El 25 de Kirchner: La Plaza del aparato

En ese sentido el 25 de Mayo fue una prueba de la capacidad de movilización de la vieja política. Es cierto que son millones los que tienen expectativas en Kirchner, sin embargo prefirieron seguirlo por televisión o directamente hicieron otra cosa ese feriado. ¿Por qué fueron menos pero muchos menos que los 350.000 que anunciaron los locutores oficiales?, o incluso menos que los 100 mil que da como número la supuesta prensa independiente. ¿Por qué no hubo entusiasmo entre los que fueron? En estas preguntas y en otras más hay que bucear las razones de que el efecto de mostrarse robustecido, y lanzar la reelección quedara, al menos, a medio camino.
En uno de los tramos de su discurso, Kirchner puso de manifiesto la necesidad de convocar a esa concentración: "soy el presidente menos votado de la historia". Esa es la marca de origen de un gobierno que surge por la brutal crisis del régimen político provocada por el Argentinazo. Una crisis terminal del sistema bipartidista asentado en el PJ y el radicalismo. Que obliga al presidente a tener un discurso populista mientras continúa aplicando políticas de entrega. Su preocupación central es el armado de un partido de gobierno. La famosa concertación o pluralidad que busca, se reduce a la cooptación de dirigentes y pedazos del triturado radicalismo o de otros partidos. A la integración por medio de la presión que hace sentir con el manejo de la coparticipación de intendentes y gobernadores que apoyaron al duhaldismo o al menemismo, volviendo a desnudar una vez más la crisis del viejo PJ.
Para superar esa debilidad de origen es que necesitaba una Plaza repleta, entusiasta y que le pidiera la reelección. Y en el sentido de acumular el poder que no le dieron los votos cuando fue electo esta nueva edición de la "Plaza del Si" tampoco alcanzó los objetivos.
En política lo que no fortalece debilita. La pelea con los militares en el Día del Ejército tiene el mismo sentido que el hacerse acompañar en el palco de la Plaza, por las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo: mostrar un perfil muy respetado por la sociedad, el de la defensa de los derechos humanos. Sin embargo la realidad cotidiana lo obliga a apelar a la represión, a mantener miles de luchadores procesados e incluso a encarcelar a otros, desnudando el verdadero rostro que los gestos o el discurso no pueden ocultar. Mientas da de baja militares en Buenos Aires, mantiene a la gendarmería como un ejército de ocupación, en la localidad de Las Heras, en su propia provincia. Es un striptease grotesco que cada día queda más en evidencia.
Lo mismo ocurre con los problemas más graves que sufre el pueblo trabajador: el salario, el trabajo, la miseria, la salud y la educación son todas deudas de un gobierno que la única deuda que honró fue la deuda con los buitres financieros pagando al contado más que ningún otro gobierno anterior. Esta política no puede generar entusiasmo. Ni puede construir nada nuevo.
Por eso Kirchner recurre a los mismos de siempre para hablar de "pluralidad’. Al viejo PJ de los De la Sota, los Obeid, los Quindimil y los Curto. A los viejos dirigentes sindicales como Cavallieri y el resto de los Gordos, que para ir a la Plaza se sumaron a Moyano y Barrionuevo. A los radicales de Alfonsín. Con ellos, con muchos de sus cuadros políticos arma la estructura de gobierno, mientras intenta un discurso progresista. Ese discurso busca una oposición de derecha y la encuentra en los Macri y los López Murphy, pero esa es una oposición anémica, que no alcanza para polarizar. El mismo discurso de Kirchner hace que Carrió se corra para el costado de la derecha política pidiendo una reconciliación con los militares que no será nunca posible mientras no haya verdad y justicia.
En otro tramo de su discurso Kirchner dijo que "el balcón tiene dueños, sigue siendo de Perón y Evita" es otra muestra del olfato del presidente. Porque ese primer gobierno peronista despertaba verdadero entusiasmo. El entusiasmo de la puesta en práctica de la jubilación, el aguinaldo y las vacaciones pagas. El entusiasmo de que el salario representaba la mitad del producto bruto. El entusiasmo que provocaba la posibilidad de construirse, aunque con mucho esfuerzo, la casa propia.
¿Qué puede anunciar Kirchner desde ese balcón? Que el salario tiene que aumentar menos que la inflación. Que los planes de obras públicas nunca alcanzan para crear empleo, que la mitad de la población sigue siendo pobre. Que comerse un asadito el domingo sale un ojo de la cara. Que mandar un pibe al colegio, o atenderle la salud a la familia es inalcanzable para una familia popular. Porque no hay doble discurso que pueda tapar la realidad de todos los días. Fue una plaza sin entusiasmo porque los trabajadores y el pueblo no tienen nada que festejar. Nunca podría haber sido "San Kirchner" al día siguiente. A lo sumo aprovechándose de la terrible situación en la que están los sectores más pobres de nuestro país, los punteros de los viejos aparatos podían ofrecerles a aquellos que fueron volverse con 20 pesos en el bolsillo.
Los trabajadores, los jóvenes que luchan, y todos los sectores populares que reclaman no estuvieron en la Plaza de Mayo el 25. Muchos de ellos ya no se dejan engañar, de a poco y desde abajo pero en cada rincón del país están avanzando. Se los puede ver en las asambleas que deciden salir a la pelea salarial o contra la precarización laboral desbordando muchas veces a los viejos dirigentes. Se los puede encontrar reconociendo que los viejos partidos como el PJ y el radicalismo son los partidos de las Petroleras, dirían los trabajadores de Las Heras, o de los grandes grupos económicos como sospecha el pueblo trabajador en todo el país. Por eso esos trabajadores y muchos otros en todo el país están tratando de poner nuevas alternativas sindicales como el MIC o están haciendo sus primeras experiencia politicas. Nuestra primer tarea es acompañar ese proceso y ser parte de la formación de esa nueva dirección sindical y política que necesitan los trabajadores.







