Diplomacia, negociación y chivos expiatorios
Incapaz de presentar un plan realista para avanzar hacia la paz en Ucrania, quizá porque no es el interés en este momento, la UE sigue exigiendo aspectos que hacen inviable cualquier acuerdo
"Fue Rusia quien rechazó el plan de paz preparado por EEUU, no Zelensky. La única respuesta rusa fueron nuevos ataques con misiles contra ciudades ucranianas. Por eso, la única solución es aumentar la presión sobre Rusia. Y todos lo sabéis", escribió el viernes el primer ministro de Polonia Donald Tusk, que hace unos días apelaba a los tres mosqueteros para proclamar un "uno para todos y todos para uno" en busca de unidad en el bloque atlantista.
El comentario de Donald Tusk respondía a una "exclusiva" publicada por Reuters en la que la persona más importante del proceso de negociación, Trump, volvía a realizar unas declaraciones que no han sido del gusto de los aliados europeos. "Trump dice que Zelensky, no Putin, está retrasando un acuerdo de paz en Ucrania", titulaba la agencia en una breve nota en la que afirmaba que "en una entrevista exclusiva en el Despacho Oval el miércoles, Trump dijo que el presidente ruso Vladimir Putin está dispuesto a poner fin a su invasión de Ucrania, que dura ya casi cuatro años. Zelensky, según Trump, se ha mostrado más reticente".
El texto no cita las palabras textuales de Trump, que tampoco explica en qué términos ha mostrado Rusia estar dispuesta a "poner fin a su invasión", teniendo en cuenta que ese no es un término que haya sido utilizado en ningún momento por el Kremlin para describir la guerra. La rápida reacción de aliados como Polonia en defensa de Zelensky responde, al estado de las negociaciones y a la forma en la que se están gestionando.
Aunque los contactos con Rusia prosiguen y Kiril Dmitriev se ha reunido con Steve Witkoff en paralelo a los encuentros EEUU-Ucrania, por última vez en París tras el anuncio de principio de acuerdo de las garantías de seguridad para Kiev, la negociación se encuentra aún en la fase bilateral. En este punto, el tema de negociación son las garantías de seguridad que Eueropa exige a sus socios, aspecto que quiere tener atado y bien atado para posteriormente tratar de rebajar las demandas de Washington en la cuestión territorial, que debía actuar como zanahoria para que Moscú acate unas condiciones a priori inaceptables en materia de seguridad.
Si la negociación pasa a tratar de imponer el acuerdo Washington-Bruselas-Kiev a Moscú en materia de seguridad, será el Kremlin quien diga no, pero la diplomacia trumpista no ha llegado aún a ese punto, por lo que es el momento de Zelensky, no de Putin, de ser reticente a aceptar una paz que no le gusta. En esa disyuntiva, la continuación de la guerra sigue siendo el escenario considerado más favorable. Aunque la situación de la población es dramática y ayer el Gobierno declaró el "estado de emergencia energética", Kiev se aferra a su discurso habitual, como afirmó el embajador de Ucrania en la ONU "Rusia es un coloso con pies de barro" al borde del colapso. Solo una paz en sus términos, una utopía teniendo en cuenta el estado del frente, puede satisfacer a Kiev y a las capitales europeas.
"Si logramos, a largo plazo, encontrar de nuevo un equilibrio con Rusia, si prevalece la paz, si se garantiza la libertad, si logramos todo esto, señoras y señores, entonces la Unión Europea, y también nosotros, la República Federal de Alemania, habremos superado otra prueba importante. Deseo esto para nosotros", proclamó ayer Friedrich Merz. Para atisbar el tipo de paz que espera el canciller alemán en un futuro a corto plazo, es preciso recordar su tribuna publicada en Financial Times, presentación de su plan para expropiar los activos rusos retenidos en la Unión Europea y su uso exclusivamente militar. Fracasado ese plan, Merz y el resto de líderes europeos -con las excepciones de Hungría, Eslovaquia y República Checa- aprobaron el préstamo de 90.000 millones de euros, dos tercios de los cuales ha de ser necesariamente empleado en el sector militar.
