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Argentina :: 26/06/2007

A 5 años de la Masacre de Avellaneda: Recomposiciones y perspectivas del campo popular

Prensa de Frente
El 26 de junio de 2002, tras la represión planificada secretamente y alentada públicamente por el transicional gobierno de Eduardo Duhalde, policías de la provincia acababan con la vida de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán. Innumerables reacomodamientos en el interior de las fuerzas políticas del sistema y de quienes -como los dos jóvenes militantes- se enfrentaban a él, se sucederían desde entonces.

El partido gobernante asimiló a sus estructuras a algunas de las organizaciones que ese día intentaron cortar el Puente Pueyrredón, y con ellas a una parte de sus banderas. La continuidad del movimiento piquetero -que a través de su dinamismo había encarnando un refresco para las fuerzas populares siendo el protagonista casi exclusivo de las protestas populares callejeras- fue puesta seriamente a prueba.

Aquella mañana de junio avanzó por la Avenida Mitre la columna integrada por el Bloque Piquetero Nacional, nucleamiento que reunía a la mayoría de los frentes de desocupados de los partidos de la izquierda tradicional. En los meses posteriores, estas organizaciones mostrarían un notable crecimiento en base a la obtención, con medidas callejeras, de planes sociales que ofrecían -y siguen ofreciendo- 150 pesos a cada familia de desocupados. Con la llegada al poder de Néstor Kirchner, el espacio se debilitaría mediante la implementación de una doble estrategia. Por un lado, la creación de fuentes laborales, la mayoría de ellas en condiciones precarias. Por el otro -seguro de no poder cooptar a sus dirigentes- una severa reducción de los susidios, mermando así el nivel de convocatoria. Las prácticas electoralistas y la férrea subordinación de los movimientos a estructuras partidarias colaboraron a diezmar aún más al espacio.

Por Pavón llegó hacia el Puente Pueyrredón la Coordinadora Aníbal Verón, que aglutinaba a diversas experiencias territoriales autónomas y era, por entonces, el segundo núcleo mayoritario. Detrás, Barrios de Pie, brazo piquetero de la Corriente Patria Libre. Este último grupo, junto a un puñado más de organizaciones, formaría más tarde el movimiento Libres del Sur, tras sumarse a principios de 2004 a la estructura estatal, ocupando varios cargos en diferentes carteras nacionales.

Con la columna del Bloque Piquetero Nacional marchó el Movimiento Teresa Rodríguez. El MTR se dividiría, luego, en varios nucleamientos, algunos de los cuales dan forma hoy al Frente de Organizaciones en Lucha (FOL) y otros al Bloque Obrero y Popular (BOP). El sector liderado por Roberto Martino mantiene, hasta la actualidad, la misma denominación.

Por su parte, el núcleo formado por la Federación de Tierra y Vivienda (FTV-CTA) de Luis D'Elía, hoy obsecuente defensor de las políticas oficialistas, y la Corriente Clasista y Combativa no participaron de aquel corte en Avellaneda por acuerdos previos con el gobierno de Duhalde. Tras las muertes, D'Elía se apuró a asumir el discurso oficial reproduciendo la tesis que los desocupados "se habían matado entre ellos". Figuras como Edgardo Depetris, del Frente Transversal, y Emilio Pérsico, del Movimiento Evita, autoproclamados vertiente piquetera del actual gobierno, no tuvieron participación alguna en aquella jornada.

"La Verón" también sufrió divisiones después de la masacre. Un sector de los Movimientos de Trabajadores Desocupados -entre ellos, el MTD Lanús donde militaba Santillán- formó junto con otras organizaciones el Frente Popular Darío Santillán (FPDS), armado con vocación multisectorial de desarrollo en Buenos Aires y varias provincias. Otra escisión cuyo referente público es Juan Cruz Daffunchio continúa denominándose como MTD Aníbal Verón y se organiza en barrios del conurbano.

Las consignas convocantes al fallido corte del Pueyrredón en 2002 fueron el aumento de los subsidios de 150, monto que nunca se modificó, y la implementación de un plan alimentario bajo gestión de los propios desocupados, entre otros puntos. Lejos de conseguirlo, los desocupados siguen movilizándose por los retrasos en la entrega de alimentos para los comedores. También se marchó por el desprocesamiento de los luchadores sociales y el fin de la represión, reivindicación que amagó con implementarse para luego continuar con la política de criminalización de la protesta, llegando actualmente a ser la gestión con más presos por conflictos sociales desde el fin de la dictadura.

Es indudable que la represión directa a las movilizaciones tuvo una merma después de junio de 2002. El fusilamiento reciente de Carlos Fuentealba por orden del gobernador Jorge Sobisch en Neuquén trastocó en sangre tal observación. La desaparición impune de Julio López, los secuestros y detenciones de militantes sociales y testigos -en los cuales se denuncia la actuación de agentes de inteligencia- muestran cómo se rearticula la represión en tiempos de crecimiento económico y reivindicación setentista.

Los rostros de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki se convirtieron en banderas de lucha. Sectores kirchneristas, como parte de su tarea de recomposición de viejo modelo de acumulación, esta vez con ropa progresista, parecen estar abiertos a arrebatar esos símbolos.

En tanto, las organizaciones populares no alineadas con la política oficial enfrentan el desafío de fortificar su desarrollo territorial y destrabar el aislamiento, confluyendo con políticas activas en la búsqueda de una herramienta política y social que efectivice aquello de "Trabajo, Dignidad y Cambio Social" que convocó a los dos jóvenes militantes fusilados. Actualmente, tanto el FPDS y el FOL como el MTR se encuentran abocados a motorizar intentos de este tipo.

 

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