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04/05/2021 :: Europa, Venezuela

El legado de Lenin

x Suzi Weissman / Tariq Ali
Entrevista con Tariq Ali :: A 151 años de su nacimiento, las ideas de Vladimir Lenin sobre la democracia, la violencia popular y la revolución siguen siendo inspiradoras

El libro del escritor, cineasta y periodista pakistasní Tariq Ali, The Dilemmas of Lenin: Terrorism, War, Empire, Love, Revolution, saca a relucir a un Lenin desconocido, amante de la literatura latina y de la música clásica, profundamente influido por las convulsiones políticas de la época que afectaron íntimamente a su propia familia.

La historia escrita por Occidente ve a Lenin como un dictador despiadado, por lo que no sorprende oír hablar de su compromiso con la democracia. En esta entrevista con Suzi Weissman para Jacobin Radio, Ali desvela los mitos y calumnias sobre el papel de Lenin en la historia, nos ayuda a evaluar las ideas y acciones de Lenin y se pregunta qué relevancia tienen para hoy.

Su nuevo libro nos presenta un Lenin que no hemos visto normalmente: su amor por la literatura, el latín y el ajedrez, y el impacto de la muerte de su hermano.

Estas son las cosas de las que la gente no habla, y por varias razones. Una de las razones es lo que los dirigentes soviéticos hicieron con Lenin después de su muerte. El Politburó tomó la decisión de momificarlo, de exhibir su cuerpo en público, de transformarlo en un santo bizantino. Es una tradición de la Iglesia Ortodoxa. Aunque algunas personas del Politburó no estaban a favor de ello, no podían oponerse porque habría parecido muy sectario.

La viuda de Lenin, Nadia Krupskaya, junto a sus dos hermanas, suplicaron a los dirigentes diciendo «Él lo habría odiado. Detestaba todo este tipo de deificación. Por favor, entiérrenlo bajo los muros del Kremlin, donde han sido enterrados otros líderes y activistas. No le hagáis esto».

Pero lo hicieron, y fue una jugada inteligente. Podían utilizar a Lenin, especialmente en los años de Stalin; reconstruirlo como alguien que no era, forjar fotografías con él.

Stalin en particular hizo esto. Él, por supuesto, coincidió muchas veces con Lenin en las reuniones del Politburó; pero para mostrarse como un amigo suyo, falsificó muchas fotografías. Se hicieron cuadros falsos para sugerir una continuidad total entre Lenin, su pensamiento, y lo que existía en la Unión Soviética en los años treinta.

Hubo dos grupos diferentes de personas que creyeron o creen esto. Uno era el liderazgo estalinista en Rusia; el segundo fue Occidente.

En esto tenían una alianza impía. Los estalinistas decían: «Lo que estamos haciendo es una continuación de la obra del camarada Lenin», y lo que Occidente y sus dirigentes e ideólogos decían era «Sí, Lenin es la base de lo que ocurre ahora en la Unión Soviética». Estos dos gigantescos aparatos estatales e ideológicos se combinaron para hacer olvidar al verdadero Lenin. Pero por debajo de todo esto había un líder político y un teórico muy diferente.

La primera vez que fui a la Unión Soviética me sorprendió ver las largas colas para visitar su tumba. Pensé entonces que se necesitaría la posteridad para aclarar a Lenin. ¿Ha pasado tiempo suficiente para que podamos sacar a relucir a este Lenin desconocido?

Hay una gran hostilidad, por supuesto, dentro de la corriente principal, pero el ensañamiento ha desaparecido porque la Unión Soviética no existe. Francamente, me encantó pero también me sorprendió que el New York Times me pidiera que escriba un artículo de opinión sobre Lenin. Defendí efectivamente mis puntos de vista tal y como están escritos en el libro, y se publicó sin un murmullo.

Espero que esto indique que se va a prestar una atención más seria a su pensamiento y a algunos de sus escritos clave. Las «Tesis de Abril», donde cambia radicalmente su punto de vista sobre lo que se necesita; El Estado y la Revolución, donde aboga por una nueva Comuna de París.

Una de las cosas clave de la Comuna de París fueron las elecciones desde abajo en todos los niveles, hasta el punto de que el gran pintor francés Gustave Courbet organizó a los artistas de todos los barrios de París, que eligieron a los delegados, encargados de decidir el aspecto de la ciudad. Fue un proceso totalmente democrático. Este es el modelo que quería Lenin.

