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29/10/2019 :: Venezuela

Cuarentena: Romper el cerco sobre Venezuela. Notas sobre política, economía y migrantes (III)

x Reinaldo Iturriza
Romper el aislamiento pasa por indagar a fondo sobre los errores y aciertos de la revolución bolivariana en materia política y económica
  • El desmontaje progresivo de los mecanismos de integración latinoamericana y caribeña y el cerco sobre Venezuela, transcurren paralelamente al éxodo masivo de venezolanos y venezolanas. Son tres fenómenos íntimamente relacionados.
  • El desmontaje masivo de los mecanismos de integración, el reciente protagonismo de la Organización de Estados Americanos, la creación del Grupo de Lima, el agresivo lobby de la ultraderecha venezolana, etc., forman parte del correlato diplomático de avance de la derecha continental, y apuntan fundamentalmente al aislamiento de Venezuela. El cerco político y económico sobre Venezuela ha incidido directamente en el éxodo masivo de venezolanos y venezolanas, situación que ha sido sistemáticamente instrumentalizada para reforzar dicho cerco.
  • Paradójicamente, mientras más se intenta aislar políticamente y económicamente a Venezuela, más venezolanos y venezolanas se esparcen por el mundo, con énfasis en países suramericanos.
  • Venezuela es a la vez peste y viruela. Se le intenta aislar no solo política y económicamente, sino también en el plano simbólico. Incluso parte de la izquierda concibe a Venezuela como sujeto apestoso, que debe ser aislado, contenido, proscripto, como precondición para que la izquierda vuelva a tener alguna opción de poder. Es un caso perdido, un enfermo incurable que debe ser dejado a su suerte, confinado. Cerrar la puerta, botar la llave y no mirar atrás. Antes realidad inenarrable, luego realidad de la que es mejor no hablar, luego realidad que no puede ser pensada. Venezuela ya no como lo posible, sino como lo impensable. La izquierda en particular, o una parte de ella, y en general la población del continente, han sido vacunadas contra la enfermedad venezolana. Uso político de los migrantes venezolanos para vacunar contra la enfermedad chavista.
  • Pero también hay una ceguera de las fuerzas revolucionarias en Venezuela. Si bien parecen quedar pocas dudas respecto de la relación de causalidad entre el cerco general y la migración económica masiva, predomina la opacidad sobre los condicionantes políticos y económicos que anteceden a la aplicación de las primeras medidas coercitivas unilaterales estadounidenses (2015): no se ha hecho balance suficiente, y mucho menos existe consenso sobre los errores y aciertos del gobierno venezolano al momento de tomar decisiones para enfrentar la severa contracción de la renta como consecuencia de la caída en picada de los precios del petróleo (2014). Existe una disputa en buena medida soterrada sobre el sentido, las orientaciones e implicaciones políticas de las decisiones tomadas o nunca tomadas en el período pre-medidas coercitivas, y las adoptadas luego de tales medidas (sobre todo a partir de 2016).
  • Esta singular cesura sobre la insuficiencia de pensamiento estratégico de la dirección política de la revolución bolivariana para lidiar con una situación económica hostil, que se fue expresando progresivamente como caotización de las relaciones económicas y sociales, acentuada drásticamente por las medidas coercitivas unilaterales (con la importante salvedad de que las agresiones económicas estadounidenses datan del inicio mismo de la revolución bolivariana), va aparejada a la muy evidente dificultad para lidiar con el fenómeno migratorio. Respecto de este último, la reacción de las fuerzas revolucionarias ha respondido principalmente a la lógica de la fortaleza asediada: no solo cualquier disidencia, sino también cualquier defección es traición.
  • El migrante suele ser asimilado a la figura del traidor que huye de la fortaleza, renunciando al imperativo ético de resistir. Tiene lugar, de esta forma, un curioso fenómeno de enclaustramiento de la resistencia: solo el que permanece dentro de la fortaleza es capaz de resistir. Para el sujeto resistente enclaustrado, el migrante, en el acto mismo de emigrar, renuncia a su condición de sujeto de resistencia.
  • El resultado es la despolitización del fenómeno migratorio. Anclados en el imaginario de Caracas, ciudad de despedidas (2011), una oda a la diáspora de las clases medias-altas, incapaces de lidiar ética y estéticamente con un país en el que las mayorías populares se identifican con el chavismo, no logramos comprender que el sujeto que emigra es otro muy distinto: de extracción eminentemente popular, incluso de los estratos más bajos, severamente afectados por la neoliberalización de facto de la sociedad venezolana.
  • Esta despolitización del fenómeno migratorio es consecuencia o se expresa, entre otras cosas, como pérdida de las coordenadas de clase: al pensar y actuar como sujetos resistentes enclaustrados, no somos capaces de solidarizarnos con nuestros comunes de clase. En los casos más extremos, incluso nos referimos con sorna a la sobreexplotación de la que son víctimas en los países receptores, sin preguntarnos por los motivos que los hacen emigrar, aun a sabiendas de que tendrán que lidiar con un ambiente político, económico y cultural hostil. Tal vez la sorna funciona como un mecanismo de defensa: evita que nos interpelemos sobre la sobreexplotación de la que es víctima la clase trabajadora en Venezuela.
  • Romper el aislamiento pasa, por tanto, por indagar a fondo sobre los errores y aciertos de la revolución bolivariana en materia política y económica, en particular sobre la orientación estratégica de las medidas adoptadas principalmente a partir de 2016, y por repolitizar el fenómeno migratorio, en el sentido de hacerlo inteligible desde coordenadas de clase, para comenzar.
  • Si el sujeto migrante económico no se reconoce en la revolución bolivariana, antes que estigmatizarlo por su "despolitización", habría que interrogarse por las razones profundas de su desafiliación política. Adicionalmente, y dando por hecho la eficacia política de las tácticas de vacunación contra la enfermedad chavista, que se expresa precisamente como estigmatización pura y dura de todo lo asociado con el chavismo, tendríamos que ser capaces de identificar una cierta astucia del emigrante: no reconocerse en el chavismo bien puede ser un mecanismo de sobrevivencia en un ambiente particularmente hostil, en el que además predomina la xenofobia.
  • En resumen, a las fuerzas populares, democráticas, revolucionarias y de izquierda de todo el continente, al contrario de sentar posición respecto de Venezuela obedeciendo a las miserias del cálculo político a corto plazo y de poco o nulo calado estratégico, les corresponde asumir que la estrategia imperial de cerco no solo es contra Venezuela, ni siquiera solo contra la población de todo el continente, sino contra estas mismas fuerzas y su posibilidad de retomar o asumir el poder político, y sobre todo contra la posibilidad de retomar la unidad latinoamericana y caribeña como horizonte estratégico. A las fuerzas revolucionarias venezolanas, específicamente, les corresponde propiciar esta unidad, resistiendo el cerco, en primer lugar, pero fundamentalmente haciendo todo lo posible por revertir un proceso de neoliberalización de facto que expulsa enormes contingentes de venezolanos y venezolanas, la mayoría de ellos nuestros comunes de clase.

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