Cuba no está sola

La Revolución Cubana ha sobrevivido dos tercios de siglo bajo el bloqueo estadounidense, pero hoy se encuentra bajo una presión mayor que nunca. Las acciones de Trump, incluyendo el secuestro del presidente Nicolás Maduro y la diputada Cilia Flores el 3 de enero, los ataques a las rutas marítimas del Caribe y la orden ejecutiva del 29 de enero que impone aranceles elevados a los estados que suministran petróleo a Cuba, tienen como objetivo cortar el suministro de combustible a Cuba y poner al país de rodillas.
Muchos informes hablan de una situación humanitaria desesperada, con cortes de electricidad cada vez más frecuentes y escasez generalizada, peor incluso que en momentos de crisis anteriores. Trump e ideólogos anticomunistas como el secretario de Estado Marco Rubio parecen decididos a empujar a Cuba al caos. Las amenazas contra los socios comerciales de la isla tienen como objetivo dar a EEUU la última palabra sobre su destino.
Sin embargo, Cuba no está sola. La caravana Nuestra América ha convocado un esfuerzo de solidaridad internacional para llevar ayuda humanitaria a la isla el 21 de marzo. Uno de los organizadores es David Adler, coordinador general adjunto de la Internacional Progresista y veterano de la Flotilla de la Libertad de Gaza. Adler conversó sobre la presión de EEUU sobre Cuba, su incumplimiento del derecho internacional y la necesidad de una solidaridad práctica con el pueblo cubano.
La caravana Nuestra América ha convocado a personas de todo el mundo a reunirse en La Habana el 21 de marzo. ¿Qué pretenden conseguir?
El primer objetivo es entregar ayuda humanitaria al pueblo cubano para paliar las consecuencias de la orden ejecutiva estadounidense del 29 de enero, que establece un bloqueo de combustible alrededor de la isla. Se trata de un acto de castigo colectivo inédito.
Con frecuencia resulta demasiado fácil lanzar la palabra «humanitario», por lo que quisiera dejar en claro las consecuencias precisas de la orden ejecutiva de Trump. Significa, por ejemplo, que los medicamentos caducan antes de llegar a los pacientes. Significa que, en caso de que se produjera un incendio, no habría camiones de bomberos para acudir al lugar. Es una crisis cuyas consecuencias aumentan exponencialmente a medida que sus efectos se multiplican en todos los sectores.
Por supuesto, este no es el primer intento de EEUU de estrangular a Cuba, foguear una crisis en la isla y derrocar a un gobierno «adversario». Washington ha liderado desde 1962 un embargo comercial contra Cuba que no solo impide el comercio bilateral entre estos dos países, sino que, dado el desmesurado papel de EEUU en la regulación del comercio internacional, también ha aislado a Cuba incluso de terceros. Luego está la falaz designación de Cuba --realizada por Trump, pero mantenida hasta la última semana del gobierno de Biden-- como «Estado patrocinador del terrorismo», que utiliza el dominio estadounidense del sistema financiero internacional como arma para excluir a Cuba del mismo. La última orden ejecutiva no hace más que aumentar aún más la presión.
El segundo objetivo de la caravana es apoyar al pueblo cubano. EEUU ha intentado convertir a Cuba en una zona aislada y prohibida. Eso significa, sobre todo, socavar el turismo, y los gobiernos aliados de EEUU se han hecho eco de ello de forma paródica. Si Canadá o Francia dicen a sus ciudadanos que se vayan o envían aviones para recoger a sus turistas, eso solo sirve a la agenda de larga data de EEUU de aislar a Cuba de la comunidad internacional.
Circula una cantidad increíble de información errónea en medios y redes sociales sobre la situación en la isla y el inminente colapso del gobierno cubano. Por eso queremos que la gente venga y conozca Cuba de primera mano, que hable con los cubanos sobre el terreno y comprenda las verdaderas consecuencias de este bloqueo.
El tercer objetivo es presionar a los gobiernos para que asuman sus propias responsabilidades en virtud del derecho internacional. En los últimos dos años y medio hemos visto cómo decenas de Estados que se habían comprometido retóricamente con el derecho internacional abandonaban esos compromisos en la práctica mientras Israel arrasaba los territorios ocupados en Palestina y lanzaba una ofensiva regional más amplia desde Siria hasta el Líbano e Irán. Esto ha debilitado gravemente la integridad del sistema jurídico internacional destinado a defender los derechos de las poblaciones más marginadas.
