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Mundo :: 12/04/2009

Ecuador: Socialismo del siglo XXI. En beneficio de alguna claridad

Leonardo Ogaz A
Entender por socialismo del siglo XXI una mezcla de capitalismo de estado con capitalismo popular, con la pretensión de que el Estado controle al mercado, es una confusión

Nadie puede desconocer lo progresivo que ha sido el proceso de la “revolución ciudadana”, eliminar excesos neoliberales no es una cosa menor, el “sano nacionalismo” que revela una postura digna frente al imperio, una constitución más democrática es un mérito, impulsar el desarrollo nacional es una cuestión que nadie puede criticar y se podrían destacar algunas cosas más, pero identificar todo eso con socialismo, si es discutible.

A propósito de la intervención en el Foro de Sao Paulo del presidente de la República Rafael Correa acerca del socialismo del siglo XXI, se hace necesario precisar algunas cosas. Da la impresión que el tema se va convirtiendo en un galimatías indescifrable, o en una complicada comedia de equivocaciones, ya que entender por socialismo del siglo XXI una mezcla de capitalismo de estado con capitalismo popular, con la pretensión de que el Estado controle al mercado, y esto adornarlo con un discurso de participación ciudadana, es evidentemente una confusión. En realidad eso no es socialismo ni del siglo XXI, ni de ningún siglo. Eso se parece más a un intento de remozar el capitalismo de estado en el siglo XXI por la vía de un desarrollismo tardío.

La imagen de este gobierno resulta progresista en relación con el neoliberalismo anterior, sin duda; ahora se puede ser antineoliberal, incluso consecuente, y eso no significa ser anticapitalista, se puede ser antineoliberal y eso no significa necesariamente ser socialista. Pero no pretendemos, de ningún modo, negar la calidad socialista autoproclamada del presidente Rafael Correa.

No se trata de pontificar desde la ortodoxia, desde el dogma, sino de lograr alguna claridad sobre el tema, ya que estamos cayendo en una especie de enredo babélico, que se está volviendo insoportable. No vamos a decir tampoco en términos apodícticos qué es el socialismo del siglo XXI, sino que haremos propuestas para la discusión, porque entendemos que es un proceso de construcción y debate en pleno desarrollo, pero este debate debe tener un mínimo de rigor. De hecho existen diversas visiones del socialismo. Tampoco se parte de cero hay un acumulado histórico, teórico y práctico que es indispensable considerar. No estamos al primer día de la creación.
Esto no significa que el Presidente Correa no pueda tener su propia visión del socialismo, está en su legítimo derecho, lo que vamos a discutir aquí es si esa visión tiene algún rigor.

EL DISCURSO SOCIALISTA DEL PRESIDENTE

El presidente Correa se muestra poco riguroso al referirse al socialismo en estos términos:

“Cuando me hacían preguntas, ¿y usted a qué vertiente socialista pertenece? ¿A la de Chávez o a la de Bachelet? Bueno yo digo que a la ecuatoriana, ¿verdad? Y eso es, pues, que hay socialismo venezolano, chileno, ecuatoriano, entre muchos otros.”
Correa. R. “Socialismo del siglo XXI”, NINA comunicaciones, 2007. P. 24

En el caso del gobierno de Michel Bachelet en Chile, carece de toda seriedad hablar de socialismo, todo el mundo sabe que ella es una militante del partido socialista de Chile, pero administra un modelo neoliberal. Michel Bachelet fue elegida presidenta a la cabeza de una coalición que es una mezcla de partidos socialdemócratas con el partido Demócrata Cristiano, por tanto ni siquiera puede hablarse de un gobierno socialista. Si hay algún país neoliberal en América Latina ese es Chile. ¿Qué hace una militante socialista administrando un modelo neoliberal? Es una pregunta que deben responder los socialistas chilenos, pero sin duda es una inconsecuencia. Estos son intentos de realizar una especie de neoliberalismo social, es decir, aplicar el modelo neoliberal a raja tabla, pero acompañados de paliativos sociales. La fresa que adorna no hace al pastel, la fresa socialista no cambia el pastel neoliberal.

