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Venezuela, Estado español :: 12/01/2026

El imperialismo, derrotado económicamente, hunde sus garras en América Latina.

Coordinación Núcleos Comunistas
La dictadura de la burguesía imperialista, máxime en tiempos de profunda crisis capitalista, exacerba su fuerza depredadora contra la clase obrera y los pueblos.

EE.UU ha atacado a Venezuela y secuestrado a su presidente Nicolás Maduro en un acto evidente de piratería criminal con el objetivo de apropiarse de su petróleo y de sus materias primas. A la espera de conocer qué vías de facilitación internas ha habido, lo que está claro es que los cubanos que integraban el equipo de seguridad del presidente lo han defendido con sus vidas. Desde aquí les rendimos homenaje, a ellos y a otros venezolanos que también cayeron defendiendo su patria.

Resulta patético escuchar que “se ha violado el derecho internacional”, viendo lo que ha ocurrido tantas veces, especialmente en Palestina. Un derecho internacional que sólo se ha respetado cuando la correlación de fuerzas lo ha impuesto y que yace sepultado bajo los escombros de la URSS. La única diferencia con Iraq, Libia o Yugoslavia es que ahora el imperialismo ni se ha molestado en construir una coartada mínimamente creíble, ni en buscar la participación de otros países.

Lo que rubrica el ataque a Venezuela es la decisión de EE.UU de hacerse con el control total de América Latina; bien a través de gobiernos títeres que ganen elecciones mediante su injerencia o provocando golpes de Estado. Es lo que establece la Estrategia de Seguridad Nacional de EE.UU[1] de 2025 en la que China y Rusia desaparecen del primer plano como enemigos principales, para rescatar la Doctrina Monroe de 1823, que con el Corolario Roosvelt[2] de 1904, legitiman el intervencionismo de todo tipo para el control total de América. El imperio estadounidense, arruinado económicamente e incapaz de enfrentarse a Rusia y a China, afila sus garras sobre América Latina y alimenta el negocio de las armas. Es lo único que es capaz de vender y que la UE paga generosamente.

Ante este escenario en el que no se ocultan los objetivos de dominación y el empleo de cualquier método para lograrlos, la reacción cobarde de los gobiernos “progresistas” latinoamericanos no augura nada bueno para la soberanía de sus pueblos. Una vez más se manifiesta claramente que sólo firmes posiciones comunistas revolucionarias y consecuentemente internacionalistas (en este caso de unidad latinoamericana) pueden ser los pilares que sostengan con la suficiente fuerza la lucha antiimperialista.

No por esperada es menos nauseabunda la posición de la Comisión Europea y de los gobiernos, es especial el del PSOE-IU-Sumar negándose a condenar el bombardeo de Venezuela y el secuestro de su presidente. Queda así más patente la desvergüenza con la que transfieren masivamente fondos públicos a los fascistas ucranianos y a las empresas armamentísticas, mientras se hunden la industria, la ganadería, la agricultura y los servicios públicos, y la miseria se extiende por los barrios obreros.

El deber de la clase trabajadora y los pueblos del mundo es construir espacios de unidad y resistencia, que con el ejemplo del pueblo palestino, identifiquen el enemigo común: EE.UU., la UE y la OTAN. Son ellos los que, con la colaboración de los gobiernos de cada país, saquean los recursos de los pueblos y atacan al mismo tiempo los derechos laborales y sociales para enriquecer con dinero público al gran capital, parapetado ahora en la industria armamentística.

No es ninguna novedad decir que Europa se derrumba, aunque El País – que más parece la orquesta del Titanic – siga repitiendo en sus editoriales “Hoy, más Europa que nunca”.

El colapso de la industria europea, el gran motor de la economía, avanza vertiginosamente. La situación de crisis abierta que se vivía desde 2008 se precipitó tras la voladura de los gasoductos Nord Stream 1 y 2 en septiembre de 2022. El súbito encarecimiento de la energía, junto al impacto boomerang de las sanciones a Rusia, ha precipitado la caída del PIB industrial, el cierre de fábricas, el aumento del desempleo y la huida de numerosas empresas hacia países con menos costes, sobre todo, a China y a EEUU.

Como es evidente que la industria española no seguirá caminos diferentes de la exlocomotora europea, recordamos las palabras del presidente de la Asociación Federal de la Industria Alemana que afirmaba que se trataba de la mayor crisis de la República Federal y que se encontraba en “caída libre”. Así mismo insistía en que “no se trata de una crisis cíclica – como afirmaban los sindicatos para apaciguar a los trabajadores (!!!)– sino de un declive estructural”[3].

La colaboración de clase de los grandes sindicatos como IG Metall que, como la misma patronal reconoce, es una ayuda inestimable para mantener la paz social, ocultando las dimensiones del desastre: se pierden 10.000 empleos mensuales sólo en la industria automovilística.
Al igual que ocurre en otros países, las burocracias sindicales se afanan en mantener las luchas aisladas por territorio y sector, de forma que sea imposible una respuesta de clase conjunta, y mucho menos que la misma señale la responsabilidad de las políticas de la UE y de la OTAN.

