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Medio Oriente :: 21/01/2026

Cómo HAMAS narra la guerra de Gaza hoy

Menachem Klein
Para HAMAS el ataque del 7 de octubre no fue una elección, sino una necesidad impuesta por las acciones del régimen israelí, que dejó a Gaza sin horizonte político

En "Nuestra narrativa", un documento publicado en enero de 2024, HAMAS (Movimiento de Resistencia Islámica por sus siglas en árabe) expuso su razonamiento del ataque reivindicativo del 7 de octubre y su respuesta a las acusaciones de crímenes de guerra de Israel, dirigiéndose tanto al público palestino como a la comunidad internacional. El mes pasado, HAMAS publicó una edición revisada, que comienza con un subtítulo más elaborado: "Tormenta de Al-Aqsa: Dos años de inestabilidad y la voluntad de liberación".

La decisión de publicar una narrativa actualizada refleja dos presiones inmediatas. En primer lugar, HAMAS busca aclarar su posición sobre el estancamiento de las conversaciones de alto el fuego y EEUU, el eufemísticamente llamado plan de paz de Gaza de Trump, ninguno de los cuales estaba sobre la mesa cuando apareció la primera versión del documento. Y el segundo es la indignación a la que HAMAS se ha enfrentado durante el último año dentro de Gaza, donde algunos palestinos han criticado al movimiento como parcialmente responsable de las devastadoras consecuencias de la campaña genocida de Israel.

Sin embargo, a pesar de esta especie de disidencia pública, el nuevo documento no se disculpa, lo que refleja un movimiento que se siente más seguro de su posición entre los palestinos que hace dos años. Su narrativa gira en torno a tres ejes: la glorificación de la firmeza palestina frente al genocidio de Israel; la demonización del régimen de Netanyahu; y la celebración de los logros sin precedentes en la guerra.

Lo que destaca en el nuevo texto es lo profundamente arraigado que está en la propia Palestina. Esto es sorprendente cuando se enfrenta al amplio ensayo reciente de Tareq Baconi que sitúa la guerra en un contexto global, y considera que el principal logro de HAMAS ha hecho de la causa palestina, "la bisagra moral y política de una conciencia global emergente", parte de un proyecto destinado a "desmantar el capitalismo imperial, el militarismo y las jerarquías globales que los sostienen".

HAMAS, por el contrario, se centra en cambiar las condiciones de los palestinos en su propia patria. Ese objetivo no requiere ser ampliado a una agenda global compartida de transformación sistémica.

Como en la edición de 2024, la nueva versión de "Nuestra Narrativa" no es un tratado islámico, sino político -normal, dado que se trata de una gran organización política-. Su marco es la lucha nacional contra el régimen de colonialismo de asentamiento, apartheid y limpieza étnica de Israel que comenzó en 1948, una perspectiva que se alinea con el documento de "Principios y Políticas Generales" del movimiento de 2017.

Militantes de HAMAS durante la entrega de los cuerpos de rehenes a la Cruz Roja en Khan Younis, al sur de Gaza, el 20 de febrero de 2025.

Sin embargo, una diferencia notable es la desaparición de la disculpa a medias por el daño infligido a mujeres, niños, ancianos y otros civiles el 7 de octubre (todavía sigue sin saberse quién causó más muertes civiles, si HAMAS o el ejército israelí). En su lugar hay un rechazo de las acusaciones israelíes, que HAMAS describe como parte de una campaña para legitimar el asalto genocida de Israel contra Gaza. "Asesinar a civiles no es parte de nuestra religión, moralidad o educación; y lo evitamos siempre que podemos", declara el documento.

A diferencia de la versión anterior, además, el documento actual dice poco sobre un futuro Estado palestino o el derecho de retorno de los refugiados, más allá de invocarlos como objetivos fundamentales. Para la gente en Gaza, esos horizontes se sienten remotos. En cambio, lo que es visible para ellos es una catástrofe humanitaria abrumadora. Y cuando miran hacia sus hermanos y hermanas en Cisjordania, ven que la violencia estatal israelí empuja constantemente a los palestinos a los cada vez más reducidos enclaves del Área A, un precursor de la prisión al aire libre en la que Gaza se había convertido décadas antes del 7 de octubre.

"Un momento de verdad"

En ambas versiones de "Nuestra Narrativa", HAMAS insiste en que el ataque del 7 de octubre no fue una elección, sino una necesidad impuesta por las acciones del régimen israelí, el resultado de que los palestinos fueran llevados al borde de la desesperación sin horizonte político. Esto contrasta con la opinión dominante dentro del establecimiento de seguridad de Israel, que sostiene que HAMAS atacó porque percibió a Israel como debilitado e internamente dividido por la revisión judicial del gobierno de Netanyahu.

HAMAS argumenta que Israel explotó la ficción de un proceso de paz para expandir los asentamientos mientras cerraba abiertamente cualquier posibilidad de estadidad palestina, ya que la comunidad internacional ignoró las señales de advertencia como la Gran Marcha del Retorno de 2018. Israel entonces intensificó los esfuerzos para poner fin al statu quo en la mezquita de Al-Aqsa al permitir la oración judía, mientras que el asedio de 17 años de Gaza y el empeoramiento de las condiciones de los prisioneros palestinos bajo el ministro de Seguridad Nacional Itamar Ben Gvir equivalían, en palabras de HAMAS, a una "muerte lenta" para el pueblo palestino.

