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21/05/2008 :: Cuba

Dos visiones de izquierda de la Cuba actual

x Samuel Farber y Saul Landau
Dos conocidos y respetados analistas de izquierda, han expuesto recientemente para la revista norteamericana Foreign Policy Focus sus distintos puntos de vista sobre el presente y el futuro político, económico y social de Cuba.

Dos visiones de izquierda de la Cuba actual: (1) La vida después de Fidel
Samuel Farber
18/05/08

La renuncia oficial de Fidel Castro al puesto de jefe del estado cubano, aunque esperada, ha sido un momento crucial que ha planteado grandes interrogantes sobre el futuro de Cuba. Su hermano menor Raúl, que oficialmente ya ha asumido el mayor puesto oficial del país, había antes sustituido "temporalmente" al comandante en jefe el 31 de julio de 2006, después de que Fidel Castro se retirara debido a una grave enfermedad, cuya naturaleza ha sido declarada secreto de estado.

La decisión de los dirigentes cubanos de escoger a José Ramón Machado Ventura, de 77 años, como sucesor de Raúl Castro, ha sido sorprendente pero reveladora. La mayoría de los observadores, incluido quien esto escribe, esperaban el nombramiento de Carlos Lage, un médico aún en la cincuentena, con reputación de moderado, y que desde hace años ha jugado un papel relevante en la dirección de la economía cubana. Los dirigentes cubanos han designado en cambio a un partidario de la línea dura que se ha dedicado a preservar la pureza ideológica del sistema. Machado Ventura también ha ayudado a consolidar la influencia del ejército en las más altas esferas de poder del gobierno, permitiendo con ello una sucesión del status-quo que aseguraría la continuidad del actual sistema.

Existen diferencias políticas tanto en la jefatura como en la intelligentzia del país sobre la cuestión del cambio político y económico, dudas acerca de sus futuras relaciones con los círculos militares dominantes. Al mismo tiempo, hemos podido ver signos de nuevas protestas desde abajo que podrían frustrar los planes de la elite. Y existe además una presión exterior, particularmente desde los Estados Unidos, que indudablemente tiene un importante impacto en cualquier tipo de transición política que tenga lugar en la isla.

Desintegración social

Las discusiones políticas sobre el futuro de Cuba están teniendo lugar con una considerable desintegración social como telón de fondo. En un importante discurso realizado en la Universidad de La Habana en noviembre de 2005, Fidel Castro ya señaló que la corrupción se había extendido tanto, que temía que pudiera destruir la revolución desde dentro. Buena parte de esta corrupción es el resultado de graves penurias económicas. A pesar de que ha habido mejoras materiales significativas, especialmente en la distribución de electricidad –los apagones casi han desaparecido— y en el transporte público de La Habana, el país no se ha recuperado completamente de la tremenda crisis que trajo consigo la desaparición del bloque soviético.

Sanidad y educación, las áreas que fueron testimonio de un mayor progreso desde los primeros días de la revolución, fueron gravemente perjudicadas por la crisis. Ha habido una preocupante escasez de profesores, debida sobre todo a los bajos salarios que prevalecen en el sector. Entre los efectos de esta crisis del sistema educativo cubano destacan la sustitución de profesores por clases televisadas y la cada vez mayor importancia de las clases particulares remuneradas, una tendencia que fue observada con preocupación por el periódico Juventud Rebelde el 30 de mayo. Hay una importante escasez de medicinas y provisiones médicas en las clínicas y hospitales que atienden a la población general (que contrasta con las instalaciones sanitarias disponibles para la elite política y los "turistas sanitarios"). La crisis sanitaria se ha agravado a causa del intercambio de médicos por petróleo con Venezuela, que ha provocado una falta de médicos de cabecera en el otrora muy apreciado programa de médicos de familia, así como entre los especialistas a los cuales estos pacientes eran remitidos.

Además, la cartilla de racionamiento oficial cubre solamente la mitad de las necesidades alimenticias de la población. El resto debe obtenerse en el mercado libre a precio de peso convertible (que es aún más caro que el dólar). La Comisión Económica de las Naciones Unidas para Latinoamérica (ECLA, por sus siglas en inglés) estima que el 62% de los cubanos tiene acceso a esta moneda fuerte (en cantidades muy variadas), mientras que el 20% de la población urbana de la isla se encuentra en riesgo de no ser capaz de cubrir sus necesidades mínimas básicas (Cuba es actualmente urbana en un 75%). No es ninguna sorpresa que el robo, sobre todo de la propiedad estatal (incluyendo incluso partes del tendido eléctrico), y todo tipo de chanchullos se hayan convertido en el pan de cada día para un buen número de cubanos. Últimamente, la prensa cubana ha informado de un creciente número de incidentes que sugieren una crisis social generalizada más allá de la corrupción y del quebrantamiento de la ley con fines utilitarios. Estos incidentes van desde el absentismo escolar, el alcoholismo y el declive del civismo a hechos mucho más graves, como los ataques espontáneos a autobuses que recorrían barrios pobres y algunos casos de gamberrismo sin precedentes en acontecimientos deportivos.

