Gane quien gane ¡Todo sigue igual!

Otra vez el circo electoral
"Mal de muchos, consuelo de pendejos"
(Refrán popular mexicano que invita al conformismo)
Si leemos las publicaciones anarquistas que se editan en México por estos días, sean impresas o electrónicas, encontraremos una constante: el llamado unánime a no votar.
Sin importar a qué corriente representan el grito es al unísono: ¡NO VOTES! Con muy, pero muy pocas excepciones (¡Qué las hay! Están los anarco-PRDistas que nos hablan de las bondades de la "ciudad de la esperanza") que todavía se atreven a señalarnos el espectáculo electorero como "vía transformadora". Pero, aún dentro de esa banda de oportunistas que conforman el anaco-PRDismo y la "Autonomía" a merced del Instituto de la Juventud del Distrito Federal, bajo pomposas e infladas siglas (jugando con las mismas letras y, siempre con idénticos objetivos), la constante es la misma: ¡NO VOTES! Quedando inmersos en el doble juego de "apoyamos la otra campaña" en la letra y, en los pesos, perdón, en los hechos, "seguimos nuestro coqueteo con el Sol Azteca".
Pero, dejando a un lado a esta bola de "autónomos", "anti-autoritarios" y "resistentes" y, toda la mierda oportunista que representan, nos encontramos a nuestr@s compañer@s -un@s adeherid@s a "la otra" y, otr@s, en busca de "otra" más anárquica y antijerárquica- enrolad@s ¡tod@s1 en el llamado a no votar.
Desde luego que coincidimos con esta convocatoria. También compartimos los mismos principios que nos invitan a no participar en este circo y a no hacernos eco de toda la ilusión que esconde el espectáculo democrático disfrazado de "oportunidad de cambio" y garante de la "paz social".
Conocemos el discurso mentiroso del Estado-Capital, para continuar cambiando de caretas dejando intactas sus bases: la explotación y la opresión.
Sabemos que gane quien gane en esta contienda, todo seguirá igual. L@s oprimid@s y explotad@s seguirán sobreviviendo y resistiendo los embates de la hidra, quizá gozando de unos eslabones nuevos, unos centímetros más larga la cadena remachada a su grillete, pero continuarán sumidos en su condición de esclavos, ilusionad@s por la llegada de algún nuevo profeta, algún Mesías "revolucionario" que les conduzca al paraíso, a la "sociedad sin clases", al "socialismo", al "comunismo", a la "Anarquía".
Es por eso que decimos: ¡LLAMAR A NO VOTAR TAMPOCO CAMBIA NADA!
Si nuestro llamado se queda en letra muerta, en el papel impreso, en nuestros volantes y periódicos, en el ciber espacio que le da "vida" virtual en nuestras web, en los blogs y foros electrónicos. Si nuestro llamado no golpea donde duele, si nuestro mensaje no es el punto de partida para el no retorno de esta sociedad; si nuestra convocatoria no es para abandonar la muerte y dar comienzo a la alegría, al placer de vivir la anarquía, somos tan cómplices del espectáculo y tan continuadores de esta sociedad de muerte (perpetuando las bases del Estado-Capital) como el policía, el torturador, el burócrata o el líder sindical.
Acompañando la crítica a esta sociedad debe ir el ataque implacable a sus instituciones y guardianes; de la mano de nuestras palabras ha de ir el fuego destructor, la metralla liberadora, alimentando la teoría con la práctica y la práctica con la teoría; de lo contrario, nos convertimos en falsos críticos, en obstáculo para la libertad y, en reproductores del sistema de muerte, explotación y opresión, que decimos querer destruir.
El eterno debate o el eterno retorno al Capital
"Aquellos que reclaman lo posible, jamás logran nada. Pero aquellos que reclaman lo imposible, al menos logran lo posible".M. Bakunin
L@s explotad@s y oprimid@s tienen callos por los siglos que llevan encadenados. Ya se acostumbraron a la cadena. La sienten parte suya. Han llegado a amarla.
