Argentina: Piquetes en el aire


-¡Don, don! ¿a que hora salimos en la tele?
-¡Fílmele las costillas a él, mire que flaco que está!
Los pibes vienen jugando y llenos de barro desde la cara hasta los pies descalzos, llevando a uno mas chiquito en un carro con ruedas. Se emocionan un poco cuando el camarógrafo los enfoca en medio de los preparativos para la transmisión. Y aunque quizás no lo saben, la pregunta no está dirigida a un presentador de televisión que vino a cubrir algún delito, choque o incendio, sino a un piquetero que está colgado de un poste tratando de montar una antena para hacer la primer emisión de un canal itinerante en el barrio San Rudecindo, en Florencio Valera.
"Si tiene cable, se puede desconectar un rato y poner la antena de aire. Una antena cualquiera de pie es útil. Como última posibilidad se puede armar una antena con dos tenedores de metal conectados al cable de la antena del televisor y pinchados en una papa. También sirven". Esas pocas instrucciones fueron repartidas durante la semana en afiches y volantes confeccionados por el Movimiento Teresa Rodríguez (MTR, del sector liderado por Roberto Martino) y el grupo de cine Alavío, anunciando la llegada de la TV Piquetera el sábado 6 de Diciembre a partir de las 14 horas.
El barrio, que fue cuna de este y otros movimientos, está a 5 kilómetros de la estación Bosques. Tiene unos 5.000 habitantes, calles de tierra, casas de chapa y madera donde suena la cumbia a todo volumen, y hay tanta desocupación como cualquier barrio del conurbano. El motivo, la excusa para que llegue la tv es inaugurar una bomba de agua comunitaria para el barrio que acaba de terminar el movimiento.
A las dos de la tarde, cuando los pibes del carrito vuelvan a aparecer bañados y peinados, comenzará el desenlace de un mes de trabajo para los miembros de la comisión de prensa del MTR. Con una imagen de las mujeres, los hombres y sobre todo los chicos del movimiento, se abrirá la transmisión.
Por algunas horas en dejará de sonar la cumbia pegadiza y las familias se amontonarán frente a pequeños televisores para presenciar un acontecimiento casi mágico; la televisión a la vuelta de la esquina. Y en manos de los piqueteros.
-Cortar la ruta de la información
El Canal 4, la TV piquetera, se ganó ese nombre luego de entender que lo que estaban haciendo era "un piquete en el aire" para trasmitir información que no tiene cabida en los medios oficiales. Uno de los hitos de esta nueva etapa fue la transmisión, poco difundida, desde Plaza de Mayo el 20 de Diciembre del 2002 y desde un corte de ruta en Septiembre de este año.
Ricardo Leguizamon, pionero en la materia, nos explica que "a partir del 20 de Diciembre nos dimos cuenta que era el momento para fortalecer esta movida". Pero el proyecto, en realidad, comenzó mucho antes.
Allá por 1983, Ricardo era un estudiante de ingeniería que quería trabajar para montar radios y televisoras comunitarias. Construir un trasmisor parecía un sueño; todos los materiales eran carísimos y casi nadie sabía como hacerlo. Pero no era imposible; un ingeniero polaco que había trabajado durante la segunda guerra mundial construyendo radares y desencriptando comunicaciones para los aliados, le dio a Ricardo la llave para hacerlo.
El polaco había tenido una experiencia mística que lo llevó a abandonar todo y dedicarse a experimentar técnicas para hacer hablar a las plantas. Cuando Ricardo lo visitó, en el jardín del viejo ingeniero había aparatos que emitían diferentes sonidos al ver llegar a extraños. "Se ve que le caí bien a sus plantas -sonríe ahora Leguizamón 20 años después-. y el tipo me enseñó. La única condición fue que nunca figurara su nombre en el proyecto, porque él se movía en otro ambiente".
Con el trasmisor funcionando, se montó el primer canal de televisión comunitaria del país; el Canal 4 de Alejando Korn, en la provincia de Buenos Aires. Con el tiempo los medios comunitarios se fueron multiplicando y en 1992 se formó una asociación; AATECO ( Asociación Argentina de Teledifusoras Comunitarias ) con más de 250 canales en todo el país, entre ellos el mítico Canal 4 Utopía en la Capital Federal.
La lucha por una televisión comunitaria se desarrolló a lo largo de toda la década del 90 y renació con la revuelta del 19 y 20 de diciembre del 2001, cuando muchos -entre ellos Leguizamón- vieron una oportunidad para que la idea se vuelva a hacer carne en las miles de personas que recuperaron la palabra.
Ahora los equipos están a disposición de las organizaciones sociales. "Nosotros ponemos lo técnico y ellos los contenidos", explica Ricardo. Y aunque se muestran dispuestos a ayudar a que cada uno pueda construir sus trasmisores, reconoce que hasta ahora "son pocos los que aprendieron a hacerlo".
-Esto lo digo yo.
La transmisión va alternando los videos preparados con intervenciones en vivo del público presente "en estudio", entendiendo por ello el terreno donde está la huerta y el comedor que todos los días da alimento a unas 10 familias con dos docenas de chicos. Todas las entrevistas, muchos de los videos y los debates son hechos por los mismos piqueteros. El presentador es Nicolás Vega, que sorprende a todos con sus cualidades de locutor; hasta seis meses antes de hacerse piquetero, y por ocho años, tuvo su propio programa de radio en FM Popular, que cayó -como muchos- víctima de la falta de anunciantes.
Viviana, la otra presentadora, es una de las referentes de la zona. Anima a los compañeros a salir al aire y se preocupa por que estén todos los chicos. El de ella -como el de casi todos- es un perfil muy diferente de lo que se suele imaginar mediaticamente cuando se habla de piqueteros "duros". Con casi treinta años de edad y más de seis en el movimiento, habla con palabras simples y es a la vez un panadera, madre y un poco maestra de todos los chicos. Cuenta que entre cuatro compañeros organizaron la venta de pan, y que cuando ella aprendió un poco sobre contaminación, se les ocurrió usar lo que salía de la panadería para hacer el pozo de augua, porque con lo que había, además, no podían ni siquiera regar las plantas.
La programación de la tv recién montada recorre toda la vida del movimiento piquetero; desde la ruta hasta el trabajo, desde el reclamo hasta la construcción comunitaria y la discusión política. Entre los proyectos productivos se muestran la elaboración de productos de limpieza, adornos, cortinas de plástico, la huerta y la próxima inauguración de una fábrica donde se albergarán los proyectos mas grandes, que pueden ir desde una fábrica de zapatillas hasta un pequeño hospital, como los que ya funcionan en otras zonas de Florencio Varela.
Los videos y los oradores van pasando, y los productores-piqueteros hacen un esfuerzo por conciliar el entusiasmo de la gente que accede al micrófono con una programación que pretendía mantener un orden. Y en ese feliz desorden, el momento mas fuerte de la programación es la aparición de las mujeres, encargadas de explicar a la teleaudiencia como se organizan ellas. Doña Argentina dice que ella viene al movimiento a trabajar, que su función en los piquetes y en los comedores es "cocinar para miles de personas, y se imaginarán, los que cocinan para una familia, que es un trabajo muy grande".
Las palmas se la lleva Porfiría, que se enorgullece de lucir sus "canas y arrugas como trofeo". "Nosotros -dice con fuerza- usamos el pañuelo celeste para que nos identifiquen como trabajamos. No queremos que ni Duhalde ni Kirchner digan que somos vagos, porque los únicos vagos son ellos". Antes de que diga "esto lo digo yo, que me llamo Porfiria", el aplauso estalla desde tres casitas mas allá, donde algunos vecinos se juntaron abajo de un árbol para verla en la pantalla.
-Tomar la palabra
El que no estuvo nunca en un piquete, seguramente no entenderá lo que significa y encierra.
El corte de ruta no es simplemente un bloqueo de caminos; es también liberar una porción de territorio donde se desarrolla un mundo entero y nuevo, nacido de la necesidad pero caminando despacito hacia la dignidad.
Se trata de un acto de lucha, pero no solamente reivindicativa. Atrás de las gomas y de las caras responsable y lógicamente tapadas, se construye todo un entramado de relaciones, de valores, de vida comunitaria. Se le pone el pecho a la marginación y se gana una esperanza.
Reducir el piquete a un bloqueo de tránsito es tratar de esconder su verdadera esencia, y es verlo desde la cómoda programación de Crónica TV. Pretender que desaparezcan es simplemente eso; tratar de volver a convertirlos en desaparecidos sociales, gentes sin rostro, sombras sin futuro.
La analogía del piquete en la ruta con la TV piquetera es casi perfecta, porque no se lo puede tomar nada mas que como una irrupción en la frecuencia radioeléctrica; no se trata solamente de apropiarse del espacio que suele estar dominado por los monopolios de la comunicación, sino de la puesta en marcha de nuevas relaciones entre el hombre y los medios de comunicación.
Cuando Porfiría dice a los cuatro vientos "esto lo digo yo", está esgrimiendo todo un programa, y consumando a la vez un acto de liberación. Recupera su propia voz negada, y habla para sus compañeros y para quien quiere oirla; dice lo que piensa y lo que siente sin intermediarios, editores o deformadores de su discurso. Y si hay gente mirando del otro lado de la pantalla, es un detalle más; si fuera solamente el acto mágico de tomar palabra y hablar con el corazón, alcanzaría para justificar toda la jornada.
En tiempos en que los medios se dividen entre los que piden a gritos represión y los que esbozan una nueva teoría de los dos demonios, hace falta hacerle pegarse una vuelta por lugares como San Rudecindo para aprender un poco. Y hacen falta, también, unos cuantos piquetes al aire.