Las reformas de Raúl

Raúl Castro está tratando de incrementar a corto plazo su apoyo popular y su legitimidad garantizando reformas económicas para eliminar las restricciones actuales, particularmente en lo que se refiere a la vida económica del país, mientras mantiene firmas las riendas con el objetivo de prevenir cualquier viso de democratización de la sociedad cubana. Ésta parece ser su respuesta, discrecional y selectiva, a las demandas populares expresadas tras su llamada –en el discurso del 26 de julio de 2007— a la organización de un debate franco y abierto de alcance nacional.

No es la primera vez que se hace una llamada de este tipo en la isla. Algo parecido ocurrió en el periodo anterior al IV Congreso del Partido Comunista en 1991. En aquella ocasión, sin embargo, la prensa oficial publicó frecuentemente las propuestas hechas en reuniones de comunidades y lugares de trabajo, aunque con escaso o ningún efecto práctico. Algunos cubanos describen este tipo de apertura institucionalizada como la "cultura del montacargas": las propuestas son enviadas hacia arriba, a las autoridades, y las respuestas de éstos bajan sin que la gente pueda responder o actuar por otras vías. En otras palabras, la gente tiene prohibido organizarse independientemente, fuera de los canales oficiales, prohibición que tiene como fin prevenir la confrontación directa con los dirigentes y cortocircuitar cualquier petición de soluciones a sus problemas.

Así las cosas, Raúl Castro ya ha retirado la prohibición de comprar teléfonos móviles, computadoras y otros electrodomésticos, así como suministros y utensilios agrícolas. También ha retirado la prohibición a los cubanos de hospedarse en los hoteles para turistas y de alquilar automóviles. Estas concesiones sólo benefician, sin embargo, a los cubanos que tienen acceso a la moneda fuerte. Raúl Castro ha retirado el tope de los salarios estatales y está dispuesto a sentar las condiciones que permitan a más cubanos establecerse laboralmente por su cuenta en las ciudades. Ha empezado también a distribuir a los campesinos grandes porciones de tierra estatal sin cultivar, la mayor parte de las cuales pasaron a estar disponibles con las pérdidas drásticas que afectaron a la industria azucarera. Una medida como ésta, si fuera considerablemente extendida, abriría la caja de Pandora, con consecuencias políticas que merecen ser tenidas en cuenta. De él se espera en el futuro próximo que relaje las duras restricciones de viajar al extranjero, y que reduzca, o directamente elimine, las desorbitantes cantidades de dinero, hogar y otras propiedades personales que los cubanos tienen que abandonar, si quieren que se les permita emigrar. Por encima de todo, Raúl Castro mantendrá su propio estilo de gobierno limitando la frecuencia de las manifestaciones políticas que interrumpan las rutinas políticas, delegando funciones en vez de librarse a la gestión del pequeño detalle, y reduciendo las repentinas y arbitrarias improvisaciones en el campo de la economía. En otras palabras, Raúl intentará formar, como base para sus reformas, una clase burocrática "normal" que le permita poner fin, substituyéndolo, al caótico desorden dimanante de un bonapartismo carismático.

Ya sobreviva Raúl a su hermano mayor, ya continúe el ejército manteniendo su supremacía actual tras la muerte de Fidel, los dirigentes cubanos adoptarán probablemente alguna variante del modelo vietnamita o chino que Raúl tanto admira. Este modelo reduciría la apertura democrática a una economía capitalista de libre mercado bajo la dirección de un estado autocrático de partido único controlado en su mayor parte por el ejército. La base material para un modelo como éste prácticamente ya existe, si tenemos en cuenta el papel dominante en la economía que las Fuerzas Armadas Cubanas, a menudo en conjunción con capital extranjero, han jugado al menos desde principios de los noventa tras el desplome de la Unión Soviética. El ejército ha estado coordinando sus actividades económicas a través de una corporación llamada GAESA; uno de sus holdings, Gaviota, es probablemente la mayor empresa turística en Cuba. Oficiales del ejército de alto rango han estado dirigiendo otros importantes sectores de la economía, como la industria azucarera. Resulta significativo que Raúl Castro haya promocionado recientemente a otro miembro de la vieja guardia, el comandante general Julio Casas Regueiro, a Ministro de Defensa. Casas perfeccionó el rendimiento empresarial y la eficacia basada en métodos de organización capitalistas en las compañías dirigidas por el ejército (los mismos métodos también han sido empleados en algunas empresas civiles). Las actividades económicas del ejército han creado un importante estrato de técnicos militares y directores ejecutivos, "hombres de negocios en uniforme" que, junto a sus homólogos civiles en iniciativas empresariales con capital extranjero, constituyen la base social principal para el posible surgimiento de un modelo sino-vietnamita en Cuba.