La explotación asume formas y modelos ideológicos diversos para garantizar la acumulación capitalista, ofreciendo unos centímetros más de cadena o, acortándola, según sea el caso. Así, dependiendo del grado de ilusión que quieran vendernos, encontraremos modelos ideológicos que ofrecerán cadenas cromadas, cadenas de plata y, hasta cadenas de oro, para acotar o alargar la "libertad’ de sus esclavos. Otros, permanecerán atados por ferrosas cadenas en modelos abiertamente despóticos
El Capital vende ilusión por realidad. Son l@s explotad@s y oprimid@s quienes la compran. Por eso, la tarea debe ser percatarse de la ilusión y preocuparse por individualizar la realidad.
Para el Capital las cosas marchan bien como están, pueden estar fundadas sobre el espectáculo ilusionista más grande del mundo, no importa, las ganancias serán mayores.
L@s explotad@s se conforman con la ilusión y sueñan, de vez en cuando, con fascinantes sublevaciones y baños de sangre que les permitan vengarse por todas las infamias y afrentas, pero se dejan llevar por la verborrea de los nuevos guías políticos. El partido revolucionario alarga la perspectiva ilusoria del Capital a horizontes que éste último por sí sólo, no podría alcanzar jamás.
L@s explotad@s y oprimid@s se prestan al juego. Seducid@s ante la ilusión prefieren continuar con las cadenas a dejar de vivir en el ensueño. Reprimen sus deseos de libertad irrestricta, temen concretarlos y continúan entregados a los sueños. El temor al no retorno, al fin definitivo de la ilusión, a la ruptura total de las cadenas, evita que se concrete el deseo armado, la anarquía posible, que hace viable el ataque a la sociedad de la muerte, opresión y explotación.
La lucha tiene que entenderse como el ataque permanente a la dominación. Aún aquellas luchas específicas que nos parecen atractivas, con fines concretos e inmediatos, no podemos entenderlas de otro modo que no sea el ataque constante al poder del Estado y el Capital.
El contenido de las luchas específicas, no está divorciado del objetivo que nos incita: la destrucción del Estado-Capital. Sin embargo, esta perspectiva que inspira a la insurrección a tod@s l@s anarquistas, no es la perspectiva que asumen todos l@s explotad@s y oprimid@s. Esas luchas específicas se enfocan a las asquerosas reivindicaciones y se desarrollan dentro del marco del "derecho"; y esto no sólo abarca a aquellas que se gestan dentro de los límites del "circo electoral", sino también al discurso que emana de "el otro circo", es decir, de "la otra campaña".
Esto nos invita a ser "compañer@s de viaje" en todas aquellas luchas donde encontremos un mínimo de componentes que las conviertan en espacios de nuestro interés y, por tanto, estemos dispuest@s a dar nuestras energías. Un componente indispensable es entender la lucha como ataque. Como insurreccionalistas, no sólo entendemos el ataque como la práctica que en lo inmediato se traduce en destrucción o daños materiales cuantificables y/o acciones "espectaculares" contra sus instituciones y sus guardianes; sino cualquier manifestación concreta de rechazo y/o ruptura con el poder que se combate.
Dentro de una óptica de lucha esto es muy importante, porque pone en evidencia que una actuación en perspectiva conecta toda una serie de prácticas, acciones y manifestaciones, en que la lógica del ataque es evidente en el conjunto de la intervención; aunque sus aspectos particulares no resulten en lo inmediato como ataque.
Aquí es donde la lucha contra la farsa democrática y el circo electoral intenta alcanzar objetivos específicos parciales. Pero la guerra social no tiene objetivos parciales; nuestros objetivos son la destrucción total del Estado-Capital. De esta manera, se logra captar el interés de grupos más amplios que actúan como catalizadores de la guerra, al coincidir en la necesidad de desenmascarar la ilusión electorera, y nos permite ampliar los márgenes de la guerra.
Señalamos la función catalizadora de estos grupos y la nombramos como tal, con el fin de evitar confundirnos; ya que si bien activan el proceso de reacción y varían la velocidad de la misma, permanecen sin alterarse y no modifican las condiciones de equilibrio.