Algunas personas, después de su muerte, dijeron «la Guerra Civil fue horrible, pero incluso durante la Guerra Civil teníamos ciertas libertades que nos recordaban a la Comuna de París. Había una sensación de igualdad. Cualquiera podía decir lo que quisiera dentro de las filas del ejército y del partido. Podíamos discutir con los comisarios, etc.».

Se creó esta opinión de que todo se originó con Lenin. El viejo, viejo debate: ¿hubo una continuidad total entre Lenin y lo que vino después, o ninguna? No se puede decir ninguna de las dos cosas. Creo que hubo elementos de continuidad. No podemos negar eso, pero normalmente se trata de decisiones tomadas en situaciones de emergencia.

Lo más conmovedor fue repasar sus últimos escritos, en los que está furioso. Ha sido incapacitado por una apoplejía. Mira de repente a la distancia, porque los médicos ya no le permiten asistir a las reuniones del gobierno o del partido. Observa lo que han logrado y dice: «Dios mío, esto no va bien».

Su gran argumento en El Estado y Revolución es que una república socialista tiene que destruir todos los restos del zarismo, su burocracia y el gran chovinismo ruso. Dice: «A veces me parece que, aunque hayamos ganado la revolución, la vieja burocracia zarista sigue en el poder e infecta a los apparatchiks y dirigentes bolcheviques con los métodos de antes».

Esto le choca, así que está preparando una serie de documentos tajantes para intentar cambiarlo, transformando la estructura del Politburó, dando más poder a la Comisión de Control diciendo qué ha ido mal y por qué.

Esto es lo que nosotros, muchos de nosotros, hemos estado diciendo durante años. El socialismo, teniendo en cuenta dónde se produjo y tuvo lugar, es siempre una aproximación. No se puede decir: «Esto es el socialismo»: te esfuerzas por conseguirlo. Lenin escribe esto muy rápidamente.

En su libro, usted describe el momento en que el viejo anarquista, el príncipe Kropotkin, se encontró con Lenin a su regreso a la Unión Soviética. Los anarquistas estaban a punto de ser prohibidos, pero él vino a Moscú y se reunió con Lenin en mayo de 1919 y se quejó de la burocracia. Lenin le respondió: «Siempre estamos en contra de la oficialidad en todas partes».

Se encontró bastante con Kropotkin, y estaba bastante encariñado con algunos de los militantes y activistas anarquistas. ¿Cómo no iba a estarlo? Habían dominado la política rusa durante todo el siglo XIX.

No era el marxismo el que dominaba. Era el anarquismo. Esta era la ideología que gustaba a los jóvenes. Eran las ideas de Kropotkin y Bakunin las que adoptaron y les llevaron a una forma de anarcoguerrilla, porque decían: «No tenemos nada que perder».

En parte de la correspondencia de Karl Marx con rusos como Chernyshevsky, y por supuesto en sus conversaciones con Bakunin, dice: «Por supuesto que me opongo completamente al terrorismo en general, porque es una distracción para construir movimientos y partidos de masas, para ganar a la mayoría de la clase obrera». Pero en el caso ruso, dice Marx, «hay un argumento, ya que todo está bloqueado. Cuando los jóvenes dicen ‘la única manera de desbloquearlo es hacer estallar a los opresores’, lo entiendo. No se puede construir una estrategia en torno a ello, pero lo entiendo».

Muchas de las mujeres que entraron en acción en aquella época eran mujeres de clase media, muy bien educadas o, como en el caso de Sophia Perovskaya (que hizo estallar a uno de los zares) hija del gobernador general de San Petersburgo. Estos altos burócratas sabían con certeza a dónde iba el zar, cuándo iba, por dónde andaba, así que ella lo organizaba todo. Era la principal organizadora, y por supuesto fue ahorcada por ello; fue la primera mujer en ser ahorcada por la autocracia zarista.

Lenin lo sabía. Su hermano se había involucrado por error con un pequeño grupo anarquista cuando el propio anarquismo estaba colapsando. Solo escribió los folletos, y el fiscal del tribunal le dijo: «Aleksandr Ulianov, sabemos lo que has hecho». El hermano de Lenin dijo: «Sí, saben que he escrito los panfletos, pero asumo toda la responsabilidad de la acción». Había nobleza allí. No necesitaba hacer eso, y si no lo hubiera hecho, bien podría haber sido condenado a prisión.

Lenin, al crecer en este medio, lo sabía todo, y una de las primeras cosas que hizo fue ir a ver a muchos de estos viejos militantes anarquistas. Krupskaya escribe con bastante timidez en Memorias de Lenin: «Nunca pasamos por una ciudad en la que Vladimir Ilich no dijera bueno, ahora debo ir a ver a A, B, C, D, E, porque todavía están vivos». Siempre se trataba de viejos militantes anarquistas, por lo que este hábito permaneció con él.