En el caso venezolano se puede hablar en el mejor de los casos, de un proceso hacia el socialismo, en Ecuador el socialismo del siglo XXI es un fantasma que agita el presidente Correa de vez en cuando, en una visión muy particular y laxa. Es curioso, además, el hecho, que el único de los dirigentes de Acuerdo País que habla del tema es el Presidente.

Puede verse con relativa claridad las ideas del presidente Correa cuando señala que:

“Una de las características del Socialismo del siglo XXI es ir de una economía rentista financiera, que es lo que ha dominado en los últimos veinte años en América Latina, a una economía realmente productiva y generadora de empleo.”
Heinz Dieterich “Diálogo con el Presidente Rafael Correa”, NINA Comunicaciones.” 2007. P 52

Si este paso que propone el presidente del rentismo financiero a la producción generadora de empleo se da en el marco de economías con mercado estamos pasando solo de una forma capitalista a otra y eso es difícil que caracterice al socialismo del siglo XXI. Formulaciones de este tipo son demasiado ambiguas y generales, ahora la práctica de su gobierno y la constitución aprobada que él impulsó, ha ido despejando las ambigüedades, estamos en presencia de la instauración de un capitalismo desarrollista tardío.

Uno de los núcleos centrales del pensamiento del presidente es su concepción estatista, y la práctica de su gobierno lo ha demostrado ampliamente, en su propia formulación lo plantea así:

“… la acción colectiva a nivel social se ejecuta a través del Estado. El representante institucionalizado de la sociedad. No es la única forma de acción colectiva, y ese es otro gran desafío. Hay que crear comunidades, para que la acción colectiva venga desde los barrios y desde las ciudades.”
Correa, Rafael, “Socialismo del siglo XXI”, NINA Comunicaciones, 2007. P26
“…la acción colectiva, a nivel social, se ejecuta a través del Estado y, la importancia innegable del Estado en el desarrollo de la economía”
Correa, Rafael, “Los socialismos del siglo XXI” NINA, Comunicaciones, 2007. P37

Puede apreciarse que el presidente habla del Estado como representante de la acción colectiva, pero también de este estado burgués capitalista concreto, que al le ha tocado presidir, ya que la “Revolución Ciudadana” no ha cambiado el carácter del Estado, ni mucho menos. De alguna manera lo ha perfeccionado, el Estado tenemos que recordar es un aparato de dominación y represión. (Dayuma, represión a los indígenas por la ley de minería).

Cuando Rafael Correa vislumbra otra posibilidad de acción colectiva desde los barrios y las ciudades habla como si estas no existieran, hay que crear comunidades, cuando en el caso de los indígenas estas existen desde tiempos inmemoriales. En los barrios y ciudades existen organizaciones populares. La praxis del gobierno de la revolución ciudadana ha sido en verdad puro Estado, pero no solo eso, ha demostrado un desprecio impresionante por la organización popular independiente.

Donde la confusión se vuelve francamente intricada es cuando se refiere a una economía que produzca valores de uso, ¿se puede plantear esto sin proponerse modificar las relaciones de producción y propiedad?, nos parece que no. No pretendemos dar lecciones, no obstante, estando totalmente de acuerdo en que en una sociedad socialista debe desaparecer el valor de cambio y por tanto los precios, esto implica una trasformación socioeconómica profunda, una revolución social, no sólo ciudadana, por tanto hacer un discurso que señale la producción de valores de uso en un contexto capitalista es sin duda una incoherencia mayúscula. Ahora al comienzo pudo pensarse que la “revolución ciudadana” podría haber significado una transición hacia un proceso de cambios más profundos, pero se ha ido consolidando como una “Revolución Ciudadana” no más.”

En otro aspecto reiterativamente planteado por el Presidente en su discurso sobre el Socialismo del Siglo XXI, dice relación con el materialismo dialéctico, es decir con el marxismo, del cual da una versión hostil y excesivamente simplificada, esto nos huele a los tiempos de la “guerra fría”, es decir a una guerrilla ideológica tardía, porque los esfuerzos de los cristianos católicos, luteranos progresistas y otros se encaminan a establecer una alianza profunda entre los pobres por la búsqueda de un proyecto común de liberación y no detenerse en querellas metafísicas, diálogo de la manera en que lo entiende Paulo Freire, es lo que se impone entre creyentes y no creyentes en pos de la emancipación.