Sólo los sectores de l@s explotad@s y l@s oprimid@s conscientes de su explotación y opresión estarán dispuestos a destruir la ilusión y la sociedad que la genera. Ést@s son l@s que desean romper sus cadenas y alcanzar el punto de no retorno. Y cuando nos referimos a l@s explorad@s y oprimid@s "conscientes" de su explotación y opresión, no estamos suscribiendo el programa marxiano y sus tesis metafísicas y demás chingaderas propias del misticismo protestante alemán y sus pretendidas diferencias entre "clase en sí" y "clase para sí", que, lamentablemente algun@s compañer@s anarquistas admiten; y, a partir de esa inadvertida contaminación, continúan las influencias burguesas sobre nuestras ideas, asimilando la aritmética del poder y rindiendo pleitesía al Rey Ábaco. Convirtiendo el eterno debate en el eterno retorno al Estado-Capital.
La ilusión reformista y la Anarquía
"Nosotros no construimos, nosotros demolemos; nosotros no anunciamos nuevas revelaciones,
nosotros destruimos las viejas mentiras"A. Herzeen.
A estas alturas del partido todavía hay compañer@s que enlistan sus sueños y le hacen la carta a los Reyes Magos. Esperan que (después de portarse bien, apostarle a la organización de "masas" y cargarse de paciencia para esperar la llegada del día "d’) se les cumplan sus ilusiones y les traigan de regalo la sociedad ideal, sin dios ni amo ni patrón.
Creer en la viabilidad de "las transformaciones" en las estructuras productivas, sociales y culturales es prolongar la ilusión hipnótica, continuar dándole vida al espejismo que nos brinda el Estado-Capital. Sin embargo, aún subsisten dos instrumentos de referencia de "transformación": la social-democracia (donde convergen la mayoría de los partidos de izquierda electorera), y el populismo "socialista" del Siglo XXI (donde confluyen la mayoría de los movimientos sociales actuales, los residuos de las autodenominadas "vanguardias" leninistas -sean grupos armados o frentes populares- y, algunos partidos de la izquierda parlamentaria que recurren al trasnochado nacionalismo revolucionario y al anti-imperialismo).
Ambos instrumentos (aparentemente opuestos en el discurso pero con idénticos objetivos políticos), nos intentan convencer, cada uno desde su muy particular óptica, que el modelo productivo -basado en la necesidad de un crecimiento continuo y depredador- puede seguir funcionando (creciendo y acumulando) con tan sólo un poco de maquillaje y/o, pequeñísimas intervenciones de cirugía estética que lo hagan "más humano" y que el crecimiento que se genere permitirá una redistribución "más justa"de la riqueza resultante.
¡Esto es totalmente falso! Esta nueva máscara "humanista" con que se pretende cubrir el modelo productivo, no consigue ocultar su verdadero rostro: la explotación.
El apotegma del populismo "socialista" del Siglo XXI y de la socialdemocracia de "crecer para después distribuir" es insostenible. En primer lugar, porque la Tierra no permite que el modelo productivo continué creciendo cuantitativamente de manera indefinida y, en segundo lugar, porque es inadmisible un mayor crecimiento cuantitativo que, hipotéticamente, después redundará en beneficio de los sectores más marginados de la sociedad mediante los mecanismos de redistribución del Estado "revolucionario" (dentro del esquema del populismo "socialista"del Siglo XXI) o del Estado del Bienestar (desde la óptica socialdemócrata).
Y es aquí, conscientes de la ausencia de futuro, donde es preciso arremeter contra todo lo existente, dinamitando las bases del crecimiento, la producción y la acumulación.
La necesidad de librarse del determinismo y de todas las tesis metafísicas marxianas
"... la revolución es necesario hacerla y no esperarla. He aquí porqué cualquier acto contra el Estado y contra los demás pilares del actual régimen, es necesario y, por tanto, plausible."
Severino Di Giovanni
El marxismo es un producto decimonónico y, como todo lo que parió aquel siglo, nació condicionado por la visión positivista de la evolución histórica y del desarrollo tecnológico-científico, admitiendo al sistema industrial generado por la burguesía como un instrumento de progreso, y considerando la "interdependencia"de las fuerzas productivas como una "socialización" objetiva de las mismas. Lo que explica esa pasión por el "progreso", la "productividad’ y el "crecimiento" presente en casi todas las corrientes marxistas y en los burócratas de la dictadura cubana y del Estado venezolano, así como en los demás remanentes del capitalismo de Estado (Corea del Norte, Viet-Nam y China).
