De cómo Israel y EEUU explotaron las protestas iraníes
En esencia, este movimiento no fue una revolución, sino un intento de golpe de desinformación burdamente orquestado por EEUU y el régimen de Netanyahu
Desde que estallaron las protestas por todo Irán a finales del año pasado, que ahora prácticamente han desaparecido, más de 3.500 personas habrían perdido la vida, según datos de la recientemente inventada Agencia de Noticias de Activistas de DDHH (HRANA), con sede en EEUU, que han sido citados por los principales medios de comunicación de todo el mundo.
La 'agencia' informa de que la mayoría de los fallecidos eran manifestantes, junto con más de 145 miembros de las fuerzas de seguridad iraníes.
Aunque HRANA y los medios occidentales no son fuentes fiables en este sentido, es evidente que se estuvo desarrollando un nuevo ciclo significativo de protestas en Irán.
La BBC en persa, en particular, está llevando a cabo una misión patrocinada por el Reino Unido para exagerar el alcance de estas protestas. Ignora sistemáticamente a una parte significativa de la población iraní que, aunque no está de acuerdo con todas las políticas estatales, se niega a seguir las indicaciones de Israel y EEUU o de su desatado títere, Reza Pahlavi.
Este es otro ejemplo más del poder blando del Reino Unido al servicio del régimen israelí. La cobertura obsesiva de la BBC en persa de las protestas iraníes está profundamente entrelazada con su política de ignorar patológicamente el genocidio de Israel en Palestina.
Aunque el líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei, ha reconocido públicamente las protestas en curso, ha señalado que hay que distinguir entre quienes tienen quejas económicas legítimas contra el Estado y quienes se aprovechan del movimiento para promover otros objetivos nefastos, como el cambio de régimen y la desintegración de Irán. Ese es el proyecto israelí.
Según todas las fuentes serias, este nuevo ciclo de protestas fue a la vez genuino y muy manipulado.
Crisis económica
En cuanto al primer punto, las protestas tuvieron su origen en la profunda crisis económica que Irán ha sufrido durante décadas. Estos problemas económicos se deben a dos factores complementarios: las devastadoras sanciones externas impuestas por EEUU y otros países y la incompetencia interna del Estado. Como resumía acertadamente un reciente titular del Financial Times: «La moneda iraní se convierte en cenizas mientras la economía entra en una espiral».
Al mismo tiempo, esta crisis en particular fue en su mayor parte una distracción fabricada por Israel y EEUU. Una vez más, están apuntando a un Estado disfuncional —como el Líbano, Siria, Yemen— para mantenerse en el poder y distraer la atención mundial del genocidio que aún se está desarrollando en Gaza.
Los iraníes tienen todo el derecho y todas las razones del mundo para protestar por sus duras condiciones económicas y políticas. La clase media, empobrecida, ha soportado penurias, mientras que la clase trabajadora se desmorona.
Pero el interés de Israel por Irán en la actualidad se debe a múltiples factores. En primer lugar, se trata de una táctica de distracción, destinada a desviar la atención mundial del genocidio israelí de los palestinos que se está produciendo y del robo sistemático por parte del Estado de lo que queda de la Cisjordania ocupada.
Tel Aviv cree que cuanto más caos y confusión genere en la región, más rápido olvidará el mundo el genocidio de Gaza y seguirá adelante.
El segundo objetivo, relacionado con el primero, es la desintegración de Irán en estados étnicos más pequeños, de forma similar a los planes de Israel para otros países de la región, como el Líbano y Siria. Tel Aviv quiere remodelar toda la región a su imagen y semejanza, la de un Estado-cuartel. Su retorcido reconocimiento de «Somalilandia» es un modelo para este escenario.
La cuestión del programa nuclear iraní es una cortina de humo. Existía un acuerdo nuclear entre Irán y el mundo exterior, elaborado bajo la administración Obama.
