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Argentina :: 25/12/2010

El Estado en la disyuntiva: Represión o Proyecto Nacional

Horacio Bustingorry
Cuatro años consecutivos de economía pujante no fueron suficientes para satisfacer las necesidades básicas de parte del pueblo argentino.

El presente artículo fue publicado por primera vez en la Revista Banderas Nº 4 en el primer semestre de 2007. La publicación en ese entonces era editada por la agrupación La Jauretche de la Facultad de Humanidades de La Plata, hoy integrante de la JP Liberación Nacional. Pese al carácter ensayístico del artículo, cierta levedad conceptual en su terminología y la ausencia de datos fácticos que corroboren e ilustren lo afirmado, puede servir de disparador para darnos un debate al interior del kirchnerismo sobre un tema que en más de una ocasión ha resultado tabú. El accionar represivo de la Policía Federal en los sucesos de Villa Soldati deben alertar sobre cuál es el rol que juegan hoy las fuerzas de seguridad del Estado. Cada acto represivo en que puedan incurrir las fuerzas estatales tiene un costo en el presente y en el futuro. Cada acción represiva llevada a cabo por el Estado significa una especie de know-how al interior de las fuerzas de seguridad que las entrena y las prepara para cualquier salida reaccionaria que pudiese darse en contra del actual proyecto. El artículo será publicado sin modificaciones porque más allá de sus límites y de haber sido escrito en otro contexto, creemos que su contenido es de una actualidad innegable. El objetivo de su publicación es abrir el debate para que entre todos alcancemos una mejor comprensión de esta compleja temática.

El Estado en la disyuntiva: Represión o Proyecto Nacional

Cuatro años consecutivos de economía pujante no fueron suficientes para satisfacer las necesidades básicas de parte del pueblo argentino. El favorable contexto económico mundial y la acertada política de gobierno para aprovecharlo facilitaron el resurgir de una Argentina productiva e industrial con independencia económica, soberanía política y... de forma menos clara y aún pendiente, con justicia social. La tarea del momento consiste, por lo tanto, en satisfacer las necesidades de quienes no han alcanzado una calidad de vida digna. Los datos de la economía parecen indicar que el objetivo no es irrealizable. Pero su cumplimiento no es tan sencillo. Para construir una Patria socialmente justa es necesario que el Estado tenga mayor ingerencia en el plano económico-social., ¿Por qué razón?

Dadas las características del contexto económico mundial -donde existen tendencias globales a la concentración de la riqueza, alta desocupación, precarización del empleo importancia desmedida del capital financiero, etc.- el crecimiento económico logrado en el país no garantiza por sí solo la equidad social. La posibilidad de construir un país sin excluidos está fuertemente limitada por aquéllos factores. La volatilidad de la economía mundial y la lógica perversa de los mecanismos de mercado pueden en un abrir y cerrar de ojos terminar con sueños y proyectos de millones de compatriotas. Esas tendencias pueden revertirse a través del accionar del Estado. El manejo de algunos resortes de la economía, el control de la seguridad social y previsional, la intervención en los mercados, el control de capitales, los acuerdos de precios para controlar la inflación, las retenciones a las exportaciones, la creación de fuentes de empleo, la realización de planes de vivienda, los subsidios a las pymes, una salud y educación dignas, el control de los grupos económicos dominantes, la redistribución de la riqueza, etc., son factibles de realizar con un Estado fuerte y de impronta popular. Las Organizaciones Sociales debemos apostar al fortalecimiento del Estado, acumulando poder, y no regalando los espacios que hayamos conquistado.

Ahora bien, hay características del Estado que no deben perderse de vista. Todo Estado es guardián y custodio del orden legal vigente. Para ello posee el monopolio de la coerción y está facultado de cualidades represivas. Ésas cualidades muchas veces contienen una lógica que escapa a las decisiones personales constituyendo un dato de la realidad insoslayable. Si pasamos de éste planteo abstracto a las características represivas del Estado argentino la situación se pone más compleja. El pasado dictatorial del período 76-83 entrenó a las fuerzas armadas y de seguridad interior en mecanismos represivos que no fueron dejados de lado totalmente. El gatillo fácil, la impunidad y brutalidad en las cárceles, la arbitrariedad policial, las tareas de inteligencia de ciertos sectores de las fuerzas armadas, etc., son elementos que no pueden pasarse por alto. Cualquier cuestionamiento al estado actual de cosas corre el riesgo de enfrentarse con modalidades represivas que no contribuyen en nada a la construcción de un país más digno.

Ésta realidad es muy difícil de modificar y su solución implicará un trabajo lento y delicado. Se han hecho avances para revertir este cuadro pero no son suficientes. Lamentablemente ciertas prácticas permanecerán por un tiempo prolongado y no se erradicarán rápidamente. La reconstrucción nacional deberá realizarse con estos lastres. ¿Qué problemas acarrea ello? A largo plazo la facilidad para la represión y la impunidad consiguiente favorece a las minorías dominantes. La frustración del proyecto nacional del 73-76 es una muestra de ello y debería llamarnos a la reflexión sobre las causas del fracaso. Es importante tomar conciencia que el accionar represivo del Estado es, siempre en potencia, un ensayo para la destrucción del Proyecto Nacional en su conjunto.

Hoy en día cuando ciertas organizaciones -a través de medidas políticas tipificadas como delitos- equivocan el camino y apuestan a la destrucción de un proceso que contiene gérmenes de liberación, no debemos perder de vista lo antedicho. En la “convivencia” con las fuerzas represivas del Estado es menester la solidaridad con quiénes son víctimas de ellas. El repudio y la organización ante cualquier avance represivo son imprescindibles para la cristalización de un nuevo país. Nuestra apuesta a la construcción del Proyecto Nacional desde la militancia popular será imposible sin aminorar los rasgos represivos del Estado. Las tareas del momento para las Organizaciones Sociales respecto al Estado son dos. Por un lado la solidaridad con quienes equivocado el camino o apostando a éste proceso, han sido víctimas de las fuerzas represivas estatales. Y por el otro, el fortalecimiento de un Estado Nacional y Popular que instale definitivamente la justicia social para un pueblo que merece un presente diferente y un futuro mejor.

 

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