En este contexto, el ataque del 7 de octubre no fue una "aventura o un acto emocional", sino un "momento de verdad", afirma el documento, llevado a cabo "después de que el mundo hubiera cerrado todas las puertas a un pueblo que exigía su derecho básico a la vida y la libertad". En respuesta a las acusaciones de que el ataque fue demasiado mortal y trajo una catástrofe a Gaza, HAMAS argumenta que el ataque "fue con una fuerza igual al dolor infligido a nuestro pueblo y al nivel de injusticia que soporta".

El ataque se describe además como "un paso calculado que expresa la voluntad de esperar y corregir el curso histórico", siendo el sacrificio "el camino hacia la redención". En este relato, el 7 de octubre transformó a los palestinos de "testigos pasivos de la pérdida de su patria" en "un pueblo que lucha por su dignidad". Esta es una adopción implícita de la doctrina revolucionaria de Fatah de finales de la década de 1950 y principios de la de 1960, que se basó en la experiencia argelina para argumentar que la lucha armada libera tanto la tierra como al pueblo, transformando una sociedad colonizada de sujetos pasivos en agentes históricos.

Fedayeen del movimiento Fatah en un mitin en Beirut, Líbano, 1 de enero de 1979.

Reclamando como éxitos propios los errores de Israel

HAMAS se lleva todo el crédito por la gloria y logros de la ofensiva, mientras asigna la responsabilidad de sus catastróficas secuelas exclusivamente a Israel. Consciente de que esta ausencia de objetivos concretos no puede llenarse de eslóganes sobre la resistencia y el sacrificio, HAMAS enumera en cambio una serie de supuestos ganancias estratégicas: devolver a Palestina al centro de la atención global; detener la normalización árabe con Israel; aislar a Israel internacionalmente y profundizar sus divisiones internas; socavar la imagen de Israel como refugio seguro para los judíos y acelerar la emigración judía israelí; y asegurar el reconocimiento del Estado de Palestina por parte de los países europeos.

Sin embargo, como sostiene Sayigh, estos desarrollos son en gran medida los subproductos de la propia respuesta desastrosamente extrema de Israel al ataque, en lugar de resultado de la planificación de HAMAS. HAMAS no solo reclama el crédito por los errores de Israel; también malinterpreta la sociedad israelí, al no comprender la profundidad de la conmoción del 7 de octubre infligida a la psique colectiva de los judíos israelíes.

Después del ataque, el discurso de las redes sociales judías israelíes reveló dos respuestas emocionales dominantes: un deseo de venganza y un profundo miedo existencial. Estas reacciones se superponen sobre estructuras más antiguas de superioridad étnica judía y décadas de brutal ocupación militar, lo que ayudó a producir una respuesta genocida respaldada abiertamente por la mayoría de la sociedad israelí. Esto apoya la percepción de los israelíes que tiene HAMAS y la mayoría del pueblo palestino, como una amenaza demoníaca y que lo abarca todo.

Sin embargo, un pasaje en el documento de HAMAS muestra otras opciones: la afirmación de que el "destino [del enemigo] será como el de cada ola de invasión que ha atacado nuestra tierra bendita y santa a lo largo de la historia: será expulsado de ella o enterrado en ella". Este lenguaje parece diseñado para apaciguar a la facción más dura de HAMAS, y está en tensión con otra afirmación: "Hoy, nuestro pueblo se encuentra en la coyuntura de poner fin a la injusta guerra en la Franja de Gaza, para sanar sus heridas y magnificar los frutos de su resistencia". Esto indica un reconocimiento de que sea lo que sea que HAMAS haya logrado militarmente en la guerra ahora tiene que convertirse en ganancias políticas, sociales y administrativas en las negociaciones como parte del plan de Trump.

Ahora, HAMAS exige una retirada israelí total de la Franja de Gaza, el levantamiento de todas las restricciones a la entrada de alimentos y ayuda humanitaria, y la transferencia de la administración civil de Gaza a expertos palestinos en los que el propio HAMAS desempeñaría un papel. Rechaza cualquier forma de fideicomiso internacional y, en su lugar, pide elecciones y la reorganización de las instituciones de la Organización de Liberación de Palestina. Políticamente, HAMAS señala a Egipto, Qatar y Turquía como sus principales aliados contra el eje EEUU-Israel.

A diferencia del "presidente" palestino Mahmoud Abbas, cuya larga estrategia de apaciguamiento (y recepción de sobornos) hacia Israel y Washington lo despojó incluso de la limitada autoridad que heredó de Yasser Arafat, la postura de HAMAS sigue siendo conflictiva para Occidente: no obedece a sus amos. Si el plan de Trump avanza a su segunda fase sin que Israel reanude las operaciones militares a gran escala, el resultado probable es un tenso equilibrio de terror en Gaza, con HAMAS e Israel compartiendo el control sobre un territorio devastado. En el que, no lo olvidemos, el régimen de apartheid no tiene nada que hacer, ya que pertenece a los palestinos.

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