El marxismo como pedagogía de la pregunta

Al intentar batallar contra la cultura dominante y contra las huellas que deja impregnadas en nuestro sentido común, nos esforzamos por poner en discusión uno de los prejuicios más peligrosos que nos impiden crecer. Un prejuicio que ha sido sistemáticamente inoculado por el sistema y sus ideólogos en el seno de nuestro campo. Un prejuicio que podría sintetizarse de la siguiente manera: “el pueblo no necesita teoría, la teoría surge sola de la marcha cotidiana. Hay que caminar y... después se verá...”.
Por supuesto que no hay —ni debe haber— teorías autosuficientes. Es la clase trabajadora como sujeto colectivo quien debe apropiarse de toda la historia cultural de la humanidad. Y de los saberes producidos y las teorías acumuladas por las generaciones que nos antecedieron. Es cierto.
Pero al mismo tiempo también es verdad que no podemos —ni debemos— partir de cero. Como si antes que nosotros naciéramos nadie hubiera luchado, nadie hubiera pensado, nadie hubiera militado para cambiar el mundo.







