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Mundo :: 08/07/2005

Atrocidades

Editorial Gara
La atrocidad provocada en Londres es inseparable de las muchas otras atrocidades que los estados que impulsaron la invasión de Irak han cometido en ese país, con matanzas de civiles que superan con creces las cifras de víctimas de ayer.

El islamismo radical ha vuelto a atacar en el corazón de Europa. Es posible que en la mente de los autores de los atentados estuviera devolver a Gran Bretaña el dolor que su ejército ha causado en Irak y hacer pagar a los gobiernos occidentales en general y al británico en particular las décadas de apoyo a Israel en su opresión del pueblo palestino. Pero la masacre cometida ayer en Londres es una barbaridad inadmisible. Atentar indiscriminadamente contra el transporte público, en hora punta y con la plena voluntad de causar el mayor número de muertes es un acto inhumano que carece de justificación. En todo caso, esta falta de justificación tampoco debe llevar a aislar los hechos y analizarlos de forma individual. La atrocidad provocada en Londres es inseparable de las muchas otras atrocidades que los estados que impulsaron la invasión de Irak han cometido en ese país, con matanzas de civiles que superan con creces las cifras de víctimas de ayer.

Londres ha pasado en menos de 24 horas de la alegría y la fiesta por su designación como sede de los Juegos Olímpicos de 2012 al colapso y la conmoción por los atentados. Las explosiones han coincidido además íy es difícil pensar que ello sea casualí con la reunión que el G-8 celebra en Gleneagles con Tony Blair como anfitrión. Tampoco cabe olvidar que Gran Bretaña ostenta en estos momentos la presidencia semestral de la Unión Europea. Habrá que ver cómo afecta esta masacre a la carrera política de Blair, cuya imagen pública empeoró de forma notoria precisamente por su implicación en la invasión de Irak ímayoritariamente rechazada por la población a la que ayer atacaron en el metro y un autobúsí. Después de su última reelección, Blair había comenzado a reaparecer como un líder, aprovechando la crisis que atraviesa la UE y el derrumbamiento de Jacques Chirac y Gerhard Schröder, su papel en el G-8 y hasta la consecución de los JJOO.

Y como siempre que el islamismo radical provoca una tragedia de estas características, la pregunta que surge es cómo se puede dar una solución a este problema. Es imposible blindar todos los potenciales objetivos frente a quien está dispuesto a provocar atentados indiscriminados incluso por medio del suicidio. El camino debe ser intentar atajar las causas. No cabe olvidar que, aunque no apoye expresamente este tipo de atentados o incluso los repudie, una buena parte del planeta se siente agredida por occidente. Ir reparando el daño causado tal vez no garantice a los estados occidentales una seguridad total frente a ataques indiscriminados, pero servirá al menos para avanzar hacia un mundo más justo y eliminará excusas para cometer nuevas atrocidades.

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