Examinemos sus argumentos:

“El materialismo dialéctico está superado. Es insostenible en el siglo XXI la lucha de clases y el cambio violento. No podemos eliminar la propiedad privada y, en su lugar apostamos a la democratización de los medios de producción, sin descartar que el Estado sea el propietario de sectores clave y de formas alternativas de propiedad.”
Correa, Rafael, “Socialismos del siglo XXI”, NINA comunicaciones, 2007. P38

La brutal crisis capitalista de hoy, demuestra que al menos en algunos aspectos el pensamiento de Marx aún se muestra como válido para entender el mundo de hoy, de tal manera que para hacer una afirmación tan concluyente, como la que hace el presidente, debe basarse en la praxis, no en dogmas, debe estar fundamentada en una lectura de la realidad actual, en la validez de las categorías confrontada con los acontecimientos.

Sobre el asunto de la lucha de clases, es curioso, porque el presidente frecuentemente y, a lo mejor inconscientemente, apela al discurso de lucha de clases, el mismo término, “pelucón” que ha popularizado, es un término clasista. La lucha de clases es un fenómeno de la realidad, es un hecho objetivo. El asunto de las clases es más complejo, ahí está la categoría de plusvalía, por ahora en beneficio de la didáctica que el Presidente puso en boga, lo pondremos así, ahí están los pobres, quién lo puede negar, ahí están los ricos, quien lo puede negar, que la riqueza de unos sea producto de la explotación de los otros quién lo puede negar.

Lo del cambio violento también llama la atención, puesto que el presidente se declara admirador del Che Guevara, de Fidel, de Bolívar, de Sucre, todos protagonistas de una violencia revolucionaria, porque no quedaban otros caminos. En realidad las revoluciones siempre deberían ser pacíficas, sería lo civilizado, los revolucionarios no generan la violencia sólo responden a la violencia institucionalizada, Salvador Allende se planteó hacer una revolución por la vía pacífica y Pinochet, impidió esa posibilidad bombardeando el palacio de gobierno. No obstante, las revoluciones deberían ser pacíficas, el que no lo sea no es un asunto de los revolucionarios, las clases dominantes son las que impiden que las revoluciones sean procesos civilizados de cambio. No obstante hay que insistir en hacer cambios estructurales pacíficos, a lo que no se puede renunciar es a defender esos cambios, defender seriamente una voluntad mayoritaria de transformación por todos los medios.

Respecto a que es imposible eliminar la propiedad privada sobre los medios de producción, habría que recordar dos cosas, la primera es que todas las utopías socialistas desde Campanella a Tomás Moro, desde Fourier a Owen, fueron concebidas como una apropiación y propiedad colectivas, la otra utopía la de hacer socialismo con propiedad privada es mucho más improbable. La segunda cuestión tiene que ver con que el principal escollo para la satisfacción del conjunto de necesidades de la humanidad radica en la acumulación privada capitalista.

El socialismo que se sustenta en la idea de superación del capitalismo, tiene como cimiento básico la idea de que la riqueza se produce socialmente en base al trabajo humano, luego debe ser distribuida socialmente. La gran contradicción del mundo capitalista radica precisamente en que la producción social es apropiada privadamente por una minoría. Esa es la gran barrera que impide resolver los problemas de la humanidad. Esto también permite romper la idea de gratuidad, nada es dado gratuitamente, la sociedad produce para sí misma.

El Presidente parece no tener claro las distancias que hay entre la doctrina social de la iglesia y la teología de la liberación, para él son prácticamente lo mismo, esto pone en evidencia los límites de su pensamiento.

