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16/06/2009 :: Asia

El agujero negro del Imperio: Afganistán - Pakistán

x Grégoire Lalieu y Michel Collon
[Traducido del Francés para La Haine por Felisa Sastre] Entrevista con Mohamed Hassan. "La clave de la crisis está en la estrategia de Estados Unidos para bloquear a China"

¿Es posible ganar la guerra en Afganistán? Según los expertos, no. Sin embargo la OTAN sigue con sus intentos de acabar con los Talibán, y Pakistán arde en llamas. ¿Cuáles son los verdaderos motivos de esta guerra?¿Sumirán la región en el caos las aspiraciones hegemónicas de Estados Unidos? En esta nueva entrega de la serie “Comprender el mundo musulmán”, Mohamed Hassan responde a esas preguntas y nos explica por qué el pueblo de Pakistán tiene que evitar una posible desaparición de su país...

En 2001, Estados Unidos iniciaba la operación “Libertad Duradera” [Enduring Freedom] contra Afganistán, según ellos, porque los Talibán se negaban a entregar a Osama Bin Laden. Siete años después, nadie habla ya del enemigo publico número uno. ¿Cuáles son hoy las razones de esta guerra?

En primer lugar, hay que tener en cuenta que los Talibán no tenían nada de que ver con Osama Bin Laden. En 1996, Bin Laden, expulsado de Arabia Saudí, se refugió en Sudán. Los saudíes presionaron para que Sudán expulsara al célebre terrorista. Fue entonces cuando Bin Laden llegó a Afganistán. Pero los atentados del 11 de septiembre no tenían relación alguna con este país. Los Talibán cuando Washington exigió la entrega de Bin Laden contestaron: “Si lo que quieren es que Bin Laden sea juzgado, dennos los pruebas y dejaremos que le juzgue un tribunal islámico en cualquier país musulmán, sea el que sea”. Pero los neoconservadores y el gobierno Bush, por encima de todo, aprovecharon el trágico suceso como pretexto.

¿Con qué intenciones?

Tres importantes libros nos permiten comprender las raíces de la actitud estadounidense. En primer lugar, “El fin de la Historia” de Francis Fukuyama, en el que postulaba que la Historia de la humanidad había llegado a su fin con el colapso de la Unión Soviética y el dominio de la democracia liberal. A continuación, “El choque de civilizaciones”, de Samuel Huntington, en el que defiende que la Historia ya no se a basar en la lucha de clase sino en el conflicto entre civilizaciones. Huntington divide el mundo entre las diferentes civilizaciones, y considera que la más agresiva sería la islámica. Por último, “El gran tablero de ajedrez” [The Grand Chessboard], de Zbigniew Brzezinski, en el que se afirma que la única potencia del siglo XXI será la que controle Euro Asia. Y, en efecto, la mayoría de la humanidad vive en esa zona y la actividad económica será allí la más importante.

Por el momento, volvamos al final del gobierno Clinton. El año 1997 estuvo marcado por una grave crisis económica: el estallido de la burbuja financiera en Asia provocó el desplome del NASDAQ(1). Cuando en 2001, los neoconservadores desembarcaron en la Casa Blanca de la mano de Georges W. Bush, la situación económica no era muy boyante. Pero a pesar de ello, expusieron muy claramente sus objetivos: nadie debería estar en condiciones de rivalizar con Estados Unidos, y para conseguirlo, el nuevo gobierno intentó controlar el mundo mediante el control de los recursos más valiosos, esencialmente el gas y el petróleo.

Bajo la influencia de Brzezinski, Clinton quiso, en primer lugar, controlar Europa mediante la ampliación de la OTAN, para después apoderarse de Asia Central. Pero los neoconservadores dijeron: “No, no tenemos tiempo para eso. Vista esta crisis, debemos establecer y controlar el Gran Oriente Próximo para disponer del petróleo”. El cambio de estrategia se percibe en el discurso de Bush tras los atentados del 11 de septiembre, en el que dijo: “O están con nosotros o contra nosotros”. Con su concepción del Eje del Mal, quería extender la guerra. La guerra en Afganistán- que, por primera vez en la Historia, planificó la CIA y no el Pentágono- no fue más que un pretexto para que los soldados estadounidenses se entrenaran y adquirieran la experiencia necesaria para atacar después a Iraq. Ustedes deben saber que el derrocamiento de Saddam Hussein estaba planificado desde mucho antes de los atentados del 11-S.

