Reabre una imprenta recuperada por los trabajadores.
Los barrios de la Boca y Barracas se vistieron de fiesta. Las señoras acodadas en ventanas altas a dos hojas, los fantasmas escondidos abajo de los empedrados, los conventillos y -sobre todas las cosas- esas fábricas convertidas en esqueletos de cemento, cambiaron hoy de color por un rato.
No se trató esta vez de los xeneizes conquistando un nuevo campeonato. Los ganadores ayer fueron 28 trabajadores del ahora ex-taller gráfico Conforti, que se preparaban para inaugurar la empresa expropiada el 27 de Noviembre del 2003, luego de casi diez meses de resistencia.
Lo planta, que ocupa una superficie de más de 10.000 ms cuadrados, cuenta con un sistema de fotocromía y copia completos, tres impresoras rotativas, encuadernadoras y guillotinas. En sus épocas doradas, llegó a ocupar 300 empleados que imprimían diarios y revistas, entre los que estaban Página/12, el Cronista Comercial, Segundamano, El País de Madrid y El Porteño.
En el 2001 sólo quebaban 40 trabajadores, que frente al concurso de acreedores presentado por los empresarios, aceptaron comenzar a cobrar 200 pesos por semana. "Pusimos el hombro -explica Cristófono Gramajo, de 52 años y 13 en la empresa- Después nos empezaron a pagar 150 pesos, y fueron bajando hasta que nos empezaron a pagar 50 pesos por semana".
La situación llegó a un límite el 10 de Marzo del 2003, cuando con varios de los clientes derivados a otra firma del mismo dueño, el empresario Raúl Gonzalo les dijo que ya no podrían cobrar ni siquiera esos $7 pesos diarios que se venían llevando.
Desde ese día comenzó el paro, y la idea de la cooperativa fue madurando entre los trabajadores. Cristófono explica que "al principio era una cosa lejana, pero teníamos fe en que podíamos hacerlo. Veíamos que se formaban cooperativas y ya empezamos a creer mas. A los 7 u 8 meses dijimos esto se hace. Y ahora el Lunes empezamos a trabajar, así que imaginate como estamos".
Durante Mayo del 2003, todavía en huelga, los trabajadores fueron despedidos y acusados de usurpación, casi al mismo tiempo en que descubrían que Raúl Gonzalo había estado falsificando recibos durante más de dos años. Lejos de cargar contra el dueño, la justicia procesó a 14 trabajadores, y el 2 de Julio amenazó con un desalojo, que finalmente no se concretó.
Y gracias a la persistencia obrera las cosas fueron cambiando; el 6 de Octubre fue dictada la quiebra y dos meses después la legislatura votaba el proyecto de ley que declaraba "utilidad pública y sujeto a ocupación temporaria el inmueble que ocupa la empresa Talleres Gráficos Conforti S.A" junto con los bienes de la empresa . En el medio había pasado de todo; una ocupación de la legislatura, festivales, movilizaciones y, sobre todo, la presencia esos treinta trabajadores que mantuvieron la ocupación del predio.
Ayer las máquinas volvieron a hablar. Una rotativa escupia, emocionada, un tabloide escrito por los obreros para contar que la Cooperativa es una "empresa recuperada por los trabajadores servir en función social a la libertad de información, al desarrollo cultural y para acrecentar el conocimiento que dará poder creativo al nuestro pueblo".
Del acto de inauguración participaron Raymundo Ongaro, histórico dirigente de la Federación Gráfica Bonaerense -sindicato que se involucró con la recuperaicón de la planta- varios representantes de fábricas recuperadas del MNER, los diputados que apoyaron el proyecto de expropiación y el intendente de la Ciudad de Buenos Aires, Anibal Ibarra. Si bien para los muchos que fuimos desalojados en la zona -a pocas cuadras de allí está todavía tapiada parte de la manzana del ex-Banco Mayo, donde funcionaba Indymedia y vivian varias familias- la del intendente era una presencia desagradable, para los trabajadores significaba una oportunidad de plantear sus demandas y sumar apoyos. (ver reportaje).
Nada podía empañar lo fundamental; la felicidad de los trabajadores que, como Cristófono, sabén que "la idea es dar fuentes de trabajo, si entran dos o tres trabajos grandes, ya vamos a necesitar mas personas. Si llegamos a 100 o 150 personas ya es dar trabajo".
Raymundo Ongaro -el mas aplaudido de la jornada- en un largo y encendido discurso que fue desde el mariscal Tito hasta la CGT de los Argentinos que él encabezó, propuso "que la cooperativa sirva para hacer un diario del pueblo", señalando que no podía ser que "seamos mayoría y no tengamos medios de comunicación".
Después de recorrer la enorme y hermosa planta, los trabajadores ofrecieron una comida para todos los invitados. Choripán en mano, este cronista se fue caminando por Av. Patricios, rencontrándose con los tapiales, los derrumbes y los símbolos de la resistencia contra los desalojos; en una pared desvencijada, todavía se lee aquella consigna que rezó que "los sueños no se desalojan".
Volvieron a mi mente entonces las palabras había pronunciado minutos antes Gustavo Ojeda, trabajador de la Cooperativa Patricios. "Sigo siendo un soñador -dijo- y lo único que les pido es que todos sigamos soñando".
A este cronista -y a los fantasmas de los desalojados de La Boca- se les piantó un lagrimón, mezcla de emoción por los que defienden su dignidad, y de bronca por los que, como Ibarra, abortan o se ufanan de apoyar los sueños de otros.
Sueños que el Lunes, cuando las rotativas cargadas de tinta vuelvan a girar, estarán un paso mas cerca de hacerse realidad, gracias a todos los que no bajan los brazos.