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15/11/2006 :: México

Agitación de los de abajo

x John Ross
La oleada de los de abajo tiene mucho menos que ver con la derecha, la izquierda y el centro que con la lucha de clases y raza calando desde el fondo de esta desigual sociedad

Los entendidos en política de ambos lados de la frontera con toda tranquilidad atribuyen la resistencia masiva de millones de mexicanos al hecho de que el pasado 2 de julio el izquierdista Andrés Manuel López Obrador (AMLO) perdiera la elección presidencial que fuera robada por el partido en el poder (PAN) y su candidato derechista Felipe Calderón, a los cambios del equilibrio político entre la derecha, la izquierda y el centro en un mundo posterior al Partido Revolucionario Institucional, quien sea que haya ganado la elección del 2 de julio, el hecho es que el PRI que estuviera una vez en el poder (71 años), termino en el último lugar, cavando su propia tumba política.

Pero en verdad esta oleada de resistencia a la imposición de Calderón, pese a la ocupación por más de cinco meses de la ciudad de Oaxaca por maestros y miembros de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) en huelga, en un intento de derrocar el déspota gobernador del PRI, y en menor medida, la ofensiva de la Otra Campaña del subcomandante Marcos, estalló desde una dirección diferente, de la inmensa e inquieta clase más baja: los 73 millones de mexicanos (según cálculos del economista social Julio Boltvitnik), la mayoría de los cuales son de piel más oscura, quienes viven en o cerca del límite de la pobreza, un cuarto de los cuales a penas logran sobrevivir en la extrema pobreza.

La votación presidencial de 2006 ha sido la que más cerca ha estado de usar las contradicciones de clases y razas que existen en la sociedad de este país para definir el voto. La candidatura de López Obrador, impulsó a los morenos de la clase baja de México y según fueron pasando los meses, AMLO astutamente utilizó esta fermentación, dirigiendo las energías en contra de Calderón quien fue visto como la representación de una pequeña élite blanca que exigía propiedad de esta distante nación vecina. En realidad, el derechista utilizó la implícita amenaza de agitación desde las clases más bajas para movilizar su base de clase media y alta.

Pero el fondo siempre es más amplio que la punta en la pirámide social de México y cuando le arrebataron la elección López Obrador organizó la mayor manifestación política en la historia mexicana. Durante siete días decenas de miles de sus partidarios bloquearon las calles centrales de la capital. La resistencia civil masiva le prohibió al presidente saliente Vicente Fox dar su discurso final de Estado de la Unión y lo alejaron de las ceremonias de vísperas del día de la Independencia en la gran plaza de Zócalo donde la gente de López Obrador estaba acampada.

Sin embargo el control de AMLO sobre sus frustrados y harapientos partidarios, literalmente los de abajo, fue siempre endeble y a menudo aquellos acampados en las calles durante una de las más crudas temporadas lluviosas que se conozca, prevalecieron. En verdad, aunque la izquierda independiente, que unió sus fuerzas a la coalición tripartita de López Obrador durante la lucha postelectoral, es reconocida por hacer que AMLO se inclinara hacia la izquierda, fue el impulso de los de abajo lo que hizo que el antiguo alcalde de Ciudad México adoptara una postura desafiante.

Pese a la militancia de la resistencia masiva, sin precedente en los anales políticos modernos de este país, casi todo el período postelectoral careció de confrontaciones violentas, testimonio del compromiso de AMLO de una resistencia civil pacífica como la inspirada por Gandhi y el Dr. King y una respuesta desacostumbrada por parte de los sectores más frustrados e ignorados de la escala social.

Esta renovación de los de abajo es un desafío tanto para los partidos políticos como la clase que ellos representan. La cruzada de AMLO dejo los tres partidos que patrocinaron su candidatura en el polvo, recibió más apoyo de aquellos que profesaron no tener compromiso partidista que de su propio partido, el Partido de la Revolución Democrática (PRD). Según da testimonio el lema de su eterna campaña "Por el Bien de Todos pero Primero los Pobres", el objetivo de la campaña de López Obrador fue siempre cambiar la ecuación de la clase en lugar del engrandecimiento de su partido.

De igual manera, la toma de Oaxaca por maestros radicales y la APPO que representa muchos de los 412 municipios de mayoría indígena que existen en el estado, representa este mismo impulso de los de abajo disfrazado de confrontación entre partidos políticos. El gobernador Ulises Ruiz, cuya deposición se encuentra en el centro del conflicto, es un PRIista del cual se considera popularmente obtuvo este alto puesto mediante un fraude total en la votación hace dos años. Pudo haber sido destituido por orden presidencial o legislativa por desestabilizar Oaxaca al recurrir a la represión policial y escuadrones paramilitares de la muerte para acabar con la ocupación de la capital.

Pero los partidarios de Ruiz, conscientes del infortunio de su partido que no deja más alternativas que buscar la distensión con el PAN, amenazan con tirar abajo el pacto entre el PRI y el PAN que eficazmente le da el control del nuevo congreso a Calderos si este es investido en 1 de diciembre o cuando lo haga, en caso de que Fox, quien no ha sido reelegido en los últimos meses de su mandato, o el bloque legislativo del PAN en le senado voten para deponer al gobernador.

