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Mundo :: 18/09/2010

Desafíos y fortalezas de la Unasur

Francisco González
En el marco de los conflictos políticos entre los gobiernos de la región. Caso Colombia Venezuela.

Hablar de las fortalezas y desafíos de la UNASUR como institución de integración regional sin hablar del contexto histórico-político actual de la región es un acto de ejercicio intelectual irresponsable, más aún, si tomamos en cuenta los períodos cíclicos históricos de protagonismo de la región en el escenario mundial y sus consecuencias; ciclos de letargo a todo nivel, debido al interés de las potencias de expoliar los recursos por un lado, y por el otro, el interés de las élites económicas nacionales en jugar a dichos intereses. El contexto actual no escapa a esta realidad.

Tomemos como referencia un hecho notable que ha marcado la agenda de la región con respecto a política internacional en los últimos días y que a su vez se relaciona con el actuar de la UNASUR como institución de integración regional; esto es el conflicto entre Venezuela y Colombia, surgido a raíz de la denuncia, por parte del gobierno del ahora ex presidente Colombiano Álvaro Uribe, de la presencia de guerrillas en Venezuela ante la instancia de la OEA.

Dicho conflicto generó distensiones dentro de la organización, lo cual nos hizo ver en la realidad concreta, sus desafíos y fortalezas. Necesario es también, hacer un seguimiento cronológico de algunos acontecimientos y sus actores para ver el resultado de esta disputa y la posición final de la UNASUR como instancia de concertación política regional; como reza en sus principios constitutivos.

Desafíos

Actualmente, en Latinoamérica, se lleva a cabo un debate, a todo nivel, que tiene que ver con el modelo de integración a seguir; más aún cuando se evalúan las experiencias pasadas que han sentado la base para los modelos de integración actuales y que en cierto modo han fracasado. Véase la CAN, con la salida de Venezuela o Mercosur, que todavía no tiene su parlamento electo. Todas estas situaciones, son desafíos, que hereda, entre otros que iremos señalando en este escrito, la naciente UNASUR.

Como instancia de concertación de los gobiernos, al ser una organización de corte intergubernamentalista, la UNASUR ha sufrido, a los interno, crisis políticas suscitadas por desencuentros promovidos por las diferencias políticas de los gobiernos de la región. Basta con analizar las últimas reuniones que trataron el conflicto entre Colombia y Venezuela, donde el tono fue bastante fuerte entre los representantes de los gobiernos, o las reuniones de Bariloche el año pasado para entender este cuadro.

El discurso de integración en nuestro continente, por lo general proviene de las izquierdas y a lo interno de cada país, depende del signo ideológico o empatía política de los presidentes en gobierno para que exista una mayor armonía entre ellos. Así tenemos que el discurso de Integración continental sudamericana va aparejado del de luchas de liberación antiimperialistas, civilizatorias, que realzan los rasgos culturales característicos de cada país, como la resistencia indígena en Bolivia.

Este discurso de emancipación e integración tiende a radicalizar proyectos políticos en la región debido a las posiciones de algunas elites económicas que no soportan el discurso de la unidad en la diversidad, y que a su vez, no apuestan a una integración del continente en los aspectos políticos, económicos, culturales, sino que apuestan al margen de maniobrabilidad territorial de sus intereses. Para corroborar esto basta observar las experiencias de Venezuela con el estado petrolero del Zulia y sus pretensiones separatistas ó Bolivia, con la crisis de la media Luna en los departamentos de Beni, Pando y Santa Cruz, que en nombre de la autonomía han pretendido desmembrar al país. En ambos casos, promovidos por sus gobiernos locales, contrarios a la política del ejecutivo.

Aquí juega un rol importante, el signo ideológico de los gobiernos de Hugo Chávez y Evo Morales con las banderas del Socialismo Latinoamericano como parte de sus proyectos de gobierno. Algo cercano también el gobierno del presidente Correa en Ecuador, cuyo enfrentamiento con Washington es más que evidente, por el tema del retiro de la base de Manta, a petición del gobierno.

Esta característica común de confrontación política con Estados Unidos, por parte de Bolivia, Venezuela y Ecuador, toma un matiz distinto cuando nos referimos a Argentina, Brasil, Uruguay o Paraguay, cuyo discurso los acerca más a la potencia del Norte. Se nos presenta entonces un desafío primordial en la construcción de una integración común regional. ¿Sera capaz la UNASUR de sobrevivir en el tiempo, más allá del signo ideológico del gobierno de turno, ya sea de izquierda o de derecha?