Ante la evidencia incuestionable del alineamiento de los sindicatos integrados en la CES con las políticas de la oligarquía europea (que generosamente los financia), cada vez gana más prestigio USB (Unión Sindical de Base)

Pero no se trata sólo de Europa. Los crujidos del hundimiento del sistema de poder que consagró la hegemonía de EE.UU después de la II Guerra Mundial son ya atronadores, pese a que aún conserve su poderío militar y sea capaz de atacar países como Venezuela.

Sus pilares fundamentales fueron: el control militar y económico de Europa – la OTAN y el Plan Marshall – y la confrontación entre China y la URSS. Siguiendo la lógica del geógrafo británico Mc Kínder “quien controle el heartland euroasiático controlará el mundo”[4], la hegemonía incuestionable de Washington parecía asegurada, máxime tras el hundimiento de la URSS . El reino de la mano invisible del mercado – Mcdonalds, Silicon Valley y Hollywood – estaba asegurado por el puño de hierro, la indiscutible supremacía militar imperial[5]. Era el fin de la historia de Francis Fukuyama.

El desplome de la URSS rubricó una gran derrota para el proletariado y los movimientos de liberación del mundo, largamente gestada en las degeneradas estructuras de poder soviéticas.

Desde la desaparición del Pacto de Varsovia, quince países europeos [6] se han incorporado a la OTAN, con la oposición infructuosa de Rusia que esgrimía la traición repetida a promesas sobre la no ampliación de la Alianza hacia el este.
Ucrania debía ser la siguiente pieza en conformar el cerco de la OTAN sobre Rusia, pero llegó demasiado tarde. Otras alianzas llevaban tiempo gestándose y ampliándose basadas en el respeto a la soberanía y el beneficio mutuo. Ni más, ni menos. Los países integrados en los BRICS, ni son socialistas, ni son omnipotentes. Sólo están contribuyendo decisivamente a socavar el imperialismo anglosajón y europeo que llegó al mundo chorreando sangre y lodo y no ha dejado de hacerlo. Lo están haciendo sin provocar golpes de Estado, ni ocupar países. Desarrollan sus relaciones económicas a través de la gigantesca Ruta de la Seda, promueven el comercio en sus monedas nacionales – socavando el dominio del dólar -, todo ello basado en dos hechos decisivos:

El poderío económico y tecnológico de China como primera potencia mundial yla derrota militar de la OTAN por parte de Rusia en Ucrania.


No hay duda de que el tiempo juega a favor de China y de Rusia. La loca carrera de Trump con sus aranceles frente a China no son más que palos de ciego frente a un gigante. Por otro lado, los intentos de forzar la firma de la paz en Ucrania chocan contra el muro de una Rusia que conoce su superioridad militar y armamentística. Moscú sabe perfectamente que la operación militar especial iniciada en 2022 debe marcar el final de una supremacía militar imperialista dirigida contra su existencia. La instalación de misiles “Oreshnik” en Bielorrusia, con cabezas nucleares, imposibles de interceptar y capaces de llegar a EE.UU. en 15 minutos, muestran con claridad que Rusia no sólo cuenta con suficientes armas convencionales para mantener una guerra larga contra la OTAN, sino que está dispuesta a cumplir todos los objetivos necesarios para asegurar su independencia y su soberanía.

El Rearme engendra la intensificación de la lucha de clases en la UE, con Italia a la cabeza.

El orden mundial está hundiéndose y ese es el escenario de la lucha de clases, del que no es excluible el estallido de una gran conflagración mundial.

La economía europea está en un círculo infernal. Hace décadas que la crisis en la economía productiva la van solventando los gobiernos mediante privatizaciones, rescates (como los de la banca en 2010) o subvenciones más o menos encubiertas (Covid, Fondos Next Generation, etc). En resumen, se iba manteniendo la producción capitalista mediante transferencias de dinero público; lo del libre mercado no era más que un cuento. Ahora la situación llega a un callejón sin salida. Los huevos de oro del presupuesto público van a parar a la industria armamentística privada que tiene al Estado como cliente único; es decir, salen miles de millones de euros de un presupuesto en el que cada vez entra menos vía impuestos, porque la actividad productiva se va reduciendo. Es evidente que el resultado inevitable es el recorte de gasto público para financiar una guerra perdida y contra un enemigo inventado que cada vez asusta menos. Las consecuencias han empezado a apuntar y no harán más que desarrollarse. Por un lado, el resquebrajamiento de la UE cuando cada vez más países se oponen abiertamente al envío de dinero y armas a Ucrania, así como al robo de fondos soberanos rusos depositados en la UE. Además amenazan con la ruptura si la regla de la unanimidad se rompe. Por otro, y éste es el de más trascendencia, el resurgir de las movilizaciones obreras y populares en la UE. El año 2025 se ha cerrado con huelgas generales en Bélgica, Francia, Portugal, Grecia e Italia. En todos los casos, excepto en Italia, las huelgas han sido convocadas por los grandes sindicatos y, aunque han tenido gran seguimiento, la denuncia sobre recortes de servicios públicos y derechos laborales, no se ha acompañado de la denuncia correspondiente del gasto militar.