Israel se opuso sistemáticamente a ese acuerdo, incluso a través de su quinta columna dentro de EEUU, el AIPAC. En contra de los intereses tanto de EEUU como de Irán, Trump lo desmanteló rápidamente al asumir el cargo. Por lo tanto, Israel es el principal responsable de la ausencia de un acuerdo nuclear entre Irán y el mundo exterior.
Sanciones devastadoras
Mientras tanto, EEUU sigue siendo el principal responsable del uso de sanciones devastadoras como arma contra el gobierno de Irán y la gente por igual.
Hay dos razones que sustentan las sanciones: las preocupaciones inventadas sobre el programa nuclear de Irán y la presión estadounidense-europea sobre Teherán para que adopte una postura menos beligerante y más favorable a Israel en la región.
El hecho de que Israel, aunque se presenta como el enemigo más acérrimo de la República Islámica, sea en sí mismo una potencia nuclear involucrada en una batalla en múltiples frentes contra sus vecinos —en particular contra los palestinos, que están atrapados en su propia patria— no se tiene en cuenta, por supuesto, en esta lectura de la región.
Las protestas fueron excepcionalmente violentas y estaban irremediablemente contaminadas por agentes del Mossad, con mezquitas incendiadas para enfurecer y agitar, lo que dio pie a comentarios islamófobos de personas como J. K. Rowling.
Las protestas también se vieron empañadas por noticias falsas, que Israel lleva mucho tiempo utilizando en un intento de desmantelar el Gobierno iraní para sus propios fines. Según las investigaciones de Haaretz, TheMarker y Citizen Lab, la hasbará israelí participa activamente en la fabricación del apoyo a Reza Pahlavi, el enloquecido hijo del último dictador Pahlavi.
Los altos funcionarios del régimen de Netanyahu alientan continuamente la revuelta contra el Estado iraní, incluso cuando tales instigaciones desacreditan los disturbios resultantes. Aun así, algunos aspectos de las últimas manifestaciones son reales y potencialmente trascendentales.
Supervivencia del Estado
El Estado iraní se encuentra ahora en modo de supervivencia. Pero lidiar con una crisis tras otra está en el ADN de la República Islámica. Tras los ataques estadounidenses e israelíes de junio contra las instalaciones nucleares de Irán y otros objetivos civiles -tras los cuales Israel se vio obligada a suplicar un alto el fuego, ante las andanadas de misiles iraníes-, el Estado reprimió sin piedad a los organizadores de estas protestas y no dudará en llevar la batalla a las bases regionales de EEUU y directamente a Israel. El próximo ataque de Israel en este contexto cambiará de forma repentina y radical el escenario.
Mientras tanto, las protestas se desinflaron. El Estado ha detenido u obligado al exilio a todas las voces pagadas por Occidente que podrían haber liderado estas manifestaciones en el mejor interés de Israel.
En ausencia de opciones pacíficas y legítimas que sospechosamente no se pronuncian —figuras como Mir Hossein Mousavi, Zahra Rahnavard, Mohammad Khatami, Mostafa Tajzadeh o Abolfazl Qadiani—, el espacio mediático está abierto para los monárquicos ilegítimos y oportunistas pro-Pahlavi y los extremistas Mojahedin-e-Khalq, ninguno de los cuales tiene base popular dentro de Irán.
Y mientras medios de comunicación occidentales como la BBC y el Wall Street Journal siguen fabricando una base popular inexistente para el títere sionista Pahlavi, el Estado iraní espera un ataque de EEUU, como ha amenazado Trump, o de Israel, o de ambos.
Aunque las protestas comenzaron, al menos en parte, desde dentro, el ex secretario de Estado estadounidense Mike Pompeo ha declarado públicamente que cientos de agentes del Mossad han estado involucrados, la mayoría de los cuales está ahora en prisión.
En esencia, este movimiento no es una revolución, sino un intento de golpe de desinformación burdamente orquestado por EEUU y el régimen israelí. Siguiendo el modelo del golpe de Estado de la CIA y el MI6 de 1953 contra un primer ministro electo, los estadounidenses pueden aportar el poderío militar, mientras que los británicos, a través de medios como la BBC en persa, pueden suministrar las noticias falsas.
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