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Argentina :: 23/09/2006

Campos sin hombres, hombres sin tierra

Guillermo Cieza
El complejo sojero es una de los poderes económicos en que se apoya el gobierno de Kirchner. La articulación entre las victimas solo puede ser política, porque son políticas globales las que imponen el desierto verde de la soja, los hombres y mujeres sin tierra, y una tierra sin hombres y mujeres

En el mundo el 75% de los pobres viven en el campo. En la Argentina los pobres que viven en el campo son menos del 10%. La razón de esta distorsión no se produce porque no haya pobres en el campo, sino porque nuestro país es uno de los más urbanizados del mundo. Apenas un 3% de su población, poco más de un millón de personas vive en el campo.

Y sin embargo la cuestión de propiedad de la tierra, de la producción agropecuaria y el repoblamiento del campo es una cuestión central si imaginamos un proyecto de país solidario, donde los esfuerzos y las ganancias se repartan con justicia. Esta asimetría entre un sujeto social muy reducido y tareas gigantescas, es el punto que quería dejar planteado hoy.

Pero para ello quisiera resaltar el valor de las decisiones políticas de Estado en la particular forma de concentración de la tierra y la urbanización irracional del país.

El pecado original en la distribución de la tierra

Empecemos haciendo un poco de historia... La política ejecutada primero por los españoles y después por el Estado argentino con respecto a los pueblos originarios, fue una política de exterminio y desplazamiento de los pueblos originarios. El desplazamiento fue hacia tierras menos aptas para la producción agropecuaria o urbanizaciones forzosas. El caso de urbanización forzosa mas conocido es el de los indios Quilmes, pero también se pueden mencionar capturas masivas de poblaciones originarias que fue trasladada desde Neuquén a Buenos Aires, con el agravante que la mitad pereció en el camino.

En la Argentina, el territorio vaciado de sus habitantes originales fue repartido en grandes estancias entre empresarios locales y extranjeros que financiaron las campañas de aniquilamiento y altos jefes militares que lo ejecutaron. Los liberales del siglo XIX fueron admiradores de la constitución norteamericana, pero en materia de tierra no imitaron los proyectos de colonización que aplicaron en ese país en los territorios despojados a los pueblos originarios.

El problema de la mano de obra para trabajar en las estancias lo resolvieron utilizando a los gauchos. Los gauchos se originan en las orillas de los primeros asentamientos coloniales y su propia ocupación que es la provisión de cueros que son exportados a Europa, los hace internarse tierra adentro, creciendo libres en un medio rural que les garantizaba la subsistencia y donde entablan relaciones comerciales y de mestizaje con los pueblos originarios. Esa libertad comienza a restringirse en la medida que empiezan a valorizarse las mercancías de origen agropecuarias, de la misma forma que los pueblos originarios empiezan a visualizarse como ocupantes de un territorio apetecido. El comercio de cueros se multiplicó. Si en 1750 se exportaban unos 30000 cueros anuales, 30 años después se exportaban más de un millón.

En 1815 un bando publicado al fundarse el puerto de Ensenada equipara a la publicación rural no ocupada en las estancias a simples delincuentes. Quien no tuviera propiedad legítima debía ser considerado sirviente, y un sirviente solo podía circular munido de una papeleta donde su patrón acreditaba su condición de empleado.

Cuando empieza a desarrollarse la técnica de conservar la carne y un mejor aprovechamiento de otras partes de la res vacuna crece el valor de la actividad ganadera y las exportaciones aumentan considerablemente y en esa misma proporción crecen el empleo forzado de los gauchos y se valorizan las tierras de los pueblos originarios que dejan de ser "hermanos" como sostenía San Martín y algunos miembros de la Primera Junta ( Moreno, Belgrano Castelli), para convertirse en bárbaros que amenazan el progreso del país.

