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Venezuela, Cuba :: 28/01/2026

Delcy Rodríguez: «Nos dijeron que lo habían asesinado y nos dieron 15 minutos para rendirnos»

El Sudamericano
"Es una batalla que tiene que dar Venezuela en su conjunto, pero el núcleo y el motor es la Revolución" :: Ramonet: Testimonio de un combatiente cubano que defendió al presidente Maduro

Delcy Rodríguez: “En los escenarios que nos planteamos que podría darse un ataque nunca nos imaginamos que cruzarían esa línea, no roja, púrpura, de atacar la capital que vio nacer a nuestro padre Libertador Simón Bolívar. De atacar y bombardear una ciudad de un país suramericano, eso no estaba en nuestra historia. Y lo digo con absoluto conocimiento, aunque esperábamos que ellos se atreviesen a atacar, nunca pensamos que sería de esta naturaleza tan salvaje y criminal, en una confrontación además, tan desigual. Hay que reconocerlo, estamos enfrentando a una potencia nuclear.

No la enfrentamos con miedo, para que ustedes lo sepan. Las amenazas vinieron desde el primer minuto en que ellos secuestraron al presidente. Nos dieron, a Jorge a Diosdado y mí, 15 minutos para responder, sino nos iban a matar. Y frente a la información que nos habían dicho, que lo habían asesinado [a Maduro], –no que estaba secuestrado–, nosotros les dijimos: “estamos listos a correr la misma suerte”.

Y se los digo, esa afirmación la mantenemos al día de hoy. Porque las amenazas son permanentes. Los chantajes son permanentes. Y nosotros tenemos que ir con paciencia y prudencia estratégicas. Con objetivos muy claros. Hermanos, Hermanas, objetivos claros. El primero de ellos es preservar la paz de la República. El segundo, tenemos que rescatar a nuestros rehenes. Alguien nos dijo, bueno, los van a estar chantajeando permanentemente con el Presidente y la primera combatiente, y nosotros dijimos: “Ellos se declaran en combate allá y nosotros en combate acá”, pero eso no quiere decir que no somos cautelosos en cada paso que damos pensando en ellos.

Cada paso que avanzamos, o cada estrategia nosotros la damos pensando en ellos. Y el tercer punto es preservar el poder político, porque la revolución bolivariana si no está en el poder político, bueno, imagínense ustedes el destino de este país, el destino de este pueblo, de los más vulnerables, de los que durante décadas fueron excluidos del puntofijismo. Pueden verse retorcidos en esta historia, y traicionados. Así que esos son objetivos muy claros, que nosotros como alto mando político nos habíamos trazado, escenario frente al cual el presidente nos fue preparando en caso de que él no estuviese. Bueno ahí está su ejemplo, ahí está nuestro compromiso, nuestra lealtad, y la prudencia y la paciencia estratégica para avanzar.

Nosotros no estamos confrontando, ni tenemos adversarios que puedan entenderse dentro de la racionalidad humana. Tenemos adversarios, y enfrentamos una clase de personas que están muy comprometidas en su integridad moral, sobretodo. Y así como yo digo que la batalla militar es desigual yo tengo que decir que nosotros no tenemos una superioridad moral, histórica que nos impidan la resistencia. Estamos en un momento de resistencia, y esa resistencia tiene que ser una resistencia victoriosa.

Nosotros tenemos que salir fortalecidos, en la unión. Fortalecidos en la cohesión del país. Nosotros tenemos que sumar al país porque es una batalla que tiene que enfrentar, que tiene que dar Venezuela en su conjunto, pero el núcleo y el motor es la Revolución y así debe ser y tenemos que comprometernos a eso y nunca dudar. Nunca dudar que la dirección política está firmemente comprometida con ese objetivo que yo les mencioné, y que a veces se dan pasos tácticos, que a veces puedan hacerse acciones poco comprensibles pero tenemos que saber que así como el enemigo tiene una estrategia muy clara nosotros también tenemos una estrategia.”

Testimonio de un combatiente cubano que defendió al presidente Maduro

Ignacio Ramonet

Yohandris Varona Torres llevaba dos meses y seis días como integrante de la Seguridad Personal en Venezuela cuando ocurrió el ataque, la experiencia más intensa en 23 años de servicio militar, justo en su primera misión internacionalista.

Pero aquel sábado 3 de enero se tornó fatídico. A las 12 de la noche se puso en su posición, le correspondían seis horas de guardia. Y aunque todo se veía tranquilo Yohandri sabía que el mayor peligro estaba en confiarse. Por eso cumplía su guardia con un celo rayano en el exceso.

Eran cerca de las dos de la mañana cuando vio al primero de los helicópteros del grupo de comandos estadounidenses que esa madrugada desembarcaría en Caracas para secuestrar al presidente Nicolás Maduro.

Apenas tuvo tiempo de salir de la posta en la que cumplía el servicio de guardia para parapetarse a unos metros de distancia y comenzar a disparar. A esa decisión, o a la suerte, le debe la vida. Como si se guiaran por un plano de exactitud milimétrica los atacantes dirigieron su fuego contra la caseta que hasta solo unos segundos antes había ocupado.

«Tenían mucho más poder de fuego que nosotros, narra Yohandri, que solo contábamos con armamento ligero. Lo otro a su favor es que parecían saber dónde quedaba todo. Así le tiraron a las postas y a los dormitorios donde estábamos los cubanos y lograron matar, entre los primeros, a los jefes».

Unos 23 años de experiencia en la Dirección de Seguridad Personal tiene este suboficial primero, nunca había vivido nada ni parecido. Pero en el entrenamiento le habían enseñado bien y esa madrugada vació cargador tras cargador disparando contra los enemigos.

«Había que tirar y tirar. Defender y matar», sentenció. “Nos batimos ahí contra los aviones que estaban ametrallándonos. A pesar de que nuestro armamento era más pequeño no dejamos de pelear, nos enfrentamos. Tengo mi preparación y sé cómo combatir, pero eran superiores a nosotros. En ese momento mi único pensamiento fue batallar. Había que tirar y empecé a hacerlo.”

«A pesar de su ventaja de fuego, añadió, estoy seguro de que les hicimos bajas. Más de las que ellos reconocen. Nos batimos duro. Seguimos tirando hasta que casi todos fuimos cayendo, muertos o heridos».

No fue un combate rápido, ni fácil, como en principio intentaron hacer creer Trump y sus secuaces. Con el paso de los días se ha ido confirmando que solo la muerte y la falta de municiones consiguió apagar la resistencia de los cubanos.

Yohandry recuerda todo con una lucidez terrible. Sus ojos parecen repasar una a una las imágenes. Llora. Llora de rabia.

Nunca podrá olvidar el enfrentamiento, dice, pero sobre todo las horas posteriores, en que los sobrevivientes del grupo debieron trasladar los cuerpos de sus compatriotas caídos.

«Los cargamos y llevamos hacia un edificio que había sufrido daños pero nos permitía guarecerlos. Fue muy duro, porque eran hombres a los que conocíamos, con los que habíamos convivido hasta pocas horas antes. Pero los llevamos a todos, no abandonamos a ninguno.

«Cuando empiezan a caer las bombas en lo único que se piensa es en combatir. Estábamos allí para eso y fue lo que hicimos. Solo me queda el dolor de que no pudimos pararlos. Y este dolor, dice mientras se golpea el pecho, tengo que desquitármelo con el enemigo».

elsudamericano.wordpress.com

 

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