El atentado en Pakistán fue una respuesta a la ofensiva anti-talibán en suelo paquistaní

El régimen paquistaní acusó ayer a los talibán paquistaníes del atentado perpetrado el sábado con un camión-suicida cargado de explosivos y obuses contra el hotel Marriot, y que dejó un saldo aún provisional de 60 muertos y 200 heridos.
«Todos los caminos conducen a las Áreas Tribales Fronterizas con Afganistán». aseguró el ministro de Interior, Rehman Malik, en referencia a las provincias occidentales habitadas por pastunes, hermanos de sus vecinos afganos, e igualmente practicantes de un islam rigorista.
De momento nadie había reivindicado el atentado -el «11-S de Pakistán» según lo definió el redactor jefe del «Daily Times», pero los especialistas llevan meses insistiendo en que el noroeste de Pakistán se habría convertido en el «nuevo frente de la guerra al terror» decretada por EE.UU.
Estos mismos analistas aseguran que el atentado sería una «terrible advertencia» de esos pueblos a los regímenes estadounidense y paquistaní, que han intensificado sus ataques en esta zona.
Sus habitantes hacen frente desde comienzos de agosto a una gran ofensiva del Ejército paquistaní contra los distritos de Swat y Bajaur, donde asegura haber matado a 800 militantes islamistas. Desde Afganistán, los ataques aéreos y terrestres estadounidenses contra estas zonas son diarios.
«Por primera vez en la historia del país, las tropas paquistaníes han entrado en el distrito de Bajaur, donde se sospecha que se refugian guerrilleros talibanes moviéndose de un lado a otro y cruzando la frontera desde las provincias afganas de Kunar y Nuristán», aseguró un alto responsable paquistaní.
«Este atentado es un mensaje de los talibán. Si los paquistaníes y los norteamericanos no cesan en sus ataques a sus aldeas y a sus cultivos, matando gente inocente a diario, ellos atacarán en Pakistán y si pueden hacerlo, en EE.UU.».
No falta, no obstante, quien apunta hacia los servicios secretos -el poderoso ISI- y señala lo audaz y provocador del hecho de hacer pasar un camión cargado con 600 kilos de explosivos en el corazón de una capital que sufre unas medidas de seguridad draconianas desde hace por lo menos un año.
De lo que no hay duda es de que el ataque supone un gran revés para el nuevo presidente, Asif Ali Zardari, considerado por la opinión pública paquistaní como un títere de Washington, y quien acababa de pronunciar horas antes su primer discurso ante el Parlamento.
Todavía no se puede acceder al interior por el intenso calor
Los servicios de socorro seguían ayer buscando cadáveres entre los escombros alrededor del hotel. El balance oficial podría aumentar toda vez que las 300 habitaciones y los seis restaurantes del complejo fueron arrasados por el fuego.
La mayoría de los cadáveres recuperados corresponden a guardias de seguridad aunque se incluyen entre las víctimas mortales algunos extranjeros y civiles que paseaban cerca del lugar en el momento de la potente deflagración, que abrió un cráter de una veintena de metros de diámetro y ocho metros de profundidad.
Un vídeo recoge el momento de las dos explosiones. El conductor se hizo explotar en un primer momento tras estrellar el camión contra la barrera de seguridad. La bomba no explotó sino minutos después.
Un primer equipo de medio centenar de soldados accedió a primera hora de la mañana de ayer, 12 horas después del atentado, al hall del hotel pero el intenso calor les hizo retirarse.
Sólo algunos especialistas pertrechados con equipos de espeleología lograron penetrar en el interior de las ruinas, mientras los bomberos trataban de echar abajo los escasos muros en pie.
Una potente lluvia convirtió el escenario en un gran barrizal. Restos humanos eran visibles aún entre el barro, a la espera de ser retirados. La escena recordaba a los peores bombardeos.