El pecado original en el reparto de la tierra no explica totalmente la cuestión de la concentración de la tierra en la Argentina y la despoblación del campo. También hay que tomar en cuenta las políticas económicas y agropecuarias que fueron ejecutadas en distintas etapas históricas, reforzando la continuidad del latifundio. Y esto es así, porque aun el desarrollo natural del más reaccionario sistema de reparto de la tierra que son las leyes de la herencia, hubiera permitido disminuir la concentración de la tierra y aumentar el número de propietarios rurales y habitantes del campo. Voy a ilustrar este comentario con un ejemplo familiar.

El bisabuelo de mi abuelo, Juan Silva que era oficial de Rosas y fue primer Juez de Paz de Rauch recibió por sus servicios prestados (que podemos imaginar) "tierras hasta donde alcance el caballo". Con algunas picardías incluidas este hombre consiguió amojonar en un día un cuadrado de 30 Km. de lados que representaban alrededor de 12000 Ha. Cien años después mi abuelo recibió como herencia 600 Ha. Esta claro que de no mediar otros factores no se puede explicar porque después de tantas décadas de los repartos originales de la tierra en la provincia de Buenos Aires, las estancias de mas de 2500 Ha, ocupan el 32 % de las tierras, y que el promedio en esa categoría de explotaciones sea de 6000 Ha (por el hecho de que hay numerosas explotaciones de 30 y 40 mil Ha.) Y estamos hablando de la pampa húmeda!

Ni bien se apagaron los ardores revolucionarios de de mayo de 1810 se aplico en el país una política económica librecambista en exclusivo beneficio de los comerciantes y los ganaderos porteños. Las consecuencias fueron la ruina de las economías regionales y se expresaron en cambios en la distribución poblacional. En 1800 el 70% de la población vivía en el interior, en 1869 había caído al 50%. Esa población se asienta en Buenos Aires y el Litoral.

Inmigración: mayor urbanización y la aparición de los arrendatarios agrícolas

La Argentina hacia 1850 era un país despoblado, apenas tenia un millón y medio de habitantes. La creciente demanda mundial de productos agrícolas, la pretensión de modernizar el país incorporando personas con conocimientos técnicos y una formación educativa supuestamente mas civilizada, y la incorporación de un colchón social políticamente indiferente, que contribuyera a afianzar la paz social, todavía incierta por el accionar de las ultimas montoneras federales, fueron los motivos que aconsejaron a las clases dominantes argentinas favorecer el ingreso de inmigrantes provenientes de Europa.

Lo del colchón social políticamente indiferente, que bien explica Hernández Arregui en La Formación de la Conciencia Nacional, rindió sus frutos en sus primeros tiempo, pero el colchón traía la semilla de nuevas ideas revolucionarias y cuadros políticos mayoritariamente anarquistas, que explican posteriormente la rápida organización de las primeras luchas obreras y los primeros sindicatos.

La política de abrir las puertas a la inmigración contribuyo a aumentar la población, entre 1856 y 1892 ingresaron al país más de seis millones de personas. Pero los inmigrantes no fueron a poblar "el desierto". A la inversa de lo que se propagandizó la inmigración acelero el proceso de urbanización. Las tierras tenían propietarios y muy pocos recién llegados acceden a la propiedad.

Hubo una porción de inmigrantes que trabajaron las tierras de los latifundistas que cedían parcelas para la producción agrícolas a cambio de onerosos cánones o arrendamientos y con la obligación de que al terminar el plazo convenido (generalmente 4 años) debían dejar plantaciones de alfalfa. Mas allá de que hechos de resistencia como el Grito de Alcorta aflojaron la presión de los propietarios, fueron excepcionales los casos de que colonos, después de años de sacrificios pudieran comprar tierras.

Solo cuando políticas de gobierno favorecieron el acceso a la tierra hubo avances en la distribución de la propiedad, y como ejemplo merece señalarse los planes de colonización y la congelación de los arrendamientos rurales, la construcción de miles de escuelas rurales y el fomento a las cooperativas agropecuarias durante la primera presidencia de Perón.

Esas políticas, mas el hecho de que al reducirse el valor de los arrendamientos y de las tierras alquiladas, muchos inquilinos pudieron acumular ahorros y pudieron la comprar tierra que trabajaban, lo que contribuyo a la distribución de la propiedad.

