El ritmo alegre con el que bailamos las cosas tristes
"Cumbia", un libro de la cooperativa de fotógrafos SUB :: Sub es una cooperativa de fotógrafos que provienen de medios alternativos y que intentan seguir el ejemplo de las fábricas recuperadas para organizar un trabajo.
Nació en el 2005, originalmente bajo el nombre de Argentinaphoto. El libro Cumbia reúne el trabajo fotográfico de todo un período, son historias simples, que intentan tener el ritmo de la música a la que rinden homenaje. Lo que sigue es el texto que se leyó en la presentación del libro.
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Con la cumbia no hay punto intermedio. Te obliga a mover los pies debajo de la mesa o a odiarla con todas tus fuerzas. No es un ritmo que nació ayer: llegó de África junto a los esclavos, y al bajar del barco fue asaltada por tantos sonidos locales que ya casi no se reconocen sus rasgos originales. Su secreto es haberse convertido en un pastiche de muchas culturas, un rompecabezas del continente en permanente cambio. Una foto es cumbia cuando logra asemejarse a eso.
Cuando Omar Chabán abrió Cromañon, lo festejó diciendo "le ganamos un lugar a la cumbia". Había algo siniestro en esa afirmación, pero entonces nadie podía saberlo. En varios lugares para bailar, incluso en algunos manejados por compañeros, está prohibido pasar cumbia. No el rock en inglés, ni la música comercial en general, sino exclusivamente la cumbia.
Es una especie de roquismo cultural, una vocación de colonia emparentada con la necesidad de mantener el mito de que la argentina es un país europeo.
Los que defenestran a la cumbia, por lo general son los mismos que, cuando hacemos algo que no encaja en sus valores culturales, nos dicen "ustedes son unos cabezas". Y no lo dicen porque nos parezcamos al fotógrafo asesinado, sino porque "cabeza" es el diminutivo de "cabecita negra".
Por suerte, somos cada día más Latinoamérica. En los bordes de la capital federal se habla quechua y guaraní, se come chipá y a veces hasta nos emborrachamos con chicha. Que eso sólo salga en los medios de comunicación en las páginas policiales, habla más de los medios que de la realidad.
Nosotros queremos mostrar ese continente que está a la vuelta de la esquina, carajo.
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Todo talento tiene que desplegarse peleando.
Esa es una frase de Nietzsche. Pero no la leímos en un libro: la encontramos en Internet. Estaba al lado de una reflexión de Maradona. Alguien había tenido la buena idea de ponerlas juntas. Allí donde el filosofo llamaba al combate por el talento, el diego decía: "Es bárbaro recorrer el pasado cuando venís desde muy abajo y sabés que todo lo que fuiste, sos o serás, es nada más que lucha".
Por eso, en el libro también escribimos:
Hubo una época en la que había que dejar todo para salir a los caminos. Nosotros no la conocimos. En nuestro tiempo, todo es camino: somos los nuevos nómades, los hijos del naufragio. Eso tiene algunas ventajas. Por ejemplo, aprendés a mirar lo que hay debajo de las baldosas, a ser un viajero en tu propia casa. Todo lo nuestro es construcción, lucha por conquistar el derecho al pan y la belleza.
Dicho de otra forma, confesamos un defecto de fábrica: nos hicimos a nosotros mismos. Teníamos las herramientas y las ganas, y tuvimos que fabricar los medios. Eso forjó una personalidad artística y laboral particular.
Para algunos, eso nos hizo indisciplinados, imprevisibles, insoportables.
Quizás tengan razón, y ese sea el precio de nuestra libertad.
Nosotros estamos seguros de algo: Para existir, en nuestro tiempo hay cada vez menos espacios clásicos: jugar en las inferiores, aprender el oficio en alguna escuela y llegar hasta primera división son sueños del pasado.
Ahora hay que fabricarse los botines, fundar equipos, inventar campeonatos.
Es una lucha distinta a la del diego: la nuestra es liberadora, colectiva, sin capitanes.
(y a veces también sin capitales, carajo.)
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La cumbia es el ritmo alegre con el que bailamos las cosas tristes. No somos el lado oscuro de nada. Mostramos el glamour de nuestra vida cotidiana, una ternura sin mezquindades ni falsas promesas.
En la oscuridad no se pueden tomar fotos. Eso es obvio.
Pero hablar en nuestra época del lado oscuro, también supone la existencia de un lado iluminado donde se ubicarían el espectador y el artista. Nosotros no somos eso: queremos romper la relación periferia-centro, y si no se puede, que nos dejen tranquilos en nuestro lugar.
Que quede claro: amamos a Fabián Poloseky. Pero si él abrió una brecha, los dueños de la imagen lograron convertirlo en cualquier otra cosa.
El resultado es que hoy tenemos una estética casi oficial, que supone a los pobres siempre tristes, comiendo de la basura y llorando sus penas. Esa estética es la hermana culposa de los que piensan que los bordes sólo se pueden mostrar en las páginas policiales. Allí donde el gorila cree que los habitantes de los márgenes sólo sirven para matar y morir, la estética culposa opina sólo sirven para dar lástima y llorar.
Nuestra cumbia no es caridad.
Es baile y pelea, carajo.
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Es entregarse a un ritmo pasional que está mas allá toda la lógica. Son cuerpos que se ponen en movimiento por el solo placer de ejercer la libertad.
Ya lo advirtió Washington Cucurto, el rey de nuestro ritmo: La cumbia es la música que hizo el diablo para exterminarnos.
Y hacía allá vamos, nosotros y él, la mar de contentos.
Dejamos de entender la militancia y el trabajo como actos propios de la moral católica apostólica románica, donde el sufrimiento voluntario es la inversión en cuotas para una futura felicidad que nadie nunca ha visto.
Nosotros no somos ni grises ni cotidianos, carajo.
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En los arrabales del nuevo siglo no se pueden escribir tangos. Esta la época en la que nos tocó vivir, y la cantaremos con su propio ritmo: el compás de nuestras ciudades invisibles.
Y además, ya tenemos el nombre de nuestro próximo libro: carajo.
Página de la Coorperativa: www.sub.coop
Más información en La Haine:
19.12.06
Presentan el primer libro de fotos de la cooperativa Sub, "Cumbia"
x Sebastián Hacher - La Haine








