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02/10/2016 :: Mundo

Canonizar y atontar

x Maciek Wisniewski
Si había en la Madre Teresa alguna consistencia, era la consistencia con que apoyó los intereses de los de arriba contra los intereses de los desposeídos

Una cosa es ser crítico, pero otra es ser crítico y a la vez estar decepcionado con la actuación del objeto de esta crítica. Un sentimiento peculiar y encontrado.

Ni siquiera los alemanes, que parecen tener un término separado para todo, inventaron una palabra que serviría aquí. Inventaron schadenfreude (placer causado por las desventuras ajenas), pero no es lo mismo.

Tomemos a Francisco I y la canonización de la monja albanesa Agnes Gonxha Bojaxhiu (1910-1997) a.k.a. Madre Teresa de Calcuta (4/9/16). No es la primera vez que el papa proclama santo a un personaje controvertido –ver Juan Pablo II y Junípero Serra [beatificado por JP II y santificado por Francisco I]–, pero es la primera vez que algo le falla tan estrepitosamente en el estilo de hacerlo. Si antes muchas de estas operaciones –aunque es curioso que, para ser un progresista, Francisco I canoniza y beatifica un número sospechosamente grande de gente de ultraderecha eclesiástica-política– parecían bastante finas –ver la doble canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II (27/4/14), con que pretendía disciplinar y conciliar diferentes alas de la Iglesia–, la canonización de la Madre Teresa y su narrativa correspondiente carecían de esta finura; parecían más bien un trabajo con el hacha y tornaban todo en un acto lleno de manipulaciones y medias verdades (por no decir mentiras).

La Madre Teresa siempre fue un personaje divisivo: venerada acríticamente y a la vez fuertemente cuestionada. Aroup Chatterjee, un médico de Calcuta que trabajó en una de sus clínicas (Madre Teresa: el veredicto final, 2002, pp. 415) y Christopher Hitchens (La posición del misionero: la Madre Teresa en teoría y práctica, 1995, pp. 128) la acusan, entre otras cosas, de:

• Llevar moritorios, no sanatorios, donde los pobres entraban sólo para ser convertidos, no curados.

• Infligir de manera dogmática el sufrimiento, glorificándolo en vez alivianarlo.

• Falta de transparencia y gestión adecuada de sus cuantiosos recursos.

• Ser agente de un papado reaccionario (JP II) y su agenda contra: el aborto (civilización de la muerte), el comunismo/izquierda y la Teología de la Liberación.

• Servir de proyecto bandera de la derecha para promover la falacia de que es posible abatir la pobreza desde la caridad (y no desde lo estructural).

• Ser amiga de dictadores (los Duvalier en Haití, régimen post-hoxhista en Albania) y criminales de cuello blanco (Ch. Keating), de quienes recibía dinero a cambio de apoyo.

• Ser cómplice de poderes seculares (R. Reagan, M. Thatcher, la familia real británica, H. Clinton en sus tiempos de primera dama), ayudándolos a lavar su imagen, conciencia, dinero y mantener la supremacía de clases dominantes y el statu quo imperial y colonial.

• Ser negacionista de masacres (Guatemala, con sus “inexistentes ‘aldeas modelo’”; Líbano, con sus inocentes acusados de masacrar a palestinos falangistas católicos-maronitas; India, con su inocente fábrica química en Bhopal, cuya explosión mató a 2 mil 500 personas, más unas 20 mil que murieron después y 600 mil que fueron afectadas en su salud).

Claramente, nada de esto impidió al papa Francisco I destacar su misión en las periferias de las ciudades y pedir que sea modelo de santidad (Página/12, 5/9/16).

Pero eso no es lo peor (cada uno puede armar modelos a su antojo, o buscarlos a su semejanza). Lo peor es esto: según Francisco I, la Madre Teresa hizo sentir su voz ante los poderosos de la Tierra para que reconocieran sus culpas ante los crímenes de la pobreza creada por ellos mismos (El País, 4/9/16).

Whaaat???!!! En un principio no sabía qué decir, pero luego, cuando –después de un cierto escándalo– las categorías de estupidez (Jesús Silva-Herzog Márquez) e imbecilidad (Javier Sicilia) entraron con vigor al mainstream del análisis político, me dieron ganas de decir esto y lo digo: lo dicho por el papa es lo más estúpido que hemos escuchado de él hasta ahora (Ipse dixit).

Si algo se puede decir de la Madre Teresa es que fue ¡exactamente al revés!: su voz y su misión eran constantemente alquiladas e instrumentalizadas por los poderosos de la Tierra para sus propios fines. Si había en ella alguna consistencia, era la consistencia con que apoyó los intereses de los de arriba contra los intereses de los desposeídos.

Vijay Prashad, historiador nacido en Calcuta: Su trabajo era parte de una empresa global para aliviar el sentido burgués de culpa, no un desafío real a fuerzas que producen y mantienen la pobreza. (Australian Marxist Review, no. 40, 8/98).

Por si fuera poco, Francisco I –un personaje por otra parte muy inteligente y astuto– no sólo dijo una estupidez (algo absurdo que no tiene sustento en la realidad), sino también nos tomó a todos por tontos (¡sic!), asumiendo tal vez que en medio de una generalizada franciscomanía tragaríamos todo.

A menudo, pensando en cualidades manipuladoras de la religión hablamos del opio del pueblo (Marx). Temo que ni con esto alcanza: aquí Francisco I se fue hasta el final, reduciéndola al nivel del atole con el dedo [crema de maiz que se le da a los bebés con el dedo para que lo chupen], y el acto de canonización a una burda herramienta de manipular y atontar. Todo esto es de mayor significancia para la política: aquí no solo habla el papa, sino también el político progresista que –según algunos– lidera la lucha contra la pobreza, la desigualdad e incluso el capitalismo mismo.

Así que –para asegurarme– quisiera preguntar: ¿a quién exactamente la Madre Teresa forzó a reconocer su culpa por la pobreza? ¿A su amigo Duvalier (que huyó a la Costa Azul francesa con maletas llenas de billetes, dejando el país saqueado)? ¿A su amigo Reagan (a quien bendecía cuando él diseminaba por el mundo el neoliberalismo a.k.a. la doctrina de los ricos y mientras sus marionetas masacraban a pobres y a católicos-revolucionaros en Centroamérica)? ¿A Thatcher? ¿A la princesa Diana y al príncipe Carlos (cuyo divorcio avaló, mientras al pueblo de Irlanda le urgía que votara para mantener su prohibición en un referendo)? ¿Tal vez a Keating (que estafó a cientos de personas y a quien defendía ante el fiscal sin devolver siquiera un centavo de lo que recibió de él)? ¿O a los ejecutivos de la trasnacional Union Carbide (cuya codicia explotó en Bhopal y a quienes absolvió diciendo a las víctimas que perdonen, en vez de buscar justicia)? Todo eso y más quisiera preguntar, pero estoy tan decepcionado que ya no me da para hacerlo.

@periodistapl

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