Tomemos como punto referencial el conflicto recientemente suscitado entre Venezuela y Colombia, por la denuncia del gobierno de Uribe Vélez ante la OEA, de la presencia de células guerrilleras de las FARC en territorio Venezolano y el papel jugado por la UNASUR en manos de su Secretario General, Néstor Kirchner.

Cronológicamente, dicho proceso se activa el día 22 de Julio del año en curso a través de una petición del embajador colombiano ante la OEA, Luis Alfonso Hoyos, en la sesión extraordinaria del Consejo Permanente del órgano, convocada para tratar las denuncias colombianas sobre la presencia de guerrilleros en Venezuela; esta expresa: “… al país vecino que coopere en la lucha antiterrorista y frene "esta situación tan delicada". También pido al pueblo venezolano que esté atento porque, "con ese crecimiento de las FARC en territorio venezolano tienen un riesgo gravísimo", pues hay unos 87 campamentos en el país vecino donde se esconden y refugian los guerrilleros.

El diplomático afirmó que acude al foro regional porque los esfuerzos de Colombia para conseguir que Venezuela coopere en su lucha contra las guerrillas han sido "infructuosos", al igual que los intentos de mediación de otros países.

La respuesta por parte del gobierno Venezolano en manos de su Canciller Nicolás Maduro no se hizo esperar. Venezuela decide, a raíz de esta acusación, romper relaciones diplomáticas con Colombia y solicita una reunión urgente de la UNASUR, cuya presidencia pro-tempore en manos de Correa activa en sólo cuestión de días. El mismo presidente Correa denunciaría por irresponsable al secretario de la OEA, el chileno José Miguel Insulsa por no asirse al reglamento de dicha institución y haber convocado una reunión del Consejo Permanente sin previo aviso con un tema tan delicado como el que se trató. Este hecho, que hizo perder la credibilidad de la Organización de Estados Americanos ante los gobiernos de Chávez y Correa, a su vez, dio un empuje mayor a la UNASUR, como escenario de concertación política en la región.

Al mismo tiempo, comenzó un periplo diplomático tanto de Venezuela como de Colombia por el continente para hacer valer sus puntos de vista con respecto a esta denuncia.

Hay que señalar algo importante que cambio totalmente el escenario en torno al conflicto, más allá de las gestiones que en UNASUR se llevaban a cabo para restablecer las relaciones entre Colombia y Venezuela. El gobierno de Uribe estaba a sólo días de finalizar su mandato y el candidato electo por Colombia, Juan Manuel Santos, en reunión que sostuvo con la presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, previo a su toma de poder, no quiso hablar del tema; lo cual dejaba dudas sobre su posición en el conflicto, pero demostraba que no se suscribía a la posición de Uribe. Un viraje inesperado estaba por venir en la posición de Colombia con este nuevo gobierno.

Vemos aquí que la UNASUR pasó a estar en el centro del conflicto al ser la institución por donde se canalizaron las reuniones que resolverían este problema internacional. Tanto así fue, que bastó que su Secretario General Néstor Kirchner anunciara su viaje a Venezuela y Colombia para destrabar la ruptura de relaciones entre ambos países y el presidente de Brasil, Luis Ignacio Lula da Silva hizo lo mismo, sólo un día después que el ex presidente Argentino, al punto de que ambos coincidieron en Caracas antes de la toma de posesión del Nuevo presidente Colombiano Juan Manuel Santos.

Esta era la segunda vez que un escenario conflictivo que protagonizaban Colombia y Venezuela, activaba los mecanismos asamblearios de UNASUR. En el último semestre del año pasado, tuvimos en Bariloche, Argentina, la cumbre de presidentes de la UNASUR, como respuesta a la instalación en Colombia de 7 bases Estadounidenses en su territorio.

Se logró para aquel entonces, la firma de un acuerdo por parte de los países de la UNASUR, de profundizar el proceso de creación y coordinación del Consejo de Defensa Suramericano, el cual inspeccionaría dichas bases en Colombia. En aquella reunión la presidenta Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, anfitriona del evento, expreso que se fijaría una doctrina Latinoamericana sobre como la UNASUR, trataría la instalación de bases de un país que no formara parte de la América del Sur, al mismo tiempo, Recordó la experiencia de las Malvinas, donde están instaladas en forma unilateral y por la fuerza, bases de una potencia ubicada fuera de América del Sur.

