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Medio Oriente, Mundo :: 02/02/2026

El drama de los kurdos y solidaridades por temporadas

Oleg Yasinsky
A la gente de 'izquierdas' en Occidente nunca les gustó recordar el hecho de que las FDS, durante años, estaban bajo la protección del Ejército estadounidense que las financiaba

[en la foto: Las fuerzas kurdas acuerdan su integración en el régimen extremista sirio.]

Como es bien sabido, la historia y sus mitos los escriben los vencedores, los que tienen en sus manos las tijeras o el elástico de la censura y las bellas tintas encargadas y auspiciadas por el poder de turno. En los tiempos de las redes sociales es muy curioso escuchar a varios activistas de las eternas causas 'antisistema' diciendo ahora "nos toca dar batalla al sistema a través de sus propias herramientas, como Facebook, Instagram o X" en su terreno. Ya no me parece ingenuo esto, creo que, a estas alturas, es simplemente estúpido, es igual que subirse con un arco y flechas a un tanque enemigo y creerse, como se dice entre ellos, 'empoderado'.

Veamos un ejemplo reciente: la masacre de los kurdos en Siria, que continúa. Recordemos la larga y unánime admiración de todo tipo de 'izquierdas democráticas' y 'antiautoritarias' por la administración autónoma kurda de Rojava, gobernada por las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS). Sin duda, tenemos mucho que admirar y aprender de su organización civil política interna, igual que el rol de sus heroicos hombres y mujeres en los combates contra el Estado Islámico, algo indiscutible, enorme y glorioso.

Pero a esos amigos de la 'revolución de Rojava', gente de 'izquierdas' del extranjero, nunca les gustó recordar el hecho de que las FDS, durante años, se encontraban bajo la protección del Ejército estadounidense, recibieron sus armas para combatir el terrorismo creado por el propio EEUU y, mientras le fue conveniente a su auspiciador la ayuda proporcionada, para asegurar el control de una cuarta parte del territorio sirio y cuidar sus yacimientos de petróleo y gas en Deir Ezzor y Hasaka. Tampoco se comenta que el régimen israelí que, como se sabe, es de extrema derecha y no soporta ningún 'izquierdismo', siempre vio con buenos ojos la autonomía kurda en Siria. Espero que nadie en su sano juicio afirme hoy que Netanyahu y sus cómplices estaban preocupados por los derechos de las mujeres kurdas.

Esta hipocresía de la izquierda internacional le está costando mucho al pueblo de Rojava. Me niego a creer en que se trate de una simple ingenuidad o ignorancia. Habría que no entender absolutamente nada de la historia de Oriente Medio, del mundo y de su lógica para no darse cuenta de que, después de utilizar a los kurdos para sus intereses, EEUU no los entregaría como premio a sus verdaderos socios caníbales de la región.

Lo peor de lo que sucede estos días en Siria ni siquiera es la tragedia de los kurdos. Siempre hay algo peor. Con la acción conjunta o coordinada entre los Gobiernos de EEUU, Turquía e Israel, el terrorismo religioso, que es el peor monstruo de nuestros tiempos, ha sido soltado en Siria, lo que tendrá inevitables consecuencias no solo para Oriente Medio y África, sino para el mundo entero.

Conocemos bien en qué laboratorios occidentales y bajo qué banderas se criaron las bandas de cortadores de cabezas. Ahora son un instrumento infalible para el sistema, dispuesto a actuar en todas las latitudes y contra cualquier expresión de inconformidad. Ellos, y no los kurdos de Rojava, fueron y son los verdaderos y eternos protegidos de la CIA, el MI6 y el Mossad, algo que 'las izquierdas antiautoritarias', que hoy nos proponen "combatirlos con las herramientas del sistema", nunca quisieron ver.

Estamos viviendo tiempos de una gran soledad para los pueblos, independientemente de tanta repetición del mantra de que unos u otros 'no están solos'. El ruido de los medios representa cada vez menos las agendas reales y la misma prensa sirve como una máquina para fabricar indulgencias y distracciones. ¿Alguien se dio cuenta de lo rápido que el 'mundo progresista' se olvidó de Gaza? Si Trump presentara ahora un nuevo 'Plan de Paz' para Cuba, prometiendo convertir el Malecón habanero en una 'nueva Riviera', obviamente después de la 'liberación de Cuba' de los cubanos, ¿pasaría lo mismo? ¿Un par de semanas o meses de protestas y escándalos en la prensa, para después pasar a otros temas de mayor 'rating'?

¿Por qué para estos 'activistas progresistas' sigue siendo tan natural viajar a EEUU, Reino Unido o Francia y desde sus 'convicciones pacifistas' se niegan a pisar la tierra rusa?

Lo sucedido en el Kurdistán sirio es una advertencia a los movimientos sociales que dicen que no les gusta Rusia ni China por lo 'capitalistas' que son, aunque al parecer, la protección y alianza con EEUU de los kurdos nunca les molestó. Creo que no es el caso repetir banalidades como "es mejor solos que mal acompañados", sino buscar y construir verdaderas alianzas fuera el dominio occidental, una tarea totalmente imposible en el territorio de sus tecnologías que controlan cada suspiro nuestro, incluyendo este. Es evidente que muchos clichés 'hiperrevolucionarios' sobre el sistema fueron creados por el mismo sistema para mantenernos divididos. ¿Cómo dejar de quejarnos de todo este desastre?

Una de las características de este momento es que, al parecer, en el mundo no existe ninguna propuesta seria que reemplace el sistema que criticamos desde todas las tantas razones de sobra que hay. Pero prácticamente ninguno de los críticos del capitalismo se imagina fuera del capitalismo.

Tal vez la primera tarea no sea 'decir más', sino aprender a callar el ruido impuesto. Me refiero al ruido de las consignas prefabricadas, de las indignaciones programadas, de las solidaridades selectivas que duran lo que dura un 'hashtag' o un meme en redes sociales. La historia no se repite, pero el método sí: dividir, instrumentalizar, usar y desechar. Ayer fueron los yugoslavos y los libios, hoy son los palestinos, los kurdos, los ucranianos, los iraníes y mañana cualquier otro pueblo que tenga la mala suerte de existir en un territorio estratégico para los poderes corporativos.

La pregunta no es si el sistema nos deja hablar, sino para qué nos deja hablar. Nos autoriza para desahogarnos en sus espacios vigilados, nos da la ilusión de participación, nos concede pequeñas libertades simbólicas mientras las decisiones reales se toman en otra parte. Confundir eso con la lucha es uno de los grandes triunfos del poder contemporáneo.

Es posible que los pueblos ahora estén muy solos, por falta de un proyecto verdadero de futuro que nos una a todos. Pero la soledad también puede ser un punto de partida, si se transforma en conciencia y no en resignación. Una lucha de verdad no se libra en las plataformas del enemigo, ni con sus lenguajes o símbolos, ni bajo sus reglas. Todo eso (y mucho más) habrá que crear. La lucha por el futuro nace desde la coherencia, en la memoria, en la organización real, en la solidaridad concreta y, sobre todo, en la capacidad de no mentirnos a nosotros mismos.

Tal vez ahí empieza todo: dejar de pedir permiso para pensar y para dudar. Recordando que el libro de la historia, aunque hoy escrito por los vencedores del momento, mientras estemos vivos, nunca tendrá un capítulo final.

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