“Yo soy católico practicante y gran parte, sino la totalidad, de mi pensamiento económico social, se basa en la doctrina social de la Iglesia. He participado en las comunidades de base, sé de la teología de la liberación, etcéra. Básicamente, mi pensamiento político y social proviene de esas fuentes, de la doctrina social de la Iglesia.”
Heinz Dieterich “Diálogo con el Presidente Rafael Correa”, NINA Comunicaciones.” 2007. P 57

Existen pensadores católicos como el sacerdote belga Francois Houtart, que señala lo siguiente:
“Aunque el Papa haya dicho que el capitalismo y la justicia social son incompatibles, al mismo tiempo se reconoce que existe por una parte un capitalismo salvaje y por otra, un capitalismo entre comillas y eso justamente impide ver la realidad fundamental e imposibilita llegar a la lógica del sistema regida por la necesidad de acumulación y que impacta los principios mismos de la vida y de la reproducción de la vida. Por ello, me parece que tenemos que ir más allá de la doctrina social de la Iglesia, la que parte de una muy buena voluntad y de una inspiración académica, pero que finalmente sirve al sistema, pues ningún sistema económico o político puede reproducirse en el tiempo con abusos y excesos; para ello requiere de sus propias instancias críticas y la Iglesia al proporcionársela, le permite adaptarse y reproducirse.”

Houtart, Francois, “La iglesia y el Socialismo del siglo XXI”, Revista Alteridad, Universidad Politécnica Salesiana N#4 Marzo 2008. Páginas 54 y 55.
En síntesis las ideas socialistas del presidente que conllevan la intencionalidad de romper esquemas, de ser novedosas, de huir de la ortodoxia, de ser imaginativas, de pensar con cabeza propia, cuestión loable, por cierto, tropiezan con la coherencia, con el rigor, son ideas que reflejan la visión que ciertos sectores de la clase media tienen del socialismo, por ejemplo, importantes elementos de la “middle class” jamás renunciarían a la propiedad privada, porque tienen la no tan secreta aspiración de ser clase alta. Otros estamentos de la clase media sueñan con la utopía de los pequeños productores y pequeños comerciantes, todos los ecuatorianos empresarios “una sociedad de productores y propietarios” decía un dirigente de alianza país, en fin el socialismo pensado desde la clase media no quiere romper con el capitalismo y en el caso ecuatoriano sueñan con un capitalismo decente, lo cual, es absolutamente imposible.

Me opongo a la idea que haya una esencia socialista absoluta fuera de la historia y válida para todo tiempo y lugar, pero de ahí a denominar cualquier cosa como socialismo existe una distancia considerable. Al interior de la corriente socialista como horizonte de superación del capitalismo, la idea de unos ejes comunes y generales y una aplicación nacional concreta que respeta desarrollos culturales propios me parece correcta, pero eso no significa, una dispersión tal que resulta imposible reconocer a un socialismo de otro socialismo.

Quizás lo primero a separar hoy es los “socialismos” que tienen una lógica de mercado o tiene la vana pretensión de controlar al mercado, de aquellos que se postulan con una lógica anticapitalista. Todos los intentos de conciliar mercado con socialismo han fracasado. El último experimento histórico con el nombre de tercera vía del laborista Tony Blair en el Reino Unido terminó en la espantosa agresión imperialista en Irak, para imponer por la violencia el modelo neoliberal. O sea hay que separar socialismo de capitalismo en este punto creo que es pertinente aplicar la ley de la lógica formal del tercero excluido. Es A 0 B no una mezcla de AB o C.

En realidad hay que postular otra vía. Terceras no, porque están absolutamente desprestigiadas, han perdido ya toda credibilidad, todos los intentos de unir capitalismo con socialismo han resultado imposibles. Hay que pensar en una cuarta o quinta vía como lo propone Tomás Moulian. Esta otra vía se debe configurar como alternativa al capitalismo que se muestra totalmente incapaz de resolver los grandes problemas de la humanidad y el fracasado socialismo estatal burocrático, que se derrumbó con el muro. Un autentico socialismo del siglo XXI se construirá si logra plasmarse, como una superación de ambos modelos, por tanto deberá ser anticapitalista y antiestatalista, antiburocrático.

