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31/05/2007 :: Venezuela

El caso RCTV de Venezuela. Los medios y el poder

x Modesto Emilio Guerrero
El caso de RCTV y otros canales en Venezuela retomó, mutatis mutandi, el camino original de la prensa (y los medios de información) en sus momentos inaugurales de los siglos XVII, XVIII y XIX, cuando la burguesía, como clase en ascenso y progresista, se representaba a sí misma en forma directa

El 27 de mayo en Venezuela ardió Troya: Ese día finalizó la concesión a RCTV (Radio Caracas Televisión) nacida hace 20 años.

Esa medida legal, que ha sido aplicada decenas de veces en Europa, Estados Unidos, Canadá y América latina desde 1969, sin haber provocado una campaña internacional, esta vez tiene en Venezuela un escenario de confrontación, como si se tratara de la expropiación del canal.

El asunto es que este canal de TV no es cualquiera, no es uno más: Lideró, junto con las otras estaciones privadas, la resistencia al régimen nacionalista de Hugo Chávez desde 1998. Y desde el año 2002, se transformó en el cauce de expresión política, propagandística, y parcialmente financiera y organizativa, de la oposición al gobierno.

RCTV se constituyó en una suerte de 'frente suprapartidario' sucedáneo, entre 2001 y enero de 2003, y desde entonces ha cumplido ese rol a falta de partidos capitalistas fuertes.

Sin la actuación de los medios opositores, especialmente de RCTV, el golpe de Estado del 11 de abril de 2002 no habría tenido reproducción social masiva y menos legitimación pública. En ese sentido fueron protagonistas de los sucesos, lo que les imputa un grado de responsabilidad mayor en la sangre derramada esos tres aciagos días. En otra proporción, pero con el mismo contenido de responsabilidad, RCTV y los otros canales opositores, tuvieron un rol criminal, como el que denunció Koffi Annan, hace dos semanas en Ottawa, refiriéndose al genocidio de Rwanda. Allí dijo: 'Los medios de comunicación en Rwanda fueron usados para diseminar odio, para desmoralizar la gente y más aún para guiar a los genocidas hacia sus víctimas'.

Si sustituyéramos la cantidad de muertos (casi un millón en Rwanda-Burundi) y el lugar de los hechos, esta acusación le cabría en perfección de jurisprudencia a los dueños de Radio Caracas Televisión, Venevisión, Globovisión y otros medios venezolanos durante 2001, 2002 y 2003.

Ellos por ellos mismos

La burguesía venezolana quedó vaciada de fuerza entre las masas pobres y parte de la clase media, en un proceso complicado que nació en 1989 con el Caracazo, y culminó en 1998 con su desplazamiento del poder central del Estado. La derrota física que sufrieron en abril de 2002, selló su final, pero ya para ese momento los conductores de la oposición burguesa era, en forma directa, una fracción de esa misma clase. No fue una casualidad que el presidente de facto entre el 12 y el 13 de abril de 2002 fuera el al mismo tiempo, el presidente de la Cámara empresaria más fuerte del país.

Marcel Granier y Gustavo Cisneros, por Radio Caracas y VeneVisión respectivamente, ejercieron las nuevas figuras centrales en la política nacional por parte del bando capitalista. Roles que desde 1945 habían ocuparon Acción Democrática y COPEI, con figuras como el ex nacionalista Rómulo Betancourt y el socialcristiano Rafael Caldera.

Esto explica la irritación política que se percibe en Venezuela desde hace tres meses entre las clases altas y sectores de la media. Todo, porque al gobierno le dio la gana de rescindir la concesión que usufructuaba desde el 20 de septiembre de 1952 y que fuera renovada hace 20 años.

Además de la campaña internacional contra el cese de la concesión apoyada en sectores de la derecha europea, yanqui y latinoamericana, en las calles de las ciudades venezolanas se respiran tufos a conspiración. Si bien el nivel de militancia está lejos de alcanzar el de 2001, 2002 y enero de 2003, se nota una leve reactivación apoyada en sectores medios.

Un lujoso volante a tres colores, repartido por centenas de miles en Caracas el sábado 15 de abril, dice: '¡No más desempleados en Venezuela! Nuestro Apoyo total a RCTV. No al Cierre de RCTV', y la firma una tal 'Asociación Civil de Desempleados de Venezuela LA ESPERANZA'.

