El legado de Bush: cadáveres, equivocación y muerte de la lógica

Los Estados Unidos son un sistema de gobierno profundamente fracturado. El país ha tenido significativas divisiones políticas, económicas y sociales a lo largo de su corta historia. Aún así mientras una diversidad de ideologías políticas ha sido cegada por un sistema electoral dominado por dos partidos, durante las últimas generaciones profundos cismas, han sido en gran parte contenidos y manejados por la religión civil del americanismo, garantizada por la prosperidad de la post-guerra que creó una clase media.
La esperanza y la posibilidad de mejorar la vida mediante el trabajo dedicado han mantenido las divisiones fundamentales en los Estados Unidos. Pero la clase media está ahora bajo ataque por dos lados: primero, de la América Corporativa, personificada en Wal-Mart cuyo slogan "precios bajos todos los días" es subvencionado por la ayuda del gobierno proporcionada a sus trabajadores, que ganan salarios de pobreza con beneficios insuficientes [1]; Segundo, desde un extraño nuevo sector de los llamados neoconservadores, que redujeron la red de seguridad social en un momento de gran inseguridad económica, mientras se amplió considerablemente el tamaño y alcance del gobierno, dejando déficit presupuestarios récord para las generaciones futuras.
George W. Bush ha dirigido a los neoconservadores a un número bastante impresionante de victorias inauditas, en el proceso de sacar a la superficie y cristalizar la profunda desarmonía de Estados Unidos. Mientras sea probablemente muy temprano para dar algún tipo de evaluación final sobre el legado de Bush, el daño no está hecho, yo entrego lo siguiente para el expediente.
Con la publicación reciente del informe final de la "Comisión de Capacidad de Inteligencia de los Estados Unidos con respecto a las armas de destrucción masiva", tenemos una respuesta autoritaria y definitiva: la administración Bush, que demostró ser irresponsable al enfatizar el tema de las armas de destrucción masiva como su justificación mayor para atacar Irak, estaba muy equivocada. Por supuesto, los autores del informe fueron cuidadosos en respetar su mandato, que los autorizó a culpar sólo a la inteligencia y no investigar cómo se utilizó la "inteligencia" o fue influida por los políticos. Pero lo que tendría que estar claro para cualquiera que preste atención fue reconocido silenciosamente en el informe: "el río de inteligencia que fluía de la CIA hacia los máximos responsables de formular medidas parecía "estar vendiendo" inteligencia para mantener a sus clientes, o por lo menos el Primer Cliente interesado". La Casa Blanca obtuvo lo que quería.
No sólo fue la administración Bush la que estuvo muy equivocada, las acciones que justificaron con esta información han tenido como resultado posiblemente más de 20.000 cadáveres: más de 1.700 soldados de las fuerzas de coalición dirigida por EEUU y entre 17.000 y 20.000 civiles iraquíes.
Pero quizás lo más notable es que estos y otros hechos no alcanzaron para disminuir el apoyo de Bush entre el público norteamericano. De hecho, puede ser que Bush sea el logro supremo de que la razón ha dejado de ser un componente efectivo del discurso político en los Estados Unidos. En lugar de eso, apelar a la emoción (fortificada por mentiras, verdades a medias y manejo de imágenes) se transformó en la forma primaria de persuasión en la política norteamericana [2].
Tras el tsunami político de Bush, la lógica debe ser contada entre los muertos. El argumento racional, junto con la responsabilidad, se volvió tan anticuado como las Convenciones de Ginebra. Aún así, para los que todavía pueden ser persuadidos por la razón, aquí hay tres preguntas importantes para que podamos contrastar ahora los reclamos iniciales de la administración Bush con los resultados eventuales. (Otra vez, entrego esto para el expediente, aunque no espero que ningún hecho persuada a ningún partidario de Bush.)
¿Por qué los Estados Unidos atacaron Irak?
El 30 de marzo de 2003, diez días después de que empezaran los ataques aéreos y el primer día que los marines y las tropas del ejército norteamericano ocuparon la Guardia Republicana Iraquí, el Secretario de Defensa Rumsfeld declaró, "sabemos dónde están las armas de destrucción masiva". El 29 de mayo de 2003, apenas tres semanas después de que Bush declaró el fin oficial de "las grandes operaciones de combate" en Irak, continuó la charada, afirmando, "encontramos las armas de destrucción masiva" [3].