La idea o la práctica de un capitalismo desarrollista tardío no serían tan atractivas sino estuviesen adornadas con un fuerte componente ético, en el caso ecuatoriano, la creencia en un capitalismo decente, cuestión que los sucesivos escándalos de corrupción al interior del gobierno han tendido a minar. Capitalismo estatal, con prácticas de capitalismo popular, sazonados de anticorrupción, ecologismo, feminismo, liberalismo, pensamiento ancestral andino, un cierto nacionalismo antiimperialista, esta mezcla barroca se pretende como “revolución ciudadana”, el Presidente Correa identifica además esto como socialismo del siglo XXI. En América Latina y en Ecuador, en particular, se manifiestan corrientes eclécticas que propenden a reunir en corpus únicos posiciones e ideas diversas y hasta antagónicas, es una marcada tendencia al sincretismo. La base social de este barroquismo son las clases medias que mediante las mezclas, combinaciones, pretenden conciliar los imposibles que les presentan las abigarragadas situaciones culturales, sociales, políticas y económicas de la realidad latinoamericana del desarrollo desigual y combinado.

Socialmente esto se explica por el carácter medio de su inserción social, el ser una clase sándwich, es decir, al recibir presiones sociales desde arriba y desde abajo, al estar en peligro de descender y el tener la expectativa de ascender va configurando un universo ideológico cultural que la lleva a la mezcla, a la conciliación de intereses opuestos. En el caso del gobierno de Acuerdo País se ve claramente a la clase media en casi todas sus gamas, con el apoyo de empresarios emergentes, pero no enarbolan un programa propio, porque es imposible, sino levantan un programa de una clase empresarial nacionalista, actúan por sustitución. Es decir, Clase media con un programa burgués.

Ahora estas tendencias al sincretismo a veces logran constituir aportes, por ejemplo el “realismo mágico” la combinación de lo mágico en la vivencia cotidiana captada literariamente dio lugar a una creatividad fecunda y original que enorgulleció a América Latina, pero otras veces estos sincretismos no logran articular ninguna identidad definida, es el caso de Acuerdo País.

Hay un aforismo que dice que los políticos que han hecho suyos los postulados de la clase media se caracterizan por un odio a las clases altas, pero también temor a la movilización de las clases subalternas. El comportamiento político de Rafael Correa de alguna manera se ha manejado sobre estos parámetros. Enfrentamientos con los banqueros y empresarios, pero también con la CONAIE. Con la situación paradojal que con los banqueros y empresarios si se ha reunido y ha logrado algunos acuerdos, con los dirigentes indígenas nada.

LA ACTUALIDAD DEL SOCIALISMO

La intensidad de los procesos sociales que están viviendo algunos países de América Latina más la crisis del capitalismo mundial han puesto en el tapete nuevamente el Socialismo, En América Latina destacan dos procesos el de Venezuela y el de Bolivia, de allí, desde las movilizaciones sociales, desde los procesos de los barrios pobres de Caracas, desde las barriadas de el Alto cerca de la Paz y las movilizaciones indígenas ha surgido el debate acerca del socialismo del siglo XXI.

Solo concordamos en un punto con lo que planteó el Presidente Correa en el Foro Social Mundial De Belem, aquel que dice: que la crisis plantea las condiciones para pensar en otros paradigmas como el socialismo del siglo XXI.
Jorge Inzunza señala lo siguiente:

“¿Qué es una crisis capitalista? Para definirla un cronista (Alba Rico) razonó poniendo de relieve en primer lugar lo que no es una crisis capitalista Que haya 950 millones de hambrientos en todo el mundo, eso no es una crisis capitalista. Tampoco que hay 4750 millones de pobres, que haya 1000 millones de desempleados, que 3000 millones de personas carezcan de acceso a servicios sanitarios mínimos. Menos aún que 13 millones de personas mueran cada año en el mundo debido al deterioro del medio ambiente y al cambio climático, que 16.306 especies estén en peligro de extinción, entre ellas la cuarta parte de los mamíferos. Hoy se reconoce que hay crisis no por esa agregación brutal de la humanidad provocada por la acumulación capitalista desenfrenada sino porque pese a ella y en verdad por ella, el tipo de economía impuesta no es suficientemente rentable para unas 1000 empresas multinacionales y 2 millones 500 mil millonarios. Gente de buen corazón ha denunciado la codicia como factor desencadenante de la situación actual. Ese mismo buen corazón les dificulta aceptar que la codicia es la forma necesaria de existencia del capital. “El capital no tiene más que un instinto vital: el instinto de acrecentarse. De crear plusvalía, de absorber, con su parte constante, los medios de producción, la mayor masa posible de trabajo excedente” dice Marx y agrega “el capital es trabajo muerto que no sabe alimentarse, como los vampiros, más que succionando trabajo vivo”, esto es la fuerza de trabajo asalariada.”