Es en este marco, en el cual podemos vislumbrar que los desafíos de la UNASUR van mucho más allá de convertirse en un simple espacio de concertación política para materializar lo que se recoge en su tratado constitutivo, el cual reza explícitamente en su artículo segundo : “…Objetivos. La Unión de Naciones Suramericanas tiene como objetivo construir, de manera participativa y consensuada, un espacio de integración y unión en lo cultural, social, económico y político entre sus pueblos, otorgando prioridad al diálogo político, las políticas sociales, la educación, la energía, la infraestructura, el financiamiento y el medio ambiente, entre otros, con miras a eliminar la desigualdad socioeconómica, lograr la inclusión social y la participación ciudadana, fortalecer la democracia y reducir las asimetrías en el marco del fortalecimiento de la soberanía e independencia de los Estados.”

Fortalezas

A nuestro modo de ver, estos primeros desafíos que se le han venido presentando a la UNASUR, al menos en el terreno político, le han dado un protagonismo continental no visto en Instancias anteriores a su creación, al punto de que, el Canciller Héctor Timerman de Argentina recibió elogios por parte de la Secretaria de Estado de Estados Unidos Hilary Clinton, en reunión reciente celebrada en Washington, por el hecho de fungir como mediadora, la Argentina, en el conflicto Colombo-venezolano, a través de Néstor Kichner. Es notable resaltar que en sus declaraciones, Clinton omite que el mismo es el Secretario Actual de la UNASUR.

En cuanto al tema de las 7 bases, la incidencia de la UNASUR, ha hecho cambiar de posición la visión colombiana. El Nuevo gobierno de Santos, en informes que enviará a Washington, pondrá a flote el punto de vista de la UNASUR, recogido en Bariloche el año pasado; y en cuanto al tema del conflicto entre Colombia y Venezuela, de no haber sido por esta Instancia, no se hubiera restablecido plenamente las relaciones entre ambas naciones. Esta misma semana, 5 comisiones de trabajo entre ambas cancillerías tocarían temas relacionados al intercambio comercial, seguridad y defensa mutua, entre otros, en Caracas; justo después de la reciente reunión del presidente venezolano, Hugo Chávez Frías con su homólogo colombiano Juan Manuel Santos. Hecho impensable hace tan sólo unas semanas atrás y que Promovió la UNASUR.

Se muestra entonces la UNASUR como una instancia confiable para los intereses de la región y que de seguir este camino, prontamente pasará a ser una instancia de representación ante el mundo, tanto por la pronta resolución de estos conflictos descritos, lo que genera confiabilidad, como por una agenda de trabajo mancomunado que se está llevando a cabo en temas económicos muy sensibles para la región. Un Banco Central regional que evite los vaivenes de crisis sistémicas del capitalismo mundial, el tema de inversión, la coordinación del Consejo de Defensa Sudamericano, los derechos humanos y la libre autodeterminación de los pueblos, lo que a la larga tendrá un impacto en la vida directa de los ciudadanos del continente cuya expresión a través de este nuevo organismo de concertación política comienza a tener expresión en los foros internacionales. Hemos notado que distintas organizaciones populares en el continente, dan su apoyo irrestricto a la UNASUR, por ser una instancia novedosa y efectiva de representatividad en nuestra región y ante el mundo.

Otro asunto importante que da fortaleza a la UNASUR, más allá de lo que determinados gobiernos con signos derechistas promovieran en sus campañas políticas para llegar al poder, tiene que ver con los hechos concretos de los mismos ya en situación mandataria. Veamos los ejemplos de Chile y Colombia que a pesar del vaticinio de muchos intelectuales de la derechización del continente por el triunfo de Piñera en el cono sur. Lo cierto es que este presidente, ya en situación de poder, ha tenido un discurso proclive a la integración en el continente y a acompañado con algunas acciones este discurso. Más sorprendente aún para muchos incrédulos, es la actitud asumida por el presidente Santos en Colombia, apenas asumir el poder, en el acto en Bogotá, ante gran parte de los mandatarios de los países que componen la UNASUR, propuso un acercamiento con Venezuela y se alejó de la posición Uribista de confrontación con el bloque. El Momento es especial para la región, si se aprovechan estas oportunidades, como lo dijimos anteriormente, el mundo comenzará a ver con distintos ojos el continente, en momentos de desafíos, ya no sólo de impacto continental, sino mundial, Latinoamérica está volviendo a narrar su propia historia.

fhadesgp@yahoo.com.mx

 

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