Incluso un año después de la invasión Bush mantuvo su supuesta creencia firme en la existencia de esas armas y continuó utilizando esto como justificación para la invasión. En una conferencia de prensa el 13 de abril de 2004 un periodista hizo lanzó una típica pregunta a Bush: "después de 11/9, ¿cuál diría usted que fue su error más grande, y qué lecciones ha sacado?" En un típico despliegue de elegancia y humildad Bush respondió:
"Me hubiera gustado que me diera esta pregunta por escrito antes, para planificarla. [Risas] John, estoy seguro que los historiadores mirarán hacia atrás y dirán, 'Cielos, podría haberlo hecho mejor de esta o esa manera'. Usted sabe, estoy seguro de que algo me vendrá a la cabeza aquí en el medio de esta conferencia de prensa, con toda la presión de tratar de responder la pregunta, pero no ha sucedido todavía".
"Hubiera entrado en Afganistán de la manera que entramos en Afganistán [sic]. Aún sabiendo lo que sé hoy acerca de las reservas de armas, hubiera llamado al mundo para lidiar con Saddam Hussein. Mire, yo creo que averiguaremos la verdad sobre las armas. Por eso hemos enviado la comisión independiente. Espero oír la verdad, dónde están exactamente. Todavía podrían estar allí. Podrían estar escondidas, como las 50 toneladas de gas mostaza escondidas en una granja turca" [agregó con énfasis].
Y con el informe de la comisión tenemos ahora la verdad que Bush esperó con tantas ansias:
No había armas de destrucción masiva;
La comunidad de inteligencia "estaba paralizada por su incapacidad para reunir información significativa sobre programas de armas nucleares, biológicas y químicas de Irak";
La Casa Blanca y el Congreso tomaron la decisión de entrar en la guerra utilizando información de inteligencia basada en "viejas suposiciones" y mentiras; y
Casi cuatro años después de los ataques del 11 de septiembre, la inteligencia mantenía problemas sistémicos, todavía estaba dañado y plagado de importantes errores.
Previsiblemente, la respuesta de Bush será desconocer las principales conclusiones del informe y prometer más de lo mismo: "Nuestra recolección y análisis de inteligencia nunca serán perfectos, pero en una época donde nuestro margen de error se hace más pequeño, en una época que estamos en guerra, la consecuencia de subestimar una amenaza podrían ser decenas de miles de vidas inocentes, mi administración continuará haciendo reformas en la inteligencia que nos permitirán identificar las amenazas antes de que surjan enteramente". O, como resultó, amenazas inexistentes.
"Resulta que estábamos todos equivocados", dijo el jefe de inspectores de armas de Bush, David Kay, en un testimonio al Congreso el 28 de enero de 2004, "no había grandes reservas de armas". Pero no estábamos tan equivocados. Muchos en la izquierda habían cuestionado la inteligencia politizada desde el principio, discutiendo todo el tiempo que Irak no tenía conexión con el 11/9 ni con al-Qaeda, que el cambio de bin Laden a Hussein era el resultado de un plan previamente pensado por la administración de perseguir a Irak más que el resultado de un eje sostenido en la llamada guerra contra el terrorismo, y que ninguna amenaza de Hussein era probable y ciertamente no era inmanente.
De hecho, la página web de Counterpunch se llenó de tales súplicas para razonar. Por ejemplo tres semanas antes la invasión de Irak, escribí: "El Secretario de Defensa de Clinton, William Cohen, le dijo al presidente entrante Bush que 'Irak ya no planteaba una amenaza militar a sus vecinos'. Más directamente, en un informe justo antes que el Congreso votara la Resolución Conjunta sobre Irak, la CIA dijo que 'Bagdad por ahora parece no estar dedicado a realizar atentados terroristas con armas convencionales o químicas y biológicas contra los Estados Unidos' [4].
Pero el apoyo popular y del Congreso a Bush se basaron no en la lógica o la razón. En lugar de eso, la administración logró su cometido mediante apelaciones emotivas, como la táctica del miedo de Condi (Condollezza Rice, N de T): "no queremos que el fusil humeante sea una nube hongo".
¿Qué traerá consigo y qué logrará la guerra?
Los tres principales arquitectos de la guerra eran el vicepresidente Cheney, el Secretario de Defensa Rumsfeld, y su vice Wolfowitz. Cada uno jugó su papel en la venta de la guerra:
"Seremos, de hecho, saludados como liberadores Creo que será relativamente rápido semanas más que meses" (Vicepresidente Cheney [16/03/2003].
La guerra "podría durar seis días, seis semanas. No creo que seis meses". (Rumsfeld [07/02/2003].
"Es difícil de concebir que sea necesario emplear más fuerzas para estabilizar el Irak post-Saddam de la que se necesitaría para realizar la guerra misma y asegurar la rendición de las fuerzas de seguridad de Hussein y su ejército. Es difícil de imaginar". (Wolfowitz [27/02/2003].