Esta tendencia se frena cuando Ongania anula la ley de alquileres rurales y devuelve todas las propiedades rurales arrendadas a sus antiguos propietarios.

La Reforma agraria al revés

El golpe militar de 1976 además inaugura una verdadera "reforma agraria al revés" que se continua hasta nuestros días. A partir de allí empieza a instalarse en el país un modelo de transformación en la producción agropecuaria, cuyas constantes son la concentración de la tierra y la despoblación del campo.

En lo que hace a la transformación de la producción agropecuaria nos vamos a encontrar que a partir del cambio del patrón de acumulación de capital, en lo que fue denominada la Patria Financiera, la ventaja relativa de los rendimientos financieros sobre los precios agrícolas genero una subutilización del uso del suelo y salida de capitales hacia la especulación financiera.

Sobre esos rasgos generales habría que algunas distinciones. La ganadería fue mas afectada por la agricultura porque la diferencia de los precios relativos fueron favorables a esta ultima. Como consecuencia a partir de 1977 se registró un achicamiento del stock ganadero, que se redujo desde las 61,1 millones de cabezas en el año 1977 a sólo 47,1 millones de cabezas en el año 1988. Lo que significa una reducción 22,9%, un verdadero record histórico por la importancia y duración de una fase de liquidación de ganando vacuno.

Los grandes terratenientes continuaron con una explicación intensiva donde la mayor superficie se dedico a la ganadería, pero dejaron de arrendar a pequeños para hacer agricultura y empezaron ha hacerla ellos mismos por su propia cuenta.

A esto habría que agregar que para el año 1996, aunque la superficie utilizada para la ganadería seguía siendo mayor, las mayores ganancias se obtuvieron en la agricultura. En números: el 27 % de la tierra que dedicaban a la agricultura le daba más ganancias que el 70% que se destinaba a la ganadería.

Los pequeños y medianos productores agropecuarios siguieron apostando a la producción, y en tanto se endeudaron, comprometieron sus activos. Los grandes terratenientes vendieron activos, en particular ganado vacuno y lo invirtieron en la especulación. Como resultado de todo ese periodo los grandes terratenientes aumentaron sus propiedades a expensa de los pequeños productores arruinados

Este proceso de concentración se expresa en cifras algunas cifras. En el periodo 1960/1988 desaparecieron 51000 explotaciones agropecuarias, con un promedio de 1800 por año. En ese periodo desaparecieron mayoritariamente extensiones menores de 200 Ha.

En la segunda mitad de la década del 90 la elevación de los precios agrícolas internacionales y el incremento en los rendimientos a partir del uso de nuevas tecnologías, provocan un aumento de la superficie cultivada y de las inversiones agrícolas a expensas de la ganadería. Esto se acentúa después de la caída de la convertibilidad, donde si bien hay una recuperación de los precios ganaderos, siguen siendo desfavorables en relación a la agricultura y por lo tanto después de una breve y escasa recuperación, volvía a producirse en los últimos tres años un ciclo de liquidación.

El proceso de concentración se ha agudizado. Entre 1988/2002 desaparecieron 87000 explotaciones agropecuarias, con un promedio de 6263 por año. El 75 % de esas explotaciones absorbidas por capitales mas concentrados eran propiedades de menos de 100 Ha. Según el informe del ultimo Censo Agropecuario (2002) el 10 de las explotaciones agropecuarias mas grande concentraban en ese año el 78% de las tierras. Y el 60% de las explotaciones más pequeñas no llegaban a un 5% de las tierras. La desaparición de las pequeñas propiedades rurales afecta directamente el empleo rural y la cantidad de personas que vive en el campo.

En la actualidad las 200000 pequeñas producciones agropecuarias, que representan el 66 % del total de establecimientos, generan 428000 puestos de trabajo, lo que representan el 53% del empleo total del sector agropecuario. Como correlato de los cambios en la propiedad y la incorporación de nuevas tecnologías los trabajadores rurales que representaban en 1970 el 24% de la población activa, en el 2001 han descendido al 8%.