Comunistas liberales versus Talibanes

Desde hace cierto tiempo, una tendencia comunista liberal apoyada por la mayoría de los intelectuales, académicos y artistas de la isla, ha venido actuando con cautela, y seguirá jugando, según parece, un papel importante en el futuro inmediato. Recientemente, este grupo hizo notar su presencia en el congreso de la UNEAC –Unión de Escritores y Artistas Cubanos— que tuvo lugar a primeros de abril. Esta tendencia tiende a favorecer una apertura de mercado, pero no según pautas neoliberales, sino más cercana a las reformas moderadas de mercado que se intentaron llevar a cabo en Europa del Este antes de la caída del Muro en la década de los 80, e incluso antes. Además de estas reformas económicas, a los comunistas liberales también les gustaría ver reformas democráticas que condujeran a una Cuba más pluralista, quizá incluyendo incluso la presencia de diferentes fracciones políticas en el seno del Partido Comunista Cubano. Estos puntos de vista son publicados y predominan en publicaciones de relativamente escasa circulación, como La Gaceta de Cuba, Temas, Revolución y Cultura.

Aunque estas reformas democráticas no serían aceptables para un futuro grupo dirigente "sino-soviético", los liberales de mercado y los autócratas de mercado forjarían una alianza temporal, ya que la introducción del mercado acarrearía una liberalización en el terreno social. Este hecho podría llevar a reformas que están actualmente bajo consideración y pronto podrían ser anunciadas, como una reducción de las restricciones para viajar al extranjero, una mayor libertad para las pequeñas empresas, el derecho a alquilar, comprar y vender la propia casa y un mayor acceso a Internet, aun dentro de las limitaciones de la censura. Cualquier concesión material que un régimen como el cubano sea capaz de proporcionar a los intelectuales (la base social de los actuales comunistas liberales) prolongará la vida de semejante alianza.

Lo que sí es seguro es que los fidelistas de línea dura se resistirán a los cambios liberalizadores en la economía y lucharán contra cualquier intento de democratizar la política. En Cuba se les llama "talibanes", y en el grupo se incluye a gente como Felipe Pérez Roque, el jefe del estado mayor de Fidel Castro y actual Ministro de Exteriores. El centro principal del poder "talibán" se encuentra en el Grupo de Apoyo a Fidel Castro y entre algunos sectores del aparato del Partido Comunista, sobre todo en las provincias, que incluyen a personas que fueron personalmente formadas por el comandante en jefe. El Grupo de Apoyo, constituido por figuras como Carlos Valenciaga, el secretario personal de Fidel Castro, han sido marginadas por Raúl Castro. Apodados jocosamente "los huerfanitos", han jugado un papel clave en la "Batalla de Ideas" de Fidel Castro. Esta "batalla" implicó no sólo luchas políticas e ideológicas acompañadas de manifestaciones masivas, sino también la realización de proyectos económicos que a menudo se desviaban de los planes preestablecidos y usurpaban el poder y las funciones de los departamentos y ministerios gubernamentales.

Los "talibanes" no tienen ningún futuro político mientras el ejército esté bajo el liderazgo de Raúl Castro, o quienquiera le suceda, y permanezca unido y capaz de llevar a cabo importantes reformas económicas a corto plazo que incrementen su legitimidad y popularidad entre la mayoría de la población. La transición China es un buen ejemplo con el que comparar el papel jugado por los "talibanes": sus equivalentes asiáticos fueron la "Banda de los Cuatro" y quienes permanecieron apegados al viejo sistema estalinista. Ninguno de ellos fue rival para Deng y lo que prometió: una mejora del nivel de vida y un alivio de las arbitrariedades y mobilizaciones sin cuento de Mao.

Tendencias políticas

Como en muchas otras transiciones post-comunistas que han tenido lugar desde los ochenta, hay un apoyo muy poco significativo en Cuba a una economía y a una sociedad de tipo colectivista controlada desde la base mediante una política abierta y democrática. El panorama político parece limitarse a tres puntos de vista: dos de éstos apoyan la existencia de un estado de partido único aun difiriendo entre sí en lo tocante al grado en que debería Cuba abrirse a una economía de mercado. Un tercer punto de vista, influyente entre intelectuales y académicos, apoya la liberalización y la democratización de la sociedad, pero dentro del contexto de un giro hacia el mercado de impronta poco menos que neoliberal. Sin embargo, el sentir popular en Cuba es tal, que, aun a pesar del creciente de personas tenadas a pensar que el capitalismo es el mejor sistema para producir bienes y servicios, la mayoría defiende ferozmente la sanidad, la educación y otros servicios sociales públicos y gratuitos que ganaron en los primeros años de la revolución.

Las abundantes historias ya conocidas de transición al capitalismo sugieren que una transición capitalista en Cuba estaría muy lejos de adoptar una forma relativamente benigna. Más bien seremos testigos de varias "terapias de shock" y agudas reducciones en el gasto y las instituciones del "estado del bienestar", reducciones impuestas por el dominio dictatorial del ejército en colaboración con el capital extranjero y el emergente capital nacional. También podemos esperar un papel determinante de los EEUU. en los asuntos internos de la isla con un ajuste estructural del estilo del FMI, privatización y políticas de austeridad que tendrían un efecto devastador, particularmente entre los pobres y la población negra cubana. Las posibilidades de un cuarto punto de vista, el de las políticas democráticas anticapitalistas, hay que cifrarlas en la oposición popular a una transición como la mencionada.

