Hipótesis revolucionarias
Las conquistas populares dentro de las trincheras institucionales pueden constituir un eslabón de avance. Pero la expectativa socialdemócrata en la permeabilidad del capitalismo impide comprender que la dominación sólo será erosionada por medio de la acción directa, traspasando los límites del constitucionalismo
RESUMEN: La construcción de una sociedad igualitaria en América Latina requiere desplazar a las clases dominantes del poder. Pero en la actual etapa de sustitución de las viejas dictaduras por regímenes constitucionales, esa revolución transitará por caminos diferentes a la insurrección soviética o al sendero guerrillero. La preparación, los tiempos y las formas de este desenlace son más complejos. Exigen un nuevo tipo de poder popular surgido de la cohesión social, el protagonismo y la radicalización ideológica de los oprimidos.
Las conquistas populares dentro de las trincheras institucionales pueden constituir un eslabón de avance hacia el poder, mediante reformas que complementen la acción revolucionaria. Pero la expectativa socialdemócrata en la permeabilidad del capitalismo impide comprender que la dominación capitalista será erosionada por medio de la acción directa, traspasando los límites del constitucionalismo.
La contraposición de la revolución con las elecciones forma parte de la mitología republicana. Oculta que el sufragio surgió y ha sido reiteradamente modificado por esas eclosiones. Pero la arena electoral tiene una gravitación central para la acción de la izquierda y la participación en los comicios es importante para evitar la marginalidad. Si se proyecta la lucha social al terreno electoral esta concurrencia no implica adaptación al orden vigente.
La violencia no se origina en la lucha revolucionaria, sino en la coerción económico-social que ejercen las clases dominantes y sostienen a través del estado. Esta opresión impide gestionar las tensiones sociales en forma pacífica. Quiénes igualan el uso de la fuerza con la insubordinación popular exculpan a los responsables de la represión cotidiana y condenan a sus víctimas. Con el socialismo se busca erradicar toda forma de violencia, pero los capitalistas no resignarán pacíficamente sus privilegios. El uso mayoritario de la fuerza es necesario y legítimo, aunque no se deben ocultar los peligros de degeneración hacia el terror que entraña esa utilización.
Para avanzar en el proyecto socialista es necesario superar las divisiones entre los oprimidos y rechazar la búsqueda de consensos con sectores capitalistas. Esta política exige considerar varias hipótesis y recurrir a numerosas tácticas.
Las dificultades contemporáneas del proyecto socialista derivan del desconcierto político creado por el ascenso neoliberal, luego del desplome de la URSS. No son producto de una opción por el capitalismo cómo un mal menor.
La estrategia revolucionaria brinda un criterio de evaluación de distintas iniciativas e incluye un componente ofensivo de selección de condiciones y oportunidades para el momento de la revolución. La renuncia a discutir esta perspectiva conduce a la auto-inmolación de la izquierda.
No se deben confundir las rupturas que introducen los quebrantamientos del orden vigente con las revoluciones que plantean desafíos al estado y abren la posibilidad de forjar un nuevo poder popular. Para experimentar nuevos caminos hacia la emancipación social es indispensable combinar racionalidad, audacia y originalidad.







