Destouches en el Païs de los Soviets

Es el arte de manipular y subvertir. El comunismo en 1936 se le presenta a Céline-Bardamu como una variante, la penúltima, de mistificación materialista, que no alcanza a aprehender la complejidad de la totalidad, y mucho menos de la vida. "La miseria persigue implacable y minuciosamente al altruismo y las más gentiles iniciativas son impíamente castigadas", es el mensaje que resuena en la bóveda injuriosa del "Mea Culpa".
Pero la URSS tiene otra mentira aplicada: el maquinismo, el taylorismo (la versión leninista: el stakhanovismo) más feroz y explotador que en las propias usinas Ford de Detroit (en la cual trabajó). "Para el espíritu, para la alegría, en Rusia, hay la mecánica La máquina es la infección misma ¡La derrota suprema!... Yo he sido médico en la Ford y sé lo que digo ¡Todos los Fords se parecen, soviéticos o no!".
Se ríe a carcajadas de la figura del mito soviético al trabajo: el minero Aleksei Grigorievich Stakhanov ("¡Minero! ¡La mina es tuya! ¡Desciende! ¡Ya no harás más huelga! ¡Ya no te quejarás nunca más!"). Concluye: "un sistema comunista sin comunistas. ¡Tanto peor! ¡Pero que nadie de afuera se de cuenta! ¡El que lo diga será ahorcado!".