Precisamente, los acontecimientos recientes en la isla parecen sugerir la aparición de una tendencia en este tipo. El año 2007 puede que haya sido testigo del incipiente arranque de una transición de las políticas de queja individual –que ganaron una difusión particularmente relevante con la crisis provocada por la caída del bloque soviético a principios de los noventa— a políticas de resistencia colectiva. El año empezó con la protesta de los intelectuales y artistas cubanos contra la reaparición pública de tres individuos asociados con las viejas políticas culturales represivas, quienes purgaron a numerosos intelectuales y artistas destacados en el periodo más oscuro de los 70: Luis Pavón Tamayo, Armando Quesada y Jorge "Papito" Sergueras. La protesta fue políticamente limitada, ya que nunca desafió a la censura ni planteó preguntas acerca de quién había dado las órdenes de que volvieran estos funcionarios de la represión cultural; pero era inédita en Cuba, pues empezó de manera espontánea por correo electrónico y permitió a los artistas e intelectuales poner a prueba su músculo político y su independencia frente al control del estado de partido único. El gobierno trató de contener la protesta, pero los manifestantes consiguieron obtener con éxito una declaración oficial de reafirmación de las relativamente tolerantes políticas culturales actuales.

Desde entonces han tenido lugar varios acontecimientos que confirman que algo se mueve en el país. En septiembre de 2007, algunos cientos de estudiantes se manifestaron abiertamente en la Universidad de Oriente de Santiago de Cuba en protesta por las precarias condiciones de vida y educativas, así como por la falta de seguridad para las estudiantes. La protesta estudiantil debe de haber sido importante, pues el gobierno consideró necesario organizar una gran contramanifestación oficial en Santiago de Cuba a primeros de octubre de reafirmación del apoyo al régimen. Hay noticias sin confirmar de que muchos de los manifestantes fueron expulsados de la universidad; pero los medios de comunicación controlados por el gobierno han mantenido un silencio absoluto respecto de este asunto. En enero de 2008 lo que puede calificarse sin reservas como un casi-motín interrumpió una reunión en la que funcionarios del gobierno informaban a los trabajadores de compañías extranjeras de que, a partir de ahora, se les cobraría un impuesto por los suplementos salariales en moneda fuerte otorgados bajo cuerda por sus empleadores extranjeros. Los trabajadores estaban particularmente indignados porque el gobierno cubano ya recibía en moneda fuerte sus salarios en estas compañías para luego pagárselos en pesos.

A principios de febrero, en un vídeo profusamente distribuido por Internet, estudiantes de la Universidad de Ciencias de la Información, situada en lo que en su día fue el puesto de escucha soviético en Lourdes, se encararon con Ricardo Alarcón, presidente de la Asamblea Nacional Cubana. Protestaban por las restricciones para viajar, la prohibición de visitar instalaciones turísticas en Cuba, los efectos injustos del sistema de doble moneda, una falta de información sobre los candidatos a las elecciones parlamentarias y sus respectivos programas, y contra la censura que impide acceder a motores de búsqueda como Yahoo. Los estudiantes realizaron sus reivindicaciones libertarias y democráticas desde un punto de vista explícitamente revolucionario. En su hipócrita respuesta, Alarcón contestó que la mayoría de gente en el mundo carece de los medios para viajar, y que si todo el mundo pudiera viajar, no habría recursos bastantes para satisfacer la demanda. Confundió deliberadamente el derecho político y legal a viajar con la capacidad para permitírselo. También omitió el hecho de que en Cuba, por razones exclusivamente políticas, algunas personas tienen más derecho a viajar que otras.

El papel de los EEUU

Desde hace casi 50 años, el imperialismo estadounidense ha impuesto un bloqueo económico que ha violado el derecho de Cuba a su autodeterminación y empeorado considerablemente la vida del pueblo cubano. El bloqueo también ha proporcionado una base anti-imperialista al régimen que le ha ayudado a asegurar su supervivencia. El fin de la Guerra Fría redujo considerablemente la importancia de Cuba en la política exterior norteamericana, como lo atestigua la ausencia de Cuba en prácticamente todos los análisis estratégicos de amenazas y desafíos internacionales a los que se enfrenta el gobierno estadounidense. Sin embargo, el régimen de Castro ha alimentado el miedo a una invasión cada vez que lo ha considerado conveniente por razones de política interior y exterior, con el fin de desviar la atención de los escándalos nacionales, como cuando impuso fuertes condenas de prisión a 75 disidentes pacifistas en la primavera de 2003.

Han pasado varias décadas desde que los EEUU contemplaron seriamente una invasión de la isla. No obstante, el gobierno estadounidense, y en particular la administración Bush, han continuado con una política de intimidación, con un creciente acoso que tiene como objetivo el empeoramiento de las condiciones de vida en la isla, acelerando así el colapso del régimen desde dentro sin necesidad de emprender una invasión. Al mismo tiempo, han dado refugio a terroristas como Luis Posada Carriles y Orlando Bosch –responsables de la muerte de 73 civiles inocentes en el atentado a un avión cubano cerca de Barbados, en 1976— e intentado comprar apoyo político dentro de la isla. La actual estrategia del gobierno estadounidense hacia Cuba parece estar basada en la idea de que los individuos y los grupos de la isla que apoyan las políticas e intereses estadounidenses tomarán el poder con la ayuda del gobierno estadounidense y sus asociados cubano-americanos del sur de Florida. Esta gente implantaría entonces una transición capitalista "democrática" en Cuba. Aparte del hecho de que semejante transición precisaría de una dictadura feroz, la idea pertenece al desacreditado género de la política-ficción que predijo que las tropas norteamericanas serían recibidas como libertadores en Bagdad.