El estrangulamiento de Cuba está aplicando el mismo manual. Trágicamente, volvemos a ver un silencio cauteloso, incluso por parte de muchos países que han votado en la Asamblea General de la ONU para condenar el bloqueo de EEUU a Cuba. Saben que esto está mal, pero se han abstenido de enviar la ayuda que el pueblo cubano necesita desesperadamente en este momento y la energía que la infraestructura crítica de Cuba requiere para que su pueblo sobreviva.
Tú ya participaste en la Flotilla de la Libertad de Gaza. Esta no solo sirvió para llevar ayuda a los palestinos, sino también como un llamamiento a la acción gubernamental. Hoy Trump amenaza con castigar a los Estados que ayuden a Cuba. ¿Cómo piensan lidiar con esa situación?
La orden ejecutiva estadounidense del 29 de enero es una amenaza no solo para el bienestar del pueblo cubano, sino también para el principio más amplio de la solidaridad internacional. Esto se debe a que la administración Trump está bloqueando la isla y amenazando con sanciones a los terceros países que se atrevan a romperlo. Debemos entender la orden como una amenaza existencial a la integridad del orden internacional. Creo que muchos Estados han tardado en darse cuenta de ello.
Una de las consecuencias ha sido dejar solo a un país como México en su valiente y principista postura contra el bloqueo estadounidense, enviando barcos con ayuda humanitaria a Cuba. Hay muchos países de la región que tienen acceso a recursos naturales que podrían servir a la infraestructura crítica de Cuba. Van desde gobiernos amigos como Brasil y Colombia hasta otros menos abiertamente progresistas, pero que aún así votan en contra del bloqueo estadounidense en la ONU. Estos Estados también consideran que la agresión de EEUU contra Cuba corre el riesgo de contagiarse si no se le hace frente de manera colectiva; cualquiera de esos países podría ser el próximo objetivo de la Doctrina Donroe.
La flotilla a Gaza no solo tenía como objetivo poner en evidencia a los gobiernos que no respondieron a sus responsabilidades internacionales. También buscaba vincular las movilizaciones marítimas y terrestres para ejercer presión sobre esos gobiernos. Decía: si la gente común puede llevar esta ayuda humanitaria, sabiendo muy bien que no es suficiente, entonces los Estados pueden y deben estar a la altura de las circunstancias para proporcionar el resto.
La esperanza es que, al reunir a personas de tantos países, de delegaciones de tantas fuerzas políticas, partidos, sindicatos y movimientos de todo el mundo, podamos promover la idea de un mecanismo multilateral lo suficientemente poderoso como para hacer frente a Trump y proteger a las madres, los recién nacidos, los ancianos y los enfermos que están pasando por una mala situación en este momento en Cuba.
Aunque los Estados individuales no se sientan capaces de actuar por sí solos, su acción colectiva puede triunfar sobre el miedo que el gobierno de Trump pretende infundir tanto en sus aliados como en sus adversarios.
Muchos Estados occidentales han hablado en los últimos meses de su mayor independencia respecto a EEUU. Sin embargo, esto tiene sus límites, y se mostraron más dispuestos a defender la soberanía de Dinamarca y Groenlandia que a denunciar el ataque de EEUU a Venezuela. Si la administración Trump y personas como Marco Rubio están decididas a estrangular a Cuba, ¿qué esperanza hay de hacerles frente? ¿Cuáles son los puntos débiles de la línea de Washington?
Hay dos formas de interpretar el cauteloso silencio sobre Cuba en Europa y en Occidente en general. La primera lo interpreta como una consecuencia de la miopía geopolítica. La segunda lo interpreta como una necedad útil.
La interpretación más generosa es la «miope», que básicamente dice: somos conscientes de que los EEUU de Trump están en una cruzada para reescribir el orden internacional, independientemente de las instituciones que se hayan creado para regular sus movimientos unilaterales y coercitivos. Aun así, Cuba no es realmente nuestro problema. Está allá, en el hemisferio occidental. Es una isla pequeña. Y, por supuesto, está gobernada por autoproclamados socialistas. Esta interpretación miope sostiene que nada de lo que ocurre lejos llegará nunca a afectar a Europa.
Apenas un año después del inicio del segundo mandato de Trump, es evidente que este enfoque es miope. No solo está el hecho de que la agresión de Trump hacia Cuba es moralmente incorrecta y totalmente ilegal. También sucede que las amenazas de naciones potentes como EEUU no solo se aplican a los territorios bajo ataque directo, sino que repercuten y afectan a todos los pueblos del mundo.
La interpretación de la «necedad útil» dice que, mientras el primer ministro canadiense, Mark Carney, pronuncia aplaudidos discursos sobre la importancia de que las potencias medias se enfrenten a EEUU, su cauteloso silencio y el de otros países sobre la Isla acaba alimentando aún más a Washington para liderar esta operación de cambio de régimen en Cuba.