Las tácticas tempranas contra las que Lenin se volvió más tarde –el uso del terror– provocaron debates en todo el mundo. Eugene Debs y Big Bill Haywood, aquí en EEUU, intervinieron y hablaron de que la acción directa está bien, pero tiene que ser por parte del movimiento obrero.

Cierto.

Esta es la posición que Lenin adoptó más tarde también. ¿Por qué la Comuna de París significó tanto para él?

La Comuna de París surgió esencialmente de la derrota sufrida por la clase dominante francesa a manos de los prusianos y los alemanes, como muchas otras revoluciones en la historia. Napoleón III cometió un gran error al provocar un conflicto con los alemanes, y Bismarck y compañía lo estaban esperando. Tras esta derrota infligida al ejército francés, huyeron a Versalles.

Los parisinos, los obreros especialmente, y los artesanos e intelectuales, dijeron «No aceptamos esta rendición, liberemos París, mantengámosla y luchemos contra los prusianos. No queremos ser ocupados ni por Napoleón ni por los prusianos».

Aquí se ven ecos de la posición de Lenin durante la Primera Guerra Mundial: No vamos a apoyar a ninguno de los dos bandos. Vimos los primeros destellos de eso en la Comuna de París, y se hicieron cargo. Derrotaron a los ejércitos reaccionarios reunidos en Versalles, y tuvieron el primer gran brote de lo que solo podemos llamar democracia obrera y popular.

No todos los participantes de la Comuna eran trabajadores. Hubo muchos ciudadanos involucrados que eran pequeños artesanos, artistas, escritores. Rimbaud, por ejemplo, escribió un poema describiendo su paso por la Comuna de París que es increíblemente conmovedor.

La Comuna de París electrizó a todo el mundo al decir «Vamos a elegir a nuestros propios representantes desde abajo», porque la democracia no existía en ese momento en ningún sitio. Alemania era probablemente la más avanzada, pero aquí también se había puesto en marcha una poderosa ley de emergencia para intentar mantener a los socialdemócratas a distancia. Esta democracia desde abajo entusiasmó a todo el mundo, y estos representantes acudieron a la asamblea local y a la Asamblea de París y se hicieron oír.

El Consenso de Viena de 1815 no era muy diferente al Consenso de Washington de los años 90, donde se decía: «Debemos asegurarnos de que dondequiera que surja la revolución, dondequiera que se desarrollen fuerzas de oposición, sean aplastadas inmediatamente. No podemos correr esos riesgos».

Entonces, 1848 estalló con revoluciones y demandas de autodeterminación nacional en toda Europa, y luego se produjo el estallido de la Comuna de París. Esto estaba muy cerca de los corazones y las mentes de los revolucionarios de todo el mundo. El mensaje llegó hasta Filipinas: «Mira lo que está pasando en París. Mira lo que se dice o lo que están haciendo».

A partir de 1871, se empezó a ver el desarrollo de una corriente que era protomarxista. Marx apoyaba completamente la Comuna, pero consideraba que, debido a la inexperiencia, se habían cometido un gran número de errores tácticos que podían haberse evitado. Aquellas personas que intenten diferenciar a Lenin de Marx se darán cuenta de que, en realidad, lo que dijo Marx sobre la Comuna de París era muy parecido a lo que Lenin iba a decir después.

La otra cosa sobre Lenin y el estado que se creó en 1917 es que toda la alianza occidental –las potencias de la Entente, los EEUU– estaba formada por las personas que dirigirían la inteligencia estadounidense durante los años siguientes. John Foster Dulles y Alan Dulles, siendo veinteañeros, estuvieron presentes en esa reunión para decidir cómo derrotar a la Revolución Rusa. Gran Bretaña estaba involucrada. Otras potencias europeas estaban involucradas. Veintidós ejércitos respaldados por las grandes potencias de la alianza occidental intentaban derrotar a los rusos. Eso dejó una marca muy profunda en esa revolución.

Es necesario entender la política. Lenin, su generación y Marx: estos eran sujetos políticos.  Comprendieron que sin la política nada podía avanzar. Lenin fue, por supuesto, en este sentido, un genio, tal como reconocieron incluso sus enemigos. Absolutamente claro, sin pintar las derrotas como victorias, sino diciendo que las victorias eran posibles si hacíamos A, B y C.