Obama quiere representar el cambio ¿Por qué concentra sus esfuerzos militares en Afganistán en lugar de en Iraq?

Para empezar, la guerra en Iraq ha presentado dificultades no previstas. El gobierno estadounidense pensaba que era el objetivo más fácil porque Saddam Hussein no disponía de un gran ejército y la mayoría del pueblo iraquí detestaba su régimen. Estados Unidos necesitó sólo unos días, del 20 de marzo al 10 de abril de 2003, para tomar Bagdad. Después, sólo han protegido la industria petrolera y han permitido que lo demás reventara. Paul Bremer, gobernador estadounidense de Iraq, destruyó los cimientos del antiguo régimen iraquí, desmovilizó a la policía y desmanteló el ejército. Fue entonces cuando la resistencia aumentó y también los costes de la ocupación estadounidense: ocho mil millones de dólares al mes ( a los había que añadir mil millones y medio más para Afganistán). Durante ocho años, el gobierno neoconservador ha gastado todo su dinero en esta guerra, sin resultado alguno: ni han conseguido pacificar el país, ni a establecer el Gobierno que querían, ni conseguir el apoyo popular, ni controlar el petróleo.

Cuando la resistencia iraquí puso al descubierto la debilidad del imperialismo estadounidense y su incapacidad para superar el conflicto, el pueblo estadounidense se volvió crítico con el sector político. La falta de apoyo de la opinión pública a esa guerra ha presionado a Obama para cambiar. Sobre todo porque en el escenario internacional la guerra no tenía un apoyo unánime: Francia, Alemania y otros países se negaron a ir a Iraq. En resumen, la decisión de Obama es también un medio de mantener la Alianza de la OTAN. Pero una derrota en Afganistán podría suponer su fin.

Los Talibán no ha sido siempre enemigos de Estados Unidos. La ex secretaria de Estado, Madeleine Albright acogió su llegada al poder en 1996 como un “paso positivo”. Parece, incluso, que ese paso fue apoyado [por EE.UU.] Es lo que la antigua primera ministra paquistaní, Benazir Bhutto, resumía así: La idea fue inglesa, la financiación saudí, la supervisión paquistaní y el armamento estadounidense.”

A finales de los años 70, los soviéticos llegaron a Afganistán para apoyar al gobierno revolucionario amenazado por luchas internas. Brzezinski, consejero del presidente Carter, se propuso convertir Afganistán en el Vietnam soviético para dar un golpe definitivo a la influencia del socialismo en la región. Para combatir a la Unión Soviética y al gobierno revolucionario de Afganistán, Estados Unidos y Arabia Saudí apoyaron entonces a los mujahidines a través de Pakistán. Cuando en 1989 el ejército rojo abandonó Afganistán, Estados Unidos sabía que los soviéticos pasaban una grave crisis. Una vez conseguido su objetivo, se lavaron las manos y dejaron la región sumida en el caos.

Es cierto, Washington utilizó a los mujahidines como un preservativo: se usa y se tira cuando ya no es útil. ¿Quién lo ha sufrido? Los pueblos de Afganistán y Pakistán. En efecto, cuando los servicios secretos paquistaníes apoyaron a los mujahidines, no unificaron el movimiento sino que armaron a cada uno de los señores de la guerra por separado. Retirados los estadounidenses, se produjo un grave enfrentamiento entre ellos. El país quedó totalmente destruido por esa guerra civil. Millones de refugiados huyeron a Pakistán, entonces también afectado por una grave crisis, y una economía en declive debida a la llegada de numerosos afganos y señores de la droga.

En este contexto, aparecieron los Talibán, estudiantes pertenecientes a la generación más joven de aquellos refugiados. Su llegada al poder ofrecía una oportunidad a Estados Unidos y Pakistán. Pero, de hecho, estos tres protagonistas tenían cada sus propios intereses.

¿Es decir?

