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Argentina :: 13/07/2005

Argentina: El paradójico resultado de la independencia

Norberto Bacher
9 de julio de 2005, 189 años despues de la declaración de Tucumán. La dependencia actual es de distinto tipo a la de los años 1800: ahora estamos sojuzgados por las exigencias e imposiciones del capital financiero y las multinacionales imperialistas

Mujeres y hombres de diversos sectores sociales, sin militancia y militantes de distintas fuerzas políticas, sin empleo y trabajadores, nos reunimos en esta convocatoria popular para denunciar ante el país una realidad dolorosa que trata de ocultarse tras los festejos del Día de la Independencia Nacional: desde hace años Argentina ya no es un país independiente.

Sólo que la dependencia presente es de distinto tipo a la de los años 1800: ahora estamos sojuzgados por las exigencias e imposiciones del capital financiero y las multinacionales imperialistas.

Hasta podría decirse que estamos en peores condiciones que en aquel año de 1816. Porque si entre los congresales y hombres públicos de aquella época había vacilantes que no terminaban de decidirse a dar el paso para constituir un Estado soberano e independiente del reino español, también había mentes claras y brazos libertarios que no temblaban al momento de enfrentarse a la opresión colonial.

En cambio el panorama de hoy es desolador si se contemplan las decisiones emanadas desde los despachos oficiales, las resoluciones aprobadas por el Congreso Nacional, el quehacer cotidiano de los partidos políticos que gobernaron el último medio siglo a través de sus diversas fracciones y la retórica tramposa de las sentencias judiciales.

Hay que decirlo con absoluta claridad para que las nuevas generaciones que sufren las consecuencias de marginación y pobreza lo aprendan y no lo olviden: la sumisión del país al imperialismo no se produjo por el desembarco militar de los "marines" en nuestro territorio, como ocurrió recientemente en Irak o tantas veces antes en diversos países latinoamericanos.

La responsabilidad del metódico saqueo de las riquezas nacionales recae en las clases pudientes argentinas, la oligarquía terrateniente y las distintas fracciones burguesas, que por intermedio de los sucesivos gobiernos peronistas y radicales practicaron la asociación con el capital extranjero para su propio beneficio.

Desencadenada la crisis más profunda del siglo XX como resultante inevitable de ese pacto burgués-imperialista, algunos que fueron cómplices de tolerar el vasallaje del país - como el actual Presidente y su entorno seudo progresista - intentan seguir engañando al pueblo presentándose con un discurso de renovado fervor nacionalista, mientras a espaldas del mismo siguen negociando con las multinacionales y el FMI, al costo de perpetuar la miseria.

Si la historia de la entrega del país y sus responsables puede sintetizarse en pocos párrafos, la de la resistencia del pueblo es larga y está cruzada de dolor y abonada con sangre derramada. A veces con desesperación, a veces con la lucidez de un Agustín Tosco. Con visión estratégica certera o sin ella, pero siempre poniendo el pecho frente a la entrega.

Más allá de discursos de compromiso o de campaña electoral la historia real de las luchas políticas en Argentina demuestra que la bandera de 1816, la de la independencia nacional y la de un país soberano, ha sido abandonada hace muchos años por los sectores explotadores, y que su rescate quedó en manos del pueblo, de sus sectores más oprimidos y explotados.

Pero los últimos años muestran una dura realidad que exige una reflexión de quienes hoy nos convocamos. Cuánto más crecen nuestras luchas más impotentes estamos para dar la batalla que permita recuperar esa gran bandera, es decir para hacer retroceder al imperialismo y sus socios locales.

La razón es sencilla y todos la conocemos: estamos divididos. Somos un gran ejército disperso, sin columnas y sin dirección estratégica de luchas. Bajo esas condiciones las minorías explotadoras seguirán sacando rentas, haciendo de intermediarios frente a los nuevos colonialistas, y el pueblo seguirá tributando con más miseria, más desempleo, más desunión.

Sin consolidar un gran bloque social y político con capacidad de movilización y dispuesto a enfrentar la política de sumisión al imperialismo en las calles, aunque ganemos algunas luchas reivindicativas seguiremos sin poder recuperar lo esencial: acabar con la desocupación y recuperar la parte de la renta nacional que le ha sido arrebatada al pueblo en las últimas décadas.

Es necesario hacer una convocatoria unitaria para repudiar la próxima presencia de Bush en Mar del Plata. Pero sin crear las condiciones para sumar a esa convocatoria a una parte importante del pueblo argentino, y que no se limite sólo a las fuerzas que se movilizan casi permanentemente, quienes desde el gobierno le abren las puertas a Bush, seguirán acatando las imposiciones del Departamento de Estado, como la de enviar tropas a Haití o seguir pagando la deuda a costa de nuevo endeudamiento y marginación social.

No hay recetas para construir esa fuerza unitaria antiimperialista capaz de expresar y canalizar los sentimientos políticos más profundos de gran parte de nuestro pueblo, ni pretendemos convertirnos en mentores de nadie. Los comunistas aprendemos de la experiencia y fundamentalmente de los errores de estos años y nos limitamos a señalar cual es la tarea esencial en esta hora de combate de los pueblos sudamericanos.

Aprendimos que la falsa búsqueda sectaria por imponer hegemonía al movimiento de masas y las disputas electorales de pequeños grupos para acceder a la degradada institucionalidad del sistema, son obstáculos que frenan ese imperativo de unirse contra el imperialismo.

Las luchas pasadas y las presentes muestran que potencialmente nuestras fuerzas son enormes pero que no están a la altura del combate actual que libran otros pueblos hermanos, como los de Venezuela, Bolivia y Cuba. La amenaza no sólo es el plan Colombia, la radicación de tropas yanquis en Paraguay significa que desde Washington preparan la agresión militar directa contra los pueblos que enfrenten su política. Urge una acción unitaria de masas a escala nacional y en todo el continente.

nbacher@hotmail.com

 

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