Consideramos que a la crisis no solo hay que considerarla como un problema teórico o técnico, o como un ciclo natural de la economía, sino además como el inmenso drama humano y social que significa según cifras conservadoras dadas por la O.I.T., 50 millones de desempleados más para este año. Esto implica un desastre humano de proporciones gigantescas ¿Quién hace el cálculo de todo el dolor y frustración humana que provoca? ¿Quien calcula la cantidad de niños que se quedan sin escuelas? Y así podríamos seguir. Esta es la prueba más contundente de que el capitalismo es un fracaso, es un sistema obsoleto y antihumano, saquemos de una vez por todas la conclusión de que para no volver a repetir periódicamente este drama, de una injusticia colosal para los trabajadores, para los pobres, es necesario cambiar el sistema.

SOCIALISMO COMO DEMOCRACIA. ALGUNAS IDEAS PARA LA DISCUSIÓN

Presentamos estas ideas no que el afán de señalar que son las autenticas, las propias, sino para mostrar que hay otras concepciones de socialismo que intentan situarse socialmente, abajo, desde los pobres, desde los trabajadores, de los indígenas de las comunidades pobres, desde los oprimidos del campo y la ciudad, pero aspiran a ser una opción para la inmensa mayoría de la sociedad.

Frente a esta pavorosa crisis capitalista los neoliberales se baten en retirada y los keynesianos comienzan a asomar la cabeza, ahora el estado debe resolver los platos rotos, pero ya basta, esa discusión de cuanto Estado o cuanto mercado es una discusión que siempre se da el marco del sistema. Lo que hay que cambiar es el sistema, por lo tanto, la búsqueda debe realizarse teniendo presente que el nuevo proyecto debe construirse sin mercado y con la progresiva desaparición del estado.

El socialismo como proyecto de liberación implica un cambio de relaciones sociales. Sustituir las relaciones de explotación, por relaciones de cooperación, esto en cualquier forma de capitalismo aun el más progresista es imposible. Lo anterior supone, desde luego, cambio en las formas de propiedad, es decir, pasar de la propiedad privada a la propiedad colectiva. Todo esto hay que concebirlo como procesos, sobre todo procesos en la conciencia de millones de seres humanos. No como imposiciones de una minoría lúcida al conjunto de la sociedad. Un socialismo como horizonte civilizatorio nuevo solo puede ser concebido como un proceso de democracia socialista, como una democracia profunda, generalizada, consciente. El socialismo que nosotros pensamos se basa no en la participación, sino el poder democrático del pueblo.

La cuestión del sujeto social es clave, este sujeto debe constituirse con los trabajadores del campo y la ciudad, con los pobres, con las mujeres discriminadas, con los indígenas pobres, con todos los/as explotados/as y oprimidos/as de ellos surge el ideal de liberación socialista, ellos son los portadores del proyecto de liberación, a ellos se deben sumar importantes capas de los sectores medios para constituir una sólida mayoría por los cambios. Lo que debe articular una conciencia de liberación de un sujeto plural y diverso es una organización política revolucionaria y democrática o una coalición de organizaciones de este tipo.

Pasemos ahora a plantear los ejes de este nuevo paradigma socialista:
Poder democrático del pueblo. Se trata de romper la esquizofrenia entre lo público y lo privado. La práctica de la democracia restringida en lo público y el autoritarismo en lo privado. No se conoce ninguna empresa privada que sea democrática. Se trata por tanto de extender y generalizar la democracia a todos los ámbitos. Se trata de construir una forma democrática de poder popular, es decir, formas de autogobierno, autogestión y auto organización. En Ecuador desde las huelgas nacionales del FUT hasta los levantamientos indígenas se observa el surgimiento de formas de gobierno, desde abajo, la última expresión de esto fue el parlamento de los pueblos cuando se derrocó al gobierno de Mahuad.

Por otra parte se debe entender que hay distintas sensibilidades y diversidades socialistas, es decir, que existe una pluralidad de opciones que deben manifestarse y expresarse. No al partido único.

