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Argentina :: 25/12/2008

Fábricas que se cierran: fábricas que se recuperan

Organización y Resistencia
L@s obrer@os de Zanon conocieron la calle por demás agitada y movilizada de diciembre de 2001, cuando miles de telegramas de despido llegaban a hogares obreros de Argentina

Hace siete años estaban como muchas/os argentinas/os. Las políticas neoliberales los habían llevado a conocer un camino de lucha que aún hoy continúan recorriendo.

Apostados frente a la fábrica, se quedarían ahí para recuperarla y ponerla a producir. Pero el mismo poder colectivo que encontraron en la calle fue el que trasladaron a la producción obrera cuando decidieron poner en marcha la fábrica. Desocupados/as, estudiantes, artistas y organizaciones sociales son parte hoy de uno de los proyectos más referenciados a nivel internacional por su capacidad colectiva.

Entrevistamos a Raúl Godoy, miembro del Sindicato Ceramista y obrero de FaSinPat (Fábrica Sin Patrones), en las afueras de la Casa de Gobierno Provincial. Mientras tanto, una delegación de obreros/as de la fábrica se reunían con el Ministro de Gobierno, Educación y Justicia de Neuquén, Jorge Tobares. Reunión de la que salió el proyecto de Expropiación de Zanon con advenimiento.1

¿Cómo los encontró aquel 19 y 20 de Diciembre del 2001?

Nos encontró en plena lucha. Nosotros veníamos de meses de estar en las carpas resistiendo el cierre de la fábrica. Pero en las carpas estábamos afuera, todavía no se había producido la ocupación y puesta en producción, sino que estaba en debate. Estaba latente la propuesta de hacerlo, pero había compañeros que estaban indecisos. Mientras tanto, se hacían fondos de huelga y se trabajaba muchísimo con la comunidad.

El 19 y 20 fue una bocanada de aire enorme, fue como si se rompiera un dique y allí entramos todos. Es por eso que en la gestión obrera nos sentimos que somos parte e hijos de ese 2001, porque fue la fuerza que necesitábamos para ir un poco más a la ofensiva.

Porque veíamos que estaban los compañeros desocupados con todo el movimiento piquetero dando la pelea por planes, trabajo y demás; los ahorristas que rompían los bancos a martillazos, las asambleas populares que estaban surgiendo en las ciudades más importantes y sabíamos también que en varias fábricas estaba esto de retener y mantener los puestos de trabajo. Ahí fuimos a fondo, creímos que era el momento, no estábamos solos, éramos parte de ese movimiento y podíamos ocupar la fábrica y ponerla a producir.

De alguna manera, ese empuje nacional, esa situación que significó el 2001 con sus jornadas revolucionarias, fue el envión final para tomar la decisión e ir hasta el hueso en la fábrica. Pero fue ocuparla y no solamente eso, sino también pensar que esa fábrica la podíamos poner en producción.

Veníamos de meses de no cobrar un centavo, de estar recogiendo algún alimento, algunas bolsas que nos acercaba la comunidad. Cambiamos un volante por un alimento. Y justo en esos días salió un fallo de una Jueza que decía que nos paguen una parte de los sueldos en cerámicos. Pero nosotros ya habíamos logrado arrancar un parte del stock que había en la fábrica y estábamos vendiendo para poder comer.

Estando en ese proceso, fuimos parte de las movilizaciones de la región junto a otros sindicatos, organizaciones políticas, de desocupados. Es decir, nos enganchó en la calle.

-A siete años de la crisis del 2001, estamos ante una nueva crisis económica, más global y larga. ¿Cómo los encuentra a ustedes este proceso?

Mucho mejor armados desde el punto de vista de que hay una experiencia hecha, creo que esa experiencia tiene mucha validez para nosotros y para el conjunto de los trabajadores. Saber que las fábricas no andan solas, que las hacemos andar los laburantes y no hacen faltan patrones, que no tenemos que resignarnos a un despido, a un subsidio o a una indemnización. Son nuestros lugares de trabajo. Los patrones y los capitalistas en estas crisis pierden un poco de ganancias, a nosotros en cambio se nos va la vida, nos destruyen, destruyen nuestras familias y nuestro futuro. Entonces ahí están las fábricas, los lugares de trabajo, para ocuparlas y ponerlas a producir.

Entonces, desde ese punto de vista nos encuentra mejor armados y con una experiencia hecha, porque en esa época también algunos compañeros decían: “hagámoslo, pero ya va a venir alguna solución de acá o de allá”. Entonces esa experiencia de lucha con el estado, con el gobierno, los ministerios, y gracias también a las organizaciones solidarias que nos apoyaron, fue un paso importante.

Creo que uno de los aprendizajes que nos dejó ese 19 y 20 fue la unidad, ocupados, desocupados, la gente de la universidad, los compañeros de los movimientos sociales; la lucha no se va al interior de la fábrica solamente, nace ahí, pero sale, cruza el portón, la ruta, se va al barrio. Desde ese punto de vista hay un aprendizaje enorme, que esto de la solidaridad de clase no termina en otro compañero laburante de otra fábrica, se extiende también al conjunto de la comunidad y eso es importante tomarlo hoy, porque esto no es una lucha gremial, no es una lucha sindical, es una lucha netamente política y en ese sentido los trabajadores hemos hecho una experiencia y tenemos que levantarla hoy.

Además, es muy fuerte para las nuevas camadas, porque a diferencia del 2001 hoy las fábricas están llenas de jóvenes laburantes. Como hubo cierta reactivación económica en estos años, se calcula que hay mas de tres millones de nuevos puestos de trabajo en donde hay jóvenes que no permitieron ningún despido y se movilizaron más allá de la burocracia, como fue en Iveco en Córdoba, en Wolsvagen y demás,

Es por eso que estamos mejor, con experiencia, la pelea va a ser grande y con final abierto, y los ceramistas estamos dispuestos a dar esa pelea.

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