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02/08/2021 :: Bolivia, Chile, Mundo

Bolivia… Chile y Perú: ¿el principio del fin?

x Gabriela Montaño
De cara a los nuevos procesos constituyentes en la región es importante revisar las lecciones que se desprenden del caso boliviano

Elisa Loncón y Silvia Lazarte, dos mujeres indígenas a la cabeza de los procesos constituyentes en Chile y Bolivia. ¿Es una casualidad o un símbolo de la lucha de estos pueblos al sur del Abya Yala por lograr equilibrios duraderos y democracias verdaderas?

El proceso constituyente boliviano ha demostrado que cuando los pueblos deciden emprender esta lucha se trata del principio del fin; del fin de Estados arcaicos incapaces de responder a sociedades plurales, con pueblos indígenas marginados del reconocimiento de la clásica definición Estado-nación y mayorías aún más empobrecidas en esta época de pandemia.

Hablo del principio del fin pensando en Chile, que ya inició su Convención Constitucional, y en el Perú, que por fin ha proclamado al presidente Pedro Castillo, quien propuso la redacción de una nueva Constitución. Estos procesos constituyentes, al igual que el boliviano, en su etapa germinal estuvieron precedidos por grandes crisis sociales y económicas; crisis estructurales en las que la mayoría de la población decidió que no se trata de poner parches a Estados y gobiernos que son incapaces de responder a sus necesidades. En el caso chileno, inmensas movilizaciones en 2019 hicieron germinar el proceso constituyente, y en Perú, ocurrió una crisis institucional por la que desfilaron varios presidentes, sin lograr detener el malestar social creciente. En ambos casos, la gente encauzó su enojo por las vías democráticas, a pesar de las trabas que pusieron en el camino quienes sienten que el poder se les escapa como agua entre los dedos.

Bolivia es la demostración de que tener un Gobierno apoyando el proceso constituyente es la mejor manera de garantizar que el barco llegue a puerto, aunque no impide que la derecha contraataque, inclusive si eso significa poner en vilo los mismos cimientos de la democracia. Los procesos constituyentes son procesos permanentemente hostigados. Si no pueden frenarlos, como en Chile, entonces los intentarán cercar, ahogar desde adentro y desde afuera. En el caso de la Asamblea Constituyente boliviana, el MAS tenía más del 50 % de sus miembros, Evo Morales estaba al mando del Órgano Ejecutivo como poder constituido y las fuerzas de la derecha estaban fragmentadas, éstas apostaron a convertir la discusión del reglamento y las reglas de funcionamiento de la Constituyente en esa fractura que finalmente hunda al Titanic.

Perú tendrá un docente rural a la cabeza del Estado, impulsando el proceso constituyente que transforme de manera estructural los desequilibrios sociales y económicos de su país. En Chile, mientras la Convención debate sus normas internas de funcionamiento, afuera se caldea el proceso electoral que definirá si las fuerzas progresistas lograrán el apoyo mayoritario de la población para asumir el Órgano Ejecutivo. Además, se dieron pasos alentadores en la capacidad de generación de acuerdos para elegir la Presidencia de la Convención, en tanto hay voluntad para que sea rotativa (al parecer un señal más de esa otra manera de gobernar que practican los pueblos indígenas del continente).

La Asamblea Constituyente boliviana asediada concluyó el texto constitucional con cuatro meses de plazo extendido para aquel propósito. Evo Morales como primer mandatario tuvo que encabezar en octubre de 2008, desde la mítica población de Caracollo hacia La Paz, una infinita marcha “Por la refundación de Bolivia”. La gente más olvidada por el Estado colonial y patriarcal, a la cabeza del Pacto de unidad (alianza de las principales organizaciones obreras, campesinas e indígenas del país) llevó adelante esta movilización para arrancarle al Congreso, con mayoría derechista en el Senado, una ley de convocatoria para el referéndum de aprobación de la nueva Constitución. El pueblo boliviano salió victorioso en aquel referéndum: el Sí obtuvo el 63 % de los votos.

Casi un año más tarde, en septiembre de 2009, siete meses después de la promulgación de la nueva Constitución y ante el bloqueo opositor a una Ley Electoral Transitoria en el Parlamento, nuevamente el primer presidente indígena de la región recurre a un método de lucha sindical largamente usado en la lucha de las organizaciones sociales y obreras del mundo entero: la huelga de hambre. Junto a la principal dirigencia del Pacto de unidad, Evo Morales instala el primer piquete de huelga de hambre en el mismísimo palacio de gobierno, luego se sumarían otros en diferentes puntos de Bolivia.

La ley exigida tenía por objeto convocar a elecciones generales, departamentales y municipales, incorporando mandatos del nuevo texto constitucional que permitían la votación en el exterior del país y la incorporación de escaños especiales indígenas. La derechista oposición parlamentaria ponía de pretexto un nuevo padrón electoral para obstaculizar la aplicación de la nueva Constitución. De este nuevo escollo también salió victorioso el naciente Estado plurinacional, y las decadentes y desesperadas fuerzas conservadoras fueron derrotadas una y otra vez.

El pueblo boliviano, además, tuvo que derrotar durante las etapas constituyente y postconstituyente un intento de golpe de Estado cívico-prefectural, y Evo Morales vencer en las urnas con 67,43 % de votos a la derecha boliviana en un referéndum revocatorio. Siempre la claridad política del liderazgo y la unidad de las fuerzas progresistas fueron una fórmula imbatible.

Por supuesto que cada pueblo tiene sus fórmulas, ninguna puede calcarse, aplicarse mecánicamente como pretende hacer la derecha en el continente. Sin embargo, las lecciones aprendidas en Bolivia dan luces que podrían ser inspiradoras: un Gobierno cercano al pueblo y la participación de la fuerza movilizadora de la gente son indispensables para llevar adelante un proceso constituyente. Chile ya tiene el suyo en marcha, y Perú ahora cuenta con un Gobierno que responde a los sectores populares. El resto de la historia la escribirán sus pueblos. Creo que es el principio del fin.

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Gabriela Montaño es Licenciada en Medicina por la Universidad Nuestra Señora de La Paz y magister en Salud Pública. Ministra de Salud Pública en el último Gobierno de Evo Morales. Senadora en el periodo 2010-2015, ocupando la Presidencia de la Cámara Alta desde 2012 a 2014. Diputada y presidenta del Congreso de Bolivia.

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