Sabiendo lo que sabemos ahora, estos comentarios son, a lo sumo, optimistas. Pero, otra vez, la situación actual de Irak fue prevista bastante claramente por muchos adversarios de la guerra antes de que empezara la invasión. De hecho, mirando otra vez las protestas escritas en la página web de Counterpunch, sería difícil interpretar estos comentarios como otra cosa que no fuera total incompetencia de los arquitectos de la guerra y un triunfo de la ideología sobre la razón. Por ejemplo, en una serie de artículos en Counterpunch, Zoltan Grossman, un geógrafo y experto en relaciones étnicas globales, dijo que Estados Unidos y las fuerzas de la coalición encararían una viva resistencia chiíta y predijo que la captura de Saddam intensificaría la insurgencia [5].
De los 1500 soldados norteamericanos muertos, 1400 murieron en los dos años que siguieron a la declaración de Bush de "misión cumplida" en Irak, y la ocupación se prolongó. La situación en Irak ahora es de incertidumbre e inestabilidad económica y política extrema. La electricidad está disponible sólo durante una fracción pequeña del día, el alimento escasea y los sistemas de agua y salud no funcionan [6]. Los iraquíes son torturados por las fuerzas de ocupación en las mismas prisiones utilizadas por Hussein. En general, reina el caos: "cerca de 5.000 iraquíes han sido raptados en el último año y medio, según funcionarios de seguridad occidentales e iraquíes", informa The New York Times, la mayoría de ellos no están relacionados a razones políticas [7].
¿Cómo será financiada la guerra?
Finalmente, la cuestión del costo financiero de la guerra debe ser agrada al costo humano. El ex vice Secretario de Defensa Wolfowitz, recientemente recompensado por Bush con un nombramiento para dirigir el Banco Mundial, dijo al Comité de de Apropiaciones del Congreso en una audiencia de Regulación Suplementaria de la Guerra el 27 de marzo de 2003:
"Hay mucho dinero para pagar esto que no tiene que ser el de los contribuyentes norteamericanos, y comienza con las ventajas iraquíes, las rentas de petróleo de ese país podrían traer entre 50 y 100 mil millones de dólares durante el curso de los próximos dos o tres. Hablamos de un país que puede financiar realmente su propia reconstrucción, y relativamente pronto".
Actualmente los Estados Unidos han gastado más de 200 mil millones de dólares desde la invasión en marzo de 2003 y la administración ha pedido recientemente un adicional $82 mil millones (fuera del proceso normal del presupuesto). Otra vez, si esto demuestra otra cosa que incompetencia total de parte de los arquitectos de la guerra de la administración, es el triunfo de las creencias y la emoción sobre la razón. Cuando la historia proclame su juicio final sobre el legado de Bush, es probable que no sea el "fracaso" más grande de inteligencia de la historia moderna, ni las decenas de miles de cadáveres que dejó a su paso, sino la ascendencia de la emoción en el discurso y la política norteamericana, mientras la lógica y la razón son enterradas con otros tantos adversarios de la agenda de los neoconservadores.
Notas
1. Jenna Wright, "Wal-Mart Welfare: How taxpayers subsidize the world’s largest retailer," Dollars and Sense, Enero/Febrero 2005.
2. Varios lectores notarán la típica distinción filosófica entre tipos de retórica aquí: logos (razón) versus pathos (emoción). Un tercer tipo de retórica en la distinción clásica es ethos o el llamado basado en el carácter. La política de Bush está ciertamente centrada en el ethos también, mediante la apelación al carácter moral de los conservadores y los patriotas, y mediante la difamación de los oponentes. La razón y la lógica de logos fueron estranguladas por la ascendencia de la política de Bush (de alguna manera como el uso de la decapitación como una "nueva" táctica terrorista que resultó de la política exterior de Bush).
3. Ver http://www.whitehouse.gov/g8/interview5.html.
4. Matt Vidal, "George W. Bonaparte: The Renunciation of Leadership," Counterpunch.org, 28/02/2004.
5. Zoltan Grossman, "After the War on Saddam: A War on Iraqi Dissidents," Counterpunch.org, 21/03/2003; "The Perils of Occupation: The Easier the Victory, The Harder the Peace," Counterpunch.org, 20/04/2003.
6. Kevin Zeese, "After Two Years of Occupation: Both Iraq and the US are Worse Off," Counterpunch.org, 16/03/2005.
7. James Glanz, "Rings That Kidnap Iraqis Thrive on Big Threats and Bigger Profits," New York Times, 28/03/2005.
8. Iraq Index, The Brookings Institution, http://www.brookings.edu/iraqindex.
Fuente: Counterpunch. Traducción de Celeste Murillo, especial para Panorama Internacional