La lógica de la orden ejecutiva es que Cuba representa una amenaza nacional extraordinaria para EEUU. Ninguna de esas potencias medias cuestiona esa lógica. ¿Qué amenaza representa Cuba? ¿Es su apoyo a los movimientos contra el apartheid? ¿Su solidaridad duradera con el pueblo palestino? ¿El hecho de que proporcione atención médica gratuita a las comunidades empobrecidas de los llamados países del Tercer Mundo, mientras que EEUU y Europa prefieren proteger los beneficios de sus empresas farmacéuticas?
Vale la pena repetirlo: la principal amenaza que representa Cuba es su ejemplo para el mundo sobre la naturaleza de su solidaridad y de su autodeterminación, y la búsqueda de una independencia verdadera respecto de EEUU después de tantas décadas de dominación.
Si la Revolución Cubana representó durante tanto tiempo un ejemplo, ¿cómo se materializa esa solidaridad o incluso se la «recompensa» hoy en todo el mundo?
Durante más de seis décadas, Cuba no solo ha defendido sus propios intereses, sino también los del mundo. Tomemos como ejemplo cuando Fidel Castro convocó el llamado Diálogo Continental sobre la Deuda Externa en 1985. No fue porque Cuba estuviera muy endeudada o necesitara pagar sus préstamos al FMI. Más bien, estaba preocupada por las perspectivas de autodeterminación y soberanía popular genuina en muchos de sus países aliados. Se han observado formas similares de liderazgo en el G77 y en su papel en la formación del Grupo de La Haya para Palestina.
Creo que es importante situar las acciones de Trump en un conjunto más amplio de actos de represalia contra todos los países que se han atrevido a defender a Palestina. Por ejemplo, EEUU lideró efectivamente un golpe electoral en Honduras para poner en el poder a un nuevo presidente cuya primera visita internacional fue a Israel. O tomemos el caso de Sudáfrica, castigada con sanciones; EEUU incluso utilizó el falso espectro del «genocidio blanco» para crear una política de inmigración que favorecía a los afrikaners blancos y castigaba al Congreso Nacional Africano. O tomemos el caso de Colombia, donde Washington ha sancionado al presidente Gustavo Petro y a su proyecto Pacto Histórico antes de las elecciones de este año como resultado de su liderazgo y su franqueza sobre el genocidio de Gaza.
No es que el gobierno de EEUU se levante por la mañana y actualice sus prioridades en materia de interés nacional. Más bien, lo que busca activamente es vengarse de quienes se atreven a rebelarse. Y ningún país, ninguna revolución, ningún proyecto político ha sido más rebelde frente a esa violencia imperial que Cuba.
Esto es cierto tanto en la confrontación directa --como en el caso de la lucha contra el apartheid-- como en la confrontación indirecta, por ejemplo, cuando Cuba proporcionó vacunas contra el COVID-19, de alto nivel y a bajo costo, que competían directamente con los productos mucho más caros que ofrecían las empresas farmacéuticas estadounidenses y europeas. EEUU está castigando a Cuba para imponer su supremacía mundial.
Por lo tanto, la resistencia contra esto, la solidaridad con Cuba, también consiste en impedir que el gobierno estadounidense pueda aislar y castigar a cualquiera que se atreva a plantarle cara.
Sin duda, los cubanos tienen perspectivas diferentes. Algunos analistas, por ejemplo, hablan de divisiones generacionales. Pero incluso en momentos de grandes dificultades, como durante el Período Especial, tras el fin de la Unión Soviética, cuando muchos pronosticaban que el Estado cubano se derrumbaría, este demostró una gran fortaleza.
Las protestas del 11 de julio de 2021 no fueron para nada el levantamiento masivo que algunos observadores esperaban. Sin embargo, esta vez la crisis material es más dura y prolongada, y el nivel de emigración muestra lo fuerte que ha sido la presión sobre los cubanos. El gobierno estadounidense y figuras como Rubio apuestan a que la situación se vuelva insoportable, y tal vez esperan provocar un escenario como el de Venezuela en 2017. ¿Cuál es su opinión sobre la resistencia que aún tiene la Revolución Cubana y cómo están respondiendo los cubanos a este momento?
Uno de los aspectos más destacables de lo que está sucediendo ahora en Cuba es la rapidez con la que el pueblo y los dirigentes cubanos están intentando responder incluso a las condiciones más adversas de su asfixia. Tomemos como ejemplo la aceleración de la producción de energía renovable: dejar de depender del petróleo para intentar utilizar la energía solar para abastecer de electricidad a hogares, escuelas, hospitales y similares. Ayer mismo hablaba con una amiga de Camagüey que me decía que nunca había visto energía solar en su comunidad natal. Había vuelto allí hacía dos semanas y había cuatro nuevos proveedores de paneles solares y de producción para instalarlos en hogares e instituciones. Así que ha habido un impulso masivo hacia las energías renovables, para resistir este último intento de desestabilizar la revolución.