Socialismo medioambientalista o eco socialismo. El Proyecto de desarrollo debe ser totalmente sustentable y sostenible, se trata de detener el grave deterioro que el capitalismo ha infringido al planeta. Solo un paradigma socialista puede mirar a la naturaleza no como recursos para acumular capital, sino como el hábitat del desarrollo de una vida en armonía con la naturaleza.
Una economía con planificación democrática y basada en la producción de valores de uso

A la pregunta de qué sustituye al mercado, tenemos que tener la respuesta clara y contundente, la planificación democrática, planificar desde abajo. Desde las formas de gobierno que el pueblo decida darse. Las decisiones fundamentales de la economía: que producir, como distribuir, cuánto y cómo las debe tomar la propia sociedad mediante plebiscitos informados u otras formas que decida proporcionarse.

Una economía al servicio de los seres humanos y no del capital es una economía que se construye para satisfacer las necesidades humanas, por tanto se dejan de producir mercancías y se producen valores de uso o sea bienes y servicios para reproducir una vida digna.

Relaciones sociales de cooperación. Sustituir las relaciones de competencia entre los seres humanos por relaciones de solidaridad y cooperación. Esto dejará de ser un enunciado de buenas intenciones para ser la relación social de producción y de las relaciones interpersonales, porque van a estar sustentadas en una economía sin mercado y en formas de propiedad colectiva y comunitaria, pero con absoluto respeto tanto a la privacidad, así como al desarrollo individual y a las individualidades.

Interculturalidad. Se trata de que todas las culturas, todos los saberes, todas las religiones tengan la posibilidad de poder contribuir a esta construcción, significa respeto de estos hechos culturales, en el sentido de interculturalidad, de proveer, a cada uno, a cada cultura, a cada saber, la posibilidad de realmente contribuir a esta decisión mediante el diálogo. Se trata de la unidad de la diversidad, del respeto profundo por la diferencia, de cultivar un arraigado sentido de alteridad.

Igualdad y complementariedad de géneros. No puede haber ningún socialismo donde se siga explotando, discriminando, maltratando a las mujeres, ni a nadie. Se trata de avanzar hacia otro horizonte civilizatorio y este es un aspecto crucial del cambio. Los diálogos intergéneros son fundamentales para ir generando una conciencia distinta.

Respeto Integral a los derechos Humanos. El nuevo socialismo del siglo XXI después del holocausto, del stalinismo, de las atroces dictaduras latinoamericanas, de Abu Graib, de Guantánamo, de lo que hace el ejército israelí en la franja de Gaza no puede sino comprometerse a fondo, con el respeto a los derechos humanos.

La liberación es una cuestión del conjunto de la humanidad. La liberación no puede tener límites estrechos, es una cuestión que atañe a todas y todos, no puede haber egoísmos nacionales, ni regionales. Esto es fundamental.
Para que esta utopía se transforme en programa político, en realidad, se necesita generar profundos procesos de conciencia, se necesita procesos de educación liberadora, se necesita movilizarse y participar en las luchas de los movimientos sociales. Se necesita sacar a los trabajadores del reivindicacionismo estrecho. Se necesita ir gestado un proceso de organización social distinto, de redes solidarias, de un tejido social verdaderamente liberador, donde se asiente materialmente la nueva conciencia. Se necesita entrega, honestidad, generosidad, voluntad, coraje, inteligencia, firmeza, sensibilidad, imaginación, modestia y mucha bondad.

LA CUESTIÓN DE LA TRANSICIÓN

Para concretar e ir avanzando hacia las metas en un proceso de mediano y largo alcance es necesario e indispensable ir encontrando en las batallas cotidianas los puentes, las transiciones adecuadas entre las reivindicaciones y nuestras metas, pero hay una constante, control social, control ciudadano, si ustedes quieren, participación, pero para pasar a la decisión, generar organizaciones que cuestionen constantemente al poder existente, lo importante es saber hacia dónde avanzar. Se requieren, además, nuevos liderazgos, no sabelotodos que todo lo pueden, sino equipos, direcciones colectivas y democráticas que enfrenten problemáticas complejas con madurez y sagacidad.

Febrero 2009

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