Solo un tercio de esa financiación ha de colaborar al sostenimiento del Estado, el apoyo a la población, la reconstrucción o la reparación de los daños causados por los misiles rusos, más eficientes que nunca y que actualmente han dejado decenas de fábricas militares destruidas y a miles de personas sin calefacción en el momento más duro del invierno ucraniano.
Por si quedaba alguna duda de que el líder alemán presagia la continuación de la guerra, la semana pasada exigió a Zelensky revocar la flexibilidad para salir del país que Ucrania otorgó el año pasado a los hombres jóvenes en edad militar pero aún no en edad de reclutamiento. La imagen de Ucrania como un proxy que debe continuar luchando y poniendo los muertos por la causa común se repite constantemente en el discurso europeo.
Incapaz de presentar un plan realista para avanzar hacia la paz, quizá porque ese no es el interés en este momento, la Unión Europea sigue exigiendo aspectos que hacen inviable cualquier acuerdo en cada una de sus propuestas. La idea de los 'hubs' militares de los países europeos de la OTAN en Ucrania es solo el último ejemplo. No hay mejor forma para conseguir un no de Rusia que añadir ese tipo de ideas, tras las que un comentario de Sergey Lavrov o de Dmitry Peskov respondiendo a una pregunta de la prensa es suficiente para proclamar que Rusia ha rechazado la diplomacia que no se le ha ofrecido.
De esa forma, puede seguir utilizándose a Ucrania para justificar el aumento del gasto militar, la necesidad de reforzar la OTAN o subrayar la obligación moral de los países europeos de adquirir armas europeas y no norteamericanas. "Si hace un año Ucrania dependía abrumadoramente de las capacidades de inteligencia estadounidenses, hoy Francia proporciona dos tercios de esa capacidad. Dos tercios", proclamó ayer Emmanuel Macron, que olvidó mencionar que las armas más necesarias para Ucrania en estos momentos, sistemas de defensa aérea y su munición, proceden de EEUU y no de Francia.
Las palabras de Macron y su idea de limitar el uso de la financiación europea a armamento continental no solo responden a la lógica de la guerra de Ucrania, sino a la coyuntura internacional general y al conflicto interno que ha causado en el bloque atlantista la postura de Trump con respecto a Groenlandia. Someterse a las posiciones de EEUU en cuanto a Palestina o Irán el año pasado y a Venezuela este 3 de enero no ha servido a los países europeos para evitar convertirse en blanco de las ambiciones de Trump, que exige la cesión de Groenlandia e insiste en que "cualquier otra opción es inaceptable".
Los países europeos ven con sorpresa cómo las violaciones del derecho internacional que siempre se han cometido contra otros países apuntan ahora a uno de los suyos. En este sentido, las palabras del miércoles de Sergey Lavrov, que afirmó que los estadounidenses "actúan exclusivamente en su propio interés, ignorando todas las normas que los propios estadounidenses promovieron cuando impulsaban el modelo que llamaron «globalización». Y luego, como mencioné, abandonaron todos sus propios principios" no deberían sonar ajenas.
En realidad, lo perciban o no, los países europeos se encuentran en la misma situación que Rusia con respecto a EEUU, que no distingue entre aliados y rivales y que quiere imponer a cada uno el rol que espera para ellos en cada momento. "Por supuesto, eso hace pensar que nuestros colegas estadounidenses parecen poco fiables cuando se comportan de esta manera", sentenció Lavrov, unas palabras que no presagian un pronto entendimiento entre Washington y Moscú, pero que sí denotan una percepción de la realidad que sigue ausente en las capitales europeas.
Sin saber qué hacer al encontrarse en la posición en la que durante décadas han puesto a sus enemigos, los aliados europeos de la OTAN han reaccionado a las amenazas estadounidenses a la integridad territorial de uno de los suyos, no con resistencia política, sino sumándose al discurso de quien les amenaza y ofreciendo la receta habitual, más OTAN y más militarización contra los dos "enemigos", Rusia y China, chivos expiatorios tanto en aquello en lo que participan como en lo que están ausentes.
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