Sin embargo, como dije, esta orden ejecutiva está intensificando una lógica de estrangulamiento, asfixia, opresión y dominación por parte de EEUU que viene de lejos. Lo que me preocupa es si Marco Rubio se conformará con ver cómo se desarrolla una crisis humanitaria en Cuba, si se conformará con ver la muerte de recién nacidos o la falta de atención neonatal para sus madres, y si se conformará con ver morir a abuelas y abuelos por no tener acceso a los medicamentos que les salvan la vida.
El aspecto crítico de esta caravana no es solo entregar ayuda humanitaria, sino estar presentes, como pueblos del mundo, en la isla, en un momento en que existe un riesgo real de que EEUU esté preparando --como suele hacer-- una forma más agresiva de intervención que atacaría directamente la soberanía cubana.
No sabemos cómo será, sobre todo porque la política exterior estadounidense se elabora en los pasillos más oscuros del Pentágono y no a la luz del Congreso o del tribunal de la opinión pública. Uno de los aspectos más descabellados de ser ciudadano estadounidense en este momento es ver cómo nuestro gobierno comete estos crímenes y ni siquiera saber qué planea hacer en nuestro nombre, en Cuba o en cualquier otro lugar.
Por eso estamos respondiendo con una caravana de emergencia: porque Cuba necesita estos suministros ahora mismo. Necesita paneles solares, medicinas y alimentos para mantener la isla en funcionamiento y sostener esa resiliencia creativa que ha mantenido viva la revolución durante tantas décadas. Pero también debemos ser conscientes de las maquinaciones de un Estado profundo que siempre está ideando nuevas formas de intervenir en otros países, ya sea con una operación como la de Venezuela o con algo completamente diferente.
Deberíamos revisar la historia de los numerosos intentos de la CIA de asesinar a Fidel Castro para comprender mejor cómo muchas agencias de tres letras están trabajando horas extras en este momento pensando en cómo pueden tomar el control de Cuba de manera efectiva y tal vez anexar su territorio y recolonizar a su pueblo en nombre del poder estadounidense.
El gobierno de EEUU no articula cuál es su objetivo final aquí. No hay diálogo, y Washington no dice qué concesiones quiere del gobierno cubano. En medio de este clima de agresión imperial, no existe válvula de escape para reducir las tensiones y encontrar una salida. Pero por eso también es frustrante que los demócratas estadounidenses parezcan haber borrado de su memoria incluso lo que hizo el hombre al que llaman el «mejor presidente de sus vidas», Barack Obama.
Muchos de ellos se preguntan qué se puede hacer, y personas como Rubio nos quieren hacer creer que la negociación es imposible. Sin embargo, hace poco más de diez años, en un periodo en el que se produjo la reunificación familiar, fluyeron las remesas y se expandió el turismo, una ronda de negociaciones exitosa condujo a un deshielo diplomático que trajo mucha paz y prosperidad entre estos dos países.
¿Qué puede hacer la gente para que la caravana Nuestra América logre su objetivo?
Nuestra América es más que una simple misión. Es un movimiento global. Estamos animando a delegaciones de todo el mundo a que recojan ayuda humanitaria. Eso es lo que vimos, por ejemplo, en México: plazas llenas de puestos para informar a nuestros vecinos, amigos y colegas sobre lo que está pasando en Cuba.
Nos reuniremos en el Malecón de La Habana el 21 de marzo, en un gran acto de solidaridad con el pueblo cubano, donde distribuiremos esa ayuda humanitaria y marcharemos juntos para defender no solo al pueblo cubano, no solo el derecho internacional, sino los principios más básicos de la humanidad y la decencia. Empezamos con una misión más pequeña, pero ha habido tanto interés y entusiasmo que la hemos ampliado para animar a las delegaciones a autoorganizarse, a encontrar su camino a Cuba, a romper el asedio.
Es ahora o nunca para la Revolución Cubana, frente a una administración estadounidense decidida y un secretario de Estado cuyo sueño de toda la vida ha sido plantar una vez más la bandera estadounidense en el corazón de La Habana. Sabemos que si Washington tiene éxito en sus esfuerzos por cambiar el sistema socialista en Cuba, el resto de nosotros podríamos ser los siguientes. Esta administración estadounidense y este país se han vuelto tan omnipotentes que necesitamos el valor, la convicción y la claridad moral para levantarnos antes de que sea demasiado tarde.
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