Pakistán, cuando los países de Asia Central se independizaron, comprendió que su principal enemigo, India, era muy fuerte, mientras que él se encontraba en una situación delicada. La burguesía paquistaní decidió, para desarrollarse económicamente y competir con la India, servirse de Afganistán como puerta de acceso a los mercados de Asia Central y, por ello, favoreció el acceso al poder de los Talibán en Afganistán. Estados Unidos estaba interesado en controlar y dominar las riquezas de Asia Central. La compañía petrolera UNOCAL quería construir un oleoducto en la región, pero para ello era imprescindible pacificar Afganistán.

En conclusión, los Talibán querían pacificar el país e instaurar una revolución islámica, lo que coincidía con los intereses de Arabia Saudí, que aspiraba a extender la ideología islámica en Asia Central para debilitar a Rusia y controlar el gas de la región.

Apoyados por las potencias extranjeras, los Talibán lucharon contra los señores de la guerra y tomaron el poder. Agotado, el pueblo afgano quería la paz y los Talibán fueron muy bien recibidos.

Al final, el plan no ha funcionado: Estados Unidos no ha conseguido pacificar la región, Pakistán no ha conseguido entrar en los mercados de Asia Central y los Talibán han sido derribados. ¿Por qué?

En Afganistán existen varios grupos étnicos. El mayoritario son los pastunes que constituyen casi el 50% de la población, seguidos por los Tadjiks, los Hazaras y los Kazakhs, en torno a los cuales se articula la rivalidad de los señores de la guerra. Además, existen otras minorías. Los Talibán son pastunes y un rasgo característico de este grupo es que son muy independientes. Estados Unidos y Pakistán querían utilizarlos como mercenarios pero los Talibán tenían su propia opinión del asunto. Además, los pastunes no reconocían la frontera que separa Afganistán de Pakistán.

¿Por qué?

Volvamos al siglo XIX, cuando la India era la joya de la corona del Imperio británico que amenazaba la expansión de los rusos en Asia Central. Para proteger su colonia, los británicos quisieron servirse de Afganistán, lo que desembocó en tres guerras anglo-afganas. Lo que nos interesa especialmente es una de las consecuencias de la segunda guerra: en 1893, el gobernador de la India, Sir Durand, dividió el territorio pastún, con el fin de proteger su colonia, creando una zona de contención entre Afganistán y la India británica. Aquella línea divisoria es la actual frontera entre Afganistán y Pakistán. Y es la razón por la que muchos pastunes no reconocen la existencia de Pakistán. Cuando éste último se independizó, el único país que votó en contra de su ingreso en la ONU, fue Afganistán. Estaba claro, pues, que los Talibán, cuando llegaran al poder no se someterían a los intereses extranjeros.

En mayo de 2001, seis meses antes del atentado contra el World Trade Center, Washington concedió, sin ningún resultado, una subvención de 43 millones de dólares al régimen Talibán en el marco del proyecto de oleoducto de UNOCAL. Pero con el atentado del 11-S todo el programa se fue al garete.

Las fuerzas de la coalición derrocaron fácilmente al régimen Talibán pero no han conseguido controlar el país. ¿Por qué?

En primer lugar, los pastunes no han reconocido al actual gobierno afgano. Cuando los Talibán fueron expulsados, Estados Unidos colocó a Hamid Karzai como presidente. Karzai, que había trabajado para UNOCAL, es pastún pero no tiene una base social en Afganistán. Y de hecho, los pastunes, que constituyen el primer grupo étnico del país, no están verdaderamente representados en el Gobierno. Sólo han colocado algunas marionetas de Washington sin legitimidad alguna entre la población. Al principio, Estados Unidos trataron de comprar a pastunes representativos para que entraran en el Gobierno, pero cogieron el dinero y se fueron: como he dicho antes, ¡los pastunes son muy independientes!

En segundo lugar, los señores de la guerra, miembros del Gobierno, se mueven cada uno según sus propios intereses, no pagan impuestos al gobierno central y se apropian de sus riquezas. Cada ministerio es un feudo independiente de un señor de la guerra. Una situación caótica que paraliza al Gobierno.

En tercero, los señores de la guerra no confían en los pastunes ya que piensan que si éstos últimos tuvieran mayoría en el Gobierno, impondrían su opinión. En pocas palabras, es un Gobierno en el que todos están contra todos. ¡Todas las películas que occidente se ha montado no funcionan en absoluto!

