Diez ideas para el debate

1- Después de tres décadas existen en la Argentina condiciones para desarrollar un proyecto político popular con posibilidades de incidencia real y aportar al desarrollo de transformaciones sociales importantes.
2- Estas condiciones se asientan en:
A) Existen núcleos de activistas de base y construcciones genuinas que han demostrado capacidad de resistir y construir políticas autónomas desde sus lugares de inserción, con una perspectiva transformadora. Estos núcleos existen en el sector de trabajadores ocupados (y están agrupados en el MIC, Movimiento Intersindical Clasista), en el sector de desocupados y estudiantil (y están expresados en el FPDS, Frente Popular Darío Santillán, y otras expresiones menores como la UTP, Union de Trabajadores Piqueteros) y en el sector campesino (y están representados en el MCI, Movimiento Nacional Campesino e Indígena).
B) Estos núcleos no están desconectados ni aislados. Están ligados por algunas actividades en conjunto que les permiten reconocerse, pero además cruzados por múltiples relaciones con grupos mas pequeños de derechos humanos, culturales, territoriales, de aporte militante e intelectual que conforman una galaxia común donde todos empiezan a reconocerse.
C) El cambio cultural producido a partir de la rebelión del 2001, hechos internacionales como el empantanamiento del imperialismo yanqui en Irak, y los procesos populares latinoamericanos, y al que incluso aporta el propio gobierno de Kirchner con sus reivindicaciones de los derechos humanos (liquidación de la teoría de los dos demonios) y la mirada latinoamericana, generan un espacio cultural e ideológico mucho más favorable para que se pueda desarrollar una propuesta popular transformadora.
D) Hay una debacle del conjunto de la centroizquierda, que no tiene capacidad alguna de armar propuestas aglutinadoras. La CTA [Central de Trabajadores de Argentina] está fracturada por el oficialismo, la propuesta de la [diputada] Carrió es inconsistente socialmente e indefinida ideológicamente, los partidos del espacio de izquierda (PI, PC, PSA) vienen de una debacle electoral. El único exitoso (Binner) parece más proclive a aliarse con el oficialismo.
3- El gobierno de Kirchner tiene todavía un margen de consenso y estabilidad que nos da tiempo para organizar más eficazmente la resistencia y estar en mejores condiciones cuando las condiciones políticas se deterioren, y se abran nuevas opciones de confrontación masiva. Estimamos que esto puede suceder en un periodo no inferior a dos años.
Ese es el tiempo que tendríamos que darnos para instalar un nuevo espacio político de oposición extendido nacionalmente.
4- El proyecto político popular puede asentarse en la existencia de construcciones de base genuinas (lo que permite la existencia de asambleas de base) y en compartir una percepción de cuáles son los ejes políticos a reivindicar, el discurso político adecuado y a elegir las batallas políticas en que vamos a participar.
Lo podemos imaginar fuera de las lógicas sectarias que compiten por la dureza de los documentos o la dureza de las acciones, pero sí muy fuertemente comprometido con la formación de miles de activistas y militantes de base, capaces de sustentar, pensando con cabeza propia, sólidas construcciones políticas y sociales.
No va a estar al margen de las luchas reivindicativas, pero no se va a construir sobre alianzas generadas desde lo reivindicativo que pueden ser mucho más amplias. A modo de ejemplo: la lucha de los desocupados por los $350 [se pide aumentar a 90 euros la ayuda social mensual] junto a un amplio arco de fuerzas piqueteras, con muchas de las cuales no nos imaginamos compartir un proyecto político común.
5- Un proyecto popular contiene a fuerzas sociales y políticas de izquierda, pero también a espacios de centroizquierda. Lo que define el rumbo de ese proyecto popular es la correlación de fuerzas entre esas dos tendencias. Por la propia debilidad de la centroizquierda, estamos en un buen momento para hacer una propuesta amplia y salire a disputarle al gobierno, espacios y figuras del progresismo.
6- Un proyecto popular debe reconocer un carácter movimientista en el sentido de aceptar que sus militantes puedan provenir desde distintos orígenes políticos, pero también debe aspirar a construir en el tiempo nuevas síntesis políticas. Valorizar desde un principio la constitución de tendencias, sin que estén avaladas por diferencias surgidas en el tiempo en construcciones comunes, fomenta luchas internas ideologizadas y dilapida esfuerzos para encontrar conjuntamente respuestas a las incógnitas políticas que presenta cada nuevo paso a transitar.
