Explosiones

Conocida así por su primera presentación pública en aquel lugar de Guerrero el 28 de junio de 1996, el Ejército Popular Revolucionario (EPR) se presentó como una respuesta a la masacre de 17 campesinos ocurrida un año antes.
Once años después, el EPR teje una línea de continuidad entre sus denuncias por la desaparición de dos miembros de su estructura en Oaxaca, el pasado 25 de mayo, y las explosiones (pues las presenta como una respuesta a esas desapariciones). Esta cuestión alcanzó a unificar posturas de las otras organizaciones político-militares (OPM) en torno del reclamo. Las divisiones intestinas, que han llegado a saldarse hasta con ejecuciones entre los “duros” (el actual EPR, continuador del PROCUP a partir de 1994) y los “rupturistas” (conducción de las otras OPM), parecen relegarse en esta instancia unificadora bajo la consigna “por la presentación con vida”. En medio de renovados llamados a la unidad, restará saber si ello alcanza para establecer una coordinación de acciones militares conjuntas a futuro o si cada una continuará con su vía autónoma. Por lo pronto, ha sido un conjunto de ellas (Tendencia Democrática Revolucionaria y otras) las que han reivindicado todas las acciones militares registradas en Edomex, Morelos y DF desde 2003 a la fecha.
Al accionar militarmente en estados del centro-norte de la República, el EPR acabó por cruzar esa línea imaginaria que separa el norte del sur y que encuentra su punto clave en el DF. Y ello no implica exclusivamente un detalle geográfico sino que refiere a un salto cualitativo. Ha roto con el regionalismo del sureste mexicano en donde han nacido la mayoría de las OPM que hoy se manifiestan activas, fundamentalmente las escindidas del tronco original eperrista. Consumó, por vez primera desde 1996, el paso de un México al otro.
Confirma además la nacionalización del reclamo a través de mensajes: en adelante, lo que sucede en un estado retumbará en otros lugares. En efecto, desde septiembre de 1996 (fecha de la anterior campaña “de hostigamiento”) el silencio armado, inactividad militar aunque no política del EPR desde fines de 1996, ha sido quebrado en pocas ocasiones. Una dinámica, la política, se impuso sobre la otra. Sin embargo, las explosiones de noviembre de 2006 en el DF comenzaron esta lógica de expresión amplificada de sus demandas, activando su inconformidad armada fuera de los espacios donde se producen, pero donde garantizan mayor repercusión. Y más aún, lo que en aquella ocasión se destacó a través del lugar elegido para sus acciones, ésta lo consigue además por la magnitud del objetivo elegido.
Ya no se trata únicamente de bancos o empresas de capital trasnacional o extranjero sino de PEMEX, lo que ha obligado al EPR a explicar su ideología por la elección del objetivo. Esta nueva generación de OPM se presenta como “enemiga del neoliberalismo” y, en este caso, a través de un marxismo ortodoxo. “Hemos iniciado una campaña nacional de hostigamiento –señala el grupo a través de su comunicado– a los intereses económicos de la oligarquía y de este gobierno antipopular, declarando objetivo militar todos los intereses de la oligarquía que impuso violentamente al gobierno ilegítimo de Calderón.” Siguiendo este lineamiento, puede encontrarse la razón: si estas empresas no están “al servicio del pueblo”, ya no será relevante el origen de su capital. Agrega también una definición militar que se presume concluyente: el inicio de una campaña (la segunda, tras la ofensiva militar de 1996) que adelanta la continuidad de otras acciones.
La sorpresa por lo sucedido, factor clave para toda organización clandestina armada, se encargó del resto. En el contexto de los Operativos Conjuntos, donde ya existen frentes abiertos de combate, el EPR ocupa un espacio en la agenda de las administraciones locales y federal. Ese era uno de sus objetivos y logró alcanzarlo. Resta por conocerse las decisiones que asumirán las autoridades.
(*) Aparecido originalmente en El Universal, 13 de julio de 2007
jorge.lofredo@gmail.com