Asimismo, podemos decir que las fuerzas de la OTAN no ayudan a Hamid Karzai con sus bombardeos sobre agricultores en sus granjas, sobre mezquitas, en bodas y funerales... Al gobierno actual, una gran mayoría de la población le considera un instrumento del agresor. Todos esos asesinatos han dado lugar a un levantamiento popular y ha unificado la resistencia de los Talibán.

Como consecuencia de la guerra, la producción de opio ha aumentado más de un 3.000% desde la caída del régimen Talibán, y el departamento de Estado estadounidense ha acusado a los Talibán de utilizar la droga para financiar la resistencia...

El opio es un producto químico que se extrae de la amapola. Cuando la flor de la amapola se abre, se corta, y se recoge la leche que fluye, y se vende. Es lo que hacen los campesinos afganos. Después, la gente deja que se seque, la manipulan con máquinas a las que añaden productos químicos para obtener al final el opio. Para producir esta droga, se precisa de un laboratorio con gentes que tengan conocimientos químicos. Yo no creo que los agricultores afganos tengan todos un diploma en química. Si fuera así, ¡Afganistán sería un país muy desarrollado! Para sacar dinero del tráfico de opio, se debe disponer de una cierta logística para que el producto llegue a occidente, y los Talibán no disponen de nada de eso. De hecho. El opio proviene de los señores de la guerra, con la ayuda de la CIA. En gran parte, la droga procede de los servicios secretos estadounidenses que la utilizan como un fondo rentable, llevándola a los países occidentales, vendiéndola a precios de mercado y utilizando después ese dinero sucio para financiar sus guerras.

En Afganistán, el cultivo de la amapola comenzó con la guerra contra los soviéticos y, en la actualidad, la industria del opio está en manos de los señores de la guerra. Es decir, para un campesino resulta mucho más rentable cultivar amapolas que tomates, y para conseguir una base social, los señores de la guerra han dejado que los agricultores cultiven lo que quieran.

Por el contrario, cuando los Talibán tomaron el poder en los años 90, quemaron los campos de amapolas, lo que les produjo muchos enemigos entre el campesinado. Por eso, hoy los Talibán no impiden su cultivo pero prohíben la producción de opio. Incluso consiguen beneficios gracias a la contribución financiera de los campesinos. De hecho, el gobierno central no tiene posibilidad alguna de cobrar impuestos en el sur del país, porque todo está en poder de los Talibán. Y ¡un Gobierno incapaz de cobrar impuestos no es un Gobierno!

Muchos especialistas consideran que es imposible ganar la guerra en Afganistán. El general francés Georgelin la ha llegado a calificar de “follón incontrolable”. ¿Cuáles son las dificultades que se han encontrado las fuerzas de la coalición?

La OTAN asesina a civiles diariamente. Desde entonces, la población se ha acercado a los Talibán. En la actualidad, controlan el sur del país con un gobierno de hecho en cada aldea. Se han mezclado con la población y las fuerzas de la OTAN sufren pérdidas. Así que, cuando algo sospechoso se mueve, los soldados disparan y matan a civiles. De ahí que los afganos tengan que plantar cara, por una parte, a los imperialistas señores de la guerra que bombardean a civiles, y por otra, a los señores de la guerra regionales que saquean el país y venden la droga. Esa es la razón de que los Talibán tengan el apoyo del pueblo. No porque tengan ideas progresistas sino porque esperan de ellos que lleven la paz al país. Exactamente como lo hicieron en 1992.

¿Esa es la razón por la que Obama se declara dispuesto a negociar con los Talibán moderados?

Él intenta proteger Estados Unidos de una crisis gestada y acumulada durante las últimas siete décadas. Y resulta difícil. Obama quiere demostrar que no existe una guerra contra los musulmanes, que rechaza el supuesto choque de civilizaciones y, por ello, está dispuesto a negociar con los Talibán moderados. Esa es la nueva política estadounidense hacia numerosos lugares del mundo donde existen movimientos islámicos: dividirlos entre buenos y malos.