Desde el desplome del bloque soviético, la política económica de bloqueo y acoso político ha sido mantenida más por razones políticas y electorales que por el deseo de la clase empresarial norteamericana, la cual, de hecho, no ha dejado de mostrar un creciente interés en emprender negocios con Cuba. Muchos directores de empresa y destacados políticos – señaladamente los de la costa Oeste y del Medio Oeste, que han facturado cientos de millones de dólares al año vendiendo comida y productos manufacturados a Cuba bajo las excepciones "humanitarias" que garantizaba el bloqueo desde noviembre del 2001— han visitado la isla estos últimos años. Este creciente interés se ha reflejado en el Congreso estadounidense. Durante los años en que Bush júnior ha ocupado su cargo, el Congreso ha estado muy cerca de aprobar una legislación, con el apoyo republicano, que hubiera supuesto un serio revés para el bloqueo; pero Bush supo actuar a través de los lobbies con éxito, sacarla de la agenda política del Congreso. Propuestas legislativas de este tipo puede que sean aprobadas por el nuevo Congreso que será elegido en noviembre. Si terminará o no siendo vetado por quienquiera sea el nuevo presidente, es pregunta que está por ahora todavía en el aire.

Lo cierto es que una transición "sino-vietnamita" en Cuba, sobre todo si viniera de la mano de un dirigente que no se apellidara Castro, dividiría a la derecha cubana de Florida, debilitándose así el principal apoyo político con que cuenta el bloqueo estadounidense. Llegados a ese punto, los dirigentes de la isla podrían invitar a los capitalistas cubano-americanos de Florida a viajar, invertir y enriquecerse en Cuba, siempre que pudieran acreditar que se mantienen al margen de toda cuestión política. Sería el equivalente a lo que el gobierno chino ha hecho con los empresarios chinos de ultramar y al decreto que ha impuesto Putin a la oligarquía empresarial rusa.

Las perspectivas para una Cuba post-Castro son preocupantes, tanto si se inclina por el modelo "sino-vietnamita", como si continúa con el mismo régimen (aun con cambios liberalizadores). Los progresistas norteamericanos pueden contribuir a la posibilidad de una transición democrática, humana y socialista en Cuba exigiendo una restauración inmediata de las relaciones económicas y políticas de EEUU con la isla. Para hacerlo, no es necesario crear ilusiones sobre la naturaleza del régimen cubano. Hacerlo, sería, de hecho, contraproducente, porque minaría la credibilidad de las fuerzas que luchan por un cambio en la política estadounidense. La normalización de las relaciones con Cuba haría avanzar la causa de la autodeterminación de las naciones y sería una buena alternativa práctica para casi cincuenta y cinco años de fallida política de bloqueo económico y acoso político. No puede haber un mejor momento que éste para traer todo ello a colación y presionar a favor del cambio en el contexto de las elecciones de este 2008.

Samuel Farber nació y se crió en Cuba. Su libro más reciente es The Origins of the Cuban Revolution Reconsidered [Una revisión de los orígenes de la revolución cubana] (University of North California Press). Colabora regularmente con Foreign Policy in Focus.


Dos visiones de izquierda de la Cuba actual: (2) La lucha continúa
Saul Landau
18/05/08

Desde la caída de la Unión Soviética en 1991, los cubanos han vivido un "periodo especial". Este eufemismo significa no sólo el declive drástico de la media de vida, sino también una violenta alteración de los valores sociales. La ayuda soviética se desvaneció junto con el comercio ventajoso con el bloque soviético. A medida que declinaba la economía soviética en Cuba, el estado rompió parte de su contrato social: no cubrió las necesidades materiales básicas de los cubanos, ni les proporcionó suficiente comida ni vestir. La sanidad básica y la educación pública permanecieron, pero fueron recortadas. El gobierno recortó todavía más las raciones a más de la mitad de las que existían, y la comida barata desapareció. Para sobrevivir, cada cubano tuvo que transformarse a sí mismo de los valores del comunismo (compartir) a los valores del individualismo (sálvese quien pueda).

A principios de los noventa, expertos del gobierno estadounidense y otros prestigiosos entendidos predijeron la caída inminente del gobierno de Fidel Castro. Las oficinas de los departamentos de la burocracia de seguridad nacional de Washington empezaron a hacer quinielas (¿qué día o semana caerá Castro?). El premio Pulitzer Andrés Oppenheimer escribió en 1992 un libro titulado La hora final de Castro (dando un nuevo significado a las palabras "final" y "hora").

Diecisiete años después de la desaparición de la URRS, Cuba permanece como el único estado socialista del mundo. Sus críticos lo tildan de "estado fallido" o "caso perdido", pero tras la última década el nivel de vida de los cubanos ha crecido rápidamente. Los corredores de apuestas han cerrado la timba sobre la fecha de su desaparición.