7- La disputa de espacios institucionales (centro de estudiantes, sindicatos, bancas legislativas o puestos ejecutivos) no es un objetivo en sí mismo, sino una decisión que debe subordinarse a su utilidad para la construcción de poder popular, contemplando en primer lugar el marco general de la situación del país y estado de construcción de la fuerza popular y en segundo lugar las particularidades locales y específicas del lugar en disputa.
8- La existencia de experiencias y recursos militantes suficientes para sustentar un proyecto político con posibilidades no es suficiente para que esta se concrete. Tiene que existir la conciencia de que cada parcialidad va a enfrentar dificultades mucho más grandes si se quiere desarrollar individualmente, incluso a riesgos de su propia subsistencia en el tiempo.
Debe existir una voluntad muy fuerte de articular con los costos que implica. Asumir que algunos grupos muy ideologizados o con visiones mas corporativistas no van a aportar a la articulación, la van a resistir o pueden bajarse de los proyectos existentes.
Debe asumirse que hay tiempo, pero no todo el tiempo. Las oportunidades históricas no son permanentes, ni eternas. El marco político ideológico favorable y la debacle de la centroizquierda, por ejemplo, pueden revertirse en unos pocos años y hasta pueden surgir otros liderazgos menos promisorios que terminen aglutinando lo mismo que fuimos incapaces de juntar.
Las propuestas con mayor construcción social tienen que conducir el proceso y ayudar a vertebrar al resto. Los procesos de construcción no son evolutivos, o pueden realizarse por simple coordinación de esfuerzos.
9- Los ejes políticos a impulsar conjuntamente no pueden ser corporativos sino que tienen que proyectarse tratando de abarcar al 80% de los argentinos que son las victimas del neoliberalismo. Vincular la defensa de los recursos naturales que son parte del patrimonio nacional, con el trabajo. El aumento de salarios y planes con el crecimiento del mercado interno y el desarrollo de una economía endógena. La defensa de los derechos humanos con la plena vigencia de los derechos sociales y la respuesta al reclamo de justicia de todos aquellos que son agredidos, despojados o discriminados por este sistema.
Vincular luchas populares nacionales con objetivos de los pueblos latinoamericanos como es salir de la pobreza y la exclusión social, y avanzar en el autoabastecimiento energético, la soberanía alimentaria y el desarrollo de la educación y salud pública, gratuita y de excelencia. Promoviendo como ejes centrales de los cambios al protagonismo popular y a la autonomía de los pueblos.
Motivos para luchar, surgen cotidianamente. No podemos poner el mismo esfuerzo en todas las luchas. Parte de nuestra discusión es elegir las batallas políticas a disputar, por su posibilidad de ser proyectadas a las mayorías populares y la posibilidad de acumular triunfos que fortalezcan la confianza en nuestras propias fuerzas y la organización. La lucha por Darío y Maxi [piqueteros asesinados por la policía en junio del 2002], que fue proyectada doblemente como símbolo de la persecución a los jóvenes del conurbano y de la represión política a los militantes populares, nos permitió alcanzar un triunfo parcial pero de referencia nacional como fueron las condenas a perpetua a Franchiotti y Acosta.
10- Ningún proyecto político se construye espontáneamente, evolutivamente, o en un solo acto fundacional. Creo que lo más sensato es pensar que ese proyecto político ha empezado a construirse subterráneamente en la maduración de distintas experiencias que desde distintos reclamos, orígenes políticos y ubicaciones regionales van arribando a parecidas conclusiones.
La cuestión ahora parece ser avanzar en ese reconocimiento y en la confianza imprescindible haciendo cosas juntos. Buscando obsesivamente una agenda común. Desde cuestiones tan elementales como marchar juntos el 24 de marzo, aniversario de los 30 años del golpe, donde el gobierno tratará de arrebatar esa bandera a quienes seguimos reivindicando los mismos ideales de los que fueron desaparecidos, encarcelados, torturados y exiliados por los militares.
Hace pocos días circuló por el grupo de mail de la Intersindical Clasista una convocatoria de las organizaciones sindicales autónomas de izquierda de Venezuela, dirigida al movimiento Campesino Ezequiel Zamora y organizaciones territoriales de base, a unirse para profundizar el proceso popular venezolano, y al final planteaba una serie de ejes políticos y reclamos concretos para desarrollar una lucha conjunta.
Venezuela no es la Argentina, ni Chávez es Kirchner, pero los movimientos sociales de base se parecen. Nos falta a nosotros avanzar en la conciencia de que solos no podemos, pero juntos tenemos muchas posibilidades.