La Revolución de Febrero fue espontánea, con los trabajadores saliendo a la calle. Derrocaron al zar, pero como hubo vacilación, los soviets no proclamaron su poder y en su lugar llegó al poder un débil gobierno provisional. Fue una época muy libre, pero por otro lado, la revolución aún no había terminado. ¿Qué ocurrió cuando Lenin volvió del exilio y desembarcó en la Estación de Finlandia (en Leningrado)?

Cuando Lenin llegó allí, los soviets recién se estaban ensamblando. Algunos ya existían. No en todo el país, pero sí en los centros principales, ese era el modelo. No había Parlamento. La Duma no se respetaba en absoluto debido a la experiencia de 1905 –un ensayo general de la revolución, como lo llamó Lenin– y cuando los soviets surgieron por primera vez, de forma espontánea, ninguno de los partidos era fuerte en ellos. Fueron genuinamente espontáneos y liberadores. Mucha gente se dio cuenta de que ese debía ser el modelo de democracia –una democracia soviética–, que tenía un significado muy diferente al que se le atribuyó más tarde.

Cuando Lenin llega es recibido por una delegación oficial del soviet dirigida por los partidos liberales y moderados, y Chkheidze, un menchevique de derecha, le dice: «Le damos la bienvenida, camarada Lenin, en nombre del soviet de Petrogrado, pero le instamos a que comprenda que ésta es una revolución muy amplia y que debe unirse con todos los demás para llevar el movimiento adelante». Lenin le estrecha la mano con indiferencia y luego avanza para dirigirse a los delegados de los obreros y soldados que esperan. Dice: «Tenemos que hacer una revolución, y esta revolución tiene que ser una revolución socialista. Tenemos que acabar con la guerra y avanzar con la posibilidad de ir a por la tierra, la paz y el pan».

Esta es una de las viejas consignas de Lenin. Debajo de cada palabra, tierra, paz y pan, hay un pilar de hierro, que es la política táctica y estratégica bolchevique. Eso es lo que abarcan estos pilares, y son consignas muy populares.

Los funcionarios se quejan. Piensan «Dios, nada cambia. El tipo sigue siendo el mismo. No ha cambiado», porque algunos de los bolcheviques les dieron a entender que ahora estaban todos juntos y que no iba a pasar gran cosa. Lenin comprendió que si se perdía este momento, no habría revolución, porque estos bromistas que estaban en el poder se negaban a sacar a Rusia de la guerra, que era una demanda enormemente popular. No podían o no tenían el poder de transformar la situación social.

Es aquí donde Victor Serge dice que Lenin era un revolucionario en el momento de la revolución, y que eso define a un líder. Conocía el momento, podía ver lo que traía consigo, aprovecharlo y avanzar.

Exactamente. Lenin redactó las «Tesis de Abril». No hay que mistificarlas demasiado. Le gustaba escribir en forma de tesis. Estaban condensadas. Eran muy claras. No había palabras de más en ellas, solo trazaba y señalaba lo que había que hacer. Lenin decía que el proletariado tiene que tomar el poder.

La ortodoxia dice que todo lo que se nos permite en este momento es una revolución democrático-burguesa. Eso significa que nosotros no debemos participar en ella porque estamos en contra de la burguesía. Dejemos que ellos hagan la revolución, y nosotros esperaremos, y cuando la hayan realizado y desarrollado, entonces saldremos y haremos una revolución socialista diferente. Lenin dijo que eso era una completa y absoluta tontería (lo que después se demostró en la práctica).

A medida que pasan las semanas, dos cosas son obvias. Los puntos de vista de Lenin son extremadamente populares en las fábricas; no solo en las fábricas Putilov, sino en un gran número de otras fábricas subsidiarias que rodean Petrogrado. Son muy populares entre las mujeres, las mujeres de la clase obrera y las mujeres confinadas en el hogar. Asegurándose de que la gente de su propio partido lo entienda, primero se gana a las bases bolcheviques.

La clase obrera está por delante del partido, luego las bases están por delante de la dirección del partido, y entonces Lenin finalmente se levanta y dice a los dirigentes del partido: «Bien, ¿qué vamos a hacer?». Para entonces, la mayoría de ellos han acordado que hay que adoptar las Tesis de Abril, aunque cuando Lenin entró por primera vez, dijeron: «Lenin se ha vuelto loco. ¿Qué está pasando?».

Es importante que la adopción de las «Tesis de Abril» abre la puerta para que Trotsky y su pequeño grupo de intelectuales extremadamente dotados, que han estado discutiendo en esta línea durante muchos años, entren ahora y se unan al Partido Bolchevique, fortaleciendo así la cultura intelectual de los bolcheviques, que no estaba en su nivel más alto.

Hablemos de abril a octubre y de la emoción de la revolución.