Supervivencia milagrosa

Los dirigentes cubanos admiten en privado que es un milagro que hayan sobrevivido. La razón de ello puede descansar en la política maquiavélica de Castro de exportar a sus enemigos a los Estados Unidos (casi un millón). Incluso sus detractores más militantes envían regularmente dinero a sus familiares en la isla, dando así vida un tesoro público casi vacío con casi mil millones de dólares al año en remesas.

La agilidad política de Castro, sin embargo, no ha ayudado a desarrollar su quijotesca visión de convertir a Cuba en un espejo en el que otros países del tercer mundo busquen reflejarse en su búsqueda de los caminos más adecuados para el desarrollo. En vez de eso, los cubanos siguen abandonando la isla peligrosamente en balsas o barcos ilegales, en busca de mayores oportunidades en Florida. Ingenieros, científicos y doctorados en literatura eligen no desperdiciar sus vidas, y se disponen a hacer pizzas o cajas de cartón, o a enseñar en las escuelas primarias.

Los cubanos también quieren ganar dinero suficiente para sobrevivir. Durante el "periodo especial" los adultos se buscaron "chanchullos" para ganar lo suficiente para la supervivencia de sus familias. Lo que significaba quebrantar la ley, comprar o vender ilegalmente o pergeñar alguna pequeña trampa ocasional. También significó perpetración de robo en propiedades estatales y búsqueda de la prosperidad en las operaciones del mercado negro.

En 2006, sin embargo, China y Venezuela empezaron a inyectar cientos de millones de dólares de inversión en los recursos minerales y petrolíferos de la isla. Además, el descubrimiento de petróleo costero atrajo nuevos inversores a Cuba. Con el dinero recibido, Cuba empezó a reconstruir su deteriorada infraestructura. A mediados de los noventa, los apagones de verano duraban hasta veinte horas los peores días; en 2008, la renovada red eléctrica permite al gobierno vender electrodomésticos al público y elevar gradualmente el nivel de vida.

Rechazo de otros modelos

En 2007, los dirigentes cubanos empezaron un debate público para encarar algunos de los problemas aparecidos en el periodo post-soviético. Algunos de esos problemas echaban sus raíces en el mismo modelo soviético. La cúpula dirigente, sin embargo, no tenía ninguna intención de convertirse al capitalismo. Quienes apostaron por los modelos chino o vietnamita no lograron imponerse cuando, el último 26 de julio, Raúl Castro habló de resolver los temas más urgentes, como las adversidades cotidianas, la escasez de comida y la baja productividad agrícola, en el marco de un modelo socialista.

El gobierno ha respondido así a un descontento popular, a la alienación y a un descomunal cinismo, y en los últimos dos años ha importado un 35% más de comida. Raúl ha admitido que "los salarios son claramente insuficientes para satisfacer las necesidades del pueblo." Esta afirmación no significa lo que por lo común informan los periodistas estadounidenses cuando comentan con sorna que el salario medio cubano alcanza los veinte dólares al día. No tienen en cuenta la gratuidad del sistema de sanidad público, ni de la educación desde la guardería hasta los programas de doctorado; la ausencia de impuestos y alquileres; la gratuidad de prácticamente todos los medios de transporte o el entretenimiento y la comida subvencionados. Pero todo ello aún se encuentra lejos de la seguridad desde la cuna a la tumba que experimentaron los cubanos antes de la desaparición de la Unión Soviética.

Muchos periodistas extranjeros también omiten lo obvio: que los dirigentes cubanos toman sus decisiones según las necesidades de más de 11 millones de personas, destacando el carácter básico de la sanidad y la educación. Los periodistas mantienen como axiomas los valores de las sociedades de consumo de las que provienen, en las que tiendas y supermercados están abastecidos con productos de varias marcas. Si los cubanos desean mantener la igualdad como un valor irrenunciable, un modelo como ése no debería asomarse por la isla. A pesar de que el comercio cubano se ha incrementado, especialmente con Venezuela y China, está muy lejos de ser competitivo. Su fuerza de trabajo ha permanecido poco productiva, lo que se explica parcialmente como resultado de las leyes laborales que dificultaban el despido o incluso la disciplina de los trabajadores.

Permitir la venta de más bienes de consumo no significará una explosión de las ventas, porque la mayoría de los cubanos no posee en exceso moneda extranjera para comprarlos. Los cubanos tendrán que escoger entre los nuevos productos disponibles, incluyendo las estancias en hoteles de postín. Los cubanos que reciben remesas de miembros de sus familias en el extranjero, o pagan en moneda fuerte, continúan disfrutando con la compra de privilegios –desigualdad institucionalizada—, crispando con ello a la mayoría de la población. Pero la libertad para comprar no puede ser el pilar de un país socialista, sobre todo en una nación del tercer mundo construida sobre cimientos de justicia e igualdad.

