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Mundo :: 04/05/2006

Entrevista a Baris Gonulsen, testigo de la brutal persecución política en Turquía

Prensa de Frente
"¿Cómo nos la arreglamos sin comer? Bueno, tomábamos agua, azúcar y algo de sal. sabíamos que la huelga sería prolongada. Nos preparamos para esta larga lucha. Después de 60 o 70 días, normalmente se pierde la conciencia. Los doctores democráticos sugirieron a los presos políticos tomar una pastilla de vitamina B"

Durante el viaje que realizó Prensa De Frente a Turquía, acompañando a la delegación internacional invitada a la Asamblea de Trabajadores de dicho país, realizamos una serie de entrevistas que iremos presentando en los sucesivos envíos. Esta vez es el turno de Baris Gonulsen, líder de Proletariado Revolucionario y del periódico Alinteri (Sudor de los Trabajadores), organizador del encuentro en el que participaron setecientos activistas del movimiento obrero.

La conversación tiene lugar en Yapi (Construyendo), un centro cultural que sostienen en el centro de Estambul, la ciudad más poblada del país, mitad en Europa, mitad en Asia. Durante las largas horas de entrevista, siempre se nos ofrece chai, té en hebras hecho a la manera ancestral y servido en vasitos de vidrio. La charla sólo es interrumpida por los sonidos que vienen de la calle, como el sonido de la llamada del muecín que resuena desde las mezquitas.

Para el visitante desprevenido, lo que más sorprende al llegar a estas tierras es la enorme cantidad de militantes que pasaron por la cárcel, que sufrieron la tortura o la muerte. La historia de las luchas en esta zona del mundo está plagada de violencia represiva. Las grandes gestas de los trabajadores, estudiantes y el pueblo siempre fueron respondidas de manera brutal por parte del Estado. Actualmente hay más de cinco mil presos políticos. Según algunas fuentes, ese número asciende a 10 mil. Mil de ellos son de la izquierda y el resto pertenecen al movimiento de liberación nacional de los kurdos.


Una historia personal sirve para explicar un poco el contexto en el que se da la lucha en este país. "Tengo 32 años, acá en Turquía la gente crece rápido. Soy un militante comunista revolucionario. Estuve seis años preso por razones políticas. Finalmente fui liberado luego de una huelga de hambre de 210 días", se presenta Baris, quien ofició de traductor y guía de los delegados de movimientos sociales de África y América del Sur.

"En los '90 fui a la universidad del Medio Oriente en Ankara, la capital del país. Teníamos demandas democráticas. El régimen fascista no dejaba que hubiese democracia. Como yo quería tratar de cambiar las cosas, entonces empecé a hacer cosas que acá en Turquía están prohibidas. La policía, que está muy organizada, me capturó. Me golpearon, torturaron y finalmente me llevaron a la cárcel de Uluncanlar en el '96 acusado de ser miembro del TIKB (Unión de los Comunistas Revolucionarios de Turquía, organización prohibida por el gobierno). Me dieron 18 años de condena por ser `un hombre peligroso, un militante de una organización ilegal'. Las prisiones en Turquía nunca fueron un jardín de rosas. Me llevaron a un pabellón con 150 presos políticos, todos durmiendo en el mismo lugar, no muy grande. Era duro", relata Baris.

La persecución y el paso por la prisión están marcados a fuego en la militancia revolucionaria turca. "En la prisión aprendí que con la solidaridad y con la calidad humana, si no tenes muchos espacios, puedes vivir libremente igual. Entonces no era una situación tan mala, porque mis pensamientos eran libres. Las relaciones entre los presos políticos eran perfectas. El Estado, al ver que seguíamos luchando y que teníamos fuerza para producir, para escribir, que teníamos una buena atmósfera y moral, no lo aceptó. Empezaron con las operaciones".

Sin inmutarse Baris relata la serie de ataques contra los presos políticos. "En el '99 hicieron una operación sangrienta. Los soldados y los policías de los grupos especiales entraron con armas y bombas contra las prisiones. No sólo gases lacrimógenos, sino de las reales, las que explotan. Nosotros, para resistir, teníamos nuestros cuerpos, gomeras que hacíamos con el metal de las camas y piedras que arrancábamos de las paredes. Diez compañeros fueron asesinados. Éramos cien, entre hombres y mujeres que estaban en otro pabellón y también resistieron. Nos golpearon hasta casi matarnos. Nos desnudaron y nos pusieron en un cuartito, uno arriba del otro. Nuestras caras y cuerpos estaban el doble de grande por los golpes. Estuve dos días en el hospital, me operaron. Pese a que nos mataron a diez no estábamos sintiéndonos mal, porque luchamos. Si luchás, te pueden golpear, podes no ganar, pero peleaste".