El cinismo es manifiesto: comienza con el costoso volante, cuyo valor en monedas podría alimentar a decenas de desempleados varios días y termina con el lagrimón vertido por 'los desempleados': Justamente ellos, los causantes de los cierres fabriles, los saboteos industriales y comerciales, las crisis financieras y quienes controlaron casi un siglo la renta petrolera. Desde comienzos de mayo, cuando se acerca la fecha del cese de la concesión, grandes cadenas comercializadoras de alimentos están desabasteciendo los supermercados y bocas de expendio.

Volver al pasado

El caso de RCTV y otros canales en Venezuela retomó, mutatis mutandi, el camino original de la prensa (y los medios de información) en sus momentos inaugurales de los siglos XVII, XVIII y XIX, cuando la burguesía, como clase en ascenso y progresista, se representaba a sí misma en forma directa. Sus periódicos, tanto como sus parlamentarios, escritores y partidos, constituían herramientas de acción sin otra mediación que la acción misma.

Pero con RCTV hay una 'pequeñita' diferencia: representan lo opuesto que sus choznos de clase, porque aspiran devolver a la nación venezolana y a sus trabajadores a las condiciones anteriores de dependencia, sometimiento al Departamento de Estado, y niveles de explotación y control social, donde los medios 'del espacio radioeléctrico' fueron fundamentales como formadores de la opinión pública que sostuvo aquella realidad.

Karl Marx decía que 'entre dos derechos iguales la única solución es la guerra'. Los dueños de RCTV dicen, con razón, que ellos se han puesto a derecho (con el fisco al que no le pagaban impuestos, pero nunca lo dijeron) y con la Ley Resorte que rige las concesiones televisivas en Venezuela.

Pero Granier y sus socios olvidan que ellos iniciaron una especie de 'guerra' en abril de 2002 con su golpe de Estado, sus muertos, sus campañas negras y sus desastres. Esa guerra ha tenido varios escenarios y etapas y cualquiera que sepa algo de historia política sabe que no parará hasta un desenlace definitivo.

El cese de la concesión al canal 2 (RCTV) es una potestad tan legal del gobierno, como la de Granier a pedir que se la prorroguen 20 años más. El asunto es que entre los dos derechos media una guerra sorda (aunque no muda) entre la clase y el imperio que representa RCTV y el pueblo venezolano y el gobierno bolivariano

Los medios golpistas de Venezuela ya tiene su 'Libro Negro'

Acaba de aparecer en Caracas, la edición del 'Libro Blanco sobre RCTV', una investigación de 362 páginas que se alza en libelo de incriminación de las tropelías que ha realizado la empresa Radio Caracas Televisión (RCTV), cuya concesión de 20 años expira el próximo 27 de mayo y no será renovada.

Son ocho capítulos en los que se puede leer y verificar en forma documental la particular historia de la concentración de los medios en Venezuela, que siguiendo la tendencia de todo país dependiente de algún Estado imperialista, dejó en dos o tres dueños el control del llamado 'Espacio radioeléctrico nacional’ desde comienzos del siglo XX. Uno de esos dos 'dueños', el segundo, es (fue) RCTV; un grupo empresario nacido en 1920, ligado al negocio del entertaiment y el periodismo radiotelevisivo en 1930 y conformado por una de las familias burguesas más viejas, corruptas y sólidas del país: los Phels.

En el caso de Venezuela, dos grupos capitalistas, RCTV y Venevisión, manejan el 78% de las estaciones de televisión (VHF), el 82% de las estaciones conocidas como de la 'banda UHF' y el 75% de los ingresos brutos facturados. El acusado 'estado totalitario' de la República Bolivariana no cuenta, hasta el próximo 27 de mayo, con más del 7% de las estaciones y el 2% de la facturación (todo a diciembre de 2006). (Libro Blanco sobre RCTV, Caracas, marzo 2007, Cap. I, II, VI)

Un capítulo especial relata el contradictorio régimen de concesiones de casi 100 años, que habiendo sido protectivo en la letra, dejaba en manos de los empresarios el control de las concesiones del espacio radioeléctrico, la facturación publicitaria de Estado, el negocio del papel, el comercio de la producción de contenidos y los cargos de Ministro de comunicaciones y Director de los entes de control.

