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22/11/2022 :: Asia

Aporte para un debate alturado, vallejiano y mariateguista: ¿China imperialista?

x César Zelada
El debate sobre el carácter político de China hoy ha cruzado a todo el arco de las corrientes de la izquierda marxista y “reformista o democratizante”

Y las posiciones son disímiles dentro de cada corriente. Por esta razón, nos animamos a elaborar una nota que plantea el tema y sienta una posición creemos que desde el ángulo de los intereses de la clase obrera y de la dialéctica marxista.

Los que señalan que China es imperialista argumentan que, “se debe al impresionante desarrollo de las multinacionales encabezadas por Pekín, y el crecimiento de la Inversión Extranjera Directa (IED) de China, así como la opresión que ejercen sobre los trabajadores en los países donde tienen inversiones como es el caso de la gran minería en Perú con proyectos como Las Bambas, Marcona o Chinalco”. Y los que opinan lo contrario señalan que “el gigante asiático sigue siendo socialista, pero con características chinas”, (Deng Xiao Ping dixit), negando lo señalado líneas arriba.

Por tanto, la caracterización de China sobre si es o no imperialista, implica retornar a la noción sobre ¿qué es el imperialismo? Así las cosas, habría que señalar que, parafraseando a Lenin, en su libro “Imperialismo, fase superior del capitalismo”, el líder de la primera revolución obrera y campesina afirma que el imperialismo no constituye un original modo de producción sino una fase dentro del mismo régimen de explotación y opresión social capitalista.

Una fase con características disímiles (que enfatiza el carácter en decadencia de la organización vigente y que plantea la urgente necesidad de pasar a un nuevo orden social revolucionario), pero que continúa ostentando como fundamento la misma estructura social y un mismo sujeto: la clase capitalista.

En este marco, la elite capitalista china no se ha terminado de afianzar como clase dirigente. Es decir que la burguesía ocupa todavía un lugar subyugado respecto a la burocracia estatal china, expresada en el PCCH (partido comunista), y en el último período, en el liderazgo de Xi Jinping, que controla “arbitrariamente” los tentáculos políticos y económicos en la tierra de Tsun Tzu.

De esta forma, “a la hora de realizar una caracterización, la cuestión del sujeto político no es algo secundario, sino que es de una centralidad insustituible”, (Heller). Por lo mismo, "es un error abismal perderse en algunos rasgos (la presencia opresora de China en Asia, América Latina, África, etc.), que, recogidas aisladamente, divorciadas del cuerpo principal, nos puede llevar a una apreciación incorrecta”, escribió el economista Pablo Heller.

Por estas razones, es un error hablar de imperialismo cuando la clase capitalista china todavía no ha logrado consolidarse como el actor y la fuerza determinante en la economía nacional.

En todo caso, lo que existe es el interés imperialista yanqui de imponer la restauración capitalista que sigue inconclusa. Y es que la burguesía china fue creciendo a la sombra del Estado chino, pero en la actualidad, dicha tutela, contradictoriamente, se ha tornado en un obstáculo para su desarrollo.

Esto es lo que explica que China rivalice con EEUU en sectores de alta tecnología (5G, inteligencia artificial, coches eléctricos, etc.), y que EEUU, haya tomado medidas proteccionistas, boicoteando componentes que ayuden a China a desarrollarse tecnológicamente, en el marco de la guerra comercial con China.

EEUU no solo ordenó la prisión de la hija del dueño de Huawei, sino que vetó la operación de compra de Qualcom (un gigante de los superconductores), por parte de una empresa de Singapur en cuyo capital influye Huawei, la productora de chips más importante de China. Hay que tener en cuenta que solo en la producción de teléfonos móviles, ordenadores y accesorios exportados a EEUU, China está llegando a los 150.000 millones de dólares.

Así las cosas, la clase capitalista china busca liberarse del proteccionismo y de regulaciones (importantes en las finanzas y la industria) que el Estado ejerce en el espacio de las empresas privadas, lo que implica un freno para su desarrollo como burguesía dirigente y su proceso de acumulación capitalista.

Por estas razones, la clase capitalista china sería una clase todavía en construcción, que debe pugnar entre, por un lado, la presión del Imperio del Norte para tornar a China en una semicolonia, y por otro, la presión del Partido Comunista y de la clase obrera china.

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