En Italia, el sindicato Unión Sindical de Base (USB) convocó una huelga general el 28 de noviembre que paralizó el país y gigantescas movilizaciones el sábado siguiente [7]. El lema principal era: “Contra los Presupuestos de Guerra”, declarando inadmisibles el rearme, el desmesurado gasto militar y la complicidad del gobierno con el genocidio del pueblo palestino, mientras se recortan salarios y gastos sociales. La plataforma reivindicativa incluía aumento salarial, escala móvil salarial según IPC, reducción de la jornada laboral manteniendo el mismo salario, aprovechando las mayores eficiencias y plazos reducidos que permite la digitalización y las nuevas oportunidades organizativas. Y lo que es más importante, se planteaba como objetivo “la acción colectiva y de clase: trascendiendo la lógica sectorial y actuando como faro para la movilización unida”.

Asumiendo su liderazgo de las luchas obreras a escala europea, por su capacidad de convocatoria y, sobre todo, por su capacidad política de vincular la lucha contra el Rearme, con las agresiones a la clase obrera y con la solidaridad con la Resistencia palestina, los trabajadores portuarios convocan a escala europea y del Mediterráneo una huelga general para el próximo 6 de febrero [8]. Denuncian recortes en la jornada laboral con reducción salarial, recortes en el empleo por la automatización, empeoramiento de las condiciones de salud laboral y ataque a las libertades sindicales. La importancia política de esta movilización es grande, por cuanto en su comunicado apuntan directamente contra la UE y la OTAN, planteando entre otros temas:

la oposición al plan de rearme de la UE y detener el inminente plan de la UE y de los gobiernos europeos de militarizar los puertos y la infraestructura estratégica; – bloquear todos los envíos de armas desde nuestros puertos al genocidio en Palestina y cualquier otra zona de guerra, y exigir un embargo comercial a Israel por parte de los gobiernos e instituciones locales.

Cuando la agresividad del imperialismo se intensifica y la lucha de clases se agudiza, debemos recordar que:

La dictadura de la burguesía imperialista, máxime en tiempos de profunda crisis capitalista, exacerba su fuerza depredadora contra la clase obrera y los pueblos. Frente a ella sólo una fuerza con la suficiente claridad política y determinación es capaz de generar la unidad antiimperialista imprescindible. Si se emprende el camino de la revolución, de la expropiación de los expropiadores, y de la construcción de nuevas relaciones sociales que acaben con la explotación del trabajo humano, sólo la dictadura del proletariado abre posibilidades de victoria.

[1]https://www.defensa.gob.es/ceseden/-/ieee/la-estrategia-seguridad-nacional-de-estados-unidos
[2]https://es.wikipedia.org/wiki/Corolario_de_Roosevelt
[3]https://es.investing.com/news/stock-market-news/industria-alemana-dice-que-el-pais-sufre-la-crisis-mas-profunda-desde-la- posguerra-3417414
[4]https://es.wikipedia.org/wiki/Teor%C3%ADa_del_Heartland
[5]»Para que la globalización avance es imprescindible que EE.UU. actúe con toda su omnipotencia. La mano invisible del mercado jamás funcionará sin el puño invisible. Mac Donald’s no prosperará sin la MacDonnell Douglas que ha construido el F15. El puño invisible que garantiza un mundo seguro para Silicon Valley se llama, ejército, aviación, marina y Cuerpo de Marines de Estados Unidos» (Thomas Friedman. The New York Times, 28-3-1999.) Citado en
https://www.lahaine.org/est_espanol.php/estado_de_guerra_angeles_maestro_2001
[6]La República Federal Alemana ingresa en la OTAN en 1955 incumpliendo los acuerdos sobre la desmilitarización de Alemania entre la URSS, EEUU y Gran Bretaña. Tras la caída de la URSS, la RDA, tras la unificación de Alemania, también lo hace en 1990. El Pacto de Varsovia se disuelve en 1991. Documentos desclasificados de EEUU y la URSS
reflejan negociaciones para no continuar la ampliación de la OTAN hacia el este.
En 1999 se incorporan a la Alianza Polonia, Hungría y la República Checa. En 2004, lo hacen Bulgaria, Estonia, Letonia, Lituania, Rumanía, Eslovaquia y Eslovenia. Albania y Croacia lo hacen en 2009. En 2020 ingresa Macedonia del Norte; en2023 se incorpora Finlandia y en 2024, Suecia.
[7]La vibrante crónica del éxito de esas movilizaciones, puede consultarse aquí: https://tesoro.usb.it/leggi-notizia/usb-e-la- mobilitazione-generale-contro-la-finanziaria-di-guerra-1725.html
[8]El Manifiesto de Convocatoria, brillante ejemplo, de conciencia de clase, puede consultarse aquí: Convocatoria para un Día Internacional de Acción Portuaria Conjunta 6 de febrero de 2026 – Coordinación Núcleos Comunistas

 

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