Después de esta operación, Baris es enviado a la prisión de Burdur. "En septiembre, después de 5 meses, hubo una nueva operación para llevarnos a otra prisión. El objetivo del Estado era ver cómo reaccionaba la gente afuera. Eran operaciones de prueba para la del 2000. Esta vez también luchamos, un compañero perdió un brazo. Tiraron abajo paredes con grúas. Luego me llevaron a Aydin. Conozco un montón de ciudades en Turquía, pero siempre preso", cuenta Baris y se ríe.

Finalmente llegó la operación del 19 diciembre de 2000. La intención de Estado era doblegar la resistencia de los presos políticos y aislarlos definitivamente en presidios de confinamientos: las cárceles de tipo F, llamadas así por la forma en la que están construidas. "F de fascista", asocia Baris.

Estas cárceles son de aislamiento, no se puede ver el sol ni charlar con otros presos, salvo si se está en una celda de tres personas. En esos tiempos había 20.000 presos políticos. Dos mil de la izquierda y 18 mil eran mayormente del Partido de los Trabajadores Kurdos (PKK).

"Esta fue la principal operación: 20 operaciones a la vez, al mismo tiempo, la misma noche. Fueron 20.000 soldados, son muchos. Es la misma cantidad que en 1974 invadió Chipre. Después de la operación nos mandaron a prisiones de tipo "F", sabíamos que se venían porque las estaban construyendo. El estado y el gobierno sabían que íbamos a resistir, pero no sabían el nivel de la resistencia que íbamos a ofrecer".

Aquí Baris hace una nueva pausa y se prende otro cigarrillo. Sigue su relato: "Resisistimos. Durante la operación 30 personas fueron asesinadas, prendidas fuego vivas, a otros les dispararon. Si 3 o 4 caían pensaron que nos íbamos a rendir, pero seguimos luchando. En algunas prisiones se resistió hasta 4 días. Todos resultamos heridos".

Ante esta represión comenzó la huelga de hambre más larga en las luchas de la humanidad.

"Nos llevaron a las prisiones F. El aislamiento es su principal objetivo. Empezamos a hacer huelga de hambre. De los dos mil que estábamos presos, empezamos mil. Yo fui uno de ellos después de la huelga de hambre, no pudimos resolver el drama de la prisión F, no pudimos ganar. Pero los presos políticos resistimos. A algunos nos soltaron después algunos años. Seguimos teniendo nuestra dignidad’, continúa Baris.

Pasar tantos meses sin comer es algo inimaginable para el común de los mortales. Sobre esta experiencia extrema, Baris señala que "la huelga de hambre nos es algo sólo físico. Ahí podés ver lo que tenés, lo que ganaste en la parte de la vida que viviste. Es una escena en la que podés ver quién sos y qué sos. Alguna gente no pudo resistir hasta el final. Noventa huelguistas murieron. Fue una huelga de hambre hasta el final. Esa era la táctica. Más los 30 que mataron en las operaciones, fuimos 120 muertos en ese proceso".

Las dudas que surgen son muchas. La cantidad de tiempo tiene su secreto. "¿Cómo nos la arreglamos sin comer? Bueno, tomábamos agua, azúcar y algo de sal. sabíamos que la huelga sería prolongada. Nos preparamos para esta larga lucha. Yo era muy sistemático, cuando tomaba mi agua y mi azúcar. Después de 60 o 70 días, normalmente se pierde la conciencia. Los doctores democráticos sugirieron a los presos políticos tomar una pastilla de vitamina B. No te da energía, pero hace que el azúcar que tomamos vaya al cerebro, la mente no puede disolver la azúcar y la vitamina hace que el azúcar tenga un efecto positivo en el cuerpo. Así no perdés la conciencia. Continuás perdiendo peso, día a día, hora a hora, minuto a minuto, pero la conciencia no la perdés. Fue algo nuevo. Fue la primera vez en la historia humana que una huelga de hambre duró por tanto tiempo. Yo esperaba y me preguntaba por qué no me muero, si no estoy comiendo! El gobierno decía que en realidad comíamos. Finalmente, empezó a morir gente", explica Baris.

El relato continúa: "Yo estaba en una celda, con dos camaradas más que me ayudaban en la huelga, porque perdés capacidad. Mis camaradas me cuidaban y hacían huelgas de hambre solidarias de 30 horas. Cuando venían los guardias a golpearnos cada ocho horas, ellos me protegían. Trataban de hacer las cosas más fáciles, porque no te podes mover correctamente, perdés tu equilibrio cuando haces huelga de hambre. Ahí lo podés ver a Hassam sentado(señala a un ex preso político que quedó con graves secuelas pero sigue su militancia). Viste otra gente en Tuyap (Asociación de Familiares de Presos Polítcos) que sufren del síndrome de Korzakov (amnesia y paraplejia). Acá en Turquía tenemos una tradición de resistencia. En el movimiento de izquierda socialista y comunista tenemos la tradición de resistir".

 

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