El marxismo, fundamentado en la teoría hegeliana de la historia, identifica al proletariado como agente revolucionario en sí, con la ineludible misión histórica de desarrollar el socialismo, a través de la dialéctica de la lucha de clases, sin considerar que ha sido precisamente el capitalismo quien le ha dado vida a la clase obrera y que sus intereses y capacidades están en función de las fuerzas productivas, útiles -indiscutiblemente- a la racionalidad capitalista.
Hoy, el obrerismo marxista (y anarco-sindicalista) ya no puede imaginarse como herramienta útil en el desarrollo de una práctica revolucionaria. Las viejas ideas sobre la naturaleza de la clase (clase "en sí" y "para sí") y la lucha de clases no son adecuadas para analizar la actual situación. Sin embargo, much@s compañer@s -carentes de perspectivas- intentan perpetuar la ideología sindical.
Las limitaciones del sindicalismo, no están exclusivamente determinadas por la degeneración de su estructura (ligada al desempeño de sus funciones específicas y al crecimiento de sus afiliad@s), sino que son típicas de la estructura de sus relaciones con el capitalismo.
El programa concreto del sindicalismo se puede resumir en colaboración a la estructura productiva del capitalismo. Dado que las funciones del sindicato (aún los autodenominados revolucionarios y combativos) son de tipo reivindicativo y, para reivindicar es necesario, primero, salvaguardar la vida y la eficacia de la parte oponente. De lo contrario no tendría sentido la reivindicación y con ello, el motivo mismo de la existencia del sindicato.
Concentración monopolista del Capital y concentración sindical del trabajo, se contraponen en el justo balance. Pero esta crítica certera al sindicalismo puede también ser utilizada de modo equivocado. L@s marxistas la han empleado (de hecho la usan) para acarrear agua para su molino, llegando a la conclusión de que la solución frente al sindicato es el Partido "Comunista", el partido de los trabajadores, el partido obrero (embrión de un Estado dentro del Estado burgués).
Otra de las críticas tradicionales al sindicalismo son las que provienen de l@s compañer@s anarquistas y que, precisamente, van dirigidas contra aquella parte del movimiento anarquista que insiste en el anarcosindicalismo, como hace tiempo hacían énfasis en el sindicalismo revolucionario, en forma unívoca, sin intentar analizar los límites y las peligrosas contradicciones del sindicalismo en general.
Con esto no queremos decir que el sindicato o el partido político, no puedan conducir a la Revolución. Desde luego que sí, pero determinarían las condiciones revolucionarias (paralelamente al desarrollo de otras condiciones) así como de hecho (en el propio proceso de la explotación) las determina el capitalismo.
Si realmente queremos destruir al Capital y al Estado, tenemos que deshacernos de los sindicato y de los partidos.
Si bien los sindicatos y los partidos no son un fin, tampoco son un medio. Para que puedan considerarse como un medio, es necesario que sea entendido como medio de preparación revolucionaria y no como medio para el mantenimiento de la explotación, sino es que medio de preparación de la contrarrevolución. El problema de la presencia del sindicato y el partido obrero en la sociedad es el problema político de poder, como el de la presencia de cualquier otra organización de poder concurrente al Estado. La dinámica concreta con que estas maquinaciones se desarrollan asume características tan particulares que a veces resultan difíciles de comprender las contradicciones superficiales, pero esto no afecta en lo absoluto la verdadera sustancia del asunto.
El principio fundamental del anarquismo es que la elección de los medios acaba por condicionar los fines. No es posible confiar en el papel de un sindicato o en la autoridad de un partido, esperando su destrucción tras la revolución: acabarían por transformar la revolución misma: No es posible confiar en las tácticas del reformismo, creyendo alcanzar un objetivo preciso, porque este objetivo se alejaría en el propio curso de la reforma. No es posible utilizar la estructura estatal tras la revolución, como no es posible usar la ideología productivista, porque la sola presencia de estas estructuras acaba por ser causa de las mismas degeneraciones que en el período burgués.
Solamente basando la elección de los medios en la decisión autónoma de l@s oprimid@s y explotad@s, se puede esperar que no se desvíe hacia falsos fines, superpuestos a los verdaderos que la lucha debe perseguir. Esta elección en sí es ya un hecho revolucionario. Es impensable una relación de "guía" en sentido autoritario y tampoco la teorización sobre la inocuidad del fin en relación con los medios. En otras palabras, si la Revolución Social (entendida como la destrucción total de esta sociedad de muerte, como el fin del Capital y el Estado), es el fin; los medios adecuados no podrán ser jamás un sindicato, un partido guía, un mítico conductor o algo semejante.