Si depusieran a Ruiz antes del primero de diciembre, habría que ordenar una nueva elección que probablemente ganaría el PRD. Si sobrevive a la fecha límite, el gobernador estaría en condiciones de designar su sucesor.

Pero lo que parece simplemente otro juego de tira y afloja bizantino tan endémico en la política de partido mejicana es en realidad una expresión de las luchas de clases y razas que propulsó el gran "plantón" (acampamiento) en Ciudad México. Aquellos de abajo que se encuentran tras las barricadas en el viejo barrio de Oaxaca son pobres y morenos, las clases políticas que manipulan las tensiones son blancas y poderosas. Una marcha reciente de protestantes de Oaxaca en la capital atrajo a decenas de miles de partidarios de AMLO, que eficazmente se sumaron a ambas luchas desde abajo.

En varios aspectos de importancia, los levantamientos de Oaxaca y Ciudad México copiaron preceptos de la Otra Campaña del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional. Desde el surgimiento de "La Otra", el quijotesco sub-comandante Marcos del EZLN ha instado a los simpatizantes a "mirar hacia abajo" a la gente del escalón más bajo, donde AMLO también ha desarrollado un arduo trabajo, y no "hacia arriba" a la clase política. Imbuida con un sentido de historia de México, la Otra Campaña propone una nueva constitución, tal y como lo hace López Obrador.

Los ataques preelectorales del subcomandante marcos a López Obrador, que tanto alejó a la gente de AMLO, concentró la atención en el proceso electoral como algo inútil, una posición con la que muchos partidarios de López Obrador estarían de acuerdo ahora.

Tras haber sido desbaratada por el brutal ataque de la policía contra los campesinos militantes de San Salvador Atenco el las afueras de Ciudad México en mayo pasado, y el furor postelectoral que temporalmente hizo que la Otra Campaña resultara irrelevante, "La Otra" está nuevamente en marcha al norte de México, la parte del itinerario original que tuvo que suspenderse por el ataque sobre Atenco y arribó a Tijuana la semana pasada donde "el delegado Cero" (Marcos) se reunió con partidarios zapatistas chicanos y estadounidenses. En constante aumento desde la elección, la cual abrió una brecha en la comunidad de apoyo mexicano al EZLN, el apoyo más significativo a la Otra Campaña ha llegado desde fuera del país.

Para honrar el compromiso Zapatista de no abandonar Atenco mientras no sean liberados 28 prisioneros políticos apresados el 4 de mayo, siete comandantes del EZLN viajaron desde Chiapas para residir en ese pueblo agrícola en las afueras de la capital. Se relajó la "Alerta Roja" que aisló las comunidades autónomas del sureste de Chiapas.

Aún no está claro por qué la ofensiva de los de abajo ha florecido en este momento en el continuo mexicano. Seguramente existe una justificación simple para la explosión social. Luego de 12 años, la TCL-ización ha hecho de todo menos anexar México a Washington. Millones de campesinos son obligados a abandonar sus parcelas debido a las enormes importaciones agrícolas provenientes de los Estados Unidos y dirigirse al norte donde contrabandean heroína en la Pared del Terror de Bush.

Las transnacionales le han concedido franquicia y han tildado a la nación azteca en un inmenso centro comercial. Los salarios reales disminuyen y las maquiladoras levantan campamento y se dirigen a China donde los salarios son más bajos. Reina la impunidad de los narcotraficantes y los pillos políticos y se golpean más cabezas en Acapulco que en Bagdad. Se devastan los bosques y el maíz transgénico amenaza las especies nativas. Gracias a las comidas rápidas, la obesidad infantil y la diabetes de aparición temprana son pandémicas. Las tres cuartas partes de la población tienen poca protección social.

Pero toda esta podredumbre es la historia que he estado escribiendo por años. La pregunta es ¿Por qué esta ofensiva la largamente perdurable de la clase baja está aumentando ahora?

La candidatura de AMLO se convirtió, como dice el proverbio, el saco (costal) donde los de abajo depositan sus más preciadas quejas y la historia es realmente un cúmulo de tales quejas. Cuando la masa llega a su punto crítico está determinada realmente por el temperamento nacional.

En la gramática mexicana el verbo más activo quizás sea "aguantar". Aquí el metabolismo político y emocional funciona lento, el "coraje" va en aumento. La conspiración de la gente se esconde tras la máscara estoica que Octavio Paz utilizara tanto y los zapatistas llevan puesta hoy, hasta que estallan repentinamente, activados por una elección robada o una masacre estudiantil o alguna otra atrocidad mayor. Y cuando la mierda llega al techo los entendidos en política golpean su barbilla y justifican la explosión con la guerra entre partidos políticos por el poder.

Sin embargo México sigue siendo noticia aquí en el gran mundo fuera de sus fronteras, la oleada de los de abajo tiene mucho menos que ver con la derecha, la izquierda y el centro que con la lucha de clases y raza calando desde el fondo de esta desigual sociedad.

Counterpunch. Traducción: Cubadebate

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