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Argentina :: 18/01/2004

Bielsa y los otros presos: plata falsa

Sebastián Hacher
El gobierno argentino se preocupa por dos turistas presos en Brasil. Pero puertas adentro, se mantiene a diez desocupados encarcelados por el delito de exigir dignidad.

El canciller Bielsa recibió esta semana a los padres de los dos jóvenes turistas detenidos en Brasil por pagar en un supermercado con 100 dólares falsos. Al ritmo de la frivolidad del verano, el funcionario tomó cartas en el asunto, que consideró “prioritario”.

Todos los medios se hicieron amplio eco de la frase de Bielsa al encontrarte con familiares de uno de los detenidos. ‘Mucho gusto señora, hace cuarenta minutos que la estoy esperando arriba’, dijo, para demostrar que estaba preocupado.

La defensa de los hijos de la fantástica clase media argentina se volvió una cuestión de estado, o “de primer nivel diplomático”, ya que –según sus propias palabras- el Estado argentino encaró una “manifestación política” para libertar a los detenidos.

Bielsa no dudó en llamar a su par brasilero para comprometerlo en el tema. El cónsul argentino en Porto Alegre les consiguió un abogado, y hasta desde las ciudades fronterizas un tropel de funcionarios se pusieron en movimiento.

Los medios de comunicación también se sumaron a la patriada; además de dar amplia cobertura al caso, no dudaron en agregar, en cada nota de tapa, la palabra "supuesto" frente a la acusación, recalcando la presunción de inocencia de nuestros dos jóvenes héroes.

Una noticia, sin embargo, pasó desapercibida: parece que no todos los presos son iguales.

En General Mosconi, provincia de Salta, diez desocupados de UTD (Unión de Trabajadores Desocupados), están detenidos desde finales de noviembre. Se los acusa de haber saqueado e incendiado la sede de la petrolera Tecteprol (Techint) y de Refinor (Repsol) durante una revuelta popular.

Las pericias de los videos de la televisión no sirvieron para identificar a ninguno de los acusados, pero el juez Nelson Aramayo los mantiene en prisión por la sola y cambiante declaración de un empleado de seguridad de Tecteprol, ahora acusado de falso testimonio.

La defensora de los desocupados, la Dra. Mara Puntano, también denunció al magistrado por "retardo de justicia", ya que mantiene presos a los diez sin ninguna prueba contundente.

"No nos quisieron recibir", es el resultado de las gestiones de diversos sectores que esta semana intentaron dialogar con el gobierno nacional. Sólo funcionarios menores, con vagas promesas de interceder, tomaron en cuenta el caso, sin ningún resultado visible.

Todos los medios de comunicación aprendieron de memoria los nombres de Andrés Cano y Tomás Ciarrocchi, nuestros bronceados convictos en el extranjero.

Pero para Rubén Gordiola, Omar Salinas, Oscar Ruiz, Rubén Sedan, Hugo Carabajal, Ramón Maldonado, Antonio Vargas, Carlos Cabral, Victor Chananpa y Daniel Valencia, no hay espacio ni en los medios, ni en las “buenas acciones del día” del gobierno. Ni siquiera cuando fueron torturados en la cárcel de Tartagal hace un mes.

De las últimas declaraciones de un funcionario al respecto, quedaron sólo dos palabras: "Son energúmenos", dijo el ministro Anibal Fernandez hace casi dos meses. Y después no dijo más. No es para menos su enojo; para él no hay peor delito que reclamar que las petroleras paguen las deudas que mantienen con los despedidos de YPF.

No vimos ni veremos para los presos de Mosconi un coro de funcionarios preocupados por su liberación, o por contener a sus familias.

Para los medios de comunicación, no es necesario poner "supuesto" o "presunto" delante de las acusaciones que se levantan contra ellos; ahorran adjetivos simplemente porque el tema no existe.

Claro, los presos de Brasil son sus presos, y -sobre todo- una buena historia al ritmo del verano.

Los de Mosconi, los nuestros. Y su historia es la de todos y cada uno de nosotros.

El próximo Lunes, en todos el país, decenas de organizaciones se movilizarán para exigir la libertad de todos los detenidos y el desprocesamiento de todos los luchadores sociales.

No se puede faltar. Ellos nos están esperando.

 

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