Con todas estas modificaciones podemos decir que la concentración de la tierra recupera los índices de los años 30, pero mucho menos poblada proporcionalmente y con la diferencia que en vez de hablar de una oligarquía vacuna tenemos que empezar a hablar de una oligarquía sojera. El monocultivo de soja esta afectando el recurso suelo, ya que la utilización del paquete tecnológico que lo acompaña, en particular el glifosato afecta los microorganismos de la tierra.

En tierras que se desmontan la consecuencia en pocos años será la desertización. Promueve un campo sin hombres, ya que maquinas de alta tecnología realizan miles de Ha con solo dos empleados. Finalmente, al quitar tierras a la producción de alimentos, va a generar escasez y aumento de precios de estos artículos con la consecuencia lógica de limitar el acceso a las clases populares. Esto ya se evidencia en la Argentina donde el consumo de carne de 61 Kg. por habitante, esta en el piso de la serie histórica y solo es comparable a los años 20 del siglo pasado.

La vieja imagen de la oligarquía ganadera gorila a la que apelo el gobierno de Kirchner en ocasión de la suspensión de las exportaciones de carne, es una foto del pasado. Aunque por la utilización de la tierra podemos decir que es cierto que las vacas todavía ocupan mas Ha que la agricultura, por la obtención de recursos la oligarquía es esencialmente sojera. La ganadería es una producción que ocupa las tierras más pobres o de un muy bajo régimen de lluvias. El complejo sojero es una de los poderes económicos en que se apoya el gobierno de Kirchner, y esto tiene su correlato en que la Sociedad Rural que expresa a los empresarios mas poderosos del sector, es la asociación agropecuaria con mejor dialogo con el gobierno.

Siempre la política

Al hacer un repaso histórico del proceso de concentración de la tierra y de la despoblación del campo resulta evidente que los cambios producidos en un sentido u otro han sido consecuencias de decisiones políticas de gobierno, mucho mas que del enfrentamiento entre pequeños propietarios y latifundistas. O planteado en otros términos, los pequeños propietarios y los asalariados rurales, después de los episodios de la Patagonia y la Forestal, carecieron de un peso social propio que permitiera torcer sectorialmente decisiones políticas que tendían a liquidarlos como sujetos sociales.

Solo en el marco de alianzas políticas y sociales mas amplias, como las que se generaron durante el primer gobierno peronista, se pudieron revertir tendencias y favorecer el desarrollo de sus producciones, de defender su cultura y sus valores íntimamente asociados a la defensa de la naturaleza como fuente de vida.

El hecho objetivo de que pensar un país solidario, que integre a todos sus habitantes y socialice los frutos de su producción, impone repoblar el campo y cuestionar el régimen de propiedad agraria, no supone que esta tarea pueda ser llevada adelante por las poblaciones campesinas sobrevivientes al despoblamiento. O que al menos puedan constituirse movimientos como el MST de Brasil que sobre una base social mucho mas amplia que sobre la base social de mas de dos decenas de millones de desplazados llego a organizar un millón de familias.

Es realmente muy importante el enorme trabajo que realizan las organizaciones campesinas como el MNCI apuntando a enfrentar el problema del aislamiento entre las propias familias campesinas y a organizarlas para defender sus posesiones, su economía y su cultura. Pero no hay posibilidad que resuelvan sectorialmente el problema de la propiedad de la tierra y de la repoblación del campo si no se vinculan a sujetos sociales urbanos con quienes comparten su condición de victimas del modelo neoliberal, y que luchan desde diferentes lugares y posibilidades de presión política. El problema de la articulación entre sectores rurales y urbanos no se corresponde con estados de construcción, sino que es un problema de concepción política.

Esa articulación entre las victimas solo puede ser política, porque son políticas globales las que imponen el desierto verde de la soja, los hombres y mujeres sin tierra, y una tierra sin hombres y mujeres.

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