Esa vieja práctica fue intentada de nuevo en 1998 cuando ganó la presidencia el movimiento bolivariano. El grupo económico del diario El Nacional le propuso al presidente Chávez un canje: lobby a su favor en Estados Unidos y la Unión Europea (donde Chávez era mal visto), a cambio del Ministerio de Comunicaciones y la gobernación de la Isla de Margarita. El mismo propósito tuvo Fedecámaras con el Ministerio de Economía y el Banco Central.

Cuatro capítulos detallan los manejos fraudulentos que tuvieron los dueños del canal desde 1952 en sus obligaciones con el Estado, en tres segmentos clave: las corruptas relaciones con los gobiernos de AD y COPEI, la monopolización y las deudas al fisco. Dos capítulos muestran el poder que tuvo RCTV para importar y producir contenidos con efectos nocivos en la salud de los niños y adolescentes, razón por la cual fue sancionada en varias oportunidades por gobiernos anteriores al de Chávez. El último capítulo registra las opiniones de importantes ONG europeas y norteamericanas sobre la conducta conspirativa de RCTV y los medios comerciales venezolanos.

El poder y los medios

El cese de la concesión es un hecho administrativo en su forma pues se basa en una prerrogativa de Estado, establecida en la Ley Orgánica de Telecomunicaciones (año 2000) y por el derecho de discreción que le confiere la Constitución Bolivariana al Ejecutivo para dar, prorrogar, cesar o derogar concesiones del espacio radioeléctrico.

Esta formalidad legal, que ajusta a derecho lo que hace el Estado venezolano, se asienta en razones políticas que a veces se dicen y a veces no.

El tipo de Estado burgués del siglo XX diseñó formas de ejercer la política donde lo mejor es no decir todo lo que se hace y hacer mucho de lo que se niega que se hace. ¿Acaso los gobiernos venezolanos anteriores al de Chávez informaron de las razones que llevaron a los grandes negociados y nombramientos de ministros puestos por los grupos y cámaras empresarias?

Este modo de aplicar políticas públicas le permitió establecer una fantasía democrática: hacerle creer al pueblo que todo lo que se hace es legal e igualitario, cuando en realidad todo o casi todo se negocia a trastienda con los grupos capitalistas, y luego se dice lo necesario, cuando no lo indispensable, y si se puede, nada. Esto ha sido así antes de que Chávez fuera engendrado.

El gobierno venezolano tiene derecho a usar sus poderes discrecionales de orden político para ejercer el derecho a cortarle la concesión a RCTV, un medio anti democrático, proyanqui, golpista y causante de muertes civiles en 2002, con similar responsabilidad que los medios de Rwanda en el genocidio de ese país africano.

El problema no radica en castigar a un medio golpista cuya conducta anti periodística ha sido cuestionada por parlamentos europeos y latinoamericanos, organismos independientes como el CPJ (Comité to Protect Journalist) y del propio imperialismo como el COHA (Consejo de Asuntos Hemisféricos Americanos)

Problema sería si el gobierno de Chávez usa un criterio similar (el poder discrecional del Estado) para cercenar el derecho de información, de publicación, difusión y organización, de los movimientos sociales, sindicalistas, políticos o intelectuales críticos dentro del movimiento bolivariano. En este aspecto se han visto casos aislados de censura que constituyen graves errores, pero no hay signos de que funcione un sistema de represión contra los más de 300 medios comunitarios, que incluye radio, televisión y otros formatos de expresión. El más conocido caso de censura hasta ahora fue el acto gubernamental apoyado por Chávez que sacó del aire el programa de alto rating del respetado periodista Walter Martínez.

El cese de la concesión a RCTV adquirió un denso contenido político por tratarse del medio insignia del golpismo venezolano. En las oficinas de sus dueños se planificaron buena parte de las estrategias y acciones de los días previos al golpe del 11 de abril de 2002, y sobre todo, la 'Operación Miraflores', como la llamó Marcel Granier, el presidente del canal cesanteado.

Con este nombre se accionó el plan de convertir una marcha opositora en un golpe de estado el día 11 de abril. Y lo lograron. Marcel Granier fue uno de sus arquitectos desde el comando central de Radio Caracas Televisión, donde se monitoreó toda la operación mediática para legitimar ficcionalmente la asonada.

