diferencia de los simpatizantes de China Popular entre 1949 y 1963 (fecha de la ruptura entre Pekín y Moscú), que eran mayoritariamente artistas, intelectuales y políticos lombardistas, nacionalistas revolucionarios y socialistas, los maoísmos mexicanos en 1976 era fundamentalmente plebeyos, magisteriales y estudiantiles. Sus publicaciones eran precarias, básicamente destinadas a divulgar las luchas populares en las que participaban, y sus editoriales escasas y con apenas unos pocos títulos editados.
Los homenajes en su memoria fueron variados. Aunque ajena al maoísmo y más bien identificada con la izquierda revolucionaria latinoamericana, la revista Punto Crítico, en su número 63, del 22 de septiembre de 1976, publicó en su contratapa una foto del gran timonel con el rótulo: "Mao Tse-tung 1893-1976".
En el auditorio de la Facultad de Ciencias de la UNAM, siete organizaciones maoístas duras, convocadas por Acción Popular-Marxista Leninista, realizaron un acto de masas. Se llenó a reventar. Lo decoraron con grandes mantas con las imágenes de Marx, Engels, Lenin, Stalin y Mao. El maestro de ceremonias fue José Santos. Hablaron varios oradores, incluido Benjamín Fernández, un representante de un núcleo de argentinos marxista-leninistas que giraban alrededor de la Librería Gandhi y otro de la corriente del movimiento obrero revolucionario.
Un día después, un grupo con presencia en la Facultad de Economía, conocido como los Comalesa, realizó una caminata al edificio de Rectoría. En la biblioteca del CCH [Colegio de Ciencias y Humanidades] Oriente, los profesores Francisco González y Antonio Martínez orquestaron un acto de masas, que arrancó con una presentación de Arturo Delgado.
Algunos colectivos de esta corriente estaban volcados a las luchas populares y requerían que no se les identificara con la guerrilla, de manera que guardaron bajo perfil ante el deceso. Una de las expresiones más relevantes del maoísmo de entonces, Política Popular, vivía una lucha fraticida entre Línea de Masas y Línea Proletaria. En el marco de ese pleito, el 18 de febrero de 1976, la policía de Nuevo León asesinó a seis habitantes de la colonia Francisco Villa.
Agustín Acosta recuerda que escuchó la noticia del fallecimiento del líder chino en la televisión, se dirigió a una reunión de dirigentes de su corriente con colonos y soltó a boca de jarro: "Murió el presidente Mao!" Todos se pararon y alguno de los presentes dijo: "hagamos un minuto de silencio en su memoria". Estaban desolados.
Alberto Anaya, de Línea de Masas, cuenta que cuando se enteraron de la noticia, quedaron muy conmovidos. Pero eran tiempos muy difíciles en Monterrey para hacer algún acto público.
A diferencia de otros dirigentes revolucionarios, no existen estatuas de Mao en México, ni colonias populares ni ejidos ni cooperativas con su nombre. Sólo hay una escuela primaria en la alcaldía Iztacalco.
@lhan55