La organización social actual no sólo retrasa, sino que impide y corrompe toda práctica de libertad.
A partir de esta reflexión sobre el problema de la elección de los medios, podríamos llegar a concluir que, en cuanto este punto de partida esté garantizado, la consecución del fin propuesto se convertiría en un fenómeno determinado desde el principio con toda certeza. Evidentemente, si razonáramos de este modo, estaríamos totalmente equivocados. Continuaríamos arrastrando un residuo determinista que, incluso, muchas veces está presente entre l@s compañer@s que tienen en cuenta que el fin condiciona los medios.
Este es, de hecho, un principio que prevé la libre disponibilidad de la voluntad humana, la capacidad de autodeterminarse, la estructura mínima de base en forma autogestionaria; pero, al igual que todos los principios no puede asumirse como absoluto.
Si la elección de los medios viene dada de manera que no se distorsione la consecución del fin revolucionario, se tiene la certeza de que la acción en sí misma se encamina hacia la dirección correcta; pero no garantiza que no encuentre en el curso de su desenvolvimiento modificaciones por la parte contraria, es decir, por parte del poder que se quiere destruir.
En la práctica, el razonamiento determinista, pasa por alto que el problema revolucionario no se basa solamente en la relación entre medios y fin, sino que también se ve afectado en la relación dinámica entre poder y fuerzas emancipadoras, es decir, en la guerra social.
Sólo la constante verificación de las relaciones con el poder, del conflicto social, de las condiciones históricas de este antagonismo, de los medios escogidos para alcanzar los objetivos revolucionarios, puede prever este peligro. Y semejante proceso es de tipo voluntarista, hace referencia directamente al voluntarismo anárquico manifiesto en l@s oprimid@s sensibilizad@s sobre las posibilidades reales de lucha.
Pero la voluntad no tiene capacidades milagrosas. La voluntad no puede determinar acontecimientos que no corresponden a situaciones ya existentes en la realidad; sólo puede acelerar estos procesos, es decir, puede contribuir a cambiar el curso de la historia.
L@s anarquistas insisten en construir una organización de la sociedad que parta de la base que garantice la libertad de tod@s, las necesidades y una igual distribución de los bienes. Esta insistencia es una acción voluntaria y consciente que casi siempre encuentra una realidad social muy diferente, reacia, la mayoría de las veces, a esta solución. Nuestra tarea como anarquistas es actuar sobre esta realidad para dirigirla, tanto como sea posible hacia las expectativas insurreccionales.
En la realidad concreta actúan fuerzas de composición y dirección muy diferentes: Las fuerzas de la reacción, patrones y servidores que sostienen la explotación, l@s explotad@s que a veces luchan por su liberación de manera inconsciente, las minorías autoritarias que guían a l@s explotad@s hacia la construcción de un nuevo poder, de una nueva explotación, de una nueva opresión y no hacia la destrucción del poder, hacia la abolición de la explotación, hacia el fin de la opresión. Sobre esta realidad que llamamos guerra social, debe actuarse concretamente, sin idealizar las teorías ni la misma acción. Así, evitamos la peligrosa idealización del voluntarismo. Su idealización nos impediría una visión de la realidad.
La necesidad de confrontación y de verificación: El ataque concreto y la extensión de la lucha
"Nadie se excuse con el deseo de participación en cosas más grandes: nadie esconda su propia cobardía diciendo que no sale a la calle si no es para cambiar el mundo. ¡Poco, es mejor que nada!"E. Malatesta.
Si abandonamos definitivamente el ilusionismo y el determinismo dialéctico, encontraremos que l@s explotad@s no son portadores de ningún proyecto emancipador. Su única comunidad es el Estado-Capital, de la que pueden escapar sólo a condición de destruir todo aquello que l@s hace existir como explotad@s: trabajo, salario, mercancía, roles y jerarquías. El capitalismo no sólo no sienta la base material del Comunismo sino lo obstaculiza -aquella famosa falacia marxiana que aseguraba que la burguesía "forja las armas que le darán muerte". La teoría marxista se equivocó de plano al suponer que el desarrollo de las fuerzas productivas podría ser la base material del Comunismo.