Las nuevas inversiones de Cuba se han destinado también al transporte público, especialmente los autobuses y los trenes urbanos y de largo recorrido. Las reformas también han dado mayores libertades a los pequeños campesinos, que han rendido mejor que los grandes establecimientos agrícolas estatales. Más comida, mejor transporte, y menos apagones significan mucho en la vida cotidiana de los cubanos.

La revolución en peligro

El nuevo sentir se ha extendido más allá de lo material. Los artistas e intelectuales han manifestado que no tolerarán más la censura. La cúpula dirigente se ha mostrado de acuerdo. Todas las aperturas y reformas significan progreso, pero medidas positivas aparte, la revolución está en peligro. En los primeros meses de este año, miles de cubanos abandonaron la isla en dirección a Florida. No abandonaron su país por la falta de libertad de expresión, sino por imposibilidad de ejercer sus profesiones y en búsqueda de mayores posibilidades para ellos y para sus hijos.

Fidel Castro alertó de que, aunque la revolución cubana haya desafiado con éxito al imperialismo, los cubanos pueden ser los responsables de perder su propia revolución. En su carta del 3 de abril al presidente de la Unión de Escritores y Artistas Cubanos, Miguel Barnet, escribió Castro que "todo lo que éticamente fortalezca a la revolución es bueno; todo lo que la debilite es malo". Algo similar dijo a los intelectuales cubanos en 1961: "Todo dentro de la revolución, nada fuera de la revolución." La revolución significaba soberanía e independencia, justicia social e igualdad. Pero si uno está de acuerdo con este programa y simpatiza con él, por fuerza tiene que estremecerse cuando ve cómo actúan los dirigentes cubanos de manera que o contradice o ignora ese punto de partida.

Algunos acontecimientos recientes son especialmente perturbadores. A principios de abril de 2003, funcionarios de seguridad del estado cubano arrestaron a tres hombres que habían intentado secuestrar un ferry de pasajeros y matado al piloto cuando se resistió. El tribunal los condenó a la pena de muerte, dando a los condenados sólo unos cuantos días para apelar la sentencia. El Tribunal Supremo Cubano y el Consejo de Estado confirmaron las sentencias, y el 11 de abril fueron ejecutados los tres. Los funcionarios cubanos afirmaron que la rapidez del proceso "resultaba ejemplar" para otros secuestradores potenciales. Una avalancha de robos de barcos y aviones permitió antes a los cubanos huir a los Estados Unidos, y los funcionarios ni castigaron a sus autores ni reclamaron el retorno de las embarcaciones. Pero la pena de muerte sin prácticamente tiempo para apelar la sentencia, lo que indica es más bien pánico, si se compara con las respuestas razonadas que los dirigentes cubanos suelen dar a las crisis.

Un mes antes, en marzo, Cuba arrestó a 75 disidentes, escandalizando a buena parte del mundo y entristeciendo a algunos de los partidarios de Cuba. En el juicio subsiguiente, los testigos declararon que los disidentes acusados habían recibido bienes y servicios de diplomáticos estadounidenses en La Habana. Doce testigos eran supuestos disidentes, incluyendo a algunos de los miembros más concienzudos y mejor conectados, como el periodista Néstor Baguer, que presentó documentos describiendo las transacciones de los acusados, que eran una violación de la legislación cubana concebida para responder al Acta Helms Burton, hostil a Cuba. En 1998, Baguer dirigía la Agencia de Prensa Independiente de Cuba. Con unos pocos periodistas, envió por fax informes a Reporteros Sin Fronteras y al gobierno estadounidense, y fundó Radio Martí. En el juicio de abril de 2003, Baguer se reveló como uno de los doce topos infiltrados por el servicio de seguridad del estado. Las pruebas convincentes que se presentaron al tribunal no disuadieron a los críticos, que creían que Cuba no debería castigar a la gente que mantiene puntos de vista disidentes, ni siquiera en caso de aceptar dinero de representantes de un gobierno enemigo.

¿Por qué abroquelarse recurriendo a la pena de muerte y arrestar a quienes habían sido neutralizados ya por agentes infiltrados? ¿Y por qué exponer a esos agentes a la luz pública?

Los funcionarios cubanos, algunos de ellos medio excusándose, me explicaron que tenían que mostrar a los Estados Unidos que no podrían actuar impulsivamente contra Cuba como lo habían hecho en Afganistán e Irak. Ejecutando a los secuestradores y arrestando a los disidentes, el gobierno mostró su determinación: será implacable –y hasta sangriento— contra las provocaciones estadounidenses. Estas explicaciones no me satisficieron, aunque creo que los funcionarios cubanos me contaron la verdad.

Cuba duele

"La revolución cubana tenía que haber sido diferente", escribió en una ocasión el escritor uruguayo Eduardo Galeano. "Atacada por el incesante acoso del imperio por el norte, sobrevivió como pudo y no como quiso. El pueblo, valiente y generoso, sacrificó una gran oportunidad para seguir de pie en un mundo de servilismo rampante. Pero año tras año los procesos sacudieron a la isla, y la revolución empezó a perder la espontaneidad y la frescura que había tenido en sus comienzos."

