El hijo de todo el mundo: Trayvon


Un joven sale a comprar unas golosinas y una bebida fría simplemente porque se le antoja algo dulce. Un hombre que anda cerca lo ve y decide que es sospechoso. Un momento después el joven (sin arma) está muerto y el tirador tranquilamente afirma que le disparó en defensa propia.
Llega la policía, llamada por testigos del incidente. Los oficiales platican con el tirador. Tal vez intercambian información de la misma manera que se hace en un accidente de tráfico. Llaman al médico forense y se van.
Imagínense el diálogo:
--Oigan amigos, tuve que actuar en defensa propia.
--Sí, a mí me parece que fue un caso de defensa propia.
--Pues, diste en el blanco.
--Sí, es que el chavo me golpeó.
--Eh, no es la gran cosa. Qué buen disparo. Que pases buena noche.
Ninguna detención. Ninguna investigación verdadera. Caso cerrado. Pasan cuatro semanas.
Ahora imagínense los mismos eventos pero con un pequeño intercambio de papeles. El tirador es un hombre negro mayor de edad de estatura grande. El joven es un fan de rap de raza blanca que lleva una sudadera con la capucha puesta. No porta arma y está acostado boca abajo en la calle.
¿Cómo creen que los policías hubieran respondido en el segundo escenario? De hecho, ya saben cómo hubieran respondido. Y no hubieron tardado semanas, sino minutos, en determinar lo que pasó. ¿Quién lo puede dudar?
¿Y qué es lo que dice esto sobre el sistema? Todo lo que necesitamos saber.
Trayvon Martin es el nombre que ustedes conocen ahora. Hay muchos Trayvones sin nombre, sin cara. Y la verdadera tragedia es que habrá más, porque el sistema no está descompuesto, sino podrido.
Desde la nación encarcelada, soy Mumia Abu-Jamal.
©'12 Mumia Abu-Jamal
26 de marzo de 2012
Audio grabado por Noelle Hanrahan: www.prisonradio.org
Traducción Amig@s de Mumia, México