Los libros 'negros' de América latina

Lo llamativo del 'Libro Blanco' es que debe ser un caso inédito en la historia de las relaciones entre el Estado y los medios en Latinoamérica. Se trata de un expediente acusatorio donde el cuestionado es el medio (supuestamente democrático) y no el gobierno (supuestamente arbitrario). Normalmente ha sido al revés.

América latina tiene memoria de varios 'libros' de este tipo, pero casi siempre aparecieron tras la derrota (o caída) de dictaduras o regímenes muy autoritarios, surgidos en la mayoría de los casos de golpes de Estado.

Un detalle curioso, que quizá contenga la novedad del caso venezolano y de los tiempos que corren, es que este libro sobre RCTV haya sido definido como 'Blanco', y no, como sus similares anteriores, que tuvieron por apellido 'negro'.

Dos razones quizá lo expliquen: que surja de un gobierno nacionalista anti yanqui contra un medio proyanqui, y, al mismo tiempo, que refleje la cultura mestiza Caribe donde la palabra 'negro' ya no es sinónimo de 'malo', 'feo' o 'peligroso', como se encargó de instalar desde 1952 Radio Caracas Televisión. Es algo parecido a lo que ocurre con el vocablo 'indio', que ya no designa lo mismo que antes en Bolivia, Ecuador y Perú, donde grandes procesos sociales redignificaron la palabra.

Se conoció el 'Libro negro de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez' en la propia Venezuela, pero también el 'Libro Negro del Trujillato' en el caso de la República Dominicana y así en otros lados: Cuba 1959, Nicaragua 1979, Perú 1955. En estos eventos funcionaron como actas de acusación contra regímenes dictatoriales asesinos sostenidos por el gobierno de Estados Unidos.

Un caso atípico de 'Libro negro' fue el que se escribió contra el derrocado gobierno de Juan Domingo Perón en 1955. Hubo dos diferencias: el régimen no era dictatorial a pesar de sus rasgos autoritarios y su carácter bonapartista, y había sido definidamente anti yanqui desde su nacimiento.

Además tenía otro mérito: había favorecido a la clase trabajadora en el terreno sindical, económico y social, como ningún régimen latinoamericano de entonces (aunque al costo de imponerle un control totalitario a través de la CGT). Este poder social nuevo de la clase obrera argentina era lo que más le preocupaba a los autores del 'Libro Negro'. Las otras libertades reclamadas eran adornos argumentales para ellos.

Eso explica que el 'Libro Negro' contra Perón haya sido escrito por golpistas reaccionarios ultramontanos que luego hicieron lo mismo que denunciaron pero aumentado y multiplicado hasta el terror de Estado en 1976 y la entrega total de la nación al control de Estados Unidos. El Libro Negro contra Perón en 1955 tuvo como antecedente el 'Libro Azul’ que publicó con su firma el ex embajador Braden, de Estados Unidos en Argentina, en febrero de 1946, que poco después fue contestado por el 'Libro Azul y Blanco' publicado con la firma de Juan Domingo Perón.

Este 'Libro Negro' de 1955 contra Perón es útil al caso de RCTV que se debate en Venezuela. Allí se registraron muchos abusos de poder, pero se destaca la brutal concentración del poder mediático en manos del gobierno (con el ahogo de toda la prensa opositora, a izquierda y derecha); más aún: ese poder fue puesto en las garras de un tipo con aliento nazi que fue el tristemente célebre Secretario de Prensa del gobierno peronista, Raúl Apold.

El 'Libro Blanco sobre RCTV' abre un capítulo nuevo en la historia de los libros de acusación contra la libertad de prensa. No sólo porque se trata de un gobierno que acusa a un medio, también porque ya no es 'negro' sino 'blanco', el color que designa a los malos de la película.

***

Modesto Emilio Guerrero es periodista y escritor venezolano y vive en Buenos Aires desde 1993. Fue redactor de la Revista de América (Colombia) y director del semanario político venezolano La Chispa. En Buenos Aires dirigió el periódico Comersur. Actualmente escribe editoriales para la revista Síntesis y participa del Comité Editorial de la revista literaria Piel de Leopardo. Tiene 4 libros: Cuentos Relatos y Poemas (1985), Haití, el Ultimo Duvalier (1986), Panamá, Soberanía y Revolución (1990) y Después del 4-F (1993).
modestoguerrero@gmail.com

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