No sé si ese tipo de negociaciones podrá acabar con el conflicto. Si Washington intenta esta vía, deberá programar, probablemente, una nueva propaganda que muestre el lado bueno de los Talibán. Pero existen recuerdos del pasado: destruyeron los templos budistas para instaurar la revolución islámica, su actitud hacia las mujeres es primitiva y su visión del mundo arcaica. Por su parte, los Talibán para conseguir el apoyo de la población han tenido que aprender de sus errores. He mencionado el cultivo de la amapola. Otro ejemplo: contrariamente a lo que habían hecho en el pasado, los Talibán hoy aceptan que las niñas puedan ir la escuela. Han evolucionado y se han fortalecido para resistir, pero eso no quiere decir, forzosamente, que estén dispuestos a negociar con Estados Unidos. Hay que tener en cuenta el hecho de que, a partir de ahora la parte más grave de la crisis no se encuentra ya en Afganistán sino en Pakistán.

¿Por qué la guerra afgana ha provocado una crisis semejante en Pakistán?

Como he dicho antes, la línea Durand, trazada en el territorio histórico de los pastunes es la actual frontera que separa los dos países. Lo que significa que hay pastunes a ambos lados de ella. En Pakistán, son el segundo grupo étnico tras los punjabíes. Es algo importante, porque la elite paquistaní, desde la independencia del país, ha apoyado al imperialismo estadounidense. Usted puede trabajar como agente de su patrón cuando lleva a cabo para él un trabajo lejos, por ejemplo, en Sudamérica o en África. Pero en el caso de la guerra de Afganistán, sería un suicidio porque los dos países son vecinos y comparten grupos étnicos.

Hay también Talibán en el norte de Pakistán y cada día atacan y destruyen los suministros de las fuerzas de la coalición que está previsto pasen desde Pakistán a Afganistán por un lugar estratégico de la frontera. Para resolver este problema, el gobierno paquistaní, títere de Washington, autoriza a la OTAN a bombardear a los pastunes en su propio territorio. En consecuencia, se han desarrollado los Talibán paquistaníes y ahora consideran que el enemigo es Pakistán. Han declarado estar dispuesto a llegar a Islamabad.

Debido a que la frontera entre los dos países no tiene sentido, el pueblo paquistaní tiene que afrontar este problema: ¿dónde está legitimidad del gobierno paquistaní si permite que la OTAN bombardee a sus propios ciudadanos? El pueblo paquistaní ahora tiene dos soluciones: convertirse en nacionalista y rechazar los dictados de EE.UU. o continuar con la actual situación que conduce a la desaparición de su país.

¿Cuáles podrían ser las consecuencias de esta crisis?

La clave está en la estrategia de Estados Unidos para bloquear a China. Cuando se produjo el tsunami, Washington envió una importante ayuda humanitaria a Indonesia, aprovechando la ocasión para construir una base militar en la provincia de Aceh. Esta base está situada frente al estrecho de Malaca por el que pasa el petróleo procedente del océano Índico con destino a China.

Hoy, Estado Unidos está instalado en ese estratégico lugar. Al menor problema con China, estará en condiciones de cerrar el estrecho y privar a China de su petróleo. Consciente de la situación, el gigante asiático- que necesita cada vez más petróleo para su desarrollo- busca otras vías de aprovisionamiento, una de las cuales pasa por Birmania, que tiene recursos y que podría permitir el acceso hacia Bangladesh.

Otra posibilidad es el puerto del Gwandar, construido por China en Baluchistán, la provincia mayor de Pakistán con alrededor del 48% de la superficie del país, pero la menos poblada, con un 5% de la población total. Tiene importantes reservas de gas y petróleo y Pekín podría construir un oleoducto que partiera de Irán y atravesara Baluchistán hasta llegar a la China occidental. Pero Estados Unidos pretende impedir que esa provincia pase a la órbita de influencia china. Por ello, apoya al movimiento separatista de Baluchistán con el objetivo de tomar el control del puerto de Gwandar.

Con el problema de los pastunes por un lado, y por el otro con la posible secesión de su provincia más extensa, Pakistán corre el peligro de la balcanización: el desmembramiento en una serie de pequeños Estados. Hoy el pueblo paquistaní es más consciente y tiene la obligación de parar ese desastre y evitar que se creen los Estados Unidos de Pakistán. Pero es responsabilidad también de todos los movimientos democráticos revolucionarios de la región. Porque, si Pakistán corriera la misma suerte que Yugoslavia, la región entera tendría que afrontar gravísimos problemas.


1. N.T.: Mercado electrónico de acciones en Estados Unidos

Michel Collon Info, 4 de junio de 2009

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