L@s explotad@s no tienen nada que autogestionar, a excepción de su propia negación sobre su condición de explotad@s, autogestionando la lucha. Sólo así se librarán de sus amos, sus guías, sus redentores y sus apologistas maquillados de las más diversas maneras.
En esta "inmensa obra de demolición urgente" debe encontrarse, cuando menos, la alegría, el placer de destruir todos los puentes de la recuperación, el gozo de quemar todas las naves del retorno. Alejados, definitivamente, del dolor.
El dolor es lo que ha caracterizado las luchas históricas y lo que ha sido totalmente recuperado a través del mecanismo de la guía "revolucionaria". Y con este dolor, el sentido de religiosidad que le acompaña, el sentido de "rescate" y de "venganza". Lo que ha sido recuperado íntegramente es el sentido de religiosidad de la lucha, ligado de manera indisoluble a la situación de miseria y sufrimiento de l@s explotad@s.
A un cambio objetivo en el sufrimiento y la explotación, corresponde un cambio en la religiosidad. No debemos, sin embargo, confundir religiosidad con religión. La religión comporta un sentimiento de religiosidad en el pueblo que no deriva en modo alguno de los absurdos mitos de la religión, sino de la situación de sufrimiento en la que el pueblo se encuentra. Abolir la explotación significa la desaparición de la religión. En este sentido por religiosidad de l@s explotad@s entendemos la necesidad de guía, de punto de referencia, la necesidad de un partido. .
Y esta necesidad es la que ha sido recuperada constantemente en la historia porque el sufrimiento ha sido constantemente reconstituido, aunque bajo diferentes formas y distinta intensidad.
Contra los vestigios de "religiosidad’ el anarquismo debe luchar con todas sus fuerzas, intentando empujar a l@s explotad@s a la lucha emancipadora en primera persona, explicando que el deseo de "venganza" tiene sus orígenes "en la oscura noche bíblica de la religión del pasado, que hoy debe ser visto objetivamente como residuo irracional que las élites ascendentes aprovechan para relanzar una vez más a las masas a la desesperación y al embrutecimiento" (A.M.Bonanno).
Si el punto de partida de la lucha son objetivos específicos, el circo electorero, por ejemplo; no tiene que golpearse necesariamente a las estructuras-instituciones relacionadas con la ilusión del voto democrático. Los partidos políticos, el Instituto Federal Electoral (I.F.E.) y demás instituciones dedicadas a legitimar esta farsa, son sólo una parte, un aspecto de la manifestación real del Estado-Capital, cuya existencia depende de la interrelación entre cada una de sus partes: desde las instituciones político-militares-judiciales, a las de control y manipulación de la información; los centros productivos y de distribución de la mercancía así como las sedes del Capital financiero.
Esta complejidad de interrelaciones y estructuras son el enemigo real, por tanto, nuestra lucha no puede limitarse a golpear un sector específico, un aspecto, o durante un momento particular. Más allá del tiempo de elecciones continúa la lucha.
De este modo, los objetivos que nos propongamos en la lucha contra la farsa electoral, han de ser objetivos válidos en otras situaciones diferentes que superan este momento concreto. Estos objetivos podrían catalizar e interesar además de l@s abstencionistas conscientes, a sectores de l@s explotad@s sensibles a la lucha.
La lucha por lo tanto no puede enfocarse sólo al circo electoral y al movimiento existente alrededor del abstencionismo consciente; además de que no podemos limitarla al contexto geográfico; el Estado mexicano no es más responsable de esta farsa que los demás Estados y que el Capital con quien se interrelaciona y de quien representan tan sólo aspectos específicos llamados a controlar un territorio determinado para que la explotación y la ganancia puedan actuar con la garantía necesaria para la estabilidad social.
Si a esto le añadimos el hecho de que la lucha más eficaz, es aquella que se hace propia, sin necesidad de esperar, en palabras de Malatesta "cosas más grandes", ampliándola en las áreas donde vivimos, se puede concluir que la extensión de la lucha, sea en el plano territorial o en la individualización del enemigo, es un momento imprescindible que nos involucra a tod@s directamente.
Se trata de darle a la lucha continuidad y sintonizarla en el ataque concreto para que sea más incisiva.