Hay altibajos. En un momento dado, en julio de 1917, los obreros (o el sector más combativo de los obreros, no organizados por ningún partido pero bastantes de ellos eran simpatizantes bolcheviques) deciden que «ya basta, y tenemos que tomar el poder ahora». Lenin, por supuesto, conociendo ya muy bien la situación, está convencido de que esto es prematuro porque todavía no tienen mayoría en los soviets clave, e intenta impedirlo. Pero una vez que los trabajadores salen, los bolcheviques salen con ellos. No es cuestión de quedarse en casa, no es cuestión de pasividad.

Entonces tienes una respuesta contrarrevolucionaria. Trotsky es arrestado. Otros líderes bolcheviques son detenidos. Lenin es obligado por su propio partido a exiliarse, así que se disfraza de ferroviario y lleva una peluca (que le queda muy cool, por cierto).

Cruza la frontera, y desde allí sigue atizando a los dirigentes, diciendo: «Esto es un revés temporal. Nada fundamental ha cambiado». En septiembre, cuando el frente se está desintegrando totalmente, hay amotinamientos, deserciones a gran escala, los campesinos de uniforme vuelven a casa y son muy vulnerables a la agitación bolchevique. Es esta política de agitación bolchevique la que los conquista.

A Kornilov y a los generales de la derecha les resulta muy difícil contar con sus propios soldados para llevar a cabo masacres. Cuando las tropas de Kornílov marchan hacia Petrogrado para intentar liquidar a los activistas y tomar el poder al estilo de Pinochet, los agitadores bolcheviques salen a decir: «Miren, ¿saben por qué los traen a Petrogrado? Los traen para aplastar a vuestros compañeros, para ayudar a aplastar a otros soldados». El ejército comienza a drenar.

Para entonces, Lenin está de vuelta en Moscú, se celebran reuniones secretas de la dirección y deciden: «Este es el día, el 7 de noviembre, en que vamos a tomar el poder».

La gente dice que esto fue una conspiración, pero esta fue la revolución más abiertamente proclamada en la historia del mundo. No había ningún secreto. Cuando Lenin estaba aún en minoría, alguien le dijo en el soviet de Petrogrado: «La gente habla de tomar el poder. ¿Hay algún partido en esta asamblea que esté dispuesto a tomar el poder ahora?». Este hombre bajito y calvo levanta la mano, es reconocido, se levanta y dice: «Los bolcheviques están preparados para tomar el poder ahora». Hay risas, alegría y bromas.

A finales de septiembre, ocurre algo clave. Los bolcheviques tienen mayoría en los soviets de obreros y soldados de Moscú y Petrogrado. Cuando Lenin se entera de que esto ha sucedido y de que la situación ha cambiado, entonces decide: «Bien, es el momento adecuado» y planean la toma del poder, que se produce sin ningún tipo de violencia.

Una nota a pie de página. El gran historiador menchevique N. N. Sujanov, que ha escrito una de las mejores historias de la revolución –bastante crítica con Lenin en algunos aspectos, pero una historia maravillosa– dice que llamó a su mujer para decirle que llegaría un poco tarde, y su mujer le dijo: «Preferiría que no vinieras a casa esta noche. Hay mucha gente que se queda. Quédate en la oficina esta noche». Al día siguiente, Sujanov se entera de que la razón por la que le echaron es que el Comité Central Bolchevique se reunía en su casa para tomar la decisión de lanzar la insurrección.

Trotsky dijo una vez no solo que las revoluciones son la loca inspiración de la historia, sino que una revolución es una lucha por el ejército, y el bando que consigue el ejército gana. Guarniciones enteras apoyaban a los bolcheviques, pero la revolución fue bastante pacífica.

Completamente. Hubo muy pocas bajas. La película Octubre, de Eisenstein, exageró un poco el asunto. Sintió que tenía que hacer una película de ello, pero fue un asunto relativamente tranquilo. Hubo una gran alegría en las calles.

¿Cuál es el legado de la revolución?

Socialismo y democracia. Fue una revolución socialista hecha antes de tiempo, aislada en Europa por las masacres en Alemania de los líderes alemanes de la clase obrera, Rosa Luxemburgo, Karl Liebnecht, etc. Todos los bolcheviques estaban de acuerdo en que si estaban aislados, habría problemas. Por supuesto, hubo problemas (tanto internos como con las potencias extranjeras y con el ascenso del fascismo en Alemania).

Si la revolución hubiera tenido lugar en Alemania en los años 20, toda la historia de Europa habría sido diferente.

jacobinlat.com. Extractado por La Haine

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