No exagera. En 1960 pude comprobar hasta qué punto la vida cotidiana cubana estaba dominada por un torrente de creatividad. Y como Galeano, he tenido ocasión de ver cómo en estos 48 años "la virtud revolucionaria" iba transformándose en "obediencia a las órdenes que vienen de arriba."

Ese es el resultado, casi como si de una ley de la naturaleza política se tratara, de medio siglo de agresiones estadounidenses. El crimen de Cuba: la desobediencia. Castigando a este advenedizo, escribió Galeano, los Estados Unidos habían bloqueado de manera efectiva "el desarrollo de la democracia en Cuba, alimentando la militarización del poder y proporcionando una coartada para la rigidez burocrática."

"La revolución que fue capaz de sobrevivir a la furia de 10 presidentes estadounidenses y 20 directores de la CIA", continua Galeano; "necesita la energía que proviene de la participación y la diversidad para enfrentarse a los oscuros tiempos por venir que seguro le aguardan. Siempre digo con tristeza que Cuba duele."

¿Podría yo o cualquiera que yo conozca haberlo hecho mejor? Fidel asegura que la CIA ha tratado de asesinarle en 638 ocasiones. La CIA sostiene que exagera levemente. La Agencia admite que lanzó miles de ataques terroristas contra Cuba y los cubanos. En medio siglo, los Estados Unidos han atacado a la isla económica, psicológica y, acaso, hasta química y bacteriológicamente. Trataron de aislar a Cuba diplomáticamente, y siguen haciendo una propaganda agresiva desde Radio y TV Martí.

Apertura democrática

Cuba resistió y sobrevivió; mas salió herida del combate. En marzo de 2008, sin embargo, la apertura democrática que Galeano y otros viejos simpatizantes esperaban, comenzó. Por encima y más allá de la tan cacareada libertad de los cubanos para comprar electrodomésticos y teléfonos móviles y para poseer sin mayores problemas su propia casa, Cuba ha firmado la cláusula de las Naciones Unidas de los derechos humanos y laborales, que la ata a los principios de estos acuerdos. Eso significa que los sindicatos no pueden ser parte del gobierno, y que las libertades de expresión y de prensa, y también las políticas, tendrán que ser respetadas. Ya se verá que pasa.

Un ciudadano explicó al Vicepresidente Carlos Lage, con ocasión de una conferencia de éste, que el gobierno carecía de sensibilidad para las necesidades sociales de la gente y para sus problemas psicológicos, cosas que el dinero no puede resolver. Lage se disculpó. Los cubanos lo vieron por televisión. A principios de este año, en Juventud Rebelde, un periódico oficial, el gobierno fue acusado de amañar las estadísticas de desempleo. Los cambios han empezado, pero los contrabandistas permanecen en la isla. Los barcos también marchan llenos.

Echemos un vistazo histórico a la revolución cubana. Ha sido un éxito. Ha conseguido soberanía e independencia para el país; ha educado y mejorado la salud de su población; ha cubierto sus necesidades básicas y instruido a su pueblo para que tenga un papel en el escenario de la historia mundial, sin limitarse a ser un mero espectador de la misma. Los cubanos alteraron el destino de Sudáfrica cuando sus tropas ayudaron a derrotar a los ejércitos del apartheid en Cuito Cuanavale en 1987-88. Mandela abrazó a Fidel en su nombramiento como presidente: "Tú hiciste esto posible", dijo al mundo para que escuchara. Los cubanos han jugado un papel vital ayudando a Angola a mantener su independencia, y a Namibia a obtener la suya. Han jugado un papel importante en las guerras de Vietnam y del Yom Kippur, y liderado el cambio para terminar de una vez por todas con la Doctrina Monroe.

Hace cincuenta años, Washington controlaba Latinoamérica y ningún dirigente se atrevía a desafiar su hegemonía o sus políticas económicas. Hoy, cuatro de los hijos ideológicos de Fidel gobiernan países (Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua), y muchos de sus primos gobiernan otros tantos (Brasil, Chile, Argentina y Panamá).

Médicos y científicos cubanos, artistas y bailarines, escritores y cineastas han dejado estampados sus nombres en los frontispicios de innumerables países con su excelente trabajo. La revolución cubana ayudó a formarlos a todos ellos.

Todos esos triunfos pertenecen al pasado. La cuestión ahora es: ¿puede Cuba sobreponerse a la herencia del periodo especial, cuando el individualismo erosionó el espíritu colectivo? ¿Puede superar las tres décadas del modelo soviético que tuvo que adoptar para sobrevivir? Sus dirigentes han vivido en y para la revolución, y han difundido sus valores entre la población. ¿Responderán los cubanos recogiendo su iniciativa y preservando unos logros enormes, o sucumbirán al brillante atractivo del consumo de masas? Ya veremos.

Saul Landau es un reconocido académico, escritor y cineasta que ha tratado cuestiones nacionales e internacionales. Es miembro del Institute for Policy Studies desde 1972. Ha escrito 13 libros y miles de artículos y críticas para la prensa y ha realizado más de 40 películas y reportajes de televisión sobre cuestiones sociales, políticas, económicas e históricas. Es profesor emérito en la Cal Poly Pomona University y colaborador de Foreign Policy in Focus.

o por sinpermiso.info

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