Argentina: Viaje fotográfico al mundo Blumberg
El perfume caro, exagerado, a veces demasiado fuerte. El pañuelo de seda al cuello con arabescos, a veces con un prendedor que ayuda a que el nudo tape la nuez de adán en forma exacta sin dañar el material, y de paso disimular la papada que empieza a caerse, que te modifica las facciones de tal forma que parece que siempre tuvieses un gesto de asco frente a la vida...
...como si te hubiese ido mal, cosa que desmiente (por si quedaban dudas, por si la envidia habló a tus espaldas) tu traje de medio pelo -ni tan caro ni tan barato, disimulado por la corbata que cambiás todos los meses- y el tapado de antaño que tu mujer que ahora lo combina con una cartera animal print que el año que viene va a quedar a en el cajón de los rescuerdos de las cosas que pasan de moda. La nariz fina, refinada, cirujiada o tan heredada como el brushing, la limpieza de cutis y los pelos suaves gracias al mejor shampoo desde que nacés hasta que te morís en algún asilo de ancianos, o de un ataque de psicosis, o de algo que seguro te contagió la mucama antes de que la despidas, esa que te contaba noticias de un mundo lejano que a veces parece eso, otro planeta, y otras te asfixia porque sabés que algún día se te puede caer encima, y entonces si se cae arriba tuyo y te aplasta, quién pagará la cuota del colegio de los chicos y el seguro del auto, quién barrerá las hojas amarillas de otoño, quién le cambiará las piedritas al gato y sacará la mierda de tu vista, porque de eso se trata: que alguien venga y saque la mierda de tu vista, que para eso les pagás. A eso se reduce todo. Asi es como funciona tu mundo.
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