Estamos conscientes que de la mano de la extensión de la lucha se intensificará la represión estatal ¿Alguien lo dudaba? La represión comparte la existencia misma del poder y se concreta en todo momento, manifestándose de mil maneras y haciendo uso de mil ciento un rostros, cubriendo todos los aspectos de nuestra existencia.
La represión actúa constantemente sin siquiera molestar la "paz social", porque el Estado-Capital se perpetúa en el consenso social generalizado. El actual régimen democrático, esencialmente creado y sostenido, directamente o indirectamente, por el consenso generalizado o por la ausencia de movimientos abiertamente antagónicos e insurreccionales, no admite situaciones de choque generalizado porque significaría reconocer la inexistencia de los cimientos sobre los cuales se sostiene y se reproduce.
Por ello, la atención especial prestada a todos aquellos grupos que, saliéndose del control y de las vías estériles de la protesta reglamentada y tergiversada de los organismos "políticamente correctos", se arriesgan a personificar en el contexto social los referentes sobre los que se podrían captar atenciones y catalizar movimientos más amplios de la población excluida de los actuales modelos de existencia. De aquí el creciente intento de criminalizar a compañer@s y grupos antagonistas, con la intención de presentarlos como casos aislados y anormales, negando la existencia de expresiones de divergencia y disentimiento en el seno de los estratos sociales excluidos.
Si el creciente intento de criminalizar a compañer@s y grupos antagonistas, cumple esta función y se materializa con esas intenciones, es evidente que la lucha que desarrollamos no se puede desligar del contexto social, de l@s oprimid@s y explotad@s, que participando en ella intranquilizan al poder en tanto que abren perspectivas insurreccionales reales radicadas en las necesidades de los estratos sociales excluidos. Es decir, de esta manera nuestra lucha se transforma en la lucha de tod@s l@s que participen en ella, de quienes la hacen propia.
Mientras más logre extenderse la guerra social, más fuerte y violenta será la represión. Asimismo, aumentarán las manipulaciones directas para desvirtuar las aportaciones de los componentes antagónicos de los estratos sociales que la desarrollan. No faltarán "compañer@s" que nos señalen y hasta nos entreguen cumpliendo con su cuota ciudadana conforme al actual estancamiento revolucionario.
Dejar de actuar y de suministrar provocaciones y metodologías concretas para que la lucha se desenvuelva en los términos del ataque, a pesar de los operativos represivos que de vez en cuando nos golpean, sería apoyar al Estado-Capital en su faena defensiva, víctimas del discurso de pacificación social.
Es importante desarrollar un minucioso análisis que nos permita explicar las fuerzas en juego, y hacer evidente que el objetivo real que persigue el Estado-Capital no es la criminalización de l@s revolucionari@s y grupos antagónicos, sino aplastar la propia lucha.
Es por esto que consideramos impostergable centrar las actividades futuras en mantener y extender la lucha, explayando el llamado a través de nuestros instrumentos editoriales, junto a las aportaciones y conspiraciones de los estratos sociales interesados y partícipes que contribuyen abiertamente a poner en peligro la estabilidad del sistema.
La extensión de la lucha entendida así, nos da una perspectiva bien diferente a la actual, deslindándose del "otro circo", de la farsa antielectoral del Subcomediante Marcos, que nos invita a dar el viaje en círculo para terminar en el punto de partida. Es decir, para continuar en el Estado-Capital pero con una nueva constitución que le maquille y nos muestre un rostro "más humano".
Como anarquistas, conocemos que nuestra tarea es la destrucción de las veleidades capitalistas de retorno a la explotación. Ha quedado atrás el "accionar" al margen que nos obligaba a comportarnos como "observadores". Hacer frente al estancamiento manifiesto de la lucha, a los límites del movimiento y a los problemas emergentes de la guerra social es nuestra principal tarea.
Estamos en tiempo de elecciones y la elección es nuestra: ¡Volvamos a ser su peor pesadilla!
Coordinadora Informal Anarquista (C.I.A)
"La perspectiva violenta, la acción directa gestionada desde la base, el sabotaje, no son actos "más a la izquierda" que cualquier otro que esté "a la izquierda"; son elecciones determinadas que dicta la autonomía de los intereses, elecciones en las cuales la presencia anarquista activa tiene una grandísima importancia".
A. M. Bonanno.







