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Argentina :: 06/11/2008

Cuatro miradas y un solo escrache

Juan Correa
Más de un centenar de manifestantes, que le pedían cuentas por el asesinato de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki, escrachan el regreso triunfal de Eduardo Duhalde

Los peronistas

Fuera de sí, la diputada Marina Cassese disparó desde el micrófono: 'a los peronistas no nos echaron los militares, menos nos van a echar ustedes'.

Era comprensible el enojo de la legisladora. Su referente, el ex –presidente Eduardo Duhalde se preparaba para hacer un regreso triunfal a la arena político a la capital del distrito electoral más importante del país, y ese hecho era empañado por el escrache de más de un centenar de manifestantes, que le pedían cuentas por el asesinato de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki, el 26 de junio de 2002 en Avellaneda.

Quien volvía, presentándose en el Jockey Club como el estadista capaz de articular la oposición por derecha de los grupos económicos politicamente desplazados del gobierno, terminaba calificado con el peor insulto que puede recibir un político: asesino.

No le decían ladrón, mentiroso, estafador. Le decían asesino. Y allí estaba la cara de sus víctimas que lo miraban, lo señalaban, desde las banderas.

'Volveré y seré millones', pronosticó Evita. Y cada político retirado guarda esa frase en un cajoncito de su inconciente. Duhalde volvió y fue 'asesino'. Es comprensible el enojo de la legisladora. Quizás por eso la confusión en la frase: 'A los peronistas no nos echaron los militares'.

Cuesta hablar de 'los peronistas', y más precisamente del 'peronismo'. Ese movimiento político, que signó la historia política del siglo XX en Argentina, lleva como sello de origen un gran malentendido, o peor, una parición mal contada. Un relato tan trucho como el acta de nacimiento de Juancito Sosa, hijo natural de una tehuelche, nacido en un rancho de Roque Pérez; que después conocimos como Juan Domingo Perón, hijo matrimonial y blanco puro, nacido en Lobos. Desde aquel mítico 17 de octubre, que Perón y Evita no organizaron, resulta difícil hablar del peronismo o de los peronistas.

Siempre hubo peronistas que defendieron las conquistas obreras y la soberanía nacional y peronistas patronales aliados a los poderes imperiales. Peronistas que resistieron los golpes militares y peronistas que fueron cómplices y delatores al servicio de los militares. Es indudable que buena parte de nuestros 30.000 desaparecidos eran peronistas; también eran peronistas los que formaron partes de las bandas asesinas de las 3 A, o los burócratas sindicales que hicieron las listas de activistas obreras para que fueran detenidos o asesinados por los militares.

El primer delatado fue Felipe Vallese, asesinado por encargo de Vandor, dirigente de la UOM. Algunos de esos delatores hoy apoyan al gobierno de Kirchner, otros acompañan a Duhalde.

Por eso cuando la legisladora habla de que 'a los peronistas no nos corrieron los militares', debe precisar de qué peronistas estamos hablando. Seguramente se está haciendo cargo de una historia que no le pertenece

Los antropólogos

Pero aquel día de octubre hubo otros sorprendidos en el Jockey Club. Quienes entraron a empujones, trompadas y algún vidrio roto, buscando a Duhalde, se toparon con mesas servidas de un distinguido lunch. Culminaba un congreso de Antropología Biológica. La antropología biológica, esa curiosidad académica que puede encontrarse en la Universidad Nacional de La Plata y que nos ha legado sabios como Cesare Lombrosso, está unida al peronismo por algo más que una coincidencia casual en el Jockey Club.

La idea de que la antropología es una rama de la biología y no de las ciencias sociales es una idea de cuño positivista, que siempre entusiasmó a los fascistas. Es un disparate afirmar que el peronismo fue un movimiento fascista, pero imposible desconocer que siempre hubo algún fascista anidando en el peronismo. La antropología biológica también aportó al antiperonismo.

La revista ASI , publicada en los días posteriores al golpe de 1955, informa sobre los resultados de un estudio realizado al cráneo de Perón. Según este estudio científico, todas las características morfológicas del cráneo de Perón coincidían con las que el sabio Lombrosso atribuía a los criminales natos. La antropología biológica pisa fuerte en la UNLP, pero también ha impuesto sus saberes en la Policía Bonaerense. Gracias a los discípulos de Lombrosso, nuestra policía advierte que cualquier persona que reúna la característica de ser joven, de tez morena, frente estrecha y pelo largo es un potencial delincuente.

El choque entre el aluvión de escrachadores ingresados al Jockey Club y la celebración de nuestros antropólogos biológicos no generó enfrentamientos físicos, ni polémicas académicas. Pero si tuvo consecuencias psíquicas y gastronómicas.

