Delirios coloniales de un fascista en decadencia

Pensemos en Venezuela. Capturan a su presidente, lo llevan a una cárcel de Brooklyn, se apropian del petróleo venezolano para venderlo en el mercado internacional. ¿Quién decide qué hacer con las ganancias? “Yo”, dijo Trump, con una franqueza poco habitual en la política estadounidense. Pensemos también en Groenlandia —o, más bien, en “quedarse con Groenlandia”— porque, como explicó Trump con inquietante claridad en una entrevista con The New York Times, "la propiedad es muy importante y psicológicamente necesaria para el éxito”.
Esta mentalidad no es nueva: es la versión del siglo XXI del viejo imperialismo. Recuerda a la famosa frase del imperialista británico Cecil Rhodes: “Anexionaría los planetas si pudiera; lo pienso a menudo. Me entristece verlos tan cerca y, sin embargo, tan lejos”. Hoy, Elon Musk parece decidido a convertir ese delirio en realidad colonizando el espacio.
Trump, mientras tanto, parece empeñado en construir su propio Lebensraum aquí en la Tierra. Si Hitler buscaba “espacio vital” para el pueblo alemán, Trump busca “espacio de recursos”: petróleo ilimitado a través de Venezuela, minerales estratégicos en Groenlandia y mercados obedientes en América Latina y el Caribe. Todo ello respaldado por un aumento masivo del gasto militar estadounidense —la semana pasada pidió un incremento del 50 %—, colocando al país entero en una economía de guerra permanente.
No resulta extraño, entonces, que haya declarado que todo el hemisferio occidental existe únicamente para servir y enriquecer a Estados Unidos. A esta visión grotesca la ha bautizado como la “Doctrina Donroe”.
Como señaló Steven Levitsky, profesor de Harvard, “en política exterior ha descubierto que puede hacer lo que le da la gana. No hay límites. Esto debería aterrorizar a cualquiera que crea en el orden internacional”.
En un abrir y cerrar de ojos, el mundo ha retrocedido de una supuesta era poscolonial a una era abiertamente colonial. Y mientras Estados Unidos se exhibe con todo el atrezzo del viejo imperio, Stephen Miller —arquitecto de las políticas migratorias más crueles de Trump y ahora influyente en política exterior— afirma que Europa se equivocó al abandonar sus imperios y todavía más al permitir que los antiguos colonizados migraran al “Primer Mundo” y lo “colonizaran”.
El nacionalismo blanco de Miller se filtra ya en todo el aparato estatal. El jefe de la Comisión para la Igualdad de Oportunidades en el Empleo llegó a publicar un video pidiendo a hombres blancos que denunciaran supuesta discriminación laboral. Como si la historia de Estados Unidos demostrara que ellos han sido las principales víctimas del sistema. Esa idea —absurda pero reveladora— parece haberse convertido en doctrina oficial, reforzada por declaraciones de Trump asegurando que el movimiento por los derechos civiles “perjudicó gravemente a los blancos”.
Tras el reciente asesinato de Renée Good a manos de agentes del ICE en Minneapolis, la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, difundió mentiras desde un atril con el lema “Si tocan a uno, nos tocan a todos”. El mensaje implícito es claro: atreveros a desafiarnos mientras llevamos a cabo nuestros programas contra comunidades no blancas y responderemos con violencia.
Al mismo tiempo, se supo que el Departamento de Seguridad Nacional, en su plan de 100 millones de dólares para reclutar 10.000 nuevos agentes del ICE, busca candidatos en ferias de armas, eventos de UFC y otros espacios de la extrema derecha, incluso utilizando una canción asociada al neonazismo. La publicidad de reclutamiento, con el Tío Sam señalando al espectador, proclaman: “Estados Unidos ha sido invadido por criminales y depredadores. Te necesitamos a TI para expulsarlos”.
Es imposible no pensar en las milicias fascistas y las campañas de propaganda de figuras como Hitler, Franco, Mussolini o Pinochet. Incluso Joe Rogan —cuyo apoyo fue clave para la victoria electoral de Trump en 2024— ha comenzado a describir al ICE como una “Gestapo”.
En Minneapolis, agentes del ICE han advertido a manifestantes que lo ocurrido a Renée Good podría repetirse si continúan oponiéndose al gobierno. Eso no es aplicación de la ley: es terrorismo ejercido desde el Estado. Para reforzar esta amenaza, Trump ha insinuado que podría invocar la Ley de Insurrección y desplegar tropas militares en la ciudad.
En 2025, la administración prácticamente desmanteló el programa de acogida de refugiados, aceptando solo a africanos blancos de extrema derecha procedentes de Sudáfrica. En 2026 fue aún más lejos, prohibiendo el procesamiento de visas para personas de 75 países, la mayoría no blancos, no cristianos o gobernados por líderes que se atreven a desafiar a Trump.
En circunstancias normales, una medida tan extrema e ilegal habría acaparado titulares. Pero el país se ha acostumbrado tanto al gobierno por decreto y al nacionalismo cristiano blanco que apenas ha generado reacción.
También pasó casi desapercibido el allanamiento del FBI a la casa de la periodista del Washington Post Hannah Natanson por investigar una serie de despidos de empleados federales. Incluso una investigación motivada políticamente contra el presidente de la Reserva Federal quedó enterrada bajo el ruido mediático.
“En febrero dije que estábamos ante una crisis constitucional”, me comentó el fiscal general saliente de Nueva Jersey, Matthew Platkin. “Desde el presidente hacia abajo, se burlan abiertamente del Estado de derecho”.
Platkin sostiene que muchos fiscales republicanos comparten estas preocupaciones en privado, pero temen expresarlas en público. Aun así, mantiene la esperanza de que los tribunales frenen los abusos y que una ciudadanía movilizada expulse a quienes hoy gobiernan al margen de la ley.
“Esto no nos define como nación”, afirmó. “No podemos aceptar que agentes federales sin control ni formación maten ciudadanos con total impunidad”.
Sobre los miembros del gabinete de Trump, Platkin es tajante: “Actúan como si las leyes no se aplicaran a ellos. Trump ha demostrado lo frágil que es nuestro sistema. Y si no hay consecuencias, volverá a ocurrir”.
Traducido por La Haine
Sasha Abramsky es autor de libros como "El camino estadounidense a la pobreza" y "Carnicería estadounidense: cómo Trump, Musk y DOGE destrozaron el gobierno de Estados Unidos"