Lo más impactante en el plano de lo psíquico fue la manifestación de una conmocionada congresista : -Yo estuve en los setenta. Si los procesos químicos que abrieron las puertas de su memoria fueron motivados por el impulso del miedo, el deseo frustrado, la sorpresa o el hambre reprimida; será motivo de un próximo congreso de psicología biológica. En el plano de lo gastronómico: la brillante y onerosa presentación del gran chef del Jockey Club no pudo ser valorada por la académica concurrencia, que huyo en tropel ante la zoológica aparición de transpirados piqueteros. Encima un negrito del MTD Berisso se comió un sándwich de miga.

El Jockey

El Jockey Club de La Plata, creado a imagen y semejanza del Jockey Club de Buenos Aires, siempre tuvo que lidiar con la evidencia que las clases acomodadas del país, los dueños de la plata, no vivían en La Plata. Nunca pudo emular el olor a bosta, que distinguía al patriciado porteño, y tuvo que conformarse con oler a formol y a tribunales. Su arrogancia no le alcanzó para dejar de ser una casta de burócratas y profesionales exitosos, con apellidos de blasón local, genealogía de tenderos y vocación por la careteada. Esa modestia no le impidió ser blanco de la furia de los manifestantes, el 17 de octubre de 1945. Lo castigaron por lo que aparentaba.

El viejo Jockey Club de La Plata, no pudo escapar a la decadencia. Hoy ha reducido sus propiedades inmobiliarias y su edificio esta concesionado por un usurero: el dueño de la financiera Credil. Que dineros mal habidos se desplieguen en las mesas del Jockey Club no es ninguna novedad. Pero en los buenos tiempos, los delitos, que constituyeron la acumulación primitiva de las fortunas familiares, eran historias viejas cometidas por antepasados para que sus descendientes pudieran ser honorables.

La presencia en el Jockey Club platense de un peronista poco fashion como Eduardo Duhalde para lanzar su Movimiento Productivo Argentino se explica por esta decadencia. La lógica del usurero se impone a las viejas tradiciones elitistas y antiperonistas.

Duhalde, a quien siempre le fue esquiva la clase media, elige el Jockey Club, porque conoce mecanismos de marketing. Si se aspira a masificar un producto en la clase media se promociona que se consume en los circuitos selectos, entre los más pudientes y bellos.

La reacción del concesionario del Jockey Club frente a los fervorosos escrachadores de Eduardo Duhalde no pasará a la historia como un hecho de la épica, ni como una filípica digna de la aristocrática oratoria, ni siquiera como una tragedia asumida con entereza y glamour. '- Para loco, no me rompas esa banqueta, que vale un montón de guita' y otras apreciaciones en el mismo tono por parte del usurero-concesionario, demuestran que en la sociedad platense ya nada es lo que fue, ni siquiera el Jockey Club.

Los santillanes

El miércoles 22 de octubre, en pleno centro de la Plata, calle 7 entre 48 y 49, sucedió algo inesperado. Desde la nada, surgió una columna de hombres y mujeres con pancartas que decían 'Duhalde asesino'. Enfilaron hacia la entrada principal del edificio del Jockey llevándose puestos a tres custodios que sólo pudieron tirar un par de manotazos.

La actividad del ex-presidente debió ser suspendida. Y se limitó a dar una conferencia de prensa, donde no hizo referencia a los hechos. Porque ¿cómo explicar lo inexplicable? ¿Cómo explicar que quien viene a denunciar que el gobierno ha perdido sus lazos con la sociedad y presentarse como opción sensata y confiable, debe responder a la acusación de ser un asesino? ¿Cómo explicar que esa columna de jóvenes iracundos ponía un límite a la barbarie que permite que los políticos asesinos se reciclen como políticos estadistas?
¿De donde salieron? ¿Como hicieron para estar en el lugar y el momento político exacto, para arruinarle su retorno a la política?

De los santillanes no se sabe demasiado. Apenas que han invertido la lógica de la política: son más de lo que aparentan. Sorprenden, equivocándose muy poco en coyunturas políticas difíciles. Ya esto les bastaría para tener una referencia, pero el asunto no parece interesarles demasiado. Están más preocupados por construir sus moradas para albergar nuevos valores y relaciones y desplegar la alegre convivencia de la ética y la política.

Nuevos hormigueros donde se entrecruzan vivencias culturales, reivindicaciones sectoriales, caminos generacionales y orígenes políticos. Con un bajo perfil donde cuesta deslindar las fronteras entre la humildad y el conservadurismo, Zapatistas sin Marcos, construyendo desde el barro desmienten el pesimismo sobre la condición humana. Lo único que puede asegurarse es que están vivos, en una ebullición tapada y silenciosa. Y que seguirán dando sorpresas